Archivo diario: febrero 10, 2012

Iluminada.

No sé cómo chicos pero he escrito un cuento de amor. Ufff! Perdónenme si fui muy cursi pero, es de amor, no puedo negarlo.

Se los dejo para la próxima semana.

Wow! no puedo dejar de asombrarme! YO!!! yo escribí un cuento de amor, puajjjjj! jajajajajaja!

Nos vemos queridos y queridas.


Una niñita en La Víbora – IV

Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor.
Antoine de Saint-Exupery

El primer amor: Daniel – I

Nunca he dejado de recordar a Daniel ni lo haré pues fue mi primer amor, si, el primer muchacho a quien amé en mi vida. No recuerdo cómo comenzamos a relacionarnos ni cómo nos hicimos novios pero si recuerdo esa etapa llena de alegrías. Había un muchachito en el aula, Raúl, que hacía de mensajero y celestina, lo recuerdo con mucho cariño; está viviendo en Nueva York, tan cerca y tan lejos a la vez.

Daniel y yo nos escribíamos carticas de amor con una letra de niños de sexto grado y en hojas arrancadas de nuestras libretas; mi abuela conserva algunas, amarillas y con la letra gastada. Más que novios Daniel y yo fuimos muy buenos amigos. Jugábamos juntos a los yaquis, a la suiza y a los escondidos en los pasillos de granito beige de la escuela. Era increíble lo unidos que éramos y caminábamos tomados de las manos, él era un caballerito.

A veces él andaba despeinado y yo intentaba ordenar su cabello negro y hermoso. Su piel era muy blanca y sus ojos oscuros como el pelo. Los labios eran muy rojos y uno de ellos ostenta una sexy cicatriz (que se hizo corriendo en una iglesia cuando pequeño, al caer y golpearse con un banco) que me ha quedado como fetiche del cual no me puedo librar. Sus manos eran bellas, delicadas y grandes, de dedos largos, muy flexibles, increíblemente flexibles; a veces me asustaba con lo mucho que podía virar sus dedos sin la más mínima muestra de dolor.

Recuerdo que él se sentaba detrás o delante de mi y me extendía la mano y yo lo acariciaba mientras transcurrían las clases, ¡era tan tierno todo! Nos besábamos mucho en las mejillas, nos sentábamos uno frente al otro y nos tomábamos de las manos, mirándonos, nos acariciábamos las rodillas, todos gestos tiernos e infantiles pero lo hacíamos con mucho amor (al menos yo lo hacía con mucho amor). La relación era muy fraternal pues yo no tenía la madurez ni la edad suficiente como para ir más allá. Él necesitaba más.

Un día decidimos encontrarnos en el Parque de los Chivos para dar un paseo y jugar un poco. Este es un parque bello, de esos que solo existen en Diez de Octubre, lleno de árboles ancianos y sugerentes, bancos, caminos. En ese lugar hay una famosa discoteca de La Víbora, el Túnel. Encima hay un pequeño parquecito y en un nivel superior hay una especie de terraza – en ruinas – con un bar y espacio suficiente para hacer una gran fiesta. Todo el lugar está destruido desde aquella época pero para jugar es perfecto. Yo invité a Yulima para que me hiciera compañía ya que ambas vivíamos bajando la loma de Saco (el parque queda a la esquina de Saco y Patrocinio, esta última donde vivía Daniel como a 4 cuadras de ahí) y en nuestro romance fuimos a parar allí arriba.

 … continuará.