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Porque soy de ustedes…

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Mi Habana

Aquello que sale del corazón, lleva el matiz y el calor de su lugar de origen.

Oliver Wendell Holmes

Gracias!

Quiero darte las gracias porque verte, abrazarte, escuchar tu voz me ha ayudado muchísimo. Desde que vine a este país he sufrido mucho la ausencia de los míos, de lo mío y esas escasas horas que pasé entre el humo asfixiante de los carros, el polvo de las construcciones, el frío, el catarro y ustedes me ha devuelto la risa.

El mejor amigo de Arian llegó del Salvador hace 2 días y aún no lo hemos visto pues entró por Mexico y aún no llega aquí pero, me siento tan feliz y hoy le comentaba al tuti que si no había notado mi cambio al volver de Cuba. Mis últimos meses allí fueron hermosos, los mejores de mi vida hasta hoy pero quería irme, moría de ansias por conocer “la yuma”, por mejorar, por crecer, por volverme persona ya que en Cuba es muy difícil mantener el estatus de ser humano por culpa del sistema. Aún así, ustedes, nosotros, los cubanos, mis cubanos, somos los mejores seres de este mundo y no lo digo con arrogancia ni con autosuficiencia. Hablo de la calidad humana, de la resistencia, del ansia de mejoramiento, del hambre de crecimiento. Hablo de la inteligencia, de la capacidad de adaptarnos, de la capacidad de mantenernos puros adentro amén de la necesidad, de la precariedad en la que nacemos y crecemos.

Al regresar me sentí humilde, me sentí más sencilla que nunca. Sentí felicidad al meterme en un bache frente a mi casita, sentí felicidad al respirar la decadencia de mi país y de mi gente. No sé por qué me sentí así, supongo que fue el reencuentro con mis raíces, con mis orígenes, con el ambiente y las circunstancias que me convirtieron en la mujer que soy.

No voy a mentir, al segundo día ya quería volver pero al mismo tiempo me quería quedar. El camarero (Mi amigo Julio César) me decía siempre que cuando volviera me daría cuenta de que nunca perteneceré a los Estados Unidos de América pero que ya tampoco sería de Cuba. Lamento contradecirte querido mío, pero fue todo lo contrario. Lo que sentí fue que ahora mi amor se divide. La mayor parte está en mi tierra, de la que me siento más dueña que nunca pero ahora también conozco el sentido de pertenencia de este lado que me ha recibido de brazos abiertos – aunque con espinas. Soy de los dos lugares y no creo nunca perder ese sentimiento.

Quiero volver… mucha gente que conozco me dice que a Cuba solo porque tienen a sus padres o porque no les queda más remedio pero que si dependiera de ellos se irían a conocer mundo y jamás pondrían un pie en la propia patria. Yo cambié mi manera de pensar y solo quiero regresar, todas las veces que pueda porque cada viaje será aire para mis pulmones, gasolina para mi alma, camino bajo mis pies… la fuerza para seguir adelante.

Y ya terminando antes de empezar a echar mocos, espérenme pronto pues quedan muchas historias por vivir y por contar.


El regreso de la Hedonista (literalmente)

Regresé!

Finalmente hoy me pusieron el internet. Es una verdadera lástima que no vaya a poder disfrutarlo por mucho tiempo pero bueno, estoy segura de que en unos días tendré material de sobra para escribir.

VOY PA’ CUBA!!!!!!!!!!!!!!

Planeo ver a algunos de ustedes, los que anden por la Habana por esos días, es un viaje corto. Interesados, tienen mi email, apúrense que solo quedan 3 días.

El 20 estoy con ustedes!

 

LOS QUIEROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!


Honorables lectores…

Queridos míos:

Si han sido fieles deben saber que los últimos acontecimientos me han mantenido alejada de la web. El accidente, la mudanza, el nuevo empleo y finalmente el hecho de que no tengo internet aun por razones ajenas a mi control por el momento. Me da mucha pena pues adoro escribir y extraño ser leída y comentada por todos ustedes. Créanme que anhelo volver lo antes posible y un día de estos me tendrán de nuevo, completa para ustedes.

Este mensaje lo escribo desde la casa de unos amigos que no veo hace semanas. Espero me perdonen y me esperen pacientemente.

Besos a todos.

Izma

ps: En especial, muchos besos al camarero, Ley, Insomne, Mar, Rafa, Carlos, Cat y Mercedes que son los mas allegados. Pero los quiero a todos, aunque no los mencione.


Hangover…

Julio 25, 2012.

Mientras estuve ausente…

Ayer (Julio 24) fue el cumpleaños de uno de los pocos amigos que tenemos de este lado del charco. Mi marido tuvo que trabajar hasta las 10:30 pero yo no así que me fui con mi amigo, su esposa, la tía que cumple años hoy y el cuñado a The knife, un restaurante argentino, tipo buffet, de carnes. La pasamos muy bien, entre comida y risas. Su esposa se va el día 31 para Cuba por 17 días y estaban tomando videos y haciendo fotos para llevarle a su familia.

No sé si saben que yo no bebo mucho. Hace unos años era una completa abstemia pero al llegar a este país comencé a educarme – muy levemente – en el arte de beber. Me gusta la margarita pero con 2 me estoy riendo una noche entera, jajaja! Ayer me tomé dos jarras de cerveza y 4 o 5 copas de vino tinto, que me pusieron mareadita y sensible.

Evidentemente no me emborraché, jamás me he emborrachado en mi vida, en primera porque no suelo beber y en segunda, porque las veces que lo he hecho nunca paso del mareito y la risa – o el llanto en este caso. Me metí al baño y simplemente comencé a llorar y lloré mucho pero no hasta calmar todas las ganas. No quería que nadie supiera que lloraba pues celebrábamos un acontecimiento feliz.

Supongo que el ambiente festivo, el viaje de mi amiga, estar sin mi tuti y el pensar en mi familia y todas esas cosas me hicieron flaquear. Terminé llorando nuevamente en los brazos de Alicia – la esposa de mi amigo y mi amiga -, mientras ella intentaba consolarme. Pensaban que estaba borracha y me atrevo a asegurar que el cuero que me espera además de las bromas, no serán fáciles.

Siempre he sentido aversión por la bebida o mejor dicho, por sus efectos. Crecí con un padre alcohólico, entre tíos, primos y un abuelo alcohólico. Eso me creó un trauma y siendo pequeña culpaba a la bebida, cuando realmente solo es culpable el consumidor. Por muchos años reusé beberme un trago de alcohol pero poco a poco crecí y aprendí a compartir, solo bebiendo lo necesario y cuando realmente lo deseo.

Pocas veces he bebido pero siempre recuerdo que me da por reírme. Esta vez me dio por llorar y por llorar mucho, con mucho dolor. Supongo que el alcohol aflora los sentimientos y estados de ánimo y al uno estar triste, eso es lo que refleja.

Al acostarme en casa mi marido comenzó a preguntarme por qué había llorado pero yo no quería hablar del tema. Apelé al sueño y lo dejé para irme con Morfeo. Sé que se molestó porque no entiende que a veces la mejor cura es el silencio, el olvido, no el hablar sobre lo que duele.

Y los dejo con dos fragmentos de mi libro preferido pues el otro día se lo presté a un amigo y le dije que era increíble que en un libro tan pequeñito hubiera tantas cosas, que siempre uno se encuentra algo referente a la propia vida. Espero les guste…

***

El siguiente planeta estaba habitado por un bebedor. Esa visita fue muy corta, pero hundió al principito en una gran melancolía:

 – ¿Qué haces ahí? – le dijo al bebedor, que encontró instalado en silencio ante una colección de botellas vacías  una colección de botellas llenas.

– Bebo – respondió el bebedor, con aire lúgubre.

– ¿Por qué bebes? – le preguntó el principito.

– Para olvidar – respondió el bebedor.

– ¿Para olvidar qué? – inquirió el principito, que ya lo compadecía.

– Para olvidar que tengo vergüenza – confesó el bebedor, bajando la cabeza.

– ¿Vergüenza de qué? – se informó el principito, que deseaba socorrerlo.

– ¡Vergüenza de beber! – concluyó el bebedor que se encerró definitivamente en el silencio.

Y el principito se fue, perplejo.

Los adultos son decididamente muy pero muy extraños, se decía a si mismo durante el viaje.

***

No pudo decir nada más. Estalló bruscamente en sollozos, Había caído la noche. Yo había soltado mis herramientas. Bien me burlaba de mi martillo, de mi bulón, de la sed y de la muerte. ¡Había en una estrella, un planeta, el mío, la Tierra, un principito para consolar! Lo tomé entre mis brazos y lo mecí. Le decía: “La flor que amas no está en peligro… Dibujaré un bozal para tu cordero… Te dibujaré una coraza para tu flor… Te…” No sabía cómo alcanzarlo, dónde encontrarlo… Es tan misterioso el país de las lágrimas.


Un año sabático…

Quien ama a los hombres afianza a los hombres, pues él mismo desea ser afianzado; ayuda a los hombres a lograr éxito, pues él mismo desea lograr éxito.

Confucio

Ayer tuve la dicha de conversar con mi amor hasta la 1 de la mañana, cosa que no hacíamos desde hacía mucho tiempo. Ustedes saben, al inicio de las relaciones no es raro que te de el amanecer conversando, filosofando y arreglando el mundo junto a tu enamorado, pero cuando pasa el tiempo, ese tiempo dedicado a las largas charlas, a veces se ve empañado por el silencio y las causas son disímiles; no hablaré de ellas hoy.

Después de tratar un tema complejo y delicado que les dejaré para Asuntos Triviales ya que es perfecto para hablar allá, terminamos dialogando acerca de nuestros gustos y quedamos, ciertamente, en que somos bastante diferentes en el pensar. Yo le comentaba que había visto en Netflix un documental muy interesante sobre el sex appeal y la química entre seres humanos que abundaba sobre el papel que tienen los sentidos y el cerebro en estos procesos químicos que son la atracción y el enamoramiento.

A él le gustan mucho los documentales de animales, sobre todo de tiburones y le encantan la naturaleza y los deportes al aire libro. Le dije eso, argumentando que a mi, en cambio, me apasionaba el hombre y su psiquis. Entonces, atando cabos llegamos a la conclusión un poco discordante de que él es un naturalista algo materialista ya que, prefiere los lujos y la tecnología aunque disfrute la naturaleza los fines de semana. Yo, en cambio, soy más humanista aunque idealista también pues prefiero estar rodeada de personas y las comodidades las disfruto pero las cambiaría, gustosamente, por una buena aventura.

Entonces me vino a la cabeza un sueño que he tenido siempre, aunque no esté muy elaborado. Si yo fuera una persona adinerada – dígase rica o millonaria – me tomaría un año sabático conociendo el mundo y sus verdaderas y tristes miserias. Tomaría solo lo necesario, algunas ropas cómodas en una mochila junto a mi pasaporte y una tarjeta de crédito para las necesidades básicas, no para tener unas vacaciones de reina y me iría a África a conocer ese mundo que pocos conocen.

Hablo de tener dinero pues quisiera conocer muchos países pobres y ruinosos de África y Asia, convivir con sus habitantes, conocer sus culturas, incluso ayudar con las causas benéficas en casa lugar. Para hacer todo eso sin tener un trabajo estable, saltando de pueblo en pueblo, de frontera en frontera, habría de tener dinero para sustentarme, aunque repito, solo el necesario para lo imprescindible: comida, un techo bajo el cuál dormir y algunos cambios de ropas para poder seguir mi travesía.

Sería increíble, amanecer un día en el Sahara y al otro visitar las pirámides. Alimentar niños hambrientos o participar en el santo acto de limpiar los pisos de un templo budista. Caminar la muralla china o cubrir mi rostro con velos respetando el código de vestimenta en Irán. Sería muy interesante poder compartir con personas del mundo, con gente pobre y con gente necesitada. Conocer gente luchadora, simple, humilde. Llevarme un pedacito de cada lugar que visite y llenar mi alma de agradecimiento por haber tenido la oportunidad de nacer y vivir en lugares desarrollados, libres, salubres, con igualdad.

Supongo que sería una cura para muchas enfermedades del alma el ver con mis propios ojos a tanta gente en el mundo con muchas más problemas y problemas mucho más graves y urgentes que los míos, tan tontos y fútiles. No sé, pero sería algo que regocijaría mi alma.

Mi amor no coincidió; me dijo “ok, en lo que tu alimentas niños hambrientos en África yo me voy de safari a cazar leones”, jajajajaja! No es que él sea superficial, no lo juzguen mal. Él es un hombre increíble al que simplemente le hacen falta otro tipo de alimentos para su alma, solo eso. Si lo choteé un poco diciéndole que no podía creer que prefiriera matar animales antes que ayudar personas y se puso un poco bravo, aunque el sueño fue más fuerte. Balbuceando me dijo que si podría darle comida a los niñitos, pero solo por unos días pues, de ser ricos, debería regresar a su rancho en Arizona a montar sus caballos árabes O.O

ps: fue broma, como dije antes, él es muy bueno, solo que en estas cuestiones pensamos de maneras diferentes.


Soy y seré más mujer…

Soy mujer.

Lo soy por muchos motivos,

más allá de mis cromosomas,

de mis genitales y mi ADN.

Soy mujer

y no solo por mis cabellos largos,

ni porque me pongo vestido

o porque uso aretes y las uñas largas.

Soy mujer

cuando mis senos duelen por días

y mi útero sangra. Mi cuerpo se queja

y mis hormonas se disparan.

Soy mujer

a la hora de bailar en tacones

de cinco pulgadas, de lucir fresca

y hermosa, femenina y calmada.

Pero seré más mujer

cuando tus manos dibujen mi silueta,

moldeen mis caderas

y tu sueños compartan mi almohada.

Seré más mujer

cuando el silencio no exista,

cuando el tiempo se detenga,

cuando no nos separe nada.


Día de las Madres.

Se acerca el domingo y ni siquiera había pensado en esa fecha, no recordaba que venía esa fecha. No es que no me importe, al contrario, es que me importa tanto que llevo 3 años obligándome a olvidar, a no pensar, a sacar de mi mente esos pensamientos que me hacen daño.

Yo no escribo mucho sobre mi mamá, sobre mi abuelita, al contrario, he dicho mucho y queda bastante aún por decir. Mis padres no han sido los mejores del mundo. Mi mamá cometió muchos errores, muchísimo, pero estos 3 años lejos de mi la han hecho padecer mucho y no creo que lo merezca. Mi papá es… mi papá es un caso aparte, para qué perder el tiempo hablando de eso.

El domingo será un día triste. Si, el sábado hablaremos 20 minutos por teléfono, no me dejaré llorar. Les haré chistes, les diré que las quiero, las haré reír y les diré que no se preocupen, que voy pronto, pero me ahogaré bajito, sin que me oigan porque las extraño demasiado.

El domingo será un día triste porque la madre de mi marido murió hace casi 4 años y él aún no deja de llorarla. En días así me pongo a pensar en todos los que tienen a sus madres y padres y familiares y amigos cerca y no lo valoran. Pienso en lo injusta que es la vida y en lo dolorosa que resulta para algunos de nosotros que, en cambio, somos buenos hijos, buenos amigos, buenos con los que nos rodean y tenemos que sufrir porque los nuestros están lejos o no están.

No puedo estar contenta, aunque lo intento no puedo porque llevo 4 días de las madres, 4 de mis cumpleaños, 4 cumpleaños de ellas, 3 fines de año y muchas otras fechas… que han sido 1161 días en total, sin verlas, sin abrazarlas, sin besarlas, sin decirles al oído lo mucho que las amo.

Para los que si pueden ser felices, den gracias por ello.

Felicidades a las madres que me leen. A Cat y Mercedes, a las madres, tías y abuelitas de Ley, Julio Cesar, Charly, Mar, Rafa, Javier, Rodo, Yan, Carlos, Carlos Manuel, todos mis Alejandros, Raúl, Kyn, Nyliam, Maria Antonieta  y todos los que no conozco pero que si me conocen a mi.


Tema recurrente.

Lo que daría por estar ahí otra vez.

Extraño, añoro muchas cosas y todas están del otro lado del mar.

Una de las cosas que más anhelo hacer es sentarme en el patio de mi casa – que está lleno de matas de todo tipo – a disfrutar de una mañana en compañía de mi abuelita que nunca se sienta ni se cansa, atendiendo sus planticas y de mi mamá que solía coser cortes de zapatos. Recuerdo que allí conversábamos y comíamos cualquier dulce que hiciera yo o alguna chuchería que friera mi abuela; papitas, chicharritas, tostones. Era tan placentero llenarse de paz en mi patio.

Una de mis vecinas me despertaba todas las mañanas con sus gritos de barítono – si, de barítono porque tenía un vozarrón de macho agudo que aquello no tiene nombre -, envilecida y desaforada llamando a “Kevin” o a “Henry”, sus hijos que estaban a dos metros de ella. También recuerdo a los negritos de al lado de mi casa que se entretenían en sonar las planchas de zinc de la cerca o planear orgías entre las tablas de su casucha – que revelaba más de lo que escondía -.

Mirando desde mi puerta - ven las matas, no? 😉

Es simpático que incluso eche de menos a las chismosas del barrio, esas que estaban de guardia a cualquier hora que uno llegara o se fuera, de pie en la acera en horas comunes o vigilando por las persianas en la madrugada.

Y no solo San Francisco y el Vedado me llaman con cantos de sirena, mi Habana Vieja me susurra entre olores a amoniaco y gritos de boteros “20 hasta el Cotorro!!!”. Las callejuelas rumbo a la Catedral, las disímiles tiendas de artículos artesanales, los museos increíbles que jamás visité… aquel café. Los restaurantes del Barrio Chino, las tiendas abarrotadas aunque no hay dinero, las paradas más abarrotadas aún porque no hay guaguas.

También añoro las tardes de malecón o las noches de G, tocando guitarra con Maday, escuchando las simpáticas genialidades de Kike o los desafinados intentos de canción de Karasu. Era lindo vagar en un P2 por la Habana y sentarnos en nuestro asiento preferido, intentando arreglar el mundo o despedazarlo, ni recuerdo.

Recuerdo que tenía yo una saya de color verde olivo, de las de tela como de hilo o algo así y me encantaba ponérmela con sandalias y cualquier blusa y me sentaba donde quiera con ella. Era mi saya preferida, a veces uno se enamora hasta de la ropa. Extraño ponerme esa saya.

Me acuerdo de la Virgen del Camino para ir al Mégano oscureciendo con una jaba de galletas y un pomo de mayonesa. La arena y la parte de abajo del bikini en la oscuridad. Los juegos de adivinar películas y el chapuzón nocturno de mis amigos vigilado por mi desde lo seco, “¿dónde están? ¡contéstenme cojone!” Me ponía muy nerviosa. Dormíamos poco esas noches, si es que dormíamos algo y caminábamos de vuelta con el amanecer.

Vienen a mi mente los 3 o 4 viajes al día a la calzada a zapatear un teléfono público “funcionando” para darle un timbrazo a mi abue y otro a Maday. “Avísale a Kike que nos vamos pa’l Copellia.” La espera en la parada roñosa de San Fco dejando ir P2 vacíos – qué tiempos aquellos O.O – a la espera de los otros dos mosqueteros. El viaje de 1 hora que se hacía corto para nuestras interminables conversaciones.

Los Mosqueteros, Maday a mi derecha, Kike al frente y Karasu a mi izquierda.

No olvido los juegos de Scrabble en cualquier portal, tirados en el suelo o en el Café de G, obligados a consumir para poder disfrutar de tan intelectual placer como es armar palabras y tener dónde ponerlas. El Principito siempre en mi jolongo, el rollito de papel sanitario porque mi trasero está muy mal acostumbrado – o muy bien, en Cuba todo es subjetivo -.

La casa de la Cerveza, el cine Yara, Cinecittá, el Fresa y Chocolate y aquella descarguita con Raúl Paz mientras el morbo y la temeridad nos hizo canjear un beso a Maday y a mi por uno de nuestros sexys acompañantes. El mejor negocio de nuestras vidas. ¡Qué tiempos!

Y pensar que han pasado 3 años de todo aquello pero en mi mente todo es vívido. Sé que mis mosqueteros no han cambiado aunque han crecido y madurado, ya somos todos adultos. Mi abuelita ya no es tan altiva y mi mamá envejece poco a poco. Mi patio pare más matas y el malecón sigue ahí. El Mégano me espera y la Habana también me extraña, lo sé.