Archivo mensual: noviembre 2017

Olas…

– ¡Eres tan linda! – le dijo, casi como un reclamo y la besó en los labios con ternura, sin morbo, sin lengua. Solo depositó sus labios en los de ella, tibios y suaves. Al apartarse los ojitos de ella permanecían cerrados. Los abrió y su carita de niña se transmutó en una mueca de asombro y felicidad. Sonrió con los ojos y con los labios.

– ¡ TÚ eres tan lindo!

Entonces él se dio cuenta de cuánto y por cuánto tiempo la había amado. Se dio cuenta de que nunca había dejado de hacerlo. Solamente había guardado sus sentimientos, celosamente y a pena de sucumbir ante ellos. Sabía que en el momento que le dieran un minuto a sus sentimientos, saldrían desbocados.

Más tarde esa noche ella se inclinó ante él mientras dormitaba y le dio otro beso tibio en los labios. Él la besaba en sueños. Rememoraba cómo había sido el tacto de su piel luego de tantos años, hacía apenas un par de horas cuando la memorizó nuevamente con las yemas de sus dedos, listo para dejarla ir una vez más.

– Te amo -, susurró ella y lo miró por unos minutos. Luego se abrazó a su cuello y se apartó, dejándolo dormir en paz.

Ella sentía que su amor era cómo olas, que se apartaban pero volvían siempre, una y otra vez, a desembocar en la tibia orilla. Él era su orilla y ella era esas olas coquetas, malhumoradas incluso, juguetonas, incapaces de irse muy lejos sin que su propia naturaleza la hicieran volver a romperse entre sus brazos.

Y él seguía allí y no pensaba dejarla. Había prometido navegar en el “Nueva Fidelidad” hasta donde llegara el “río” que compartían, en los tiempos aciagos, los de felicidad, en la ausencia ñ, en la pérdida. Siempre iba a estar allí.


Poema 6…

6

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.

Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en
calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.