Archivo diario: noviembre 29, 2011

Una ramita de pino…

Entré al comedor a las 12:59 pm. Al abrir la puerta me recibió un aroma delicioso. Aunque es el comedor, el aroma no hacía relevancia en lo absoluto a algún comestible, o eso creí.

Fue un olor frutal, fresco. Olía como a hierbas frescas o frutas. Olfateé despacio, recopilando todo el olor que pudiera procesar mi cerebro. Peras? Piñas? No… mangos? si, el olor era como a mango o eso me pareció pues lo dije en voz alta. Quienes estaban almorzando me miraron como que O.O y se miraron entre ellos. Sentí un poco de oculta vergüenza. Jamás había respirado aquella fragancia.

En mi despiste no reparé en que dos muchachos del almacén sacaban un arbolito de la malla protectora en que viene envuelto. Medía más de 7 pies y era muy verde, hermoso. Esa fue la primera vez que vi un arbolito de verdad, no de plástico. Su forma era perfecta. No se si todos son perfectos o solo los que clasifican y escogen para vender, no tengo ni idea.

Una muchacha del trabajo me estuvo comentando que ha estado trabajando a medio tiempo en un lugar donde venden arbolitos aquí en Miami llamado “Frirefighters Christmas Trees Lot”. Hizo varias anécdotas sobre familias que fueron este fin de semana, entre ellas una que destacaba por sus interesantes sombreros. Dice que eran una madre con 4 muchachitos pero lo más gracioso es que cada uno tenía un sombrero de animalito. Se fijó en que la mamá llevaba uno de venado y los niños de ardillitas, castores y mapaches.

De vuelta en el comedor, anonadada con el olor tan suave y apacible, decidí sacar unas papitas de la máquina de snacks y vi en el piso una de las ramas del arbolito. La recogí y me dio por olerla.

Wow! De ahí provenía el olor!

Conversando sobre el tema comprendí que ese es el objetivo de tener arbolitos reales, de pino. Huelen tan bien que ambientan la habitación y por eso es que los prefieren los americanos. Jamás había olido un pino, ni siquiera se si en Cuba tenemos esta variedad aunque no lo creo, pues he visto coníferas en las regiones más occidentales del país pero no esta en específico. Solo se que el olor es increíble y me ha llenado la tarde de paz. Sip, no hay ambientador, vela o incienso que rescate ese olor tan suave y delicado, aunque tan perenne. Es un olor a vida, a viento, a nieve, a paz.

Antes de que terminara de almorzar, barrieron todo el comedor, recogiendo todas las ramitas y hojitas. Ya cuando me iba, arranqué una ramita y me llevé un pedacito de verde, un pedacito de vida en el bolsillo. Nunca había robado nada, he hecho no lo hice, pero me sentí bien al apropiarme de una ramita de pino   🙂