Archivo mensual: mayo 2016

“Puta”

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Hace falta que te diga
que me muero por tener algo contigo
Es que no te has dado cuenta
de lo mucho que me cuesta ser tu amigo
Ya no puedo continuar espiando
dia y noche tu llegar adivinando
Ya no se con que inocente excusa
pasar por tu casa
Ya me quedan tan pocos caminos
y aunque pueda parecerte un desatino
no quisiera yo morirme sin tener
algo contigo.

Algo contigo – Chico Novarro

– “Puta”, le dijo al oído y le metió la lengua. Ella frunció en ceño un poco. “¿No te gusta que te diga puta?” Ella sonrió y siguió moviendo las caderas contra los muslos de él.

Siempre las ponía en cuatro y a todas las llamaba “puta” mientras las penetraba profundamente. Las respuestas eran disímiles, coloridas. Todo dependía de la mujer en cuestión. Algunas se ofendían y se revelaban, entonces tenía que amordazarlas y decirles “eres puta y bien, muévete!” Otras reían maliciosamente. Alguna se volvía loca con la palabra y él lo disfrutaba.

Lo que ninguna sabía era que “puta” era el nombre de la mujer a la que en su mente se devoraba cada noche en la piel de aquellas que recibían las cuatro letras zoquetas, pronunciadas con saña y rencor.

“Puta” era la que no podía poseer y se volvió un ritual el tenerla en la carne de todas las demás. “Puta” era la que le viraba el mundo al revés con palabras cínicas e hirientes, pero lúcidas. “Puta” era la que le provocaba erecciones sorpresivas e incontrolables con su aroma de frutas. “Puta” era la que adivinaba todo lo que estaba pensando y se lo recitaba para restregarle en la cara que era dueña de su mente y no podría sacarla ni aunque quisiera.

Y mientras él asía unos cabellos rubios y susurraba el “puta” de siempre, Ella sorbía un café y se leía un libro en la tranquilidad de su cuarto, sin apenas sospechar que un hombre, en alguna lugar del mundo, la volvía eterna con una palabra.

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Lo. Li. Ta…

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Frases del libro “Lolita” de Vladimir Nabokov

•    Cambiante, malhumorada, alegre y torpe, con la acre gracia de su niñez retozona, dolorosamente desable de la cabeza a los pies…

•   Hay dos clases de memoria visual: con una, recreamos diestramente una imagen en el laboratorio de nuestra mente con los ojos abiertos; con la otra, evocamos instantáneamente con los ojos cerrados, en la oscura intimidad de los párpados, el objetivo, réplica absolutamente óptica de un rostro amado, un diminuto espectro de colores naturales.

•    Nos enamoramos simultáneamente, de una manera frenética, impúdica, agonizante.

•    Hay que ser artista y loco, un ser infinitamente melancólico, con una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una llama de suprema voluptuosidad siempre encendida en su sutil espinazo para reconocer de inmediato, por signos inefables al pequeño demonio mortífero entre el común de las niñas; y allí está, no reconocida e ignorante de su fantástico poder.

•    Nos queríamos con amor prematuro, con la violencia que a menudo destruye vidas adultas.

•    En este mundo hecho de hierro forjado, de causas y efectos entrecruzados, ¿podría ocurrir que el oculto latido que les robé no afectara su futuro? Yo la había poseído, y ella nunca lo supo.

•    «Hay otro hombre en mi vida». En verdad, ésas son palabras feas para los oídos de un marido.

•    Bajo el sol de medianoche los sueños tienden a ser de vivos colores.

•    Ella llevaba una camisa a cuadros, blue jeans, zapatillas de goma. Cada movimiento que hacía en las salpicaduras de sol punzaba la cuerda más secreta y sensible de mi cuerpo abyecto.

•    ¡Oh, si fuera yo una escritora que pudiera hacerla posar bajo una luz desnuda!

•    Una niña moderna, una ávida lectora de revistas cinematográficas, una experta en primeros planos soñadores…

•    Y allí está ella, perdida entre todos, royendo un lápiz, detestada por los maestros, con los ojos de todos los muchachos fijos en su pelo y en su cuello, mi Lolita.

•    Ya todo estaba listo. Los nervios del placer estaban al descubierto. El menor placer bastaría para poner en libertad todo paraíso.

•    Que vuelva pronto, rogué, dirigiéndome a un Dios prestado.

•    Ningún hombre logra jamás el crimen perfecto; el azar, sin embargo, puede lograrlo.

•    …el cuarto se volvería «la guarida de un escritor»

•    Oh, Lolita, tú eres mi niña, así como Virginia fue la de Poe y Beatriz la de Dante.

•    Para que sepas, he sido asquerosamente traidora contigo. Pero no importa un comino, porque de todos modos tú dejaste de preocuparte por mí.

•    Imagíname: no puedo existir si no me imaginas.

•    …aplicar mis labios voraces a su corazón desconocido.

•    ¿Cuánto pides por tus pensamientos?

•    Mi niña, se sabía observada, que gozaba con la lujuria de esa mirada y hacía alarde de risas y jugueteos.

•    Era amor a primera vista, a última vista, a cualquier vista.

•    La miré y la miré, y supe con tanta certeza como que me he de morir, que la quería más que a nada imaginado o visto en la tierra, más que a nada anhelado en este mundo.
•    «Él me destrozó el corazón. Tú apenas me destruiste la vida».

•    Bueno, algún día, si quieres venirte a vivir conmigo… Crearé un nuevo Dios y le agradeceré con gritos desgarradores si me das una esperanza microscópica.