lo que nunca tuve – 2

Por avatares del destino, a los 15 años estaba viviendo sola en mi casa y mi abuelita iba a verme todos los días, a preocuparse por mis cosas. Estuve viviendo sola allí, en aquel lugar tan feo y decadente que era mi hogar – y noten que adoro mi casa, era mi única posesión en el mundo y la amaba pero era deprimente ver las condiciones en las que estaba el inmueble -, hasta que mi papá volvió a Cuba, luego de 3 años y medio y chocó con una realidad que siempre estuvo allí pero él jamás avistó. Yo me imagino que esos fenómenos ocurren por el contraste… “el que no sabe es como el que no ve”. Cuando estaba él allá, viviendo en esa casa desaliñada, no se daba cuenta pues no frecuentaba lugares bonitos o estaba condicionado ya a aceptar aquella realidad. Al venir para aquí donde todo, siendo aun pobre y humilde, es tan diferente, tan limpio, tan bonito… cuando vio se dio cuenta de cómo era el lugar donde yo vivía, el remordimiento hizo mella en su orgullo y dispuso la reparación masiva de mi pequeño hogar.

Yo me sentí muy entusiasmada, más por la idea de la reforma que por la idea de tener una casa linda; me imagino que yo estaba condicionada ya para aquel entonces. Lo que me embullaba era el dejar salir mi beta de arquitecta/diseñadora frustrada, jejeje! papel y lápiz dibujé y desdibujé lo que quería hacer… estaba atada de manos pues no íbamos a construir, solo a reparar, pero aun así hice tirar una pared y levantar tres dentro del rectángulo que formaba mi casita y re-diseñé todo el lugar…  quedaron un baño y una cocina nuevos, más funcionales y más grandes que antes… un cuarto amplio con un closet que sale de la pared para afuera, con placa… muy funcional también y una repisa como ornamento que me dio privacidad ya que al entrar estaba en cuartico. Me di el gusto de comprar azulejos de ensueño para el baño y la cocina y quedaron como yo los quería.  Las paredes se repellaron, resanaron, se les dio fino y se pintaron; todo un dilema pues hubo que quitar la pintura añejada e incrustada en los bloques antes de hacer nada. El piso de cemento se volvió de granito y se pulió, muy bonito.

Casi terminando, cuando solo faltaba mandar a hacer el mueble del closet y los de la cocina, mi papá volvió a Cuba, esta vez con un nuevo proyecto: reclamarme. Se detuvo indefinidamente la reforma y no pude hacer nada más. No pude amueblar ni decorar, pero así fui feliz el tiempo que pasé en Cuba antes de venir para acá.

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