Archivo diario: febrero 29, 2012

Sueño mortal…

Hace días que tengo una erupción en el pecho y en la cara y sé que es alergia a algo que comí pero no sé descifrar qué la desató ya que en mi casa todo el mundo come lo mismo y yo soy la única afligida.

Cuando almorcé me tomé 2 benadriles que vienen en un paquetico amén de que me advirtieron que me quedaría dormida. Aquí estoy, escribiendo y arriesgándome a poner algo indebido por el estado de high que experimenta mi cerebro ahora mismo.

No me gusta esta sensación, no me gusta como comienzan a pesar los miembros más de los normal, ni me gusta  que la lengua se me enrede sin dejarme pronunciar alguna palabra coherentemente. No me gusta que se me cierren los páspados y tornarme densa, pesada pero a la vez ligera. Sip, mi cuerpo se siente muy abundante y muy pesado pero mi mente vuela y se desprende de mi.

Me quedan 3 horas de trabajo – que debería coger por enfermedad e irme a mi casa – que se tornan eternas y quiero entregarme a mi almohada sin remordimientos.

Por eso no bebo, no entiendo cómo alguien gusta de sentirse así, tan a la deriva, sin control sobre nada, sin poder sobre sí mismo o los otros.

No vuelvo a tomar benadril a no ser para dormir en las noches.

PS: soy testaruda, por eso me los tomé.


*Hexaedro Rosa – II

No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

Paulo Cohelo

Rubén Martínez Villena – *Hexaedro Rosa

II

Tu amor irrumpió en mi vida como se cuela una ráfaga por una ventana abierta. Todos mis papeles se alborotaron y en un vuelo de espanto se deslizaron bajo los muebles y hacia los rincones. ¿Qué has hecho revoltosa?…¿Cómo penetras sin permiso?…No quieras irte. He cerrado cuidadosamente la ventana y no te dejaré hasta que arregles lo que desordenó tu travesura. ¡A ver si recoges aquel recuerdo mío y me traes esas cuartillas de la historia triste y el cuento ese que aún no he terminado, y aquella esperanza que germinaba bajo mi frente cargada hace un instante por estos pensamientos que han quedado aquí a mis pies, truncos y revueltos¡ ¡Qué maremágnum has ocasionado con tu entrada! ¡Anda, obedece!…

Y mientras te digo todo esto tú estás ahí, de pie, en el medio de mi alma, con mi más vieja tristeza bajo el tacón de tu zapato, diciendo a mi severidad con una sonrisa divina: -Indudablemente, nada hay más descortés que un rayo de sol…. Y lo peor del caso -¡atrevida!- es que pareces muy satisfecha de que haya cerrado mi ventana.