Archivo diario: enero 19, 2012

Ya es tiempo! – 1

La amistad comienza donde termina el interés
Marco Tulio Cicerón


Había una vez una muchacha de lo más rara, de esas completamente incomprendidas y disonantes. Su mamá es una mujer normal, muy católica y llena de prejuicios pero esta chica la quiere y la admira. Su papá no la crió pero bueno, ¿quién no ha pasado por eso? El padrastro tomó el lugar del padre ausente y le dio un hermanito. Nuestra protagonista es un geniecillo amén de que nadie la comprende; es una chica brillante – en muchos sentidos, según su mejor amiga -. El padrastro es un ñame (referencia al tubérculo, para los cubanos esto quiere decir ser muy bruto, ignorante, etc) y le pasó los genes al pobre hermanito. Fin de la parte “orígenes”.

De donde viene y a donde va esta muchacha no es lo importante, lo que quiero que todos sepan es quién es y cómo es, al menos lo que yo sé de ella.

Mi conocimiento se remonta a sus 15 años, cuando comenzó a estudiar en el Tecnológico Gervasio Cabrera Martínez, en su Cotorro natal, la carrera técnica de Informática. El por qué: ella quería becarse en la Lenin (esta es o era la mejor escuela interna de la Habana, IPVC – Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas- habiendo otras por todo el país, pero el punto es que en ellas se reunían los mejores estudiantes del país. Hablo en pretérito porque todo ha cambiado mucho, pero esa es otra historia) pero se dio cuenta, inteligente como es, de que sería expulsada de la escuela ya que en Cuba el ser un genio no es suficiente la mayoría de las veces.

Por ese entonces, quizás antes, ella era una friki (roquera desde la raíz) y andaba sin cabeza, bebiendo, de nómada, fumando mariguana, teniendo sexo; disfrutando a su manera de su adolescencia. Llegó al Tecnológico con un pelo bello, rubio y crespo, por debajo de la cintura y algunas libras – según ella – de más. Quiere ser anoréxica pero su metabolismo no la ayuda – a Dios gracias -.

Recuerdo que por ese entonces yo me dedicaba a bailar 15 y generalmente me tomaba los lunes de descanso. Ella no iba los miércoles. Coincidíamos poco en clase durante el primer año, solo nos veíamos en las clases de matemática. Por sus venas corren números, no puedo explicarlo pero la matemática está en ella como las letras en mi. Ni recuerdo cómo, comenzamos a coincidir. La escuela queda a 2 kilómetros de la carretera central, por donde pasa en transporte público y eventualmente nos cansamos de la caminata diaria y comenzamos a pedir botella (ride, aventón).

continuará…