Archivo diario: septiembre 25, 2013

Aromaterapia…

el olor

 

¿Qué perfume usas? Y riendo le dije: ¡Ninguno, ninguno! Te amo y soy joven, huelo a primavera…

Juana de Ibarbourou

Mi mundo se rige por olores, fragancias que marcan el tic tac de mi vida.

En la mañana despierto oliendo a cachorros y piel y flores de invierno. Despierto muy temprano y todo huele a mi. La almohada, las paredes, los árboles del patio, él. Por eso sigo dormida durante tantas horas – aunque despierta. Supongo que huelo a sueño y a sábanas pegadas.

A media mañana ya huelo a café con leche y pan tostado. Le presto mi olor a la cocina y me llevo conmigo la fragancia dulzona de los plátanos y ciruelas maduras que adornan la meseta. 

Al mediodía mi cuello ostenta entonces perfumes exóticos de boutique y a productos de belleza. Mis manos y rostro huelen a almendras y mantequilla. Mis labios emanan aromas de fresas o cherries, mi aliento es de menta. 

En la tarde traigo una esencia de bestia salvaje, de carnívora hambrienta. Hiedo a carnes, salsas, sudor. Llego a casa y me desnudo prenda a prenda y aunque la tela guarda los olores químicos de laboratorios – fragancias manufacturadas en estériles laboratorios de lo falso – mi piel destila mi verdadera miasma animalesca. 

Justo antes de bañarme ya toda mi esencia invade el hogar. El agridulce de mi sexo se ha resbalado por las piernas y se ha subido del vientre al ombligo. El cabello, al fin suelto libera feromonas guardadas entre el cráneo y un poco de sudor. Todo huele a selva, a Amazonas, a Egipto y a Sol.

Y el agua viene luego, inodora, a bendecir todo y a llevarse lo cierto y lo falso y a dejar simplemente un olor a limpio, a nuevo. Y solo se me queda la azúcar y aceite de karité del jabón.

Y cuando me voy a la cama y otra vez comienzo a oler a almohadas y bostezos hasta que yo y mi olor somos uno solo otra vez.