Archivo mensual: julio 2012

Necesito tiempo…

Cuando comencé el blog pasaba por una etapa de mi vida difícil, caótica, depresiva… el blog me ayudó, me inspiró, de entretuvo, me alimentó. Escribir me dio vida, me hizo sentir útil. Desde septiembre de 2011 he escrito mucho; había mucho de donde sacar y aunque pasé por estados se sequía, siempre sucedía algo que me sugería historias, reflexiones, alegrías… siempre tuve algo que contar.

Es obvio que hace como 2 meses no escribo como antes. Lo real es que no he escrito nada y el blog sigue a flote gracias a las etapas más prolíficas, cuando se me acumularon hasta 10 posts a una vez y los guardé, para dosificarlos y tener siempre algo que publicar. Realmente, hace meses que no escribo ni una sola letra.

Dicen que cada escritor atraviesa una etapa de sequía creativa y supongo que la mía llegó ya. Se venía anunciando, sutilmente desde hace tiempo hasta que se me hizo evidente esta mañana. Ya no quiero escribir, ya no quiero leer, ya no quiero cometer errores, ya no quiero saber nada más. Le dije esta mañana a una amiga mientras le pedía perdón, “el conocimiento a veces nos hace infelices”.

Saber, saber lo que se supone que no sepa, lo que otros no quieren que sepa pero que no saben ocultar de mi, eso me está matando. Saber lo que quiero o no saber lo que quiero, saber lo que no puedo hacer. Saber mis limitaciones, saber lo que es la lealtad, saber lo que es el tiempo y verlo desvanecerse a veces y correr tan lentamente en ocasiones. Saber que me esperan, saber que no puedo llegar allí. Saber que me aman, saber que me perdonan, saber que confían en mi, saber que no puedo decepcionarlos. Saber todo lo que me hace infeliz pero no saber lo único que necesito saber, que deseo saber.

Sé lo que me está haciendo daño, pero no sé cómo evitarlo, no sé cómo salir de esta tormenta…

Tal vez esta no sea la solución a ninguno de mis problemas pero les debo consideración y respeto, a ustedes que me leen y que han tenido la amabilidad de no preguntar, de no quejarse cuando nada nuevo les cuento. Me voy.

Sin muchos dramatismos porque no me gustan, pero me retiro del blog por un tiempo – indefinido. Lo más probable es que vuelva pero no sé cuánto tiempo estaré ausente. Ya no tengo nada que decir, cuando las palabras regresen, también yo regresaré.

Perdónenme, no los abandono, solo necesito tiempo…


De ética, moral e histrionismo…

Aquel que no usa su moralidad sino como si fuera su mejor ropaje, estaría mejor desnudo.

Khalil Gibran

Me han dicho que no soy el modelo de moral que predico.

Esta afirmación me ha dado risa pues nunca he sido una persona muy moral que digamos, pero claro, la persona que me ha dicho esto no lo sabe, no me conoce y tal vez algunos de mis textos la han hecho pensar de este modo. Izma intenta ser un ejemplo de moral aunque no lo es, muy simpático ya que, soy bastante amoral.

Y no es que me moleste la moral pues, según la Real Academia de la Lengua Española, moral: Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o maliciaPero también  es un conjunto de facultades y valores de una persona o una colectividad que se consideran éticamente aceptables y esta es la parte que no pega conmigo. Aceptable? cuando entro en contacto con la palabra aceptable mi cerebro hace corto circuito pues aceptable entra en conflicto con otra palabra, tolerancia.

Entonces me viene a la mente también la ética: Conforme a la moral o a las costumbres establecidas. Y mi cerebro sigue sufriendo, experimentando un sutil aunque persistente dolor de cabeza que no me deja pensar claro. No es que yo sea contraria al pensar que rige al mundo pero, es que el mundo se va a la mierda! Cuántos de ustedes no se dan cuenta a diario que la moral y la ética no existen cuando están en su trabajo y ven a sus superiores comportarse, cuando van a un hospital y no reciben realmente el trato que merecen, cuando el sistema los aplasta sin que puedan mover ni un dedo o, simplemente, cuando ven que alguien ha sido engañado y deciden guardar silencio porque “entre marido y mujer nadie se debe meter”?

Si, definitivamente soy amoral y mientras la moral rija la conducta de los hipócritas y los viles mentirosos, seguiré siendo amoral. Al menos así, cuando haga algo incorrecto lo haré a consciencia, cuando sea egoísta solo estaré decepcionando a mi consciencia, cuando hiera, solo mis ojos me acusarán en el espejo. Cuando juegue con el destino, esperaré que el karma me golpee en el rostro, pero con dignidad pues al menos seré una persona maliciosa pero sincera.

No, definitivamente no puedo vivir mi vida basada en un modelo moral y ético que no ha funcionado nunca desde que existe. No puedo actuar pensando en la opinión que tendrán de mi los otros. He decidido vivir conscientemente, errando como todo ser humano, pero aceptando solo el juicio del ser más importante en mi mundo: yo misma.

Si no puedo satisfacer mis propias expectativas, si violo constantemente mis propios valores y no soy capaz de autoanalizarme y criticarme, de crecer, arrepentirme, de ser sincera conmigo misma y aceptar mis fallas… si no soy capaz de admitir que a veces soy cínica, despiadada, calculadora, cobarde, infantil, egoísta, miserable, desconsiderada, insensible, altanera, mentirosa, insegura, inconforme, ambiciosa, rebelde… si no soy capaz de admitir y vivir con el hecho de que soy imperfecta, cómo puede importarme lo que piense el resto del mundo?

El resto del mundo no me conoce porque la vida es un acto que protagonizamos y dirigimos nosotros mismos y los demás solo saben lo que nosotros mismos le sugerimos que crean.


Un cuento para mí…

Un regalo, un cumplido, un cuento… para mi.

Los silencios de Onán.

No conserva registro alguno de la tesitura de su voz, ni siquiera la imagina. Tampoco consta en sus recuerdos memoria referente a los sentidos del gusto, tacto u olfato. Así, no sabe de salivas mezcladas ni fluidos canjeados en el mercado de la carne, ignora las temperaturas que acompañan el proceso de abrirse paso entre humedades y por ende, desconoce el sentido en que se mueven en el espacio las partículas revueltas de las hormonas de ella. No sabe cuánto de fugaz o tercos pueden ser los olores atrapados en un cuarto ni del efecto morning after, ni desayunos o alientos, despedidas o exclamaciones.

Sin embargo posee sus palabras, las exactas, las suficientes, las reveladoras. Palabras que Onán acaricia y moldea, distribuye, posiciona y vuelve a visitar.

Palabras de senos pequeños y aureolas color de las moras salvajes, de nalgas tersas que sustentan las creencias de una nueva religión, discursos reptantes entre zapatos y muslos de diosa meretriz ofrecida y a la vez venerada. Palabras escritas en altares de conchas y entradas al Averno, espetadas, demostradas, innegables. Arengas de estatua impúdica y curvas de regreso al ombligo, palabras con ranuras postradas, rajas, grietas y el mapa estelar, salidas de labios profanos, invitados a ser mancillados. Palabras donde la turgencia es una constante y el verbo, obligadamente, se convierte en latido.

Palabras que profesan Soy el camino, Soy la verdad y esta es la desnudez de mi entrepierna, que no os baste con contemplar mi Capilla Sixtina, levántense y anden. Estos son los pilares que sustentan mi templo, depositen su ofrenda de semillas y mis piernas-puertas siempre estarán abiertas.
Onán el incrédulo, sin el asidero de una fé constante y abrumado por tanta teología, prefiere callar, renegando así del credo y la aparición celestial y en un intento oportunista de salvarse, a medio camino entre cielo e infierno, se condena y purifica derramando en la tierra cada palabra de ella. Sólo después de este acto, Onán el pecador, se levanta en silencio dispuesto a tirar la primera piedra.


¿Y qué hacer con el silencio?

El que no entiende tu silencio, probablemente no comprenda tus palabras.

Elbert Hubbard

Lo sabía, lo supe siempre, lo he sabido. Hace dos días le decía a alguien creyente que yo no creo en dios por muchas razones, pero entre ellas, porque se supone que Dios lo hizo todo de a dos, en pareja, femenino y masculino, hombre y mujer y yo siento que el macho de mi “especie” no existe, jajajaja! Es un juego de palabras algo cínico y derrotista pero viene porque hay un don – o maldición, no sé – que poseo y a veces resulta doloroso para mi aunque provechoso para los que me rodean.

Yo comprendo a la gente. No sé explicarlo, no sé definir qué es lo que sucede en mi cerebro pero entiendo, comprendo a la gente. Soy una mujer exclusivista en materias de aceptar a la gente y dejar entrar a alguien en mi “burbuja”. No me muestro comunicativa generalmente, no soy sociable, no voy por el mundo regalando calor, al contrario, me muestro bien fría y distante en la mayoría de mis interacciones sociales. Esa manera de comportarme hace que la gente a mi alrededor reaccione de dos maneras muy diferentes en pos mío: me odian a muerte o me aman con devoción.

Si, cuando entro en una habitación, sin siquiera decir una palabra me doy cuenta de que caigo mal o simplemente, me aceptan como una más de su manada. Conmigo no hay medias tintas y lo odio pues preferiría pasar desapercibida, precisamente por eso soy reservada, silenciosa y distante. Esta “condición” ha evolucionado en un fenómeno algo gratificante aunque molesto a la vez: la gente confía en mi. Si, me ha sucedido que una persona con la que no he cruzado más de un “buenos días” viene a mi a compartirme un cualquier secreto de carácter muy privado y lo único que puedo hacer es escuchar y callar o dar un pequeño e impersonal consejo si es requerido.

Eso me hace sentir bien como persona pues alimenta mi humanidad y realmente, es gratificante ver la cara de alivio cuando alguien suelta eso que le quema la garganta. Lo que me molesta no es guardar el secreto. Mi afición por el silencio me hace fácil el trabajo y realmente esos secretos pasan a un archivo olvidado en el fondo de mi memoria que casi siempre olvido parcialmente o deshecho por completo al poco tiempo. Lo que me duele – si, esa es la palabra, dolor – es no encontrar esa persona que me inspire a mi el confesarme y abrirme, soltar todos mis demonios en sus manos y dejar a mi alma otra vez en blanco.

Si, me declaro egoísta. A veces me duele no tener a quien hablarle y saber que me comprenden, de veras, sin necesidad de pasar por mi misma situación. A veces necesito decir algo y que mis palabras no me devuelvan un gesto de interrogación, una expresión de asombro, una mirada de desconcierto. A veces solo necesito un oráculo, un ente etéreo que no me juzgue, que solo recepcione lo que dejo brotar y que después me regale la respuesta que busco. Pero eso no sucede y sigo coleccionando secretos ajenos, historias asombrosas y lejanas que no me pertenecen y me regalan casi a diario. Y me ahogo, me asfixio entre tantos pensamientos y la necesidad de abrir un hoyo en la tierra y gritar como el rey Midas, que tengo orejas de burro…

¿Quién dijo que la vida es fácil?

Escucha, serás sabio; el comienzo de la sabiduría es el silencio.

Pitágoras


Una niñita y el Fútbol…

De nada sirven mis goles si España no es campeón del mundo. 

David Villa – Sudáfrica 2010

Yo recuerdo haber puesto el tv una vez por allá por 1998 (tenía yo a penas 10 años y ya vivía en La Víbora con mi abuelita) y maravillarme al ver a muchos hombrecitos pequeños y coloridos correteando detrás de un balón negri-blanco que no se detenía. Apelé a mi padre y su sapiencia deportiva para que me dijera qué era aquella maravilla y me enteré que le llamaban FÚTBOL. Seguí mirando y descubrí también a los hombrecitos MÁS coloridos de todos – por sus camisetas rojas de listas amarillas y shores azules y por un juego que, aún sin comprender, me enamoró.

Realmente el ’98 no me aclaró muchas cosas, aún era muy pequeña y por mucho que mi papá me explicó, no llegué a comprender lo que era un “fuera de juego” o “un tiro libre”.Pero la magia del fútbol me volvió a encontrar cuando tenía 14 años y cursaba el 8vo grado. Japón-Corea del Sur 2002 me sorprendió más madura y capaz de comprender el deporte que ha de acompañarme de por vida. Recuerdo que comenzaban por aquella época a implantar en Cuba las teleclases y muy convenientemente, teníamos un televisor en cada aula. No sé cuántos turnos de clases canjeamos para poder disfrutar los partidos y la excitación la calmábamos luego jugando fútbol adolescente en los pasillos de la escuela con naranjas agrias como balones. ¡Era algo ciertamente hermoso!

Mi padre emigraría a los Estados Unidos en septiembre de ese año, justo 2 meses luego del Mundial y recuerdo que pasé mucho tiempo debatiendo con él acerca de los juegos, las reglas y los futbolistas. Por aquella época el periódico Juventud Rebelde sacaba crónicas sobre el Mundial que yo recortaba y recolectaba, para futuras referencias, luego de leerlas ávidamente. Mi papá siempre fue un hincha argentino y las discusiones eran muy grandes porque él no entendía como yo podía preferir a España, siendo europeos, sobre cualquier equipo latino. No supe qué responderle, tanto el amor como el fútbol son impredecibles.

España jugaba bien en aquella oportunidad y pasó la fase de grupos como primera sin trabajo alguno, luego de vencer a sus tres rivales: Eslovenia (3-1), Paraguay (3-1) y Sudáfrica (3-2). Luego topamos contra Irlanda en octavos, empatando (1-1) y venciendo en penales (3-2). Justo después nos tocó la desdicha de ir contra Corea del Sur en cuartos, los anfitriones del Mundial. Los árbitros hicieron un papel deplorable y nos anularon el gol que hicimos y nos habría dado el pase a semifinales y la oportunidad de medirnos contra la GRANDE Alemania que quedaría segunda, finalmente. Esta infamia comenzó antes, en octavos, cuando también enmarañaron a Italia usando traquimañas parecidas y favoreciendo siempre a los coreanos.

Recuerdo que vi la final en casa de mi papá y él en ese momento ya prefería a Brasil ante Alemania, por su falso patriotismo latino americano. Yo preferí a Alemania por la admiración que sentía por Oliver Khan y la preferencia que comenzaba a desarrollar por el delantero Miroslav Klose, ambos destacados en este Mundial tan polémico. Los alemanes perdieron finalmente, tras dos goles que Ronaldo le encajó al ganador del Balón de Oro, primer guardameta que recibió este galardón en la historia de Copas Mundiales de fútbol, tras permitir solo 3 goles.

Llegó el verano del 2006 y Alemania nos trajo otra Copa Mundial de Fútbol que me encontró en un aula en el cuarto piso del Tecnológico Gervasio Cabrera Martínez, en el Cotorro. Esta vez ya yo sabía perfectamente qué era el fútbol y con 18 años, estaba más que segura de que España no me decepcionaría esta vez. Así comenzó todo y recuerdo que las discusiones en el aula eran olímpicas, no porque hubiera muchos adeptos al más universal de los deportes si no, porque todos disfrutaban verme defender lo que tan férreamente creía. Una de mis amigas por aquel entonces era fan de Inglaterra pero le daba igual cambiarse la casaca para cualquier selección con tal de mortificarme. Recuerdo que estaba en mi casa viendo conmigo y mi madre el partido en el que Francia nos sacó del Mundial y casi la saco a patadas y estuve días sin hablarle. Así de “agradable” me pone el fútbol.

Esperaba, secretamente, ganarle a Francia para luego topar con Brasil pues supongo que aquella derrota de Alemania en 2002 me dejó un rencor tan grande por los del jogo bonito que no he podido superar jamás. No tengo el dato pero creo que España y Brasil nunca se han batido en Copas Mundiales y de haberlo hecho, han de ser pocas pero me urge ver eso, me urge por una cuestión de aversión personal, jajajaja! Si admito que me quedó el sabor agridulce de la venganza cuando Francia los echó también del torneo 😀

En 2008 descubrí la Eurocopa y aunque no la seguí en su totalidad, si estuve pendiente el día de la final. Estábamos en casa de Maday (brasileña) mi novio (italiano), mi mejor amigo (argentino) y yo, que discutía una final contra Alemania, mi segundo gran amor. La luz se fue pues se acercaba una tormenta y en casa de Maday está terminantemente prohibido encender el televisor si truena, así que tuvimos que escuchar el partido entre cortes de corriente e interferencias por un radiecito decrépito que tenía mi mejor amiga. De más está decirles que tuvieron que aguantarme por días, semanas festejando mi primer triunfo y en ese momento supe que España comenzaba a escribir su historia.

El Mundial Sudáfrica 2010 me agarró en Miami junto a mi marido y en condiciones de vida difíciles. Ese fue un año de muchas tristezas y sinsabores pero durante un mes fui feliz. Recuerdo que pasé casi un mes enferma con reforzamiento en los pulmones, estuve ingresada con problemas de los riñones, comenzaron los problemas con mi papá, me quedé sin trabajo; realmente fue un tiempo muy malo pero entre reposo, fútbol y mente positiva, rebasé todo y me quedaron muchas alegrías que me regaló el fútbol.

España llegó esta vez como la favorita indiscutible por su desempeño en los últimos dos años y su reciente título como Campeona Europea. Ese primer partido contra Suiza, perdido 1-0 me golpeó la cara como una bofetada, casi despertándome del sueño que había vivido desde la Euro del 2008. Pero como cuando perdían en octavos, no perdí la fe y presencié una maravilla tras otra. Nos vi ganar a Honduras (2-0) y a Chile (2-1), pasando como primeros del Grupo H. Luego derrotamos por la mínima (1-0) a los siguientes rivales: Portugal en octavos de final, Paraguay en cuartos, Alemania en semifinales y, finalmente, a Holanda en la Final. Así España se coronó Campeona Mundial y mi fe en La Roja recibió su premio por no cejar nunca, por ser leal y por quererlos desde que no eran nadie.

Y bueno, la historia de esta Euro ya la conocen. Ya todos saben lo que ha logrado España y la alegría que me impulsa a escribir esto hoy. Ya saben que poco a poco se han ido metiendo en el grupo de los grandes y aunque aún les falte mucho camino por recorrer, ya nadie puede decir que España no es el MEJOR DEL MUNDO. Ya yo soy una mujer y sigo viendo fútbol solo una vez cada 2 años porque mi amor es tan grande que llega a ser enfermizo y no quiero que me de un infarto porque quiero seguir viendo lo que nos regala la Madre Patria, para en 40 años poder decir: “Yo amo a España desde que eran 11 pendejos coloridos correteando tras un balón y mira ahora que grandes son”.