Archivo mensual: enero 2017

Puertas…


(…) cuando uno conoce a alguien sabe si hay una puerta al enamoramiento. Algunas personas tienen esa puerta y otras no. Uno escoge si cruza el umbral o no. Yo sabía desde que te conocí que había una puerta muy obvia, muy incitadora al enamoramiento contigo y jugué mucho y me acerqué y miré por una rendija y olfateé el aroma que venía de adentro y agucé el oído para escuchar la música de tu amor, pero me contuve por muchos años y nunca la crucé. Nunca la crucé hasta que me sorprendí del otro lado un día, de visita en un mundo nuevo y maravilloso. Cada persona tiene un mundo detrás de esa puerta y no es el mismo mundo ni la misma puerta para todo el mundo. Es decir, yo tengo muchas puertas y muchos mundos dentro de mí y cada una le pertenece a alguien sin nombre. Supongo que habrá quien ni siquiera aparezca nunca a reclamar su puerta y algunos mundos se extingan o se desvanezcan en el tiempo por falta de visitantes. Pero tú tienes tus propias puertas y tus propios mundos y cada uno es distinto de los demás. Tu puerta y tu mundo, los que visité, no se parecen a ningún otro porque ese mundo se ve afectado y modificado solamente por mi sola existencia. Nadie más existe dentro de esa puerta ni en ese mundo; sólo yo. Y cuando crucé la puerta, ese mundo de amor por mí, que había sido de una manera antes de que yo, finalmente, entrara, porque me amabas sin razones, comenzó a cambiar. Tu mundo estaba basado y diseñado a la imagen y semejanza de esa idea que tenías de mí. Al cruzar el umbral, tu mundo comenzó a tomar los colores de mi verdadera personalidad, los aromas de mi piel, las curvas de mi cuerpo. Ese mundo siempre fue real pero al yo entrar, tu mundo se alimentó de mí y se hizo tan mío como tuyo. Entonces mis colores se mezclaron con los tuyos y el mundo se pintó con nuestros matices, únicos. Lo mismo sucedió con los olores y sabores y sonidos. Todo pasó de ser tuyo a ser mío, y luego nuestro. Y entonces ese mundo al que entré, dentro de ti, tomó vida propia, alimentándose de ambos. Lo mismo pasó dentro de mí cuando cruzaste el umbral de mi puerta y te adueñaste de mi mundo.