Incongruencias.

Tener la mente abierta es una virtud pero no tan abierta como para que a uno se le caiga el cerebro
James Oberg

VII (fin)

Y así Ana conoció a dos hombres increíblemente bellos, deseables, interesantes. Se sumergió en dos amoríos simultáneos y arrolladores y se dejó llevar por la corriente de ambas relaciones clandestinas y poderosas.

Con Alejandro va al cine, lee escritos prohibidos en el patio interior de la casona de Luyanó, aprende idiomas y disfruta de ese mundo tan rico y enigmático de las letras. La universidad, bueno mentiría si digo que todo es color de rosas y que no ha habido sexo en la cátedra de profesores o en los baños. También mentiría si dijera que Ana saca las mejores calificaciones por ser la amante escondida del profesor de literatura Latinoamericana, al contrario, Ana se esfuerza cada día y su orgullo no le permite ser otra cosa que la mejor. Nadie más sabe porque Ana es una mujer muy reservada y Alejandro es un hombre muy discreto. La relación perdura pero olviden el tiempo o mejor, invéntense el tiempo que puede durar.

Michel es el enamorado eterno que la lleva a conciertos de los Van Van donde Ana se pone los tacones de bailadora después de olvidar los espejuelos de estudiosa en casa. La adentra en la religión Yoruba y ella escucha atenta y cultiva su espíritu con nuevos conocimientos. Así se nutre de la herencia criolla al bailar de ese rubio sandunguero mientras intenta civilizarlo un poco leyéndole poesía. No es cierto que todo sea un sueño ya que Michel sigue llamándola “mamita” y de vez en cuando hay problemas cuando bailan guaguancó: Ana es mala perdiendo. Con Michel fue más difícil poner los límites de la relación ya que es más obtuso y más joven, pero al fin llegaron a un consenso y el tiempo es lo de menos, la relación dura o duró lo que tenía que durar.

Si, claro que hubo sentimientos, de todo tipo. De ella hacia Michel y de Michel hacia ella. De ella hacia Alejandro y de Alejandro hacia ella. Ella se enamoró de cualidades sueltas de cada uno pero no puede formar al hombre perfecto, no puede separarles esas características y desechar lo demás. Algunos piensan que ella los usa para satisfacer sus deseos, otro piensan que la usada es ella. La verdad es que Ana no piensa en eso. A sus 23 años (aparentemente ha durado el juego) solo piensa en disfrutar de su vida y de lo que le depare el destino.

Alejandro y Michel se conocieron y no hubo afinidad, ciertamente notienen nada que ver, el único punto en común es esa chica de 23 años, increíble en al menos 10 idiomas que baila rumba como una negra criolla y escribe. Alejandro sigue alimentando sus pasiones con la inspiración que ella le brinda, ella no ha dejado de escribir. Michel sigue siendo el mejor bailador de Belén y ya sabe la diferencia entre santero y ateo, ella en las noches, aún le dice “usted”.

… fin.

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4 responses to “Incongruencias.

  • Carlos Efron Mur

    En realidad me gusta lo que hace Ana, yo viviría con ella sin ningún problema, en cuanto a la historia dejaste muchos cabos sueltos, es decir fue una historia de amor que decías tú no era una historia de amor, ella, Ana era una novelista o cuentista en potencia y sin embargo no me entere si logro su cometido, es decir la línea del tiempo que usas es tan estrecha, pero parece ser tan amplia que no logras contarme todo por tu necesidad de hacerlo en un número determinado de entregas, no esta mal, pero una historia goza de respiración y tienes que darle la oportunidad de respirar hasta donde ella crea que es necesario hacerlo. Hay mucho por hacer con la historia y no tiene nada que ver la extensión. Por ejemplo podrías haber narrado la misma historia en un día en la vida de Ana, que en si es un reto grande por la vida vertiginosa que ella vive de alguna manera

    • izmatopia

      Carlos, a veces peco de testaruda y la otra parte de la historia, esa que imaginas en tu cabeza, es solo eso para mi… imaginación del lector. No me interesa contarla porque simplemente yo no imaginé nada más. Solo quería relatar estos dos encuentros con dos hombres maravillosos y completamente diferentes que hicieron de Ana una mujer feliz.

      Lo demás, no me inspiró a contar.

  • Carlos Efron Mur

    Tanto el lector como el escritor hacen un trato en el momento en el que el escritor escribe para ese lector y en cuanto el lector decide leer lo que escribe ese escritor y en ningún momento ese trato se puede o se debe romper, porque entonces no se escribe ni para el lector y no se lee respetando al escritor, pero es bueno y válido tu razonamiento…

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