Archivo de la categoría: Divagando

Vamos a portarnos mal…

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nos gusta el desorden
wo wo wo
rompemos con las reglas
wo wo wo

somos indisciplinados
wo wo wo
todos los malcriados
wo wo wo
vamo a portarnos mal, vamo a portarnos mal
vamo a portrnos maaaaaaaaaal!

Vamo a portarnos mal – Calle 13

 

 

Vamos a olfatearnos como dos perros ruinos.

Vamos a comportarnos como par de cochinos.

Vamos a arañarnos, mordernos y golpearnos.

Vamos, ponte malo que vamos a gozarnos.

Tengo unas sorpresas debajo de la manga

que no has visto aun. Ven, quítame la tanga.

Hazte el importante y niégame esos besos

que me ponen caliente, ‘toy derritiendo queso.

Hoy no quiero versos ni palabras bonitas.

Hoy yo te me exploto como la dinamita.

Ven que lo que traigo es locura y cosas malas.

Quiero que me pegues y me ates a la cama.

No abras los ojos, tú también eres un pillo.

Ponte pa mi combo, no seas amarillo.

Hazme lo que quieras, componme y descomponme.

Házmelo a tu manera que por ti me cambio el nombre.


La Mujer Real…

mujereal

El mío, el importante, el que me dura;
perfecto como el jueves o el verano.

Éste – Carilda Oliver Labra

La Mujer Real no se avergüenza de sus carnes, no esconde sus estrías ni su celulitis. La Mujer Real está feliz consigo misma porque el Hombre Real la encuentra irresistible sin muchos retoques, así como ella es.

La Mujer Real tiene los mismos pezones sensibles y la espalda flexible que las demás. El Hombre Real se endurece con su olor a mangos maduros y su sabor a sal. Él mete sus dedos entre la maraña enredada de cabellos sin peinar y degusta la espalda curvada de la Mujer Real. Ella empina el culo sin pudor, como toda Mujer Real, puta y provocativa.

La Mujer Real dice palabras sucias y se muerde los labios, degustando el sabor de la osadía. Al Hombre Real le le da una punzada de deseo cada vez que ella lo mira con ojos de pantera y se estira y revuelve entre sábanas, porque sabe que la Mujer Real está dispuesta y lo llama.

La Mujer Real conoce los azares del amor y se desnuda las penas y los “ay no” antes de presentarse ante el Hombre Real; su dueño y señor, su sirviente y vasallo. El Hombre Real siempre la toma, agradecido y le devuelve el favor con suspiros que a ella le salen de entre las piernas en forma de mariposas mojadas.

La Mujer Real no teme nada. La Mujer Real lo prueba todo. La Mujer Real lo puede todo porque el Hombre Real la adora.


Análisis “light”…

descargaYo soy cubana y Cuba, amén de ser un país latino, tercermundista y subdesarrolado hasta la médula, está también muy lejos de otros países en las mismas situaciones; para bien y para mal. Pero no nos comparemos con los similares. Aquí pretendo compararnos con el primer mundo, con los Estados Unidos de América y en específico, con la Florida.

Sobre consumismo en Asuntos Triviales


Ese animal llamado hombre – VII

Erotica

Creer en la fidelidad es pecar de ingenuidad.
Edgar López Vargas

Ese animal infiel.

Todo el mundo teme a las infidelidades, todos sin excepción. La razón es lógica pues es sabido que la primera e imprescindible regla que hay que cumplir para que le peguen un tarro a uno es tener pareja. Cuando uno es soltero ni piensa en eso pues no es una posibilidad pero cuando uno se enreda en una relación sentimental que importe un poquito, enseguida comienza uno a cavilar y a darse cuerda acerca del posible e incluso inminente tarro.

Y habrá quien piense que existen personas 100 % fieles, incapaces de pegar un tarro por nada de la vida porque el amor verdadero existe. Yo digo: BULLSHIT!! Yo no concuerdo con la primera parte de la anterior afirmación. El amor verdadero SI existe pero no asegura la fidelidad eterna. Todo ser humano sexuado tiene la capacidad física y mental de ser infiel, solamente tienen que darse las circunstancias ideales para que eso suceda en un momento dado, como todo en esta vida.

Y OJO, no estoy diciendo que todos seamos, hayamos o vayamos a ser infieles en algún momento de nuestras vidas. Lo que digo es que todo el mundo es propenso a serlo aunque escoja lo contrario, aunque nunca suceda. Todos podemos serlo en algún momento.

Y me gusta analizar las razones y no hablaré del infiel habitual, del deportista, del punto fijo. Quiero analizar la psiquis del infiel que de veras ama a su pareja y quiere, aun al momento en que la infidelidad sucede y aunque a nivel subconsciente, pasar el resto de su vida con su pareja “legal” y entiéndase la de por el día, no el amante. Ese infiel de paso, de prueba, de una vez en la vida… ese es el que nos interesa ahora.

A veces uno piensa que el amor es suficiente para que una relación dure toda la vida. AL principio de cualquier relación las dos partes están dopadas con dopamina y no hace falta mucho para alimentar sueños de eternidad y amor. Cuando la pasión inicial pasa y la vida real nos golpea, la convivencia se muestra en blanco y negro de veras y ahí tenemos que comenzar a devanarnos los sesos para arrastrar esa relación y mantenerla a flote día a día.

El sexo, aunque mejor disminuye pues al principio pensamos que MÁS es MEJOR pero con el tiempo nos damos cuenta de que la CALIDAD siempre aventaja a la CANTIDAD. Cuando vamos conociendo mejor a nuestra pareja vamos compenetrando más pero también la pasión se va enfriando. Ya un roce no te enciende, ya todo no es color de rosa y las mariposas en el estómago por cualquier bobería se mueren. Muchas parejas experimentan un declive sexual marcado al pasar los dos primeros años o incluso menos – aunque pocas parejas lo admitan.

El roce es el que mantiene el cariño intacto y el sexo mantiene las cosas en su lugar, pegadas donde van. Sea que la disminución del sexo venga antes, después o a la vez que los otros problemas, siempre es un punto más a favor de la infidelidad que se agazapa esperando en una esquina para hacer su aparición. Y así, muchos problemas de pareja cotidianos, que por separado no tienen mucho peso pero que a la larga y todos juntos pueden mellar en la autoestima de las partes, hacen que un día, uno de los dos resbale y caiga. Y por supuesto, no digo que en todas las parejas con problemas ocurran infidelidades pero si en casi todas si los problemas no se arreglan o si la unión no se disuelve a tiempo si fuera insalvable.

Uno desde fuera siempre lo ve desde el punto de vista moral y muestra simpatía o rechazo en dependencia de la propia situación emocional que enfrente en el momento. Uno puede pensar que es un descaro, que es inadmisible o puede pensar que la víctima de la infidelidad es culpable y se lo buscó. Realmente nada de eso es importante. Lo importante para evitarlo y para no sufrirlo es comprender las razones que propician una infidelidad y las señales inequívocas de que se está al borde del abismo.

La falta de comunicación, el rencor, los conflictos recurrentes, la no resolución de los problemas a tiempo, la insatisfacción, las falsas expectativas, los ideales, son todos peligrosos pasos que damos, inadvertidamente, antes de caer por el hueco de la infidelidad.

Algo raro que nadie comprende luego de que sucedió y que choca bastante es que uno no lo veía venir. No se ve porque se está ciego y porque parte del amor y de la costumbre es la esperanza sin fin de que todo mejorará cuando, al contrario, empeora con cada segundo que pasa. Uno escucha las historias de compañeros de trabajo, vecinos, lo ve en la televisión y no se da cuenta de que la infidelidad le está mordiendo el trasero.

Sobrevivir una infidelidad es una prueba terrible que pone la vida. Cuando ya pasó y no se mantuvo en secreto el mundo se derrumba para ambas partes. La víctima se siente rechazada, la autoestima baja, aparecen la inseguridad y los celos incluso si nunca antes existieron, la confianza se pierde por completo y aparece la paranoia. Por su parte el victimario se siente avergonzado y estúpido, comienza a tenerse en muy baja estima a sí mismo cuestionando sus valores morales y humanos. Ambos temen perder la relación que en algún momento pudo haber sido muy sólida y sobre todo el tiempo que en ese punto puede convertirse en tiempo perdido.

A mi no me gusta culpar a nadie pues el ser humano es por sobre todas las cosas muy idealista y además, muy inconforme. Al principio la dopamina nos hace creer que encontramos al ser ideal, perfecto para nosotros y como nos creamos una idea en nuestras mentes, de la cual nos enamoramos, no somos capaces de admitir que ese ente posee fallas pues sería como admitir que amamos a un ser imperfecto y eso nos hace imperfectos a nosotros.

Cuando se está enamorado y se pierde el control de la relación uno no quiere perder al ser amado pero tampoco sabe como conservarlo. Entonces se crea un ambiente de amor/odio que es el que te mantiene atado a esa persona y el, a la vez, te empuja a buscar afuera algo que consuele tu perenne dolor y llene el vacío que sientes. Hay quienes encuentran eso que andaban buscando pero en el mayor de los casos, cuando más fuerte es el amor por la pareja, no encuentras nada y regresas más vacío y aún y sobre todo, derrotado.

Hay que ser muy maduro y tener un control emocional muy grande para sobrevivir una infidelidad con valor y sobre todo, para que la relación coja su rumbo de nuevo y prospere de nuevo hasta su cúspide de gloria. La mayoría de las personas no poseen esa capacidad de arreglar lo que estaba roto por el entorno cultural y social en el que se formaron como personas pero algunos ganadores sobrevivientes lo logran. Imagino que el que rebasa una infidelidad puede enfrentar el fin del mundo de la mano de esa persona amada.

No es fácil entender el por qué de las acciones de la otra mitad pero hay que ponerse en su lugar y tratar de verlo todo desde su perspectiva para darse cuenta de que tampoco es fácil para ella. Hay que ver las razones del posible o real infiel y hay que considerar las razones de la víctima que perdona o no. Todo en la vida tiene matices y comprender el por qué de las cosas siempre será un reto para el ser humano.

Y gracias al cerebro por esto.


La vida es una mierda…

Me fui a Cuba, esta vez por una semana, llena de inspiración, planes y expectativas.

Este de mi tercer viaje y el primero con tiempo suficiente para disfrutar Cuba. Lo planifiqué para luego del 14 de Febrero para poder pasarlo con mi amor aquí pero para estar presente allá en la semana de la Feria del Libro. También planifiqué visitar Santa Clara para conocer a la familia de mi amor y pasar tiempo con mi camarero del alma. Esta vez también mi queridísima Maday estaría presente. Tenía todos los teléfonos de amistades leales y antiguas a las que quería visitar por fin. Qué más se puede pedir para ser feliz?

Eso pensaba yo pero la vida, – y la gente sobre todo – siempre cabrona, te cambia los planes o mejor, te hace cambiar los planes.

Entonces, solamente pude ir a Santa Clara aunque el tiempo con camarero es algo que nos debemos aún. La Feria del Libro tendrá que seguir esperando por mi al igual que los amigos, siempre pacientes. Mi Maday estuvo, llorosa de vez en cuando y se escapó furtiva y de madrugada para no decir “adiós”. La semana se convirtió en 4 días y el amor y la nostalgia y los buenos recuerdos se convirtieron en bilis dentro de mi boca.

Se que Cuba no tiene la culpa pero uno asocia las experiencias a los lugares y es una lástima que lo que 20 años viviendo allí no pudieron corromper se haya ido a la mierda en 4 puñeteros días de mierda.

Pero los quiero…


Los que se van y los que se quedan…

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Del nicho helado en que los hombres te pusieron, 
te bajaré a la tierra humilde y soleada. 
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron, 
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Los sonetos de la Muerte – Gabriela Mistral

Los gringos se tiran tres peos pa sus padres. Los ponen en un home a que se mueran viejos y solos. Los gringos arman mucha algarabía si se le rompe la pata a una silla o el perro le muerde el sofá. Por eso si una cubana que trabaja entre gringos deja de ir al trabajo por una semana porque se le murió su abuela, los gringos lo ven como un acto extraterrestre, ya que para ellos su viejos padres son un bulto y sus abuelos, más viejos, son más bultos aún.

Una muchacha que trabaja conmigo, cubana, una de tantas a quienes crían sus abuelas… como yo, acaba de perderla en la batalla contra la vida y la vejez. En este momento yo soy la única que la entiende. Todos mis abuelos están muertos menos Aguedita y aunque no fueron pérdidas particularmente duras en mi por la falta de roce y porque mi abuelo murió cuando yo era una niña, entiendo que sufre. Lo entiendo más que cualquiera de los gringos que no entienden nada de nada.

Le pregunté cómo se sentía y me dijo que ya ni sabía. Le vi el vacío en los ojos, le el alma vacía a través de los ojos. Comenzó a llorar.

Me sentí culpable pues le traje el recuerdo. Me sentí culpable porque a mi también me dolió. Me sentí culpable pues el “cómo te sientes” es una pregunta estúpida y forzada, una manera de expresar unas condolencias que no sabes expresar, que simplemente no se pueden expresar. Me sentí culpable por no callarme la boca y pasar por su lado como si nada hubiera pasado. No creo que cuando a uno se le muere alguien le importe mucho o necesite mucho el consuelo de alguien más. Supongo que cuando a uno se le muere alguien a quien quiere uno quiere que todo el mundo se muera, uno quiere morirse uno.

Y cuando la abracé y le besé la frente, intentando llevarme un poquito de su dolor en los brazos, para tragármelo yo o echarlo al viento de la calle, no me sentí mejor. Me sentí más miserable pues recordé que nadie es eterno y que algunos simplemente tenemos un poquito más de tiempo que otros para ser felices pela vida es y seguirá siendo una cabrona de mierda.


Tengo ganas…

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Que en la posición aquella
de la siesta en los ardores,
tan voluptuosa y tan bella
brillaba como una estrella
entre hojas, yerbas y flores.

Luisa Pérez de Zambrana

Tengo tantas ganas.

Quiero que me veas toda, que me toques toda, que me comas toda. Tengo ganas de revolverte el pelo y de morderte la boca. Tengo ganas de romperme contra tu boca, contra tus manos.

Tengo ganas de arrancarte el sudor con mis carnes. Tengo ganas de correrte sin clemencia como a un semental. Tengo ganas de dejarte las uñas y dientes marcados en los muslos. Tengo ganas de cegarme de pasión y oler a semen y a coño.

Tengo ganas de que me explores a dedos y lengua. Tengo ganas de que me enciendas las entrañas y me llenes de fuego el interior. Tengo ganas de convertirme en tu cierva, amante, ramera, hasta esclava.

Tengo ganas de rogar de rodillas por un beso ensalivado. Tengo ganas de ser asida por las crines. Tengo ganas de ser mancillada, forzada a quererte completo en mi. Tengo ganas de destruirnos completos y que no importé nada. Tengo ganas de, por momento, ser mujer.


Trotamundos…

barda

La libertad y la simple belleza son demasiado buenas para dejarlas pasar.

Christopher McCandless

Yo soy una mujer de familia que quiere tener hijos, una familia grande y bulliciosa, una casa amplia y cálida y vivir una vida larga rodeada de la gente a la que amo, de eso no hay dudas pero a veces la otra mujer que habita dentro de mi se queja y se revuelve en mi interior, pidiendo un poco de aventura.

Si no le debiera amor, cuidado y sobre todo, mi presencia a la gente que me quiere y necesita, si tuviera un poquito más de valor y un poquito menos de miedo, si las circunstancias fueran diferentes, si los hechos fueran otros, si tantas cosas fueran distintas podría darme el lujo de complacer a esa otra que me insta a fugarme al mundo de afuera, al de verdad, al que a veces sueño con vivir.

Podría irme a recorrer el mundo, viviendo del sudor de mis manos, viviendo al día con lo que pudiera conseguir. Me iría de misionera a África, a alimentar niños hambrientos. Podría irme a correr por la Muralla China o a coleccionar arena de todos los desiertos del mundo. Me gustaría aprender en villas escondidas en el fin del mundo las artes milenarias que los pueblos se han transmitidos de generación en generación. Me encantaría aprender a cultivar y cosechar arroz o trigo, a hacer arcos y flechas con mis propias manos, a escalar montañas o a lanzar cuchillos en un circo.

Sería feliz amasando harina para hacer las mejores pastas del mundo en Italia o buscando a Nessi con un catalejo desde una cabaña a la orilla del Lock Ness. Podría desenterrar tesoros o cantar al compás de las guitarras de algunos gitanos. Quisiera beber licores hechos en casa por manos arrugadas y probar comidas insólitas y exóticas hasta que conociera cada sabor.

De veras, sería muy feliz y al menos tendría mucho sobre lo que escribir y contarle a la otra parte del mundo, a mi parte del mundo, a los que no conocemos nada más allá de lo que otros más atrevidos nos cuentan.

Pero soy feliz soñando y esperando, soy feliz leyendo e imaginando y esa que me susurra de vez en cuando no es la que lleva las riendas, no es la que está viviendo. La que está viviendo soy yo y también soy feliz.