Archivo diario: mayo 15, 2012

Ese animal llamado Hombre – VI

Para manipular eficazmente a la gente, es necesario hacer creer a todos que nadie les manipula.

John Kenneth  Galbraith

Manipulación y mentiras “blancas”

Ok, hoy hablaré un poco más sobre las mujeres que sobre los hombres porque creo que nosotras usamos más estas “técnicas” que ellos.

Ayer conversaba con mi marido sobre nuestras discusiones y que a veces me vuelo con él por la tensión en el trabajo, las iras contenidas y esas cosas y le pedí perdón por tomarla con él a modo de desquite cuando él pasa por los mismos malos ratos – y hasta más que yo por la índole de su trabajo –  y nunca me ha tratado mal. Comencé diciéndole que no me justificaba pero que si, que esa era la razón principal de que a veces estuviera irritable y que reaccionara mal, perdiendo la dulzura para con él en ocasiones.

Entonces, saltando temas caímos en que me dice “si pero cuando discutimos tú comienzas a hablar boberías y dices cosas que no son reales porque estás molesta” y automáticamente le respondí: “ah, porque yo hablo boberías?”. Tal vez les resulte un poco confuso pero muchos y muchas verán algo familiar en esa pequeña frase… ah, porque yo hablo boberías.

Desde hace tiempo sé que generalmente las mujeres hacemos esto, aunque supongo que algunos hombres también. Manipulamos la conversación, tomando una simple palabrita o una pequeña frase de todo el discurso para con ella, virar la tortilla y quedar nosotras como las víctimas, las pobres, las dolidas.

En ese preciso instante corté su discurso y le dije esto mismo que les acabé de decir a ustedes y comencé a reírme. Y él hablándome de mi y las discusiones y yo que quería hacer un post de aquello, que me repitiera la frase exacta para guardarla en mi cerebro hasta hoy. Bueno, no hablamos más del tema pero me quedé pensando en esto. Ah! no, no discutimos ni nada, comencé diciéndoles que solo analizábamos nuestras discusiones. Si, me gusta volver sobre los problemas, ya en calma, para atar cualquier cabo suelto que haya quedado, ya sin rencores y cuando los humos han bajado.

Entonces, volviendo al tema… es increíble como nosotras las mujeres siempre intentamos volver la discusión a nuestro favor, desechando todo lo que en realidad es importante y centrándonos en las pequeñas críticas o defectos que usa la otra parte para señalarnos un error. Creo que somos muy manipuladoras y lo peor del caso es que lo hacemos a consciencia amén de que es una conducta inherente a nuestra personalidad.

¿Cuántas veces han llorado chicas para evitar algo o para ganar algo? Los hombres también saben que nosotras usamos estos ardides, lo saben pero pocos pueden resistirse a nuestras lágrimas o a nuestras manipulaciones. ¿Cuántas veces han inventado una mentirilla para no tener sexo? Los hombres también saben esto pero no pueden obligarnos ni inducirnos a hacerlo.

Creo que, además de ser métodos de defensa que usamos, cosas como las mentiras y el sexo son falta de motivación y comunicación. Si, preferimos mentir antes de decirle a nuestra pareja “mira, realmente hoy no tengo ganas” pues tememos herirlo. Lo que aquí sucede es que nuestra pareja no es bob@ y se da cuenta de que estamos mintiendo y de que, además de no tener ganas, no tenemos el valor de admitirlo siquiera.

Gente, nadie es una máquina de sexo y existen muchísimas razones para no querer tener sexo en un momento determinado. Depresión, tensión, preocupaciones, baja libido, algún malestar físico real, falta de interés, monotonía, aburrimiento, rencor… sin disímiles. Aquí es muy importante el nivel de inteligencia intrapersonal de cada cual ya que deberíamos primero localizar la razón exacta nosotros mismos antes de poder compartirla con nuestra pareja.

Pero no, no usamos el cerebro que la naturaleza nos dio y simplemente intentamos manipular a los demás, por miedos y por tonterías auto-impuestas. Yo abogo por la comunicación, por la verdad, por darle al otro la posibilidad de conocernos realmente. Abogo por abrirnos primero a nosotros mismos, por auto-analizarnos y comprendernos, para luego así poder transmitir nuestros sentimientos, nuestros estados de ánimo a los que no rodean, para no tener que mentir.