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Pertenencia…

Tenía ese algo, indescifrable y misterioso, que lo hacía deseable pero completamente inaccesible. Se le notaba en el pelo, cuidadosamente despeinado. Se le descubría en el extraño movimiento de los dedos. Era evidente que su piel había sido bautizada ya. No cabía dudas de que sus ojos miraban y veían imágenes distintas. No se podía negar que el timbre de su voz no pertenecía a ese momento.

Él existía, prestado, en un universo al que no pertenecía. Habitaba, de cuerpo presente, pero como un cascarón vacío. Por donde caminaba, sus plantas no dejaban huellas. Su aroma no se quedaba en las cosas que tocaba.

Él era, únicamente, un amasijo de carne, huesos y sangre, deambulando en la penumbra de un lugar equivocado. Todo su ser olía a que no era de ellos.

Él era mío, aunque se los hubiera prestado para admirarlo y desearlo. No podían tocarlo ni detenerlo, no podían sujetarlo ni quedárselo…

Porque era irremediablemente mío.


Capítulo VII…

Alguien me preguntó hoy: "¿qué te hace llorar?" Me tomó por sorpresa la pregunta y tuve que pensar por un momento. Le dije que no soy de llorar mucho. Hace años que dejé de llorar y ahora solo lo hago muy raramente, porque me reprimo, y cuando lloro es por todo lo que no he llorado en su momento. "Bien, pero, ¿qué te hace llorar?" Me recordó al Principito. Entonces le dije que mi papá y mi abuela. No conoce todos los detalles pero comprende los por qué. Me quedé pensando un rato más y finalmente le dije, con la voz un poco rasgada: "Friends" y proseguí a explicarle el simbolismo de los amigos que tuve y que perdí. Me instó a que abundara y lo hice.

Le conté por arriba de nosotros cuatro y de pronto comencé a hablar de "mi mejor amiga" y de lo mucho que me cuidabas cuando no tenía a nadie más y que realmente creía que ibas a ser mi persona por siempre, que nada sería más fuerte que el nexo que había entre ambas. Me sorprendí riéndome, amargamente, y explicando que aún te llamo "mi mejor amiga" cuando hablo de ti, aunque cada vez es menos – esto no último no se lo dije, pero lo dedujo.

Le dije que me dueles tanto porque para ti no tenía un escudo, una coraza. Nunca pensé que debería haber algo en mi pecho para protegerme de ti porque pensé que siempre me cuidarías, que si alguien en el mundo me iba a amar por siempre, eras tú. Por eso se me rompió el corazón en tantos pedazos cuando, por crecer y comenzar a pensar diferente, nos hicimos tanto daño.

Luego, cuando ya hablaba ahogada en llanto, salí corriendo a esconderme porque, de alguna manera necesitaba llorar, por ti. Sentí rencor por esa persona que me hizo esa pregunta y sentí rencor porque hace tiempo no lloro por ti. También porque eres de las únicas personas en el mundo con la que podía llorar, en silencio. Y porque me hizo, sin mala intención, abrir una herida que pensaba yo cerrada.

Nunca quise perderte, sabes.

"Es tan misterioso el país de las lágrimas."


Fonética…

Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo.
Lo que me gusta de tu sexo es la boca.
Lo que me gusta de tu boca es la lengua.
Lo que me gusta de tu lengua es la palabra.

Julio Cortázar.

Me gusta cuando habla y como habla. Me encantan los sonidos que producen sus cuerdas vocales. Me derrito escuchando su timbre suave, delicioso, con esa cadencia ni de aquí ni de allá, pero llena de ritmo.

Me gusta escuchar sus “emes”, sus “enes”, sus “eres” y sus “eses” e imaginar cómo se posicionan sus labios al pronunciarlas. Memorizar el tenue movimiento de su lengua entre sus labios y sus dientes.

Me erizo toda. Me eriza toda.


Phoebe’s birthday…


It’s Phoebe’s birthday and Joey is not there. He’s with Ursula. 

And I just wanna cry…


Pídemelo…


She laid, limbs lifeless, beneath sheets, soaked
Inviting death just one more time
Come!

La Petite Mort – Nicole L.

Pídemelo…

Me dijo: Dámela, dámela toda. Grita. Muerde. Aprieta. 

Y me vino a buscar la pequeña muerte y me  tomó de la mano y me fui gustosa con ella, dejándole a él un hueco en el pecho que solo podría llenar con mis gemidos. 


Qué quieres tú conmigo…


¿Qué quieres tú conmigo?

Tú que no has sentido mariposas en la panza

Ni fabricas aleteos de gorriones con tu boca

Tú que congelas todo lo que tocas 

Aunque derrites todo lo que abrazas

¿Qué quieres tú conmigo?

Tú, que no regalarías ni flores ni versos

Y todas mis lágrimas se te hacen insípidas 

Aunque las causes con la ausencia tus besos 

Y con ese existir, todo distante y sin prisas

¿Qué quieres tú conmigo?

Si sabes que mi alma te desea con apuro

Pero se te hace imposible proponer la tregua

Cuando llevo el pecho abierto y sin escudo

A expensas del filo peligroso de tu lengua 

¿Qué quieres tú conmigo?

Cuando nunca has sostenido entre tus manos 

Un corazón sincero y vulnerable 

¿Qué quieres, si le llamas no haber amado

A tu ancestral miedo a enamorarte?


Puertas…


(…) cuando uno conoce a alguien sabe si hay una puerta al enamoramiento. Algunas personas tienen esa puerta y otras no. Uno escoge si cruza el umbral o no. Yo sabía desde que te conocí que había una puerta muy obvia, muy incitadora al enamoramiento contigo y jugué mucho y me acerqué y miré por una rendija y olfateé el aroma que venía de adentro y agucé el oído para escuchar la música de tu amor, pero me contuve por muchos años y nunca la crucé. Nunca la crucé hasta que me sorprendí del otro lado un día, de visita en un mundo nuevo y maravilloso. Cada persona tiene un mundo detrás de esa puerta y no es el mismo mundo ni la misma puerta para todo el mundo. Es decir, yo tengo muchas puertas y muchos mundos dentro de mí y cada una le pertenece a alguien sin nombre. Supongo que habrá quien ni siquiera aparezca nunca a reclamar su puerta y algunos mundos se extingan o se desvanezcan en el tiempo por falta de visitantes. Pero tú tienes tus propias puertas y tus propios mundos y cada uno es distinto de los demás. Tu puerta y tu mundo, los que visité, no se parecen a ningún otro porque ese mundo se ve afectado y modificado solamente por mi sola existencia. Nadie más existe dentro de esa puerta ni en ese mundo; sólo yo. Y cuando crucé la puerta, ese mundo de amor por mí, que había sido de una manera antes de que yo, finalmente, entrara, porque me amabas sin razones, comenzó a cambiar. Tu mundo estaba basado y diseñado a la imagen y semejanza de esa idea que tenías de mí. Al cruzar el umbral, tu mundo comenzó a tomar los colores de mi verdadera personalidad, los aromas de mi piel, las curvas de mi cuerpo. Ese mundo siempre fue real pero al yo entrar, tu mundo se alimentó de mí y se hizo tan mío como tuyo. Entonces mis colores se mezclaron con los tuyos y el mundo se pintó con nuestros matices, únicos. Lo mismo sucedió con los olores y sabores y sonidos. Todo pasó de ser tuyo a ser mío, y luego nuestro. Y entonces ese mundo al que entré, dentro de ti, tomó vida propia, alimentándose de ambos. Lo mismo pasó dentro de mí cuando cruzaste el umbral de mi puerta y te adueñaste de mi mundo. 


Un mar de hombres para mí…

Fingers Cave
Sutil llama arde en tu corazón,
y aniquilas con el roce de otro cuerpos,
inertes portadores de infortunios.
No prolongues tu naufragio en mudas bocas;
unge tu alma con la savia de tu sangre.
Es el ave y no medusa tu amuleto.

Cecila Solis

Anoche tuve un sueño. Soñé que caminaba entre hombres. Había hombres altos, delgados, atléticos. Había hombres blancos, hombres morenos, hombres azules. Algunos tenía la piel blanca y perfecta, como de cera. Otros tenían labios rojos, como las mujeres. Había par de ellos con ojos grises como gatos y mirada indescifrable. Abundaban los ojos marrones y las cejas tupidas. No faltaban los que tenían el cabello como el trigo o las zanahorias.

Eran cientos y yo deambulaba entre todos ellos. Me escondía detrás de este, correteaba frente a aquel, le susurraba algo al oído a algún otro. Todos me seguían con la mirada, todos, con sus pupilas dilatadas. Y todos eran diferentes pero iguales. Ninguno llevaba ropa. Yo tampoco.

Y era como si yo fuera la maestra de ceremonias de una orquesta perfecta. Yo levantaba las manos y ondeaba el pelo y ellos me seguían con sus falos. Sus instrumentos todos apuntaban a mis senos, a mis nalgas, a mi pubis. Y yo daba volteretas, bailaba al compás de la melodía que tejían sus jadeos. Y todos, ellos, yo, sudábamos. Y yo reía, reía a carcajadas, como loca, mientras ellos me comían toda…