De ríos encantados y piedras preciosas – 2

Se habrán dado cuenta de que solo hablé sobre las piedras preciosas antes; me faltó contarles sobre el río encantado que teníamos en la cuadra. Como les dije, pocas veces me dejaba mi mamá salir del patio pero eventualmente fui creciendo y tuvo que acceder a que dejara mi feliz confinamiento.

La cuadra mía es laaaaaarga, ya lo saben y mi casa queda casi a mediación. Llegando a la esquina de abajo – justo en mi senda y frente al placer que por ese entonces era yermo y hoy día es una mini finquita que un vecino sembró de aguacates y guayabas -, atraviesa la cuadra un río. No crean que lo que pasa por mi cuadra es un delicado y puro manantial ni nada por el estilo. En Cuba también se le dice río a los surquitos de aguas albañales y pútridas que guardan todo tipo de alimañas y transportan cualquier desperdicio arrojado por los inconscientes vecinos desde las ventanas de sus cocinas. Es decir, una fosa, pero todo el mundo le dice “El Río” y corre por todo San Francisco de Paula, desde el reparto “La Prosperidad” atravesando la Calzada de Güines y hasta “Revoredo” (supongo pues nunca seguimos el río más allá de nuestra cuadra).

En aquel momento, ninguno de nosotros compredía lo que era una fosa y como todo el mundo le llamaba “El Río” nosotros lo hacíamos también. Recuerdo que a cada extremo de la calle hay un pedazo grande de prefabricado de concreto que hace las veces de mirador. Allí jugábamos todos y competíamos en saltos y carreras e incluso intentábamos bordear el río. Este venía de la calzada, pasando por al lado del placer y allí nos metíamos los muchachos, entre los chivos de los vecinos que pastaban plácidamente y sorteábamos el eterno yerbazal y los tanques cortados a la mitad, por donde nos colábamos, pretendiendo que todos aquellos impedimentos se sumaban a nuestros juegos y nos la ponían difícil para probar nuestra audacia de mocosos entrometidos.

Recuerdo que muchas veces alguno de nosotros cayó en el ‘río’ – y estamos vivos y sanos de milagro, dicho sea de paso -, seguidos de la inevitable zurra de nuestros padres por “ESTAR METIDOS EN EL CONDENA’ O RIO COCHINO ESE, CHICO!!!!!!!”, jajajaja! Y esto me lleva a otra mini anécdota dentro de esta.

Mis mejores amiguitos de la cuadra eran Yenisleidy y Yenier Alvarez Valladares, dos hermanitos que se criaron conmigo. Ella nació en Septiembre del 1987 y él es – bueno era, porque ya es todo un hombrón -, más chiquito; nació en enero del 90 (si no recuerdo mal). Estábamos jugando al trompo un día y no se por qué Yenier y yo nos prendimos de los pelos, faja’os! ustedes saben como son los muchachos. Resulta que Yenier me mordió un brazo y todo se quedó ahí pero mi mamá – todos sabemos como son las madres cubanas o.o -, me dice “OYE, LO MUERDES TAMBIEN!” y al final terminé haciendo las paces con Yenier y atrayéndolo a mi patio para morderlo yo. Así sucedió y su abuela que es una vieja zorra y mala le dijo que me tirara al río. Alguien del barrio le dijo a mi mamá que Julita – la vieja -, andaba atrás de Yenier todo el día porque iban a tirarme al río y mi mamá entonces montó guardia detrás de mi también.

Al fin, una tarde en que mi mamá estaba probablemente cocinando y no cuidándome las espaldas, la vieja que estaba por ahí le gritá a Yenier que me empujara. Estábamos parados sobre uno de los bloques de prefabricado y el pobre niño hizo lo que le ordenó la abuela pero en uno de esas premoniciones que tiene uno a veces, yo reaccioné a prisa y me quité del camino de Yenier y él, con el impulso, cayó de cabeza en la fosa.

Me da risa pero también me da lástima porque con el mismo impulso llegó el papá de Yenier, que no sabía nada del ardid fallido de la vieja, y con un trozo de manguera sacó a Yenier del río y se lo llevó a manguerazo limpio. Pero bueno, enseguida hicimos las paces de nuevo y seguimos tan amigos como siempre y su abuela y mi mamá no llegaron a cortarse la cabeza ni nada aunque nunca se tragaron después de eso, jejeje!

Pero aun así, seguimos juguetando en la fosa e intentando bordearla y llegar hasta el ‘final’. EL río hacía una curva en cierto punto y no veíamos lo que se escondía tras los yerbajos y las piedras mohozas. Cada día, prendidos de las improvisadas cercas, intentábamos seguir camino y descubrir el ansiado lugar escondido y encantado. Así fuimos perfeccionando nuestra estrategia, caminando un poquito más cada día, cayéndonos aun de vez en cuando dentro de la fosa y recibiendo palos de nuestros padres, hasta que al fin, un día inesperado – me imagino que como no dejábamos de crecer nuestra audacia y agilidad creció junto con nosotros -, logramos llegar al ‘final’ del camino encantado.

Creo que ese día el río perdió su atractivo pues descubrimos que aquel lugar encantado que tanto deseamos, no era más que la entrada a un pequeño túnel que pasaba por debajo de la calle y el río simplemente seguía su camino interminable, cosa que no haríamos nosotros para descubrir sus sobre-valorados secretos.

Nunca más jugamos en el río y los niñitos que nos siguieron, las nuevas generaciones, nunca tuvieron interés en aquel hechizante lugar que consumió tanto tiempo de nuestra hermosa niñez. Supongo que al crecer olvidamos pasarle nuestras memorias y secretos a los más chicos – con vergüenza admito -, borrando así un poco el legado que debió ser de ellos también.

Creo que ese día abandonamos un poco la niñez.

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3 responses to “De ríos encantados y piedras preciosas – 2

  • aricuba76

    tuti, la historia de tu río también me trae recuerdos gratos, yo nací y me crecí en la capital, en el casco histórico de la ciudad, en el barrio de Belén, uno de los tantos de La Habana Vieja, allí no habían muchos parques, ni animalitos y mucho menos ríos pero no creas que por ese motivo no tengo por ahí alguna que otra historia de ríos y mas.

    …Pista…
    Camarero…cañada….loma del capiro….

  • camarero

    mira, te acuerdas de eso… obviamente, a mí me vino enseguida a la cabeza la cañada, que tiene muchas anécdotas, muchas…

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