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Una carta de amor para mi…

Mi tuti y yo…

Este viaje comenzó hace exactamente 2 años y 4 meses y esto es algo de lo que he recibido en el camino; hoy desperté con estas letras en mi mesita de noche – que él escribió mientras yo dormía.

***

Mayo 16, 2012.

Si me preguntaran por qué te amo, tendría tantas respuestas o simplemente pudiera decir que te amo porque llevas una niña dentro o porque adoras a tu abuelita como solo tú sabes hacerlo, porque quieres mucho a tu mami y eres la mejor de las amigas, o pudiera decir que te amo porque ves la vida en colores, porque quieres en colores o simplemente porque cuando sonríes haces que se me olviden los problemas.

Podría decir que te amo porque has andado a mi lado sin detenerte aún cuando te ha agotado lo difícil y angosto del camino, porque me diste de tus fuerzas cuando a mi no me quedaban y tomaste de las mías, cuidadosamente, para no debilitarme. Podría decir que te amo porque sé que confías en mi, porque has apostado a nosotros a pesar de las piedras en el sendero.

Podría decir también, por qué no, que te amo porque te duele mi dolor, porque has llorado conmigo, porque disfrutas de todo lo que haces, porque escribes con pasión, porque todo te interesa.

Porque ves la vida desde un punto de vista al que pocos llegan, porque eres una mujer de buenos sentimientos, porque defiendes imparcialmente los derechos de los demás. Te amo por tu cadencia al caminar, porque eres ñoña y malcriada, porque haces unos frijoles negros pa’ respetar, porque te interesan los demás y te preocupas por ellos, porque te duele la desdicha ajena, porque sabes escuchar cuando es necesario, porque defiendes tus valores y pensamientos, porque eres independiente y fuerte aunque tú misma no lo creas.

Te amo porque conoces a la gente cuando la ves, porque miras de frente, porque te gustan los perritos y las mariposas, porque quieres darle a un niño abandonado una segunda oportunidad para tener un hogar y una familia que lo ame y lo proteja.

Te amo porque quieres que te construya con mis manos la casita de nuestros sueñois, te amo porque no pierdes la capacidad de soñar aún cuando la vida se empeñe en despertarnos.

Te amo porque eres de clave y guaguancó, porque eres verso, porque eres mi luz y mi sombra, te amo porque eres tú, la nieta de Águeda, la que entre gigantes y matas de mango jugaba a coleccionar piedras preciosas… y si no fuera suficiente para convencer a cualquiera, pues entonces le daría una razón más.

Te amo porque amarte me alimenta, me fortalece, porque amarte me lleva a luchar y aumenta mis ganas de vivir. Te amo porque amarte es lo mejor que me ha pasado.

Felicidades mi amor.


*Cherry Blossom Girl…

I’ll never love again, can I say that to you, will you run away if I try to be true, Cherry blossom girl.

*Cherry Blossom Girl – Air

La muchacha capullo de cereza

Ella era una muchacha muy hermosa. Su piel era rosada como los capullos de cereza al igual que sus cabellos, el iris de los ojos almendrados y los labios esponjosos y húmedos. Habitaba un lago muy claro donde siempre era primavera y las aguas del lago – su hogar – se llenaban de pétalos rosáceos.

Algunos pensaban que era una náyade y otros que era un hada pero nadie se atrevía a acercarse al lugar, le temían. Ella se paseaba desnuda y serena entre los cerezos y nadaba en las aguas diáfanas. No tenía una edad definida pero lucía muy joven, casi púber. Su cuerpo era hermoso y aguitarrado, los senos pequeños y las caderas amplias. Era bella y lucía niña aún, pero no lo era.

Le cantaba a los pájaros que habitaban sus árboles y jugaba entre las hojas secas, revolcándose por el suelo naranja verdoso, entre liebres y ardillas. Hacía coronas de flores que adornaban su cabellera hermosa y rosada, llevaba pendientes y collares de piedras preciosas.

Una mañana de tantas, cuando soplaba un viento distinto, le llegó un aroma peculiar. Estaba acostada entre pilas de hojas que agrupaba para luego regarlas a modo de lluvia seca. Se levantó despacio – aún estaba somnolienta – y aguzó la vista entre los árboles. Una silueta extraña y oscura se acercaba con paso firme y contante.

El forajido se le dibujaba alto, delgado y esbelto. La piel era muy trigueña, tostada, como si se hubiera untado barro del fondo del lago y el cabello, muy lacio, era negro como el carbón. Vestía ropas ajadas y holgadamente frescas. Un bulto anidaba en su espalda, fuerte, robusta y recta.

Nuestra joven florecida se emocionó al ver a alguien por su tierra encantada y quiso darle la bienvenida. Se escondió entre los árboles y esperó impaciente. El hombre de barro, es decir, de piel de barro, mejor dicho, de piel como el barro, se detuvo justo entre dos árboles al escuchar el crujir de una ramita seca. Del bulto en la espalda agarró un cuchillo largo y afilado que brilló al tocar un rayo de sol.

Se hizo un silencio absoluto y él aguzó sus sentidos de cazador, intentando descubrir a quien lo acechaba. Cayeron algunas hojas verdes y otras naranjas, el viento sopló y cantaron los pájaros otra vez. Un agudo aroma a cerezas invadió su olfato. Se dio vuelta.

Frente a él, mirándolo curiosamente, estaba de pie y esplénidamente desnuda nuestra chica cereza. Los cabellos rosados ondeaban al viento y bajaban por sus curvas hasta los muslos, también rosados. El forajido se quedó de piedra al ver tan hermosa criatura delante de sus ojos y se echó al suelo, reverenciándola.

Ella se acercó despacio y comenzó a caminar a su alrededor.

— You’re not from here — dijo en un susurro.

— No, I’m not, beautiful naiad — respondió él levantando los ojos y mirándola himnotizado.

— Are you afraid of me?

— Yes, I am. Wise men say you’re mesmerizing creatures who bewitch good men and make them your slaves — respondió el hombre con cautela.

— Oh, that’s not true. I would never hurt you. You’re so exotic and beautifully dark. I can’t stop looking at you — dijo ella acercando sus dedos pero sin atreverse a tocarlo.

— I also find you quite interesting my queen, I could bite your flesh and I´d assure it would taste like the juiciest fruit ever — dijo él mordiendo sus labios, reprimiendo el deseo que su aroma a cerezas maduras le inspiraba.

— Touch me stranger, paint my pink skin with your earthy brown color, please! — suplicó la ninfa arrodillándose frente al bello joven.

— Will do my love — dijo él y acercó sus dedos morenos al rostro rosáceo de la criatura.

Su mano recorrió desde el nacimiento del pelo en la frente, pasando por la nariz asalmonada y fría, acariciando los suaves y delicados labios, bojeando la curvatura de la barbilla y bajando por el cuello en llamas hasta desembocar entre los senos ardientes. La mítica criatura gimió y su aliento dulce y floral empapó el bosque y los sentidos del cazador que la apretó entre sus brazos de Hércules. Permanecieron abrazados y juntos por horas, tendidos en el suelo verde y mullido. El muchacho acariciaba los rosados cabellos de la ninfa y ella inspeccionaba una de sus manos grandes de dedos alargados y oscuros.

— Do you come from the earth? — preguntó ella.

— No my dear, I´m just a man.

— Now you touched me I must confess a terrible secret to you, the reason why so many men fear of me — dijo ella bajito, como si no quisiera ser escuchada.

— Tell me darling, I´m here to listen — dijo él besando la frente nacarada.

— Once a male touches a naiad’s skin he can leave her alone for more than one day or she’ll vanish. We have made a spiritual and carnal bond that can’t be broken or I´ll be gone forever — dijo ella con tristeza.

— I love you. I will never leave you — dijo él y se entregó a la caricia de sus ojos. Ella sucumbió en los marrones de él y se hundió en ellos, viendo en lo más profundo del negro interior. Su alma era tan oscura como su piel y eso la asustó pero no pudo dejar de sumergirse en esos ojos de animal salvaje.

Por primera vez rozaron sus labios y el cielo los bautizó con su sabia bendita. Mientras se besaron estuvo lloviendo y a medida que las caricias se tornaban íntimas arreciaba el agua redentora. Con cada gemido el cielo se surcaba de relámpagos rosas y cuando al fin se entregaron el uno al otro, los truenos marcaron el ritmo de sus cuerpos danzantes.

Eran una acuarela surrealista y contrastante. Manos carmelitas en rosada cintura, cabellos rosas sobre el pecho marrón, labios encarnados en labios grisáceos, lengua escarlata en senos rosáceos, pelvis oscura entre muslos rosa. Eran un estallido de color.

Con la calma de amor también los cielos descansaron y los amantes encontraron refugio en la tibia carne del otro. Así durmieron el sueño de la plenitud y a la mañana siguiente, cuando nuestra rosada criatura abrió los ojos, estaba completamente sola. Se preguntó dónde estaría su cazador y lo buscó entre los árboles, en el agua clara del lago, entre las pilas de hojas naranjas. No apareció.

La atacó un llanto agudo que hirió al bosque entero. Se sentó a la orilla del lago y sus lágrimas alimentaron sus aguas por horas; lágrimas rosadas y eternas. Así llorando la encontró el alba y nada la hizo dejar de verter su rosado dolor que coloreaba la laguna. El fin se acercaba y el cazador no cumpliría su promesa de amor.

A media mañana, a un día exacto de haber tocado por primera vez a su amante humano, el cielo comenzó a tornarse rosa a medida que la cara de nuestra ninfa perdía su hermoso color de capullo de cerezo y su suavidad de pétalo mientras se tornaba carmelita y arenosamente reseca. Primero la frente, la nariz, los labios, el cuello y los senos. Siguió transformándose lentamente, perdiendo su rosácea frescura en cada pedazo de piel que el cazador tocó con sus manos, su cuerpo, su boca. A medida que ella se tornaba carmelita el bosque iba absorbiendo su color y así los árboles, las hojas, los frutos, la hierba y el agua de la laguna que ya no era agua común si no sus rosadas lágrimas.

Ya solo quedaba una de sus manos en su forma natural cuando llegó corriendo el cazador, envuelto en lágrimas y en sangre de su presa. La sostuvo de la mano y entre sollozos le pidió perdón.

— Oh my love, what have I done to you? Forgive me, my queen, forgive this silly man who left you alone! — suplicó besando los aún rosáceos dedos.

— Don’t cry my love. You made me the happiest creature in the world for one day. I’ll be always watching over you — le dijo ella, mientras su mano se tornaba arenisca entre los dedos de él. El viento comenzó a soplar y el rostro hermoso de ella comenzó a desprenderse, en forma de arena arrullada por la brisa. Poco a poco se deshizo y no quedó de ella más que su voz musical entre los árboles, resonando en el agua rosada.

— What am I going to do without you, oh, my Cherry Blossom Girl? — preguntó el hombre destrozado.

— I gave you a gift. You’ll never die and I’ll live forever among this trees: I’ll be the spirit of my forest and you will always return to me — dijo ella y su voz calló.

Y así la ninfa se volvió arena y el cazador inmortal y este se enamoró del bosque que le legó su amada. El paisaje trascendió en el tiempo siendo rosa por siempre, desde el lago hasta ese pedacito de cielo. La voz de ella permaneció en cada sonido del bosque y él jamás la abandonó otra vez.

Fin.


La silueta de rojo.

No olvidéis que yo no puedo verme, que mi papel se limita a ser el que mira el espejo.
Jacques Rigaut

El rojo en el espejo.

— ¿Bien, qué haremos esta noche? — preguntó la del cabello rojo.

— No sé, estoy tan aburrida de hacer lo mismo cada noche… — dijo la otra, de pelo rojísimo, con gesto triste.

— Podrías escribir algo — aconsejó la primera.

— ¡Bah! Ya hasta escribir me aburre, no encuentro inspiración por estos días.

— Lo sé, estás insoportable, ¿lo sabías? — dijo la del pelo rojo con cara de molestia. La otra no respondió.

El fin de semana fue aburrido y lo pasaron solas, en compañía la una de la otra, viendo televisión y engordando, encaramadas de la cama matrimonial. Aquel lunes la hermosa saya color crema le quedó más ajustada que de costumbre.

— Te dije que no comieras tantos wafles con leche condensada, menos mal que se terminaron — dijo la del pelo rojo con reproche.

— ¡Ay, a ti también te gustan, no te hagas! — respondió la otra, defensivamente.

Igual se veía hermosa con la blusa rosa viejo, la chaqueta carmelita en contraste con el resto del vestuario y los zapatos. ¡Oh, qué zapatos! Los había comprado hacía como 2 años para ir a una boda y combinó todos los accesorios en puro chocolate. Eran sencillos, serios por el color y el modelo pero muy sexys por el moño que dividía el fino empeine en dos.Los delicados dedos de uñas arregladas y pintadas la noche antes, asomaban por la abertura en la puntera. El bello tobillo era ceñido por una cinta que salía de la pieza que cubría elegantemente el talón.

— Igual me veo bien, no lo puedes negar — dijo mirándose en el espejo.

— No, no lo puedo negar — dijo la otra, acariciando una mejilla colorada.

El vestuario fue otro hit a su haber en el trabajo. Se hacía costumbre que implantara su estilo juvenil y elegante cada día. Amén de tener poquísimas ropas, las sabía combinar perfectamente, luciendo radiante cada vez.Su estilo era muy sui generis y encantador a la vez por lo que todos tenían siempre un comentario, halago o piropo debajo de la manga para ella. Se sentía bien.

Aquella mañana no faltaron elogios ni miradas – de admiración, envidia o lascivia – pero su ánimo las acogió todas con desdén. Aquel día x, principio de semana, con un clima adorable y todo el tiempo del mundo por delante, su actitud positiva y su carácter afable se quedaron durmiendo en la casa, junto a la otra, la del pelo rojo.

— Te dije que me dejaras ir hoy, tú sola no puedes, al menos no hoy — le dijo cuando la vio llegar, derrotada y con cara de migraña.

— ¡Bah! — refunfuñó, como siempre.

— ¡Eres un plomo mijita!

— Ay ya, déjame en paz chica — se defendió, acurrucándose en el regazo de la otra, que la regañaba. — Te extraño cuando me dejas sola —, confesó.

— Lo sé, por eso nunca te dejo sola. No sé qué pasó hoy.

— Yo tampoco, me siento tan aburrida… nada me emociona hoy.

— Ya veo.  ¿Qué haremos por fin? — preguntó desesperanzada. Silencio.

Definitivamente no era su día. Ella, la del pelo rojísimo necesitaba solo su compañía pero en silencio. Este no era el momento de recordarle que el desdén no era su mejor actitud a adoptar, que había muchas cosas por las que luchar, que había tanto con lo que divertirse. Prefirió callar y dejarla dormir.

La de los cabellos rojísimos cerró los ojos y se abandonó a un sueño prolongado y silencioso. La otra la arropó y le besó la frente. Miró al espejo desde el lecho tibio y entre sábanas, acurrucada, desnuda y sonriente, vio reflejada su propia imagen de cabellos rojísimos.


Some random talking…

La semana pasada tuve unos días verdaderamente fértiles… tengo preparadas varias cosillas que he dejado guardadas pues, siempre luego de una tormenta de inspiración viene la calma provocada por la sequía de ideas. Esa sequía no ha llegado ya que tengo varias ideas que no he podido llevar a letras – por falta de tiempo – aunque están latentes en mi memoria, pero puede aparecer en cualquier momento.

Las dos últimas entregas de Una niñita en La Víbora están pendientes de publicación y créanme que siento nostalgia pues no quiero que termine. Supongo que seguiré contando anécdotas de mi niñez viborence – será este el gentilicio? – aunque sin un orden específico; hay tantas cosas aún por contar! Pero mi trayecto desde 5to a 8vo grado finaliza ya.

También tengo dos cuentos coloridos, jajaja! No es algo que planeé, simplemente sucedió. El color rojo es el protagonista del primero que escribí y es un diálogo entre dos mujeres hermosas: El rojo en el espejo.

El segundo es mi cuento más tierno, más cotton candy (algodón de azúcar), más fresita, más rosa. Precisamente el color rosado es el protagonista y me inspiré en mi canción preferida del grupo Air, Cherry Blossom Girl – y así llamé el cuento -. Cuenta una historia mitológica y fantástica, una historia de amor al más puro estilo homérico, como sacada de Mitos y Leyendas griegas.

Esperando también están dos proyectos de cuento y digo proyectos pues no he escrito ni una palabra :) pero ambas ideas me rondan desde hace tiempo. Una historia de misterio y asesinato que se llamaría El sastre y viene por un sueño bien gráfico y vívido que tuve. Fue algo muy simple y la mayor parte de lo que sería el cuento es producto de la imaginación pero las imágenes de mi sueño fueron las que me dieron la idea. Una torre muy alta, sensación de vértigo – muy vívida -, piezas de maniquíes en las esquinas, cortinas de tul blanco, sangre… como dije, solo imágenes inconexas pero muy interesantes.

La otra idea, El hacedor de religiones y supongo que se imaginarán por donde viene la idea. Un hombre muy inteligente que vive de crear y proveer a los necesitados una salida pura y natural a sus interminables problemas: fe. Este sería un cuento cínico y comercial en el que hablaría de la tarea básica del vendedor: convencer, usando las religiones como trampolín. Como dije, bien cínico pero aún se queda en ideas.

También quiero escribir un poema o cuento o lo que salga, inspirado en una escena de El paciente Inglés que me ha estado acosando últimamente. Esta peli me sale hasta en la sopa y la contemplación del Bósforo me apasiona; la idea me acecha. Ese huequito bendito y hermoso que algunos – yo no, desgraciadamente – llevan con tanto estilo y sensualidad me ha inspirado.

Y así, se me ocurren ideas que por falta de tiempo y paz corporal no llevo a término. Estuve – aún estoy convaleciente – enferma, si así se le puede llamar al malestar estomacal acompañado de nauseas y vómitos. Oh! algunos somos tan sensibles y flojitos! Habiendo tantas enfermedades incurables, terribles, torturantes y crueles en este mundo… y yo me quejo de un fútil empacho… pero bueno, esa frivolidad no me deja escribir… qué hacer? :)

No soy supersticiosa y por eso comparto mis ideas con ustedes, sé que no se quedarán solo en ideas por mencionarlas, soy positiva y la dieta blanda acompañada de descanso y la mente positiva alejarán lo que habita en mi estómago y no me deja ser yo, jajajaja!


Un monde rouge (Un mundo rojo).

Tu vientre es una lucha de raíces, tus labios son un alba sin contorno.
Bajo las rosas tibias de la cama los muertos gimen esperando turno.

Federico García Lorca

Rojo.

Peligro. Pasión. Abundancia. Buenaventura. Comunismo. Armagedón.

El rojo es el color de las batallas, rojo campo, roja cama.
Sábanas rojas bajo mi piel, tierra roja bajo tus plantas.
Salud en mis labios, rubor avergonzado en mis entrañas.
Signo de fertilidad femenina. De mi vientre la abundancia.

El rojo es el color de la gula. Manzanas,  tomates, cebollas, filet mignon.
Fresas seductoras, jugosos pomelos; el exótico color de tu lengua mojada buscando el Sur.
El color de la “femme fatale”. Rojos cabellos, lencería carmesí, stilletos de tacón.
Labios en carmín cual tierna cereza, uñas escarlatas, el vestido rojo bermellón.

Rojos tus ojos, inyectados de locura. Roja y prohibida rebelión.
Envidia roja, sangre en la herida. El color de la insatisfacción.
Rojos celos los de aquel que enrojece de ira, señales de peligro, banderas.
Señales como surcos, tatuajes naturales; así marcan tus dedos mis caderas.


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