Cuando yo era chiquitica y del mamey – II

Mi abuelita es de un pueblo llamado Amancio Rodríguez, que en el año 40, cuando ella nació, era parte de Camagüey pero con la nueva División Político Administrativa luego pasó a ser Las Tunas – consejo para el que conozca a mi abuela, jamás decirle que ella es Tunera; ella es CAMAGÜEYANA y de ahí no hay quien la saque! y no es por nada, simplemente ella nació en Camagüey, o no? -. Es la cuarta hija de un matrimonio de 5 hijos (2 varones y 3 hembras). Su papá se divorció de su mamá cuando era chiquitica – y del mamey 🙂 -, y se casó de nuevo, dándole 5 hermanitos más. Su mamá los crió prácticamente sola, no porque su padre no se ocupara de ellos, simplemente por la época y la pobreza. Cada uno de los 5 primeros niños (incluida mi abuelita) se crió en un lugar distinto; solo la menor, mi tía Masi, se quedó con mi abuelita Celia (mi bisabuela).

Mi abuela creció siendo pobre pero decente y cuando triunfó la revolución tenía 19 años. Alfabetizó y se hizo maestra: se convirtió en una revolucionaria y lo ha sido hasta el día de hoy, cercana a cumplir sus 71 años. Un off Topic, les tengo buenas historias sobre mi abuela – mi persona favorita en el mundo -, que les haré uno de estos días; prometido! seguimos… Maestra al fin, tiene mucha metodología; actualmente, cuando se monta en una guagua y ve a un niño majadero, llorando o armando perretas, comienza a hablarle y termina, prodigiosamente, calmándolo. Pero bueno, sigamos con mi historia que me desvirtúo.

Ya dije que era muy majadera para comer cuando pequeña y que mi abuela tiene mucha metodología. Yo soy de San Francisco de Paula en San Miguel del Padrón. Para los turistas en Ciudad Habana – si porque hay quien solo conoce de la Habana, el Vedado y Playa o.O -, para su cultura general, SMP, como se le conoce por sus siglas, queda casi en el medio del territorio que ocupa CH, colindando por el Oeste con 10 de Octubre, por el Este con Guanabacoa y al sur con el Cotorro.  Es decir, que donde yo vivía, caminabas y poco más pa’trás y se te acababa CH, jejeje!

Allí me crié, aunque no conozco más que lo básico de San Fco que es donde vivía, el Diezmero y algo del Cotorro. En mi reparto las cuadras se caracterizan por ser muy largas y como es medio campo, todas tienen su tendencia a la lomita (o lomota, dependiendo del caso y del lugar). Yo vivía por el medio de la cuadra y desde el portal de mi casa se veía a lo lejos, una casa o escuela (esa historia si se las debo) que se quemó una vez y tenía aspecto tenebroso. No se si es esa la razón u otra, pero a ese lugar le llaman “El Castillito” y hay historias de miedo acerca de él.

Pero como bien recuerdan, mi historia no era de miedo, era sobre los personajes que se inventó mi abuelita para que yo me comiera la comida. Recuerdo que en ese tiempo los Muñes comenzaban a las 6 pm y a esa hora me empezaba ella a ‘intentar’ dar la comida y comenzando el Noticiero a las 8 pm, aun seguía enfrascada en lo mismo sin muchos resultados. Entonces, por esa época mi papá me había comprado un columpio hecho de cabillas, que se usaba mucho en ese tiempo y lo cementó al piso del portal. Mi abuelita comenzó a sentase conmigo en el columpio, día tras día a darme la ‘papa’ mientras me contaba una historia.

Pues para interesarme en la comida mi abue me contó que en el Castillito vivían dos gigantes – claro, no eran monstruos, la intención no era asustarme -, uno llamado “Traga Metales” y el otro “Barril Sin Fondo”. Este último comía de todo y nunca se sentía satisfecho, el primero, comía todo lo que fuera metálico pero le gustaban mucho las monedas. Entonces yo le preguntaba a mi abuela si Traga metales se comería mi columpio y Barril sin fondo la comida de la casa. Ella me decía que si, pero que si yo comía mi comida, ella los convencería de ser buenos. Claro, yo era una niña muy inteligente y al final siempre dejaba un poquito, alegando “esta parte es para Barril Sin Fondo, para que no pase hambre”.

Es tan lindo recordar aquello. Ya cuando crecí un poquito más, con 8 o 9 años, comencé a comer sin problemas y sola; no escuché más las historias de mis gigantes, pero jamás los olvidé. Fueron parte de mi niñez, de mi casa y de mi San Fco de Paula, aunque solo mi abuela y yo lo sepamos.

… a mi abuelita Agueda, tan linda.

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