Archivo de la categoría: Vuestro

Abuela Blanca – La Torre

Abuela Blanca.

Esta vez los dejo con Kyn, el de La Torre y Etcéteras, y su abuela Blanca. Él es de los últimos que encontré e incluso modifiqué todo para darle cabida porque me enamoré de su viejita linda de cabellos blancos. Sé que lo descubrirán sensible, apasionado y sobre todo, sincero. Disfrútenlo.


Los dos engaños del abuelo – El Café de Nicanor

Los dos engaños del abuelo.

Aquí les dejo al deliciosamente dulce camarero – mi amigo Julio César -, el únici villaclareño que no es periodista en toda esta blogosfera, jajajaja! Arquitecto de profesión, escritor de cuentos cortos, contundentes y si, formidables. Él nos presenta a su abuelo José y yo quiero que lo lean y lo disfruten como lo hago yo.

 


Papi – La mariposa cubana

Papi

Papi.

Y para no perder la costumbre los enrumbo hacia Carmen Luisa Hernández Loredo, la mariposa cubana, quien nos regala a su papi – abuelo Oscar – pero solo en un pedacito pues asegura tener muchas historias solo suyas. Ella es dulce y siempre les regalará mariposas así que disfrútenla como lo hago yo cada vez que la leo.


Mis tres abuelas – Alejo3399

Mis tres abuelas.

He aquí el primer nominado. Alejo3399, flaco burlón de la provincia de Camagüey (hasta comparte eso con mi abuelita linda), que se ríe de todo y de todos pero, primero de sí mismo. Renuente a pelarse y/o afeitarse, rebelde sin causa de la “adecentación”. No tiene miedo de buscarle el lado humorístico a todo pero en este antrada sobre sus abuelitas: Mima, la bisabuela Icha y abuela Josefa derrochó ternura.

Los invito a conocerlo.


Crónicas sobre mi abuelita – II

Mi abuela es un alma buena.

Primeros pasos.

Mi abuelita, aunque hoy tiene 71 años, también fue chiquitica y del mamey alguna vez…

Ella me cuenta que adoraba a su papá y que él era muy bueno. Nunca me ha dicho por qué se separó de su mamá pero bueno, las razones pueden ser diversas y todas conocidas; el matrimonio es así, eterno y aún efímero.

Me dice que cuando era pequeñita, su mamá le hacía una trencita y que un día al llegar su papá a casa ella estaba pelada bajito, como pelan a los varones. Lo tomó del meñique y lo llevó hasta su camita y debajo de la almohada, estaban la trenza y unas tijeras. Ella solita se había cortado el pelo y esperaba que su papá la protegiera de la madre, jejeje! Ni sé por qué se cortó el pelo, me imagino que son cosas de niños. También dice que se pasaba la noche llorando pues no le gustaba dormir en su camita y no paraba hasta que el padre la dejaba meterse en la cama matrimonial y dormir allí. Mi abuela adoraba a su “papito bueno”, como lo llamaba.

También me cuenta que una vez murió un familiar y ella no tenía zapatos pues eran pobres pero en ese tiempo, la gente se ponía sus mejores ropas para eventos importantes. Sus padres mandaron a su hermano Israel a la tienda a comprarle un par de tenisitos para que ella pudiera ir al velorio juntos a sus hermanos. Lo curioso del asunto es que mi tío, que nunca fue muy brillante, compró dos zapatos del mismo pie y no se podían devolver o cambiar. Supongo que se compraron en algún tipo de rebaja que no admitía devolución y como el dinero escaseaba también, mi abuelita lloró más de lo normal en aquel velorio y no por el familiar muerto si no, por sus piecitos adoloridos 😦

También sé por ella que enseñó a caminar a su hermana mayor María. Ella se llevan como 11 meses y ya mi abuela antes del año caminaba como un rehilete ya que siempre fue activa y emprendedora. Su hermana por otro lado estaba gordita y vaga, no había aprendido ni a dar pasitos. Mi abuela, siempre un alma buena, la tomaba de las manitos y así la enseñó. Desde chiquita siempre tuvo mucha metodología.

Sus hermanos eran malditos y les hacían muchas maldades a ella y sus hermanitas. Me cuenta que a mi tía Masi la metieron en un tanque de agua vacío y le dijeron que para comerse un platanito tenía que acabar primero con la cáscara y allí la dejaron sola, en su tarea. También me cuenta que los hermanos se encaramaban en las matas de guayabas y ellas desde abajo les pedían “mira, esa! esa está madurita!” y ellos cogían la guayaba escogida diciendo “segura que esta?”, “si, si!” y se sentaban con la hermosa fruta y la comían delante de los ojos de las torturadas hermanitas. Así era con las chirimoyas y una vez le lanzaron una muy madura a mi abuela que le cayó en la cara y comenzaron a decirle que “ay dios! el ojo se te está poniendo chiquitico! te vas a quedar ciega Aguedita!” y ella daba gritos asustada, jajajaja!

Una vez se le escapó a jugar a la abuelita que la estuvo criando un tiempo y se demoró mucho en regresar. Al volver, la abuela la esperaba en la rejita de la casa y la miraba sonriente. Ella se excusó cuando entraba y con la misma le ordenó al perro pastor que tenía “cógela” y tuvo que correr todo el campo con el perro persiguiéndola, hasta que la abuela se cansó de verla correr y le ordenó a perro detenerse. El perro era buenísimo pero cuando le daban una orden obedecía y estoy segura de que no la iba a morder pero la hizo correr como loca 🙂

Ella me ha contado todas esas historias con los ojos brillantes y llenos de alegrías y añoranzas. Mi abuela quiere mucho a su familia y extraña mucho a sus padres y hermanos. Como ya dije, mi abuela es una de esas mujeres extraordinarias y es también un alma buena.


A Raven became Poem…

The Raven – Edgar Allan Poe

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore—
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
“Tis some visiter,” I muttered, “tapping at my chamber door—
            Only this and nothing more.”


Ah, distinctly I remember it was in the bleak December;
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow;—vainly I had sought to borrow
From my books surcease of sorrow—sorrow for the lost Lenore—
For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore—
            Nameless here for evermore.


And the silken, sad, uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me—filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating
“Tis some visiter entreating entrance at my chamber door—
Some late visiter entreating entrance at my chamber door;—
            This it is and nothing more.”


Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
“Sir,” said I, “or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you”—here I opened wide the door;—
            Darkness there and nothing more.


Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortal ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the stillness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, “Lenore?”
This I whispered, and an echo murmured back the word, “Lenore!”—
            Merely this and nothing more.


Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
“Surely,” said I, “surely that is something at my window lattice;
Let me see, then, what thereat is, and this mystery explore—
Let my heart be still a moment and this mystery explore;—
            ’Tis the wind and nothing more!”


Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter,
In there stepped a stately Raven of the saintly days of yore;
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door—
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door—
            Perched, and sat, and nothing more.


Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore,
“Though thy crest be shorn and shaven, thou,” I said, “art sure no craven,
Ghastly grim and ancient Raven wandering from the Nightly shore—
Tell me what thy lordly name is on the Night’s Plutonian shore!”
            Quoth the Raven “Nevermore.”


Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning—little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being
Ever yet was blessed with seeing bird above his chamber door—
Bird or beast upon the sculptured bust above his chamber door,
            With such name as “Nevermore.”


But the Raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing farther then he uttered—not a feather then he fluttered—
Till I scarcely more than muttered “Other friends have flown before—
On the morrow he will leave me, as my Hopes have flown before.”
            Then the bird said “Nevermore.”


Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
“Doubtless,” said I, “what it utters is its only stock and store
Caught from some unhappy master whom unmerciful Disaster
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore—
Till the dirges of his Hope that melancholy burden bore
            Of ‘Never—nevermore’.”


But the Raven still beguiling all my fancy into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird, and bust and door;
Then, upon the velvet sinking, I betook myself to linking
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore—
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt, and ominous bird of yore
            Meant in croaking “Nevermore.”


This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom’s core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining
On the cushion’s velvet lining that the lamp-light gloated o’er,
But whose velvet-violet lining with the lamp-light gloating o’er,
            She shall press, ah, nevermore!


Then, methought, the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose foot-falls tinkled on the tufted floor.
“Wretch,” I cried, “thy God hath lent thee—by these angels he hath sent thee
Respite—respite and nepenthe from thy memories of Lenore;
Quaff, oh quaff this kind nepenthe and forget this lost Lenore!”
            Quoth the Raven “Nevermore.”


“Prophet!” said I, “thing of evil!—prophet still, if bird or devil!—
Whether Tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted—
On this home by Horror haunted—tell me truly, I implore—
Is there—is there balm in Gilead?—tell me—tell me, I implore!”
            Quoth the Raven “Nevermore.”


“Prophet!” said I, “thing of evil!—prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us—by that God we both adore—
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels name Lenore—
Clasp a rare and radiant maiden whom the angels name Lenore.”
            Quoth the Raven “Nevermore.”


“Be that word our sign of parting, bird or fiend!” I shrieked, upstarting—
“Get thee back into the tempest and the Night’s Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken!—quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!”
            Quoth the Raven “Nevermore.”


And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon’s that is dreaming,
And the lamp-light o’er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
            Shall be lifted—nevermore!

 A ti que tanto te gusta.


Ya es tiempo! Respuesta.

La única manera de que mi hermana pudiera leer lo que escribí para ella “Ya es tiempo!” fue enviándoselo por correo y me respondió. Se los comparto porque quiero hacer pública mi felicidad y quiero que la conozcan como es ella, en sus letras.

Tengo q irme ya, solo me resta decirte q la risa se convirtió en par de lagrimones destrozando mi makillaje , justamente hoy decidí ponerme “linda”, jejejeje… Esa etapa es lo mejor q nos ha pasado en la vida Yesi… y probablemente, lo seguirá siendo cuando pasen los años… VIVIMOS , en todo el sentido de la palabra.. sin preocupaciones ni responsabilidades ni problemas reales.. creamos lazos irrompibles… eso es algo con lo q la mayoría solo sueña y se muere sin tener… ¿cómo quieres q lo entienda? Duele, sí… a mí también se me abre un hueco cuando recuerdo… pero…. ¡¡fuimos tan felices, sin siquiera darnos cuenta de q lo éramos!! Recordar… recordar me da esperanza… cuando veo el pasado miro el futuro q quiero para mí, lo q puede ser… lo q me hacía feliz aún sigue ahí… solo q no tan cerca como quisiera… ya nada será lo mismo nunca… las condiciones han cambiado… NOSOTROS hemos cambiado… ¿quien dijo q todo tiene q mantenerse igual? Puede ser MEJOR… y por eso me revienta q te pierdas me correo, q se pierda Karasu… q pasen los meses, los años, sin ser parte de sus vidas, sin ser cómplices.

No he llorado, no aún, no se preocupen. Esa es Maday Hernández Quevedo. MI Maday, mi amiga, mi hermana. Esa es mi “persona” y la amo.


Crónicas sobre mi abuelita – I

Mi abuela es una de esas mujeres excepcionales.

Sinopsis.

Ya sobre esto he hablado en otros posts pero debo repetirlo aquí ya que es parte de su historia y de su origen.

Mi abuela es la cuarta hija – si no recuerdo mal – de 5 que tuvieron en común su madre y su padre y de 10 que tuvo su papá; los otros 5 con su segunda esposa. Sus primeros hermanos fueron 2 varones mayores que ella (Luis e Isreal) y una hembra mayor (María) y otra menor (Ángela pero todos le decimos Masi). Los otros hermanos me son casi todos desconocidos pero recuerdo a mi tío Fifi (José), profesor igual que mi abuela y muy ilustrado y el otro nombre que recuerdo es Carlos; evidentemente me faltan 3 pero no son importantes para la historia así que, ni modo.

Mi abuelita se llama Águeda Antonia Sánchez Hérnandez y nació un 13 de noviembre de 1940 aunque la inscribieron el día 30. Los cubanos deben saber que era normal que estas cosas sucedieran por aquellos tiempos, ¿qué no sucede en Cuba? 🙂 Aunque no tengo la explicación de por qué algunos niños eran inscritos en el Registro Civil otro día que no fuera el de su nacimiento real.

En el 1940, el Municipio Amancio Rodríguez, donde nació mi abuela, formaba parte de Camagüey según la División Político Administrativa que ha sido cambiada varias veces. En la actualidad, Amancio pertenece a Las Tunas; mi mamá, por ejemplo, es tunera ya que en el 66 cuando ella nació, ya había cambiado la DPA de nuevo. Cuando se habla de este tema mi abuela se pone muy territorial porque “ella es camagüeyana” y no le discutan! La entiendo, yo soy sanfrancisqueña, sanmiguelina y habanera, no soy de Hialeah, ni de Miami y menos de Estados Unidos, aunque aquí vaya a vivir más de mitad de mi vida – con suerte – y me muera también.

Yo no recuerdo muy bien a mi bisabuelo, ni siquiera recuerdo su nombre – y esto es casi un sacrilegio ya que mi abuela lo adoraba pero ella y ustedes deberán perdonarme ya que no tuve mucha relación con él y murió siendo yo una niña -. Si recuerdo que estuvo senil muchos años antes de morir y que lo cuidaba una hija o la esposa de un hijo de su segundo matrimonio. Creo que incluso se escapaba de la casa y a veces lo ataban para tenerlo controlado, ¡qué horror! No quiero abundar mucho en este tema pues puede que sea producto de mi imaginación ya que no recuerdo bien y no tengo a mi abuela para que me corrija.

Mi abuela Celia si permanece clarita en mi mente (bisabuela pero siempre le llamé “abuela Celia”). La recuerdo altiva, delgada, con pocas canas, media loca, jajajaja! Mi abuela habla de ella con mucho amor y aun en las fechas señaladas se pone triste porque ya no la tiene; recuerdo que murió cuando yo tenía como 10 años. Abuela Celia tenía su cuarto y en él había una cama, un escaparate y muuuuuchos libros; no se podía caminar por la habitación de tantas cosas que se escondían allí dentro. Mi abuela heredó esa manía, la de guardar cachivaches.

Ya dije que cuando mi abuela era una niña, sus padres se separaron y mi bisabuela no podía tenerlos a todos consigo, así que se quedó con mi tía Masi y mi abuelita y sus hermanos fueron por un tiempo a vivir con tíos y abuelos. Mi abuela fue a casa de una de sus abuelitas (no recuerdo si materna o paterna) y permaneció un tiempo con ella. Sé que mi abuela se llama Águeda Antonia porque así se llamaban sus abuelitas. También me cuenta que cuando una de ellas murió – mentiría si digo cuál – se pasó muchos días encerrada en su cuarto, berreando y pataleando, sin querer comer ni bañarse ni ver a nadie.

Luego regresaron con la madre y ella terminó de criarlos a todos. Sé que cuando triunfó la Revolución mi abuela alfabetizó campesinos en su pueblo y estudió magisterio. Toda su vida se la pasó estudiando y luego de ser maestra, profesora, directora, metodóloga y 20 cosas más, siguió superándose y trabajó en una empresa textil. Cuando mi mamá tenía como 19 años se mudaron para Ciudad Habana y allí mi mamá conoció a mi papá, me tuvieron a mi y ellas hicieron su vida en esta nueva provincia. Mi abuela conoció a su último gran amor (fueron 3 y ya los conocerán) y vivieron una relación muy linda mientras duró. Luego se fue a vivir con nosotros en San Francisco y yo me volví el centro de su vida.

A grandes rasgos, esta es la sinopsis pero, como lo dice el título, esto va de contar crónicas así que, prepárense a conocer a mi abuelita Águeda.