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De ríos encantados y piedras preciosas – 1

Cuando yo era chiquitica y del Mamey, jejejeje! Bueno, esta vez vengo con más historias de mi niñez en San Francisco de Paula.

Anoche, cuando llegó mi esposo del trabajo (él llega a eso de las 11 pm), después de bañarnos y casi antes de quedarnos dormidos, se filtró una anécdota de cuando era pequeña. Se la conté y de una fui brincando a otra y casi se me acaban los cuentos, que le hice muy reducidos pues sus párpados se caían y yo comenzaba a hablar catibía de tanto sueño. Pero me quedé con esas historias en la cabeza y me sentí privilegiada de haber tenido una niñez tan bonita y poder conservar tantas historias para cuando nazcan mis niños.

Ya les conté sobre mi patio pero no les dije que en ese espacio grande y lleno de árboles frutales pasé casi toda mi niñez, jugando, mataperreando y haciendo de las mías con los demás niños del barrio pues mi mamá es medio neurótica y pocas veces accedía a dejarme salir a jugar en la calle – amén de que mi cuadra es casi imposible de transitar por vehículos motores por el lamentado estado de su ‘afalto’ -. Entonces, ella prefería tener 10 o 15 muchachos metidos en su propiedad y velar por todos a que yo saliera a jugar bolas al frente de la casa.

Como es lógico, tengo muchas anécdotas de los juegos que inventábamos mis amigos y yo; de los personajes y de las maravillas que creíamos encontrar en aquel patio hechizado – gracias a nuestra fértil imaginación de niños nacidos por los 80 -. Yo creo que mi generación fue la última que jugó en la calle a los ‘cogidos’, las bolas, el ‘comefango’, la pelota ‘a la mano’, a la pañoleta, a las carriolas, a los pistoleros, a las princesas y un sin fin de juegos que mis congéneres y yo – y los que fueron niños antes que nosotros -, disfrutamos tanto y ya se han perdido.

Digo esto pues mis primos, que son como 3 años menores que yo, perecieron a la peste de las pcs y los juegos de videos. Cuando yo era chiquita me compraron un ‘atari’ que era como se conocían por aquel entonces, un “Family Game” – esa era la marca si no recuerdo mal -, que tenía solo 2 cassttes: uno con 900,000 juegos (creo y este era el que tenía yo), con el siempre entretenido Tetris, Come-Come, el Contra y Mario; el otro, tenía otro número raro de juegos (digo raro pues eran como 7 juegos nada más pero se repetían hasta el cansancio) y tenía las Tortugas Ninja y el Futbol aquel en japonés, recuerdan? También estaban los Nintendos pero no recuerdo más pues seguí prefiriendo los juegos ‘humanoides’ a las novedosas ‘máquinas’. Mis primos no saben bailar un trompo, saltar una suiza, jugar a los yaquis y mucho menos a la pelota. Son unos ratones de laboratorio y para colmo, vinieron para este país y aquí acabaron de joderse. Uno tiene como 19 años y nunca ha tenido una jeva y el otro tiene como 17 y va por el mismo caminito. Qué lamentable, eh? No es que sean gays ni nada, es que simplemente tienen el cerebro tan atrofiado que uno de ellos quiere ser diseñador de juegos – eso no es malo, para nada -, pero probablemente termine diseñándose una novia virtual pues como están las cosas… o.o  Bueno, sigo con mi historia que las pcs y mis primos zonzos  no eran el tema.

En mi patio, ya les conté, había todo tipo de materiales de construcción para construir el palacio – fantasma -, que jamás se llevó a término. Al lado izquierdo de la casa, había una loma de piedras para fundir y esas cosas. Esta loma se levantaba a la altura más o menos de la ventana, haciendo que el techo fuera accesible sin mucho esfuerzo. Recuerdo que un día andaba yo de bandolera, trepada en el techo haciendo no recuerdo que y al querer bajarme, rodé por la loma de piedras para abajo y estuve una semana a base de duralginas – inyectadas y en píldoras -, para el dolor pues al parecer hice un mal gesto y se me clavó un aire entre el pecho y la espalda y cada vez que respiraba era como si me apuñalaran en las entrañas. Yo era buena, no crean, pero ese día tuve un ‘pequeño’ accidente. Qué niño no los tuvo? ;p

Ayer conversando con Arian le dije que eran piedras como de cuarzo – yo especulando pues no tenía ni idea de qué diantres eran las piedras pues no se nada de piedras, jajaja! -, pero hoy buscando en Google puse “piedras de cuarzo” y me salieron muchas imágenes similares a la que encabeza este post y les juro que mis piedras eran muy parecidas a estas, así que supongo que entre todas había algunas de cuarzo. Pues estas piedras de cuarzo, cuando yo era chiquitica y del mamey – y sabía mucho menos de piedras que ahora que soy toda una experta… piedras de cuarzo, ptss! 🙂 -, fueron bautizadas por mi y la horda de chiquillos piojosos y descalzos que me visitaban en mi reino de 16 x 20 metros cuadrados, como “las Piedras Preciosas” y casi suena como el título de unas aventuras, jejeje!

Nos dedicábamos a coleccionarlas y a hacer competencias sobre quién tenía las más bonitas y no crean que me aprovechaba de ser la niña de la casa, yo las compartía con todos mis amiguitos y ellos podían colarse en el patio a descubrir tesoros cuando quisieran – y a robar mangos, by the way o.O -. Así conocimos el trading market, con solo 5 o 6 años… las cambiábamos entre nosotros mismos y les dábamos valor en dependencia de sus colores y el brillo de los cristales. Recuerdo que las colectaba y luego las lavaba bien y las ponía a secar en el alero de la ventana. Al otro día las recogía y se las enseñaba a mi abuelita que siempre me alentó a ser creativa e imaginativa. Cuando le decía que eran “Piedras Preciosas” nunca me aclaró que fueran burdas piedras de cuarzo para levantar columnas o hacer zapatas, siempre me dejó creer que era rica en piedras valiosísimas y muy raras; en aquel entonces dudo que alguien más las tuviera en todo el mundo, jajaja! Qué bello es ser niño!

continuará…


Descarga electrostática…

Según Rafa, lo que más le gusta de mi blog son las anécdotas y ha despreciado mis cuentos por ellas, jajaja! Pues como él es muy importante para mi ya que me dio el empujón final para decidirme, le dedico este post.

Ayer me sucedió algo curioso.  SI me pongo a pensar, me pasan muchas cosas curiosas aunque no siempre las recuerdo para reproducirlas y compartirlas con ustedes.

Una introducción rápida para que entiendan. En junio, la madrugada del sábado antes del día de los padres, me robaron el carro de al frente de la casa. Fue una odisea que les contaré en otro momento, ya que esa es otra buena anécdota, pero a lo que vamos. El carro apareció, finalmente, con algunas averías, incluyendo la falta de la batería y la defensa delantera quedó deshecha. Recuperamos el carro al mes y medio del robo así que ya, por suerte, habíamos comprado otro carro.

Decidimos dejar el que recuperamos parqueado en casa de unos amigos hasta reunir el dinero necesario para las reparaciones. Hace unos días Arian vendió su carro, que estaba en peores condiciones mecánicas y de confort que el que está parado, amén de los problemas estéticos que le dejó la aventura del robo. Llevamos una semana reparando el carro, por lo tanto, todos los días son varia slas peripecias que tenemos que hacer para ir y venir del trabajo y de la escuela en un solo vehículo.

De ahí mi anécdota. Ayer Arian me llevó al trabajo en la mañana, como se viene haciendo costumbre ya y me dejó el carro a la hora del almuerzo en mi trabajo y un amigo lo llevó a él así que tuve que recogerlo en la noche. Recuerdo que puse el aire acondicionado, no muy fuerte pero sentía frío. El clima anoche se comportó bien, no llovió y la temperatura era normal, algo templada y húmeda, de hecho. Cuando llegué me bajé del carro a darle un beso y allí pasó.

Tomado de la Wikipedia:

La descarga electrostática (conocido por las siglas en inglés ESD, que significan electrostatic discharge) es un fenómeno electrostático que hace que circule una corriente eléctrica repentina y momentáneamente entre dos objetos de distinto potencial eléctrico; como la que circula por un pararrayos tras ser alcanzado por un rayo (…)
Para comprender el proceso de formación de dicha corriente hay que considerar que un cuerpo cualquiera está formado por un número indeterminado de moléculas ligadas entre sí por fuerzas de atracción y repulsión que les permite sostenerse en equilibrio sin que entren en contacto. Sabemos que el electrón es la más pequeña cantidad de agente eléctrico, la partícula elemental de electricidad negativa. Sabemos que dichos electrones tienen una estabilidad precaria en el átomo y pueden abandonar su órbita a consecuencia de un choque, fricción, conmoción nuclear y otras muchas circunstancias.

Si tenemos en cuenta que el cuerpo humano actúa como (positivo) y los electrones (negativo) y que, además, dos cuerpos cargados en sentido opuesto se atraen, se comprende por qué se produce una descarga en el dedo cuando se toca la extremidad de un objeto metálico, excelente conductor eléctrico, cargado con electrones, cuya virtud consiste en acumularse en las partes extremas o periféricas de las materias (…)

Este tipo de electricidad estática es la principal causa de las descargas electrostáticas, que se generan a menudo a través de la electrificación de contactos eléctricos o la separación de cargas eléctricas que ocurre cuando dos materiales hacen contacto y después se separan. Los ejemplos de este tipo incluyen caminar sobre una alfombra, descender de un coche, o quitar algunos tipos de empaquetados de plástico. En todos estos casos esta fricción entre dos materiales cargado con electricidad de distinto signo da lugar a la electrificación, creando así una diferencia de potencial eléctrico que puede conducir a un acontecimiento de descarga. Leer más…

Cuando me bajé del carro recuerdo que tenía la nariz fría. Abrí mis brazos para abrazar a Arian y él se dejó abrazar. Nos acercamos rápidamente, para besarnos, pero la primera parte de nuestros cuerpos que hicieron contacto fueron nuestras narices.

Fue increíblemente rápido pero intenso. Al pegar las narices sentimos una descarga que incluso fue audible. No se si la chispa fue visible pues el dolor nos hizo cerrar los ojos y separarnos de un tirón. Nos quedamos O.O y comenzamos a reír mientras sobábamos nuestra adoloridas y acalambradas narices.

Me había sucedido antes que tocaba el picaporte metálico de una puerta e incluso objetos no metálicos y me daba ese latigazo intenso y doloroso pero nunca al tocar a una persona. Él si había experimentado esa sensación antes y sobre todo al saludar a una compañera de un antiguo trabajo. Hasta el punto de no tocarse y solo decir buenos días pues era bien incómodo pasar por eso día tras día.

Volvimos a la casa haciendo muecas con las narices, buscando que la sangre circulara y se desvaneciera el molesto calambre. Al llegar a la casa él se puso a leer en la web sobre las descargas electrostáticas mientras yo me quedaba dormida.

Ayer no sabíamos cuál había sido la causa o el causante, pero leyendo hoy en la Wiki me di cuenta de que fui yo, al bajarme del carro. Jajajaja! ahora entiendo la frase que el cubano usa cuando se emborracha aunque yo ni siquiera me di un trago: qué clase de carga cogí anoche! 🙂


Cuando yo era chiquitica y del mamey – II

Mi abuelita es de un pueblo llamado Amancio Rodríguez, que en el año 40, cuando ella nació, era parte de Camagüey pero con la nueva División Político Administrativa luego pasó a ser Las Tunas – consejo para el que conozca a mi abuela, jamás decirle que ella es Tunera; ella es CAMAGÜEYANA y de ahí no hay quien la saque! y no es por nada, simplemente ella nació en Camagüey, o no? -. Es la cuarta hija de un matrimonio de 5 hijos (2 varones y 3 hembras). Su papá se divorció de su mamá cuando era chiquitica – y del mamey 🙂 -, y se casó de nuevo, dándole 5 hermanitos más. Su mamá los crió prácticamente sola, no porque su padre no se ocupara de ellos, simplemente por la época y la pobreza. Cada uno de los 5 primeros niños (incluida mi abuelita) se crió en un lugar distinto; solo la menor, mi tía Masi, se quedó con mi abuelita Celia (mi bisabuela).

Mi abuela creció siendo pobre pero decente y cuando triunfó la revolución tenía 19 años. Alfabetizó y se hizo maestra: se convirtió en una revolucionaria y lo ha sido hasta el día de hoy, cercana a cumplir sus 71 años. Un off Topic, les tengo buenas historias sobre mi abuela – mi persona favorita en el mundo -, que les haré uno de estos días; prometido! seguimos… Maestra al fin, tiene mucha metodología; actualmente, cuando se monta en una guagua y ve a un niño majadero, llorando o armando perretas, comienza a hablarle y termina, prodigiosamente, calmándolo. Pero bueno, sigamos con mi historia que me desvirtúo.

Ya dije que era muy majadera para comer cuando pequeña y que mi abuela tiene mucha metodología. Yo soy de San Francisco de Paula en San Miguel del Padrón. Para los turistas en Ciudad Habana – si porque hay quien solo conoce de la Habana, el Vedado y Playa o.O -, para su cultura general, SMP, como se le conoce por sus siglas, queda casi en el medio del territorio que ocupa CH, colindando por el Oeste con 10 de Octubre, por el Este con Guanabacoa y al sur con el Cotorro.  Es decir, que donde yo vivía, caminabas y poco más pa’trás y se te acababa CH, jejeje!

Allí me crié, aunque no conozco más que lo básico de San Fco que es donde vivía, el Diezmero y algo del Cotorro. En mi reparto las cuadras se caracterizan por ser muy largas y como es medio campo, todas tienen su tendencia a la lomita (o lomota, dependiendo del caso y del lugar). Yo vivía por el medio de la cuadra y desde el portal de mi casa se veía a lo lejos, una casa o escuela (esa historia si se las debo) que se quemó una vez y tenía aspecto tenebroso. No se si es esa la razón u otra, pero a ese lugar le llaman “El Castillito” y hay historias de miedo acerca de él.

Pero como bien recuerdan, mi historia no era de miedo, era sobre los personajes que se inventó mi abuelita para que yo me comiera la comida. Recuerdo que en ese tiempo los Muñes comenzaban a las 6 pm y a esa hora me empezaba ella a ‘intentar’ dar la comida y comenzando el Noticiero a las 8 pm, aun seguía enfrascada en lo mismo sin muchos resultados. Entonces, por esa época mi papá me había comprado un columpio hecho de cabillas, que se usaba mucho en ese tiempo y lo cementó al piso del portal. Mi abuelita comenzó a sentase conmigo en el columpio, día tras día a darme la ‘papa’ mientras me contaba una historia.

Pues para interesarme en la comida mi abue me contó que en el Castillito vivían dos gigantes – claro, no eran monstruos, la intención no era asustarme -, uno llamado “Traga Metales” y el otro “Barril Sin Fondo”. Este último comía de todo y nunca se sentía satisfecho, el primero, comía todo lo que fuera metálico pero le gustaban mucho las monedas. Entonces yo le preguntaba a mi abuela si Traga metales se comería mi columpio y Barril sin fondo la comida de la casa. Ella me decía que si, pero que si yo comía mi comida, ella los convencería de ser buenos. Claro, yo era una niña muy inteligente y al final siempre dejaba un poquito, alegando “esta parte es para Barril Sin Fondo, para que no pase hambre”.

Es tan lindo recordar aquello. Ya cuando crecí un poquito más, con 8 o 9 años, comencé a comer sin problemas y sola; no escuché más las historias de mis gigantes, pero jamás los olvidé. Fueron parte de mi niñez, de mi casa y de mi San Fco de Paula, aunque solo mi abuela y yo lo sepamos.

… a mi abuelita Agueda, tan linda.


Cuando yo era chiquitica y del mamey – I

Hace días que quería dejarles este post pero por problemas técnicos – el viernes no tuve internet -, y de tiempo, tuve que posponerlo hasta hoy…

Desde que pensé el tema, imaginé el post con el título: “Cuando yo era chiquitica y del mamey”, pues mi papá me cantaba una cancioncita, cuando era pequeña, que decía así… Entonces tuve que investigar en la web; no quería solo citarles un pedacito en el título y dejarlo así. También me picó la curiosidad y usando nuestro buscador favorito: Google; encontré, precisamente en el blog de Francisco Pascasio Blanco Ávila – fundador y caricaturista de Palante y creador de la historieta Ay, vecino“, nombre que lleva también su blog -, que es una guarachita llamada “El marañón”. Les dejo la estrofa que me cantaba mi papá y comienzo mi historia…

“Cuando yo era chiquitico y del mamey, 
Y del mango me chupaba la semilla.
Ahora que soy marañón.
Marañón aprieta la boca…
El tiempo de los bobos se acabó…”

Esta vez quiero contarles sobre mi infancia y mi familia. Yo nací – como pueden corroborar en Coordenadas” -, el 23 de mayo de 1988 en el hospital Hijas de Galicia, en el municipio 10 de Octubre pero soy de San Miguel del Padrón. Fui el primer y único embarazo de mi madre en mucho tiempo; de hecho, tuvo amenaza de aborto hasta los 6 o 7 meses, pero en el 8vo y el 9no comió tanto que nací bien grande y pesando casi 9 libras. Mi abuelita le decía: “no comas tanto que no vas a poder parir!”, pero pudo 🙂

Les confesaré que tomé leche en pomo – fría y con azúcar -, hasta los 7 años, cuando mi abuelita se mudó a La Víbora y mi mamá me sentenció a la leche en jarrito; y yo, malcriada al fin, dejé de amar la leche. Hoy en día me tomo un poquito pero siempre con chocolate o café. No la soporto! Sin embargo, nunca chupé tete; no me gustaba 🙂

Recuerdo a mi tío – hermano mayor de mi mamá -, contarme que cuando era chiquitica, bien chiquitica – y del mamey 🙂 -, me ponían una sallita de vuelos y en ese tiempo sonaba mucho “La Lambada” y yo, delante del televisor, meneaba las ‘nalgotas’, en palabras de mi tío, claro, jejeje! Otra de mis primeas memorias es verme registrando el escaparate de mi abuelita, buscando cualquier atuendo suyo con el que me pudiera ‘disfrazar’ y rogándole a mi mamá para me ‘pintara’… fánatica al maquillaje cuando chama’ y ahora ni los labios me pinto, di tú! jajajaja!

Pero una de las anécdotas más bonitas que tengo es sobre los personajes que me inventó mi abuelita. Casi todas las abuelas o mamás, o papás… les inventan un personaje a sus niños; además del conocido ‘Coco’ y generalmente es para hacerlos comer, o bañarse o hacer las tareas; esta última un tanto infurctífera porque los niños cubanos son muy suspicaces y ya con edad de ir a la escuela no hay quien les meta un cuento O.O jijiji! Pues en mi caso no fue la excepción… yo era muy mona para comer – vale destacar que también me tocó lo peor del Período Especial, donde la pasta de oca y el chícharo abundaban -. Realmente, en mi casa no se pasaba hambre; mi papá era zapatero y tenía buena posición económica, pero mi mamá, para educarme bien, me hacía comer de todo y como sabía que no me gustaba, de vez en cuando me tiraba unas frituritas de pasta de oca y los respectivos chícharos para que aprendiera que hay que comer de todo – algo que le agradezco con el alma -.  Aunque, aun sin la pasta de oca y los chícharos, no me gustaba comer; al menos hasta los 9 o 10 años.

… lo dejaré por aquí que se está haciendo muy largo. Les dejo el resto de la historia en otro.