Archivo de la etiqueta: Rojo

Jeune fille qui s’enfuit…

El amor es un crimen que no puede realizarse sin cómplice.

Charles Baudelaire

La doncella que huía

Ella entró en el salón lleno de personas y se detuvo en lo alto de la escalera dorada. Miró a su alrededor y dudó encontrar a alguien conocido así que se decidió a bajar de una vez. Con pasos lentos pero seguros fue bajando, uno a uno, los interminables peldaños de mármol blanco. Cuando iba a la mitad de su camino se dio cuenta de que unos ojos luchaban por clavarse en los propios y les hizo frente. A través de una máscara completamente blanca y muy sencilla, aquellos ojos ambarinos se adueñaron de los suyos.

El poseedor de tan atrevidos ojos era un caballero muy alto, delgado y esbelto en traje negro, sencillo pero de un gusto exquisito. Desde su cuello una capa, igualmente negra con el forro interior blanco como la máscara de satín, cubría sus hombros y toda su espalda. Ella no se detuvo pero antes de llegar abajo ya había descubierto una nariz aguileña y unos labios finos y rojos que completaban el rostro a medias. El caballero le tendió el brazo que ella aceptó con gracia y caminaron juntos hasta el medio del salón donde el baile nacía.

El hombre de piel blanca y cabellos negros hizo una reverencia y pronunció:

- ¿Me concederíais esta pieza, bella dama?

- Con gusto – dijo ella y tomó la mano enguantada en blanco. Él la guió entonces y comenzaron el basse danse, dando dos pasos a la izquierda y luego dos a la derecha.

- Sois tan bella que no he podido dejar de miraros desde que veníais por la escalera. Perdonad mi impertinencia pero me postro a vuestros pies desde hoy. Encontraría un subyugante placer en ser vuestro lacayo a vuestra dulce merced, mi señora – confesó el caballero con ojos brillantes mientras ambos se inclinaban hacia adelante, lentamente y luego hacia atrás. Las mejillas femeninas se llenaron de rubor y toda ella se tornó roja: el vestido de vuelos y cintas abundantes, el cabello como sangre recogido en bucles detrás de la oreja nacarada, los labios jugosos y encarnados.

- Sois muy osado caballero – fueron las únicas palabras que salieron de su boca mientras daban otro paso a la izquierda, inclinándose nuevamente al compás de las flautas. Entonces él soltó la mano femenina y ella danzó quedando frente a él y ambos hicieron una reverencia. Ella quedó completamente arrodillada en el suelo y su vestido hizo una gran ola que la dibujó como una flor escarlata y salvaje. Él se inclinó y casi rozó el suelo con sus dedos, llevando su brazo al costado.

El aplauso y las ovaciones atronaron a una en el gran salón y las demás parejas se saludaron y se esparcieron. Ella se levantó y corriendo se escabulló por una puerta al costado de la sala. Él la perdió de vista por instante nada más pero divisó la puerta cerrándose y supo que por allí escapaba su presa. Raudo se abrió paso entre la multitud y salió por la puerta, quedando solo en otra habitación ricamente decorada pero mucho más pequeña, una especie de biblioteca. No tuvo mucho tiempo pues otra puerta al final de la habitación oscilaba al paso de la dama fugitiva.

Nuestro caballero enmascarado la siguió persiguiendo por varias habitaciones del castillo y así, corriendo, sin perderla de vista, se encontró en un corredor mohoso y frío, húmedo y alumbrado solamente por teas humeantes. Se detuvo al verla, de pie y esperándolo al otro lado del corredor y ver una sonrisa bermellón le incitó a correr con más ansias. Y así hizo, corrió detrás de ella hasta bajar unas escaleras que lo llevaron al foso que bordeaba los muros impenetrables del castillo, impenetrables como la voluntad de aquella dama escurridiza.

- Os gusta jugar – le dijo al verla de pie a unos metros de distancia, estaba quitándose lentamente los guantes de seda negra que cubrían desde sus dedos hasta encima de sus codos. Cuando se despojó de ambos los enrolló y se los lanzó al caballero en una carcajada. Él los atrapó y se los llevó a la cara, embriagándose con el perfume de vainilla que ya antes había olido en su pelo al bailar. Ella entonces dio la espalda y se adentró en el bosque, él la siguió sin dudarlo.

Él corría despacio, no quería alcanzarla… aún. Ella revoloteaba entre los árboles como una mariposa juguetona. Reía a carcajadas al descubrirlo más cerca de ella y apretaba el paso o se detenía para que a su vez él se detuviera también. Y así llegaron a un claro del bosque y ella se detuvo otra vez pero qué sorpresa, él no estaba detrás de ella. Estaba sola en el medio del bosque y aunque dio muchas vueltas mirando hacia todos lados, buscando a su perseguidor, no lo encontró. Sintió temor por primera vez desde que dejaron el castillo.

Se quedó quieta, escuchando el viento y sintiéndolo en su piel, recorriendo sus cabellos, su cuello, su rostro como si de dedos se tratase. Y allí estaba él, abrazándola de nuevo por la espalda esta vez, para luego darle vuelta y encontrarse cara a cara con su doncella extraviada.

- Si que os gusta jugar – le dijo y tomándola de la cintura llevó su otra mano a la roja cabeza, desatando los rizos abundantes y dejándolos caer en cascada por el cuello y hombros desnudos. Entrelazó los dedos en el cabello y sin dejarla ir comenzó a danzar, dando vueltas y vueltas y ella se dejó llevar. Solo los árboles y la luna fueron testigos de esta nueva pieza de baile que compartieron con pasión, entre risas y suspiros.

Cuando al fin se detuvieron ambos sudaban copiosamente Entre la fuga mitad persecución y los dos bailes, agregando todas las ropas que llevaban ambos encima, era imposible evitar el bochorno. Él la soltó por un momento para desatar su pesada capa y deshacerse de los guantes blancos para sentir la piel de ella en la suya propia. Pero ese instante ella lo aprovechó para volver a escapar.

Esta vez no corrieron mucho, él estaba determinado a hacerla suya y ya habían jugado demasiado a la presa y el cazador. Ella se levantaba el pesado vestido hasta las rodillas y corría entre los árboles, él la veía cada vez que pasaba bajo un as de luz y destellos rojos de su pelo lo guiaban hacia ella. Cada vez estaba más cerca. Aceleró el paso y rodeó a toda velocidad un grupo de árboles y ella no lo sintió más detrás de si. No dejó de correr, mirando hacia atrás, buscándolo aún con la vista.

- ¡Sois mía! – exclamó él, atrapándola entre sus brazos al aparecer en su camino. Ella intentó escapar pero él la dominó como a una bestia salvaje.

- ¡Soltadme, os lo ordeno! – gritó ella e intentó morderlo, patearlo, deshacerse de su abrazo mortal. Él le llevó ambos brazos atrás y la inmovilizó, agarrando ambas muñecas entre los fuertes dedos de una sola de sus manos.

- ¡Sois peor que una potranca salvaje mujer, dejad de luchar por el amor de dios! – le dijo atrapando su cuello esbelto, sin dejar de sujetarla con fuerza de las muñecas en su espalda. Sabía que era doloroso pero no podía dejarla escapar de nuevo o correrían hasta el amanecer. Tal era el ímpetu de la damita de rojo.

La pegó más a sí y subió sus dedos por el rostro, enmascarado también. La forma de una mariposa perfilada en piedras de rubí cubría los ojazos marrones, expectantes, esquivos y parte de la boca colorada, temblorosa e irreverente al lado de una de las alas dramáticamente contorsionada de modo que cubrieran un hemisferio del rostro. Del otro lado tres plumas negras brillantes cubrían la oreja, adornando el pelo. Con los dedos él buscó y la despojó de la prenda que la escondía.

- Sois tan bella –  le dijo y soltó sus muñecas, asiéndola suavemente de la cintura diminuta. Ella estiró los adoloridos brazos e hizo un puchero con los labios en carmín. Se mesó los cabellos con ambas manos y este le corrió por el rostro infantil y acalorado. Las gotas de sudor corrían por su cuello y desembocaban en la comisura de los senos, apretados y rebosantes bajo en rojo corsé. Suspiró fatigada y sin dejar de mirar a su captor a los ojos, lo despojó también de su máscara blanca.

- ¿Cómo sabíais que era yo? – le preguntó echando sus bracillos al rededor del cuello masculino e inclinándose hacia atrás un poco, a manera de dócil ofrenda.

- Siempre sé que sois vos amada mía,  ¿cómo no saberlo? – dijo él y sonrió de lado, picarezcamente. Ella sonrió con descaro también y se mordió los labios, sacudiendo la cabellera lentamente, muy coqueta y echando su cabeza hacia atrás, dejando el cuello y el pecho al descubierto. Él se acercó entonces y posando sus labios en la piel salada, cerró los dientes justo bajo la clavícula, encima del provocativo seno y succionó. Un gemido atravesó la noche.

Más tarde esa misma noche nuestro caballero, sentado en el borde del lecho matrimonial, observa a nuestra dama, quien yace dormida y adornando las blancas sábanas con su hermosa desnudez. Sus cabellos rojos dispersos sobre la almohada, una mano en su rostro en posición de trágico dramatismo, “hasta cuando dormís jugáis pequeña” se dice él. Las piernas entre abiertas, los muslos abundantes y descarados, el triángulo en su pelvis, casi expuesto. Los senos arteros, subiendo y bajando al compás de la respiración, ligeramente agitada. Y allí, allí justo debajo de su clavícula el estigma de amor, de contorno violáceo el anillo púrpura, la marca de su amado en forma de beso.


La silueta de rojo.

No olvidéis que yo no puedo verme, que mi papel se limita a ser el que mira el espejo.
Jacques Rigaut

El rojo en el espejo.

— ¿Bien, qué haremos esta noche? — preguntó la del cabello rojo.

— No sé, estoy tan aburrida de hacer lo mismo cada noche… — dijo la otra, de pelo rojísimo, con gesto triste.

— Podrías escribir algo — aconsejó la primera.

— ¡Bah! Ya hasta escribir me aburre, no encuentro inspiración por estos días.

— Lo sé, estás insoportable, ¿lo sabías? — dijo la del pelo rojo con cara de molestia. La otra no respondió.

El fin de semana fue aburrido y lo pasaron solas, en compañía la una de la otra, viendo televisión y engordando, encaramadas de la cama matrimonial. Aquel lunes la hermosa saya color crema le quedó más ajustada que de costumbre.

— Te dije que no comieras tantos wafles con leche condensada, menos mal que se terminaron — dijo la del pelo rojo con reproche.

— ¡Ay, a ti también te gustan, no te hagas! — respondió la otra, defensivamente.

Igual se veía hermosa con la blusa rosa viejo, la chaqueta carmelita en contraste con el resto del vestuario y los zapatos. ¡Oh, qué zapatos! Los había comprado hacía como 2 años para ir a una boda y combinó todos los accesorios en puro chocolate. Eran sencillos, serios por el color y el modelo pero muy sexys por el moño que dividía el fino empeine en dos.Los delicados dedos de uñas arregladas y pintadas la noche antes, asomaban por la abertura en la puntera. El bello tobillo era ceñido por una cinta que salía de la pieza que cubría elegantemente el talón.

— Igual me veo bien, no lo puedes negar — dijo mirándose en el espejo.

— No, no lo puedo negar — dijo la otra, acariciando una mejilla colorada.

El vestuario fue otro hit a su haber en el trabajo. Se hacía costumbre que implantara su estilo juvenil y elegante cada día. Amén de tener poquísimas ropas, las sabía combinar perfectamente, luciendo radiante cada vez.Su estilo era muy sui generis y encantador a la vez por lo que todos tenían siempre un comentario, halago o piropo debajo de la manga para ella. Se sentía bien.

Aquella mañana no faltaron elogios ni miradas – de admiración, envidia o lascivia – pero su ánimo las acogió todas con desdén. Aquel día x, principio de semana, con un clima adorable y todo el tiempo del mundo por delante, su actitud positiva y su carácter afable se quedaron durmiendo en la casa, junto a la otra, la del pelo rojo.

— Te dije que me dejaras ir hoy, tú sola no puedes, al menos no hoy — le dijo cuando la vio llegar, derrotada y con cara de migraña.

— ¡Bah! — refunfuñó, como siempre.

— ¡Eres un plomo mijita!

— Ay ya, déjame en paz chica — se defendió, acurrucándose en el regazo de la otra, que la regañaba. — Te extraño cuando me dejas sola —, confesó.

— Lo sé, por eso nunca te dejo sola. No sé qué pasó hoy.

— Yo tampoco, me siento tan aburrida… nada me emociona hoy.

— Ya veo.  ¿Qué haremos por fin? — preguntó desesperanzada. Silencio.

Definitivamente no era su día. Ella, la del pelo rojísimo necesitaba solo su compañía pero en silencio. Este no era el momento de recordarle que el desdén no era su mejor actitud a adoptar, que había muchas cosas por las que luchar, que había tanto con lo que divertirse. Prefirió callar y dejarla dormir.

La de los cabellos rojísimos cerró los ojos y se abandonó a un sueño prolongado y silencioso. La otra la arropó y le besó la frente. Miró al espejo desde el lecho tibio y entre sábanas, acurrucada, desnuda y sonriente, vio reflejada su propia imagen de cabellos rojísimos.


Some random talking…

La semana pasada tuve unos días verdaderamente fértiles… tengo preparadas varias cosillas que he dejado guardadas pues, siempre luego de una tormenta de inspiración viene la calma provocada por la sequía de ideas. Esa sequía no ha llegado ya que tengo varias ideas que no he podido llevar a letras – por falta de tiempo – aunque están latentes en mi memoria, pero puede aparecer en cualquier momento.

Las dos últimas entregas de Una niñita en La Víbora están pendientes de publicación y créanme que siento nostalgia pues no quiero que termine. Supongo que seguiré contando anécdotas de mi niñez viborence – será este el gentilicio? – aunque sin un orden específico; hay tantas cosas aún por contar! Pero mi trayecto desde 5to a 8vo grado finaliza ya.

También tengo dos cuentos coloridos, jajaja! No es algo que planeé, simplemente sucedió. El color rojo es el protagonista del primero que escribí y es un diálogo entre dos mujeres hermosas: El rojo en el espejo.

El segundo es mi cuento más tierno, más cotton candy (algodón de azúcar), más fresita, más rosa. Precisamente el color rosado es el protagonista y me inspiré en mi canción preferida del grupo Air, Cherry Blossom Girl – y así llamé el cuento -. Cuenta una historia mitológica y fantástica, una historia de amor al más puro estilo homérico, como sacada de Mitos y Leyendas griegas.

Esperando también están dos proyectos de cuento y digo proyectos pues no he escrito ni una palabra :) pero ambas ideas me rondan desde hace tiempo. Una historia de misterio y asesinato que se llamaría El sastre y viene por un sueño bien gráfico y vívido que tuve. Fue algo muy simple y la mayor parte de lo que sería el cuento es producto de la imaginación pero las imágenes de mi sueño fueron las que me dieron la idea. Una torre muy alta, sensación de vértigo – muy vívida -, piezas de maniquíes en las esquinas, cortinas de tul blanco, sangre… como dije, solo imágenes inconexas pero muy interesantes.

La otra idea, El hacedor de religiones y supongo que se imaginarán por donde viene la idea. Un hombre muy inteligente que vive de crear y proveer a los necesitados una salida pura y natural a sus interminables problemas: fe. Este sería un cuento cínico y comercial en el que hablaría de la tarea básica del vendedor: convencer, usando las religiones como trampolín. Como dije, bien cínico pero aún se queda en ideas.

También quiero escribir un poema o cuento o lo que salga, inspirado en una escena de El paciente Inglés que me ha estado acosando últimamente. Esta peli me sale hasta en la sopa y la contemplación del Bósforo me apasiona; la idea me acecha. Ese huequito bendito y hermoso que algunos – yo no, desgraciadamente – llevan con tanto estilo y sensualidad me ha inspirado.

Y así, se me ocurren ideas que por falta de tiempo y paz corporal no llevo a término. Estuve – aún estoy convaleciente – enferma, si así se le puede llamar al malestar estomacal acompañado de nauseas y vómitos. Oh! algunos somos tan sensibles y flojitos! Habiendo tantas enfermedades incurables, terribles, torturantes y crueles en este mundo… y yo me quejo de un fútil empacho… pero bueno, esa frivolidad no me deja escribir… qué hacer? :)

No soy supersticiosa y por eso comparto mis ideas con ustedes, sé que no se quedarán solo en ideas por mencionarlas, soy positiva y la dieta blanda acompañada de descanso y la mente positiva alejarán lo que habita en mi estómago y no me deja ser yo, jajajaja!


Dirty things…

“Is sex dirty? Only if it’s done right.”

Woody Allen.

Dirtiest thing in sight.

Mouths and teeth; there is a jumble
of starving hands that massacre
those breast of tender, juicy flesh.
Saliva trickles from my lips into yours;
you swallow it as ambrosia from the Gods.
- “Oh my lover, don’t be evil”
- “I’m the dirtiest thing in sight”.

Writing letters on my pelvis,
squeezing, biting, licking, painting.
Purple rings adorn the red skin;
my thighs scream and beg for mercy
while you lust the fruit forbidden.
- “There is blood, my love, just stop it!”
- “I’m the dirtiest thing in sight.”

On my knees, humiliated,
I’m surrendered to your will.
There’s a button you are coveting;
blushes covered all my face
and I try to escape; I can’t.
- “Won’t do that, you sick! you pervert!”
- “I’m the dirtiest thing in sight.”


De vez en mes – 2

“escribo para ser porque estoy y aún corre el rojo de la vida”

Fluxus – Cristiane Grando

Mitos populares – y descabellados – en la antigüedad:

  • En los pueblos antiguos se consideraba que la mujer estaba sucia cuando menstruaba, incluso entre los arapesh (tribu de Nueva Guinea) se construían chozas apartadas para las mujeres que tenían la regla.
  • Entre egipcios y hebreos era un ritual obligatorio que la mujer se sometiera a baños especiales de limpieza al final de la menstruación.
  • El libro sagrado de la Biblia, en el Antiguo Testamento se consideraba que la mujer era impura durante su periodo menstrual. Incluso se llegó a calificar de pecaminoso que una mujer entrara en el templo durante sus días de regla.
  • En la China antigua estaba establecido que la sangre menstrual no debía tocar el suelo por temor a ofender al espíritu de la Tierra.
  • Plinio (Siglo I D.C.), en sus escritos, llega a describir la regla en términos de “veneno fatal que corrompe y descompone la orina, hace perder las semillas de la fecundidad, marchita las flores y hierbas del jardín” o “el contacto con la sangre menstrual hace que el brillo del acero y el marfil desaparezcan”.
  • Entre los antiguos griegosHera era la diosa responsable de la menstruación.

[Coro]

♪”De vez en mes
tu vientre ensaya para cuna,
tu humor depende de la luna
y yo te quiero un poco más.”♫

Ahora, desde mi propio punto de vista… he escuchado que le llaman a la vagina “herida abierta” y de hecho, en algunas culturas se se asocia la vulva con una herida y el sangrado lo ven como un recordatorio de su existencia. What the F***!!!??? Oh! cuando escucho una cosa así en pleno siglo XXI no hago más que enervarme de una forma tal… Los hombres e incluso, algunas mujeres, han tornado este fenómeno tan natural y antiguo como la humanidad misma – más antigua aún ya que la hembra de todos los mamíferos mesntrúa desde que existen -, algo desagradable y tabú. Es triste que aun se piensen sucias y se dejen vejar por su condición.

♫”De vez en mes
a ti te da por tomar siestas,
a tus hormonas por las fiestas
y el culpable siempre yo.

De vez en mes
no hay más reloj que el de tu cuerpo,
no hay más luz que la que das.
De vez en mes.”♪

Como deben haber deducido, me aqueja esta dicha devenida en mal cada 30 días y mi humor está de huelga y a punto de un mitin, jajajaja! pero ven? aún me quedan fuerzas para reíry compartir mis dolores físicos y experiencias espirituales con ustedes. Discúlpenme los que detestan el tema pero soy mujer y nací de una línea de mujeres y las hornaré mientras viva.

La mesntruación no es un estigma, es la esperanza y debemos afrontarla con dignidad. Ser mujeres nos hace grandes y tener la posibilidad de crear vida – aunque con dolor -, es divino.

♪”De vez en mes.”♫


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 59 seguidores