Una niñita en La Víbora – VIIII (FIN)

El primer beso que supo a beso y fue para mis labios niños como la lluvia fresca.

Federico García Lorca

Despidiéndome de La Víbora.

La escuela al campo fue divertida y me sentí muy bien, fue la primera vez que probé la independencia y adoré ser libre. No es que hiciera nada del otro mundo, como dije aún mi sexualidad no despertaba y no era de hacer locuras, pero el estar sola y a cargo de mi vida por 21 días me hizo muy bien. De todas mis amigas la única que orgullosamente no se rajó fui yo. Recuerdo que una a una todas fueron cayendo enfermas, lesionadas, cobardes… y se fueron, algunas 15 días antes, 1 semana, 5 días. Yulima se enfermó de la garganta y me dejó sola un fin de semana pero regresó para estar los últimos 3 días.

La pasábamos genial y en las noches nos reuníamos al lado de los baños a hacer cuentos de miedo o a jugar a adivinar la película. Hacíamos campeonatos de este juego masivamente, las hembras contra los varones. Me hice amiga de dos o tres muchachitas y muchachitos de mi aula que me ayudaron a pasar la segunda mitad del curso en paz y aprendí que si podía tener amigos verdaderos en la adolescencia.

Me besé con un muchacho pero solo por besarnos, no sentía mucho, era raro de hecho. Me hice noviecita de otro pero no le besé. Mi papá se enteró y casi me saca a rastras del campamento. La preocupación de mi padre por mi virginidad era tal que a veces pienso que de no haber emigrado a los estados Unidos cuando yo tenía 14, sería virgen aún o me habría desheredado – probablemente la segunda porque nunca lo dejé controlar mi vida sexual, mi sexualidad era mía y por eso bastantes broncas tuvimos -.

La escuela al campo también me dejó heridas de guerra. Recuerdo que la primera semana hizo el frío más crudo que he vivido y la temperatura bajó tanto que aún me duelen los dedos al recordarlo. Estábamos en provincia Habana y allí es donde más frío se siente en mi tierra. La segunda semana la temperatura subió mucho y supongo que el cambio de ambiente fue lo que acabó con muchos de nosotros. Yo perdí la voz completamente por muchos días. Al llegar el primer domingo mi papá quiso llevarme para la Habana porque yo tenía catarro. “¡Que no!” fue mi única respuesta y él se marchó encabronado.

Después fue el esguince doble en mis dedos del medio y anular de la mano derecha. Lo que hacíamos allí era desyerbar boniato y papa y arrancando hierba mala me lastimé ambos dedos. Recuerdo que no podía cerrar esa mano y me dolía muchísimo, mis dedos parecían chorizos. Mi papá quiso entonces llevarme de vuelta porque iba a perder los dedos. “¡Ya te dije que no me voy!”. Otra vez el insulto. La última semana fue lo del noviecito y le dejé bien claro que no me iría hasta el último día. Se fue muy bravo pero me quedé.

Ya de vuelta y cercano al incidente con la profesora de Física, estaba yo un día en el patio interior de la escuela cuando dos muchachos comenzaron a coquetear conmigo y una amiguita del aula – bueno, la salsa era conmigo pero como ella estaba ahí-. Ambos eran el sueño de cualquier adolescente aunque cada uno era hermosamente único e irrepetible.

Leonel era trigueño, fuerte, un año mayor que nosotras pues había repetido un curso; era un sueño pero era un bruto y un rega’o. Alberto era blanco y de cabellos rubios oscuros, ojos azules como el mar revuelto y el porte de caballerito medieval; era muy inteligente y además, hijo de la profesora de Física O.O

Ni sé cómo me enredé con Alberto pero si recuerdo que él me dio mis mejores besos – hasta hoy – y conocí lo que es “mojarse” de excitación. Nos besábamos durante largos minutos, sin separarnos, degustándonos hasta la saciedad. Nos íbamos al patio trasero o por el laboratorio de Química y nos besábamos sin descanso. No pasamos de eso y esa fue la razón de que me dejara por otra chica de otra aula que seguro ya hacía muchas más cosas que yo.

Fue un enamoramiento furtivo y experimental que me dejó los mejores besos de mi vida y el hambre por obtener más. Comenzaron a gustarme otros muchachos pero no llegué a nada con ninguno pues mi papá estaba al irse de Cuba y yo no tenía cabeza para nada de eso. Mi inexperiencia era tal que no sabía como manejar las situaciones.

Unos meses después Leonel me confesó que estaba enamorado de mi y se peleó con Alberto por jugar conmigo y la otra muchacha. Nos hicimos amigos pero nunca pude verlo como pareja, supongo que desde ese tiempo ya iba comprendiendo que no me excitan los hombres brutos, por muy lindos que sean. Una tarde discutimos por alguna bobería y me fui muy molesta de la escuela. Vino el fin de semana y el próximo lunes hubo una marcha, ni me acuerdo por qué. Toda la escuela se fue para el evento y a media caminata una maestra nos informó que Leonel había tenido un accidente la tarde anterior yendo para la casa de su papá que casualmente vivía en el Cotorro. Él  iba en bicicleta y un camión lo chocó. Cayó de cabeza contra el piso y aunque lo llevaron al hospital, no sobrevivió la noche.

No nos dijeron nada porque sabían que nadie iría a la marcha de saberlo; a Leonel todo el mundo lo quería. Yo me pasé días llorando sin consuelo, me sentía tan culpable… La última vez que lo vi vivo discutimos y murió sin saber que lo quería mucho. Me sentí decepcionada de la vida, de la escuela, del engaño que funcionó para que no pudiéramos ir a verlo. Esa fue mi última marcha, mi último “acto revolucionario”. A partir de ahí mandé todo a la mierda y más nunca me dejé usar por el sistema; me habían traicionado bajamente. Con el tiempo superé lo de Leonel aunque nunca me atreví a ir al cementerio. Supongo que aún me siento culpable de haber peleado con él.

Mi papá preparaba su salida del país y me pidió que pasara las vacaciones en su casa y así lo decidí.

Y así se acabó el 8vo grado, dejando atrás mi último gran problema, mi última pelea, mi primer beso húmedo, los primeros amigos, la primera pérdida, el fin de mi niñez y el principio de mi adolescencia.

– FIN –

Anuncios

Acerca de izmatopia

Everything about me was, is or will be written... you just have to wait and read. Ver todas las entradas de izmatopia

11 responses to “Una niñita en La Víbora – VIIII (FIN)

Tus notas a pie de página...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: