A State of Trance*

Cuando tenía 15 años vivía sola, literalmente. Mi papá había venido para los Estados Unidos, mi mamá vivía con su marido y mi abuelita tenía su casa en La Víbora, 10 de Octubre. Cada uno a su manera, se ocupaba de mi. Mi papá me mandaba dinero, mi mamá me veía de vez en cuando y mi abuelita desafiaba el transporte cada día para velar por mí. No me quejo, no era feliz pero se que hubo muchos adolescentes que la pasaron peor.

Esta introducción es para llegar a que, inevitablemente, no pude ser una joven en el completo sentido de la palabra. Fui a mi primera fiesta con 15 años – la mía, obviamente -, pues antes de eso, mi papá no me dejaba salir a ninguna parte. Al irse él y quedarme sin la constante supervisión de un adulto, comencé a encontrarme furtivamente con el baile.

Cuando pequeña tomé clases de “baile español” y más tarde, cuando aun era una “chamaca escuincle”, es decir, cuando era un ‘pestillo’ practiqué ballet /para los no cubanos y por tanto no familiarizados con la jerga popular que nos caracteriza, ‘pestillo’ es en Cuba la persona – dígase hembra o varón -, que es flaca(o) y no tiene carnita por donde morderlo, jejejeje! /Yo era muy delgadita cuando niña y por eso pude practicar ballet por un tiempo, hasta que mis caderas se convirtieron en un impedimento y la profesora osó decirme, mientras intentaba probarme un leotard para una presentación y ante la imposibilidad de subírmelo hasta la cintura, que tenía que hacer ejercicios para perder esas caderas indignas de una bailarina. JAAAAAAAAAA! eso mismo día mandé el ballet al demonio y me enamoré de mi femineidad.

Lo que intento decir es que, siempre llevé el baile en la sangre pero mis intentos de practicarlo profesionalmente fueron frustrados en mi niñez. Clandestinamente y en las fiestecitas del día del maestro en la primaria, aprendí a bailar merengue, bien pegados. Pero no fue hasta que comencé a salir con 15 que aprendí a bailar reggea que era lo que se usaba en mi tiempo, antes del advenimiento del regetón como el último y más aclamado fenómeno social.

Recuerdo que en ese tiempo, como vivía sola y no tenía que pedir permiso para salir, estaba en la calle todos los viernes y sábado para las 9 pm. Siempre regresaba entre 12 y 1 am. Vale destacar que jamás bebí, ni una gota de alcohol; tampoco fumé cigarrillos y en ese tiempo, no si era yo muy despistada o aun conservábamos algo de inocencia los jóvenes pero nunca estuve de frente con la droga. Conocí el olor de a marihuana en Estados Unidos, en uno de los mejores lugares de Miami: la cuidad de Coral Gables. Es una ciudadela de estilo muy colonial y calles de nombres hispanos que los gringos mal-pronuncian a diario y ni siquiera entienden el significado real de las palabras que representan el lugar donde viven, pero bueno, la vida es así. En este barrio de gente millonaria, donde trabajé haciendo sandwiches en un mercadito por azares del destino, es muy normal que lleguen a diario y a cualquier hora, los universitarios ricos, hijos de mamá y papá, prendidos hasta la médula y con los ojos rojos, destilando el asqueroso olor a hierva quemada. Pero esa es otra historia, sigamos.

Les decía que a pesar de ser una adolescente y andar en la calle sola, nunca practiqué ningún vicio pues no me interesaba. Yo salía para bailar, para mezclarme con la gente; me imagino que la razón real detrás de todo era mi perenne necesidad de calor humano. Por aquellos tiempos bailé mucho. Se usaba el bailar los 15 de las muchachas y yo tuve la dicha de formar parte del cuerpo de baile de 4 o 5 de estos magníficos festejos. Así aprendí a bailar casino, no como una estrella pero si para dejarme llevar por un buen bailador, en parejas y en ruedas.

Luego, entre la escuela que nunca descuidé amén de seguir viviendo sola, y mi largo noviazgo de 5 años, con un muchacho que ni canta ni come fruta (menos aun baila), me alejé de las pistas de baile y de la música. Mi alma experimentó un largo período de silencio espiritual y corporal.

La última vez que fui a bailar en Cuba fue en el 2008 a los Jardines de la Tropical. Esa noche hubo rock, techno, trance, casino; bailé de todo. Tuve que ponerme al día en los nuevos pasos de baile, que no perdonan a nadie y se auto-innovan a diario, pero lo disfruté.

Ahora mismo escucho el delicioso * A State of Trance de Armin Van Buuren (que supe era, o fue, el mejor DJ del mundo, no estoy actualizada) y me doy cuenta de que hay muchas etapas de mi vida que no pude vivir a plenitud. Tengo 23 años y por avatares del destino tuve que dejar mi niñez inconclusa, pasar vertiginosamente por mi adolescencia y caer de ‘flai’ en una adultez que no siento me pertenezca. Trabajo para pagarme el techo y comer desde los 20 que llegué a este país mientras estudio para regalarme un mejor futuro. Añoro las etapas que ‘quemé’ y no tienen vuelta atrás.

Aun cierro los ojos mientras escucho la música y me imagino en una disco o nightclub, bailando y sudando con la despreocupación del que no tiene responsabilidades. Me desnudo de esta vida que me tocó vivir y con la que no me identifico ni conformo. Soy libre por momentos en mi mente y le baile me transporta a un lugar mejor.

Solo espero el poder darle a mis hijos todo lo que yo nunca tuve, para que no tengan que darse dosis de Trance de vez en cuando para rememorar lo que no vivieron. Espero que ellos puedan bailar libremente y ser niños, adolescentes, jóvenes y adultos, a su debido tiempo, pero siempre bajo mi ala protectora y por qué no… cómplice.

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8 responses to “A State of Trance*

  • camarero

    yo no sé bailar, pero me gusta la música… es extraño el día que no escuche música de algún tipo… este post tuyo me recordó varias cosas y se parece en cierta forma a la banda sonora de lo que viví, la música que nos acompaña en diferentes etapas de la vida…

    lo mejor que bailo es el merengue y me gusta… lo aprendí a bailar con un dominicano que me enseñó, él era compañero de año de mi hermana en la universidad… me enseñó cómo lo bailan en dominicana, disculpen mi incultura, quizás eso varía en dependencia del territorio dominicano que se trate, eso no lo sé… luego lo combiné un poco con nuestra manera de bailarlo, que es un poco más abierta o divertida o expresiva… el modo dominicano es mucho más sensual…

    siempre he lamentado enormemente no saber bailar casino… me gusta la salsa, sobre todo la salsa puertorriqueña y colombiana, no tanto la timba cubana… y puedo marcar algo pero nunca aprendí a dar vueltas de casino y nunca he tenido una novia que me enseñe pues hay mujeres que desde la posición de hembras se dan las vueltas y uno aprende… no he tenido esa suerte… ver una pareja bailando casino o una rueda de casino me produce una rabiosa y sana envidia… me encantaría saber!… me encantaría!…

    ah, otra cosa, querida, para mí, bailar es bailar en pareja, no bailar separados… eso de párate frente a mí y menea mientas yo meneo es como estar bailando con cualquiera en el salón solo que tú estás más cerca, nada más… por eso me gusta tanto la salsa, porque es una pareja que baila indiscutiblemente…

    tu post es de baile más que de música… no tengo mucho qué decir en ese tema!…

  • INSOMNE

    Me empiezas a dar miedo, ademas de estropearme los termómetros eres clarividente, y con un océano de por medio. ¿porqué Sara, y no Olimpia, o Fermina, o Divina Pastora?
    En cuanto al post: ¡que no pare la música!
    Saludos

  • Mar

    Jajajaja, te leo y pienso que coincidimos en un montón de cosas… así que ambas tenemos 23? genial. Chicas jóvenes 🙂

    En cuanto a pestillo, bueno, creo que mi etapa duró un buen tiempo… de hecho… 120 libras para 1.70 m. no creo que sea tanto, creo que la ventaja que le saqué fue aquel año de modelo. Ser flaca servía al fin para algo!!!

    Y yo también estuve en baile español, fueron 3 años preciosos… me encantaba chocar los talones con el piso, y levantar las piernas, y arquear los brazos… en fin…me encantaba.
    Creo que el baile me ha salvado en muchas ocasiones, aprendí a bailar casino en la secundaria pisoteando a un amigo mayor que me tenía mucho aprecio y, a partir de ese momento, no he dejado de hacerlo.
    He tenido novios (no tantos) incluso por el baile. Nada, que sin una banda sonora no funciono.

    Te recomiendo que aprendas a bailar tango, aseguro una liberación total.

    Quieres que te pase canciones de Gardel?

    PD: espero que ahora no me regañes por no visitarte, te escribí un periódico de comentario!!!

    • izmatopia

      Ok, ok… Tas perdonada ;p

      La vida de este lado del charco es tan rapida que me debo a mi misma el aprender tango, es una deuda pendiente que tengo. Me gusta el tango electronico, moderno y nuevo. Tengo un disco que me gusta mucho, Tango fushion Club de tango electronico. No creo que puedas pasarme canciones, pero si me dices las busco 🙂

      Ps: esto es un secreto, shhhh! No hable del regeton pero tambien lo bailo o.O jijiji!

  • camarero

    meto la cuchareta… si hablan de tango, les recomiendo escuchar la música de astor piazzola… es impresionante lo que hizo con el tango!… hay una película intrascendente que se llama “perfume de mujer” o algo así, es con al pacino que hace de ciego… hay una escena en que le pregunta a una mujer joven y rubia lo que mide en dimensiones el escenario sobre el que están en una fiesta y luego baila un tango con ella… me gusta esa escena…

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