Archivo diario: noviembre 17, 2011

Celos… malditos celos!

Déjenme comenzar diciendo que yo no soy celosa y con esto no quiero decir que en un momento dado no pueda experimentar un ataque de celos, pero eso sería un suceso aislado. Normalmente, no soy celosa y no lo soy porque soy una persona muy segura de mí misma. Todos podemos tener un ataquito de esos de vez en cuando y armar lío, somos humanos, pero hay personas que son celosas por naturaleza. Yo particularmente creo que los hombres son más celosos que las mujeres.

Por ejemplo: si salgo a la calle y alguna mujer se degusta mirando a mi marido mi reacción inicial es de orgullo pues yo tengo algo que le interesa a alguien más. Eso no me molesta ni me pone furiosa y no padezco de celos por tal sencillez. Si mi marido le corresponde, ahí si se armó pero no porque sienta celos, si no porque es un falta de respeto. Entiendan que, no soy del tipo de persona cerrada que cree que cuando uno se enamora y se casa o se ennovia o whatever, se le inhiben a uno los sentidos, para nada.

Aunque uno esté enamorado de su pareja, cuando ve a alguien atractivo por supuesto que le llama la atención, no podemos controlar la atracción. Yo solo pido un poco de respeto. Si estás conmigo y vez a una mujer linda, al menos disimula para que yo no me sienta agredida o mídete y contén el deseo de mirar. Con eso me doy por complacida pues somos seres humanos y somos monógamos por sociedad no por naturaleza, por eso no se me ocurriría pretender que mi pareja tenga ojos solamente para mi. Una cosa es apreciar la belleza y otra es  el descaro.

Un hombre en este caso, en el de que otro le mire a su jeva, o se encabrita como un chivo violentado o se arma la piñacera ahí  mismo y la resalación. Esa es una de las razones por las que odio salir con mi marido porque él padece de este mal incurable y me hace pasar unas vergüenzas en la calle que no son fáciles. Él es muy celoso.

Todos debemos entender que antes de hoy, tuvimos un pasado y debemos respetar el de los demás. Existen sentimientos que siempre van a estar ahí y aunque uno quiera, no puede chapearlos como a la mala hierva. Cuando era muy joven no había manera de poder mantener una amistad con mis ex noviecitos – noviecitos bobos de esos que son solo novios de palabra -, pues al terminar siempre terminaban odiándome, sin motivo, pero a muerte. Terminé mi primera relación seria y sucedió lo mismo pues mi ex – novio de 5 años -, era un completo cromañón. Con mi novio posterior pasó diferente pues es un hombre diferente a su vez.

La relación fue muy fructífera y terminó porque yo vine para los Estados Unidos y el amor no sobrevivió a la distancia pero ambos decidimos dejarlo y seguir nuestro camino. Yo le guardo mucho cariño y se que él también me quiere mucho y ambos añoramos el re-encuentro para pasar aquellos ratos entre amigos en los que tanto nos divertíamos.

Yo he logrado crecer y madurar lo suficiente a mis 23 cortos años como para aceptar ciertas cosas y reflexionar sobre algunas otras. Siempre  intento actuar racionalmente y a veces no puedo, lo admito, mi vehemencia de ser humano no me permite la ecuanimidad perenne, pero me controlo, me AUTO controlo e intento verlo todo desde el punto de vista de los demás. Me gusta entender porque me gusta ser entendida.

Cuando conozco a cada persona intento ser todo lo transparente que me inspire su confianza y dejarle saber todo lo que soy y lo que he sido y solo pido que se me acepte tal y como soy hoy. Hago lo mismo yo; acepto a los otros con todos sus lados oscuros, sus historias rotas, sus ilusiones y sus remembranzas. Si no soy capaz de tolerar lo que el otro es o ha sido, me retiro a tiempo porque no soy capaz de pedirle a alguien que deje de SER por mí. No puedo quitarte lo que te hace el hombre del que me enamoré.

Por favor, no intentes hacer lo mismo tu conmigo.


De ríos encantados y piedras preciosas – 1

Cuando yo era chiquitica y del Mamey, jejejeje! Bueno, esta vez vengo con más historias de mi niñez en San Francisco de Paula.

Anoche, cuando llegó mi esposo del trabajo (él llega a eso de las 11 pm), después de bañarnos y casi antes de quedarnos dormidos, se filtró una anécdota de cuando era pequeña. Se la conté y de una fui brincando a otra y casi se me acaban los cuentos, que le hice muy reducidos pues sus párpados se caían y yo comenzaba a hablar catibía de tanto sueño. Pero me quedé con esas historias en la cabeza y me sentí privilegiada de haber tenido una niñez tan bonita y poder conservar tantas historias para cuando nazcan mis niños.

Ya les conté sobre mi patio pero no les dije que en ese espacio grande y lleno de árboles frutales pasé casi toda mi niñez, jugando, mataperreando y haciendo de las mías con los demás niños del barrio pues mi mamá es medio neurótica y pocas veces accedía a dejarme salir a jugar en la calle – amén de que mi cuadra es casi imposible de transitar por vehículos motores por el lamentado estado de su ‘afalto’ -. Entonces, ella prefería tener 10 o 15 muchachos metidos en su propiedad y velar por todos a que yo saliera a jugar bolas al frente de la casa.

Como es lógico, tengo muchas anécdotas de los juegos que inventábamos mis amigos y yo; de los personajes y de las maravillas que creíamos encontrar en aquel patio hechizado – gracias a nuestra fértil imaginación de niños nacidos por los 80 -. Yo creo que mi generación fue la última que jugó en la calle a los ‘cogidos’, las bolas, el ‘comefango’, la pelota ‘a la mano’, a la pañoleta, a las carriolas, a los pistoleros, a las princesas y un sin fin de juegos que mis congéneres y yo – y los que fueron niños antes que nosotros -, disfrutamos tanto y ya se han perdido.

Digo esto pues mis primos, que son como 3 años menores que yo, perecieron a la peste de las pcs y los juegos de videos. Cuando yo era chiquita me compraron un ‘atari’ que era como se conocían por aquel entonces, un “Family Game” – esa era la marca si no recuerdo mal -, que tenía solo 2 cassttes: uno con 900,000 juegos (creo y este era el que tenía yo), con el siempre entretenido Tetris, Come-Come, el Contra y Mario; el otro, tenía otro número raro de juegos (digo raro pues eran como 7 juegos nada más pero se repetían hasta el cansancio) y tenía las Tortugas Ninja y el Futbol aquel en japonés, recuerdan? También estaban los Nintendos pero no recuerdo más pues seguí prefiriendo los juegos ‘humanoides’ a las novedosas ‘máquinas’. Mis primos no saben bailar un trompo, saltar una suiza, jugar a los yaquis y mucho menos a la pelota. Son unos ratones de laboratorio y para colmo, vinieron para este país y aquí acabaron de joderse. Uno tiene como 19 años y nunca ha tenido una jeva y el otro tiene como 17 y va por el mismo caminito. Qué lamentable, eh? No es que sean gays ni nada, es que simplemente tienen el cerebro tan atrofiado que uno de ellos quiere ser diseñador de juegos – eso no es malo, para nada -, pero probablemente termine diseñándose una novia virtual pues como están las cosas… o.o  Bueno, sigo con mi historia que las pcs y mis primos zonzos  no eran el tema.

En mi patio, ya les conté, había todo tipo de materiales de construcción para construir el palacio – fantasma -, que jamás se llevó a término. Al lado izquierdo de la casa, había una loma de piedras para fundir y esas cosas. Esta loma se levantaba a la altura más o menos de la ventana, haciendo que el techo fuera accesible sin mucho esfuerzo. Recuerdo que un día andaba yo de bandolera, trepada en el techo haciendo no recuerdo que y al querer bajarme, rodé por la loma de piedras para abajo y estuve una semana a base de duralginas – inyectadas y en píldoras -, para el dolor pues al parecer hice un mal gesto y se me clavó un aire entre el pecho y la espalda y cada vez que respiraba era como si me apuñalaran en las entrañas. Yo era buena, no crean, pero ese día tuve un ‘pequeño’ accidente. Qué niño no los tuvo? ;p

Ayer conversando con Arian le dije que eran piedras como de cuarzo – yo especulando pues no tenía ni idea de qué diantres eran las piedras pues no se nada de piedras, jajaja! -, pero hoy buscando en Google puse “piedras de cuarzo” y me salieron muchas imágenes similares a la que encabeza este post y les juro que mis piedras eran muy parecidas a estas, así que supongo que entre todas había algunas de cuarzo. Pues estas piedras de cuarzo, cuando yo era chiquitica y del mamey – y sabía mucho menos de piedras que ahora que soy toda una experta… piedras de cuarzo, ptss! 🙂 -, fueron bautizadas por mi y la horda de chiquillos piojosos y descalzos que me visitaban en mi reino de 16 x 20 metros cuadrados, como “las Piedras Preciosas” y casi suena como el título de unas aventuras, jejeje!

Nos dedicábamos a coleccionarlas y a hacer competencias sobre quién tenía las más bonitas y no crean que me aprovechaba de ser la niña de la casa, yo las compartía con todos mis amiguitos y ellos podían colarse en el patio a descubrir tesoros cuando quisieran – y a robar mangos, by the way o.O -. Así conocimos el trading market, con solo 5 o 6 años… las cambiábamos entre nosotros mismos y les dábamos valor en dependencia de sus colores y el brillo de los cristales. Recuerdo que las colectaba y luego las lavaba bien y las ponía a secar en el alero de la ventana. Al otro día las recogía y se las enseñaba a mi abuelita que siempre me alentó a ser creativa e imaginativa. Cuando le decía que eran “Piedras Preciosas” nunca me aclaró que fueran burdas piedras de cuarzo para levantar columnas o hacer zapatas, siempre me dejó creer que era rica en piedras valiosísimas y muy raras; en aquel entonces dudo que alguien más las tuviera en todo el mundo, jajaja! Qué bello es ser niño!

continuará…