Archivo diario: enero 30, 2012

Ese animal llamado Hombre – I

La amistad es un acuerdo perfecto de los sentimientos de cosas humanas y divinas, unidas a la bondad y a una mutua ternura.
Marco Tulio Cicerón.

Relaciones e interacciones.

Es interesante cómo ineteractuamos con diferentes personas durante nuestras vidas y cómo la relación que mantenemos con nada cuál, modifica esa manera de interactuar.

Con nuestros padres, la relación puede ser desde idílica (los mejores padres del mundo para el mejor hijo del mundo), normal (padres e hijo promedio), tensa (alguien no es tan idóneo), catastrófica (todos contra todos) o silente (alguien decidió que mejor se quiere de lejos). Cualquiera que sea el ejemplo, generalmente no compartimos mucho con nuestros padres y esa es una regla para todos.

Los hijos somos propiedad de los padres mientras somos chiquitos pero – y esa es una maravilla de las generaciones – cuando crecemos un poquito, enseguida encontramos intereses para nada en comunes con los de nuestros “viejos”. 15 o 20 años son suficientes para imponer nueva música, moda, costumbres y reglas.

Cuando mi abuela era joven se bailaba rock and roll al ritmo de Elvis Presley (por cierto, mi abuela pensaba que Elvis era un hombre muy apuesto 🙂 ) y Danzón “en un ladrillito”. Mi mamá, sin embargo, tuvo que escuchar a los Beatles a escondidas y bailar Disco con los Bee Gees y Michael Jackson. Ya en mi época el Rock evolucionó a niveles mucho más complejos y extraordinarios, con toda esa fusión y magistralidad, aparecieron términos como Trance, Dance, Techtonick, “música electrónica”.

Mi música atormenta a mis viejas aunque yo si soy capaz de asimilar y hasta disfrutar la de ellas. Creo que ese es un motivo clave por el que los hijos dejamos de “compartir” nuestras cosas con nuestros padres. Las nuevas generaciones son capaces de asimilar lo viejo como lo nuevo pero las generaciones pasadas sufren, en su gran mayoría, de intransigencia e intolerancia.

Los hijos y padres se conocen, se conocen íntimamente pero supongo que sea por haber estado ligados intrínsecamente durante toda la vida (y por 9 meses atados, literalmente, el uno al otro). Pero si nos preguntan qué piensan nuestros padres o hijos, no sabríamos responder, pues no tenemos cabida en ese mundo propio de ellos y que comparte cada cuál con pocas personas en la vida.

Con los conocidos – término que comprende a los compañeros de trabajo o estudios, vecinos, padres de los amiguitos de nuestros hijos, el tipo con el que cruzaste dos palabras en la parada y todo aquel con quien tenemos cualquier relación pero no llega a ser nuestro amigo – la interacción es diferente.   Con estas personas podemos compartir, conversar, pasar tiempo pero siempre tendrá un fruto trivial e intrascendente, nada más allá de lo “educado” e incluso divertido, pero hasta ahí.

Generalmente, por cortesía, preguntamos por la familia, por los gustos personales, por los estudios y por la profesión pero son solo eso, preguntas corteses y quedan en el aire. Todo el mundo dice “Hola funalo, ¿cómo estás? ¿Y la familia?” a lo que el otro responde algo como “Bien! Trabajando cantidad y los niños acabando”. Todo esto es una línea preconcebida que el cerebro acciona cuando vemos a cualquier conocido y nos vemos en la necesidad de saludarlos pero no es que realmente nos interese cómo están o cómo está su familia.

Con la pareja la cosa ya cambia pues, a través de cada etapa de una relación amorosa, la interacción va evolucionando; el factor común en toda la relación, pre, durante y post relación: queremos saberlo todo sobre la otra persona.

Cuando comenzamos y nos gusta queremos saber todo de su presente para alimentar ese sentimiento creciente por la persona idealizada. Si, nadie se enamora de la otra persona, todos nos enamoramos de el equivalente a esa persona que nos creamos en nuestra cabeza. Ejemplos: el muchacho menciona que el otro día vio una peli en la que la muchacha se llamaba como tu y se acordó de ti. Ahí tu cerebro se desatina y la dopamina comienza a volverte loco. Se desatan mil suposiciones y atando cabos llegas a cualquier conclusión descabellada y no importa si es cierta o no, simplemente es la que alimenta el embullo que tienes por el chiquito. Según tú, él es un muchacho muy culto pues adora el cine (no te dijo si vio la película en su casa con un DVD pirateado que le prestó uno de sus colegas), la muchacha seguro tenía tus mismos ojos cafés (la chiquita tenía tu mismo culo) y él está sintiendo cosas pues se pasó toda la tarde pensando en verte, conversar, observar una puesta de sol (le pasó por la mente el pensamiento super-sónico de 15 segundos sobre lo rico que sería meterte mano).

En ese estado de constante “high” al que llaman “estar enamorado” uno quiere saber hasta lo más insignificante sobre la otra persona. De qué color es su cepillo de dientes para dar brinquitos en el lugar cada vez que vayas al mercado y veas uno que en tu mente se parece porque es azul. De qué lado de la cama duerme, para dormir de ese lado y jugar a que estás ahí con él, en sus brazos porque él debe estar en su casa ahora pensando en ti (él está jugando fútbol en el playstation en casa de un socio en la sala de la casa).

Al evolucionar a la parte en que ya son una pareja – léase novios o lo que sea – entonces acosas al otro para sacar toda la información sobre su pasado y así cerciorarte de que son el uno para el otro. Estudió piano por dos años: tú también! tu solo tomaste 2 clases y a él lo obligaron pero no importa, eso ya los une. Su coche era ruso: el tuyo igual! no en balde ambos tienen problemas de escoliosis, Oh! eso también! No le gusta el helado de fresa: a ti tampoco! lo de él es el chocolate y lo tuyo la vainilla pero no importa, lo importante es que odian la fresa.

Después comienza a nacer el amor y es ahí donde les interesa el futuro y se persuaden el uno al otro de lo que quieren y que es lo que quieren en común. Se convencen con promesas de amor eterno y planean tener una casa grande con 3 hijos y 3 perros. Planean y discuten sobre los nombres de los niños y el de los perros sin llegar a un acuerdo pero no importa, ya habrá tiempo para eso. Ya comienzan a hablar de la boda (sobre todo ellas) y sobre el vestido, la recepción, la cantidad de invitados, el bufé, la luna de miel.

Bromas aparte, la pareja es esa persona que más entra en nuestro mundo y con quien la interacción es más fuerte, más intensa y más pasional, por eso no todo es real. Ahí surgen los mal entendidos y cuando la relación empieza a resquebrajarse (cosa que casi todas sufren, desgraciadamente) cada idea que nos formamos en nuestra cabeza a cerca del otro (como ya expliqué, irreal e idílica) sirve como arma (o “trapo sucio”) para herir al otro por “mentiroso” e “hipócrita” pues “nos dejó enamorarnos y pensar todas esas cosas que no eran verdad!”. Muy interesante.

Pero los amigos, ellos si nos conocen. Yo aún no me explico cómo sucede pues uno no se come a preguntas a los amigos, será porque con un amigo nos abrimos y de todo lo que decimos ellos entienden lo que está y lo que no está. No hay necesidad de explicarse mucho pues no existe el enamoramiento ni nada de eso, solo un cariño y un amor fraternal que nos deja conocernos con la cabeza fría. Esa es la actitud que prima en la amistad, el realismo y por eso tu mejor amigo es quien mejor te conoce sin necesidad de hablar siquiera.

Para mí el ser humano es la cosa más interesante que existe y de él su psiquis. Me gusta reflexionar sobre el tema y espero seguir haciéndolo en un espacio para reflexionar llamado “Ese animal llamado hombre”.