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Masquerade…

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I swear I always try to stop the game
When it’s goodness I play
I get check-mate

Mademoiselle Hyde – Lara Fabian

I

Era un salón amplio y en forma de óvalo. Las ventanas iban de suelo hasta el techo, adornadas con regias cortinas de Damasco amarillo. En el centro de la habitación había un piano de cola vacío. Al lado un  chelista y un violinista tocaban mientras varias parejas danzaban a su alrededor. A lo largo de las dos paredes laterales se situaban sillas y sofás de terciopelo, en los cuales descansaban varias damas. Algunos caballeros les hacían compañía y conversaban, entre carcajadas y griticos. Dos puertas, una a cada extremo de la habitación, daban paso a corredores llenos de cuartos privados.

La imponente puerta de dos hojas se abrió y en lo alto de la escalera apareció ella. Vestía de rojo desde los botines de tacón hasta la máscara que cubría los ojos negros. Llevaba un vestido de satín, con los hombros y parte de la espalda al descubierto y el cabello recogido en bucles altos, aunque algún mechón majadero le rodaba por los hombros desnudos. Sus manos estaban enfundadas en guantes de encaje, a juego con su máscara de plumas y perlas. Sus ojos eran negrísimos, como sus cabellos y los labios escarlata resaltaban bajo la máscara. Un lunar en la barbilla, a la izquierda de su boca, culminaba el disfraz de bailaora flamenca.

Él, que la vio desde el otro extremo del salón de baile, se apresuró y se posicionó al pie de la escalera, extendiendo su mano enguantada en negro. Ella, se apoyó con gracia y se dejó llevar hasta el centro de la habitación, a tiempo para comenzar el siguiente baile.

– ¿Sabe el propósito de este baile, señora? – le preguntó en español con acento inglés, dando una vuelta alrededor de ella.

– ¡Por supuesto! – respondió ella con acento español, batiendo su vestido, desafiante, improvisando un poco. Los bailes ingleses siempre le parecieron tan desabridos. Él la siguió, haciendo uso de algunos pasos que aprendió en sus viajes por España.

Las demás parejas no pudieron dejar de admirarlos y aplaudir. Continuaron bailando hasta que concluyó esa pieza y al terminar, él le brindó su brazo nuevamente pero ella hizo una pausa antes de aceptarla.

– ¿Ha venido solo? – le dijo mientras saludaba a su público que vitoreaba luego de tan apasionante baile y abrió un abanico con el cual refrescarse un poco.

– Mis hermanos me acompañan, señora.

– Invítelos pues.

Él sonrió y sacudió la cabeza, divertido.

– Por supuesto -, dijo y, haciendo una reverencia, se dio vuelta y desapareció por un momento en la multitud. Al cabo de unos minutos volvió con dos jóvenes altos y delgados como él.

El primero tenía el cabello muy negro como el de ella y lucía muy joven, pero asintió con la cabeza y se dejó tomar del brazo por él. El segundo, con maneras de hombre de mundo, sonrío ampliamente al verla y la tomó del otro brazo. El primero y mayor de los hermanos, con el que había bailado anteriormente, tenía el cabello cano y los ojos grises, abundantes en experiencia y su porte y andar eran de un militar curtido. Éste tomó el frente y se dirigieron a uno de los corredores laterales. Caminaron en silencio todo el tiempo, hasta llegar la última habitación.

El hermano mayor sacó una llave dorada de su bolsillo y abrió la puerta. Ella entró de primera y admiró la delicada decoración. Las paredes y cortinas eran blancas, como las sabanas y el dosel. A los pies de la cama había un sofá, donde se sentó.

– Mi nombre es Ana Dolores y soy viuda. No tengo intenciones de casarme y convertirme en la posesión de ningún hombre. Mi difunto esposo era un ángel pero ya no está y la fortuna que poseo me da la libertad de poder ser independiente. He venido a este baile por la misma razón que vosotros. Madame Lefebvre ofrece un servicio que muchos ansiamos y la disciplina y discreción con que lleva su negocio nos hace venir de todos los confines del mundo a satisfacer nuestras fantasías. Ahora, ¿cómo he de llamarles?

– Mi nombre es Alex y soy el mayor de mis hermanos. George es ingeniero químico y ha viajado el mundo entero intentando convertir piedras en oro. – George sonrió nuevamente y besó la mano de Dolores.

– Alquimista y bohemio. Interesante – respondió ella.

– Richard es el menor y es cirujano.

– ¿Me temes, Ricardo? – dijo ella al notar que el muchacho se sonrojaba.

– Para nada, mi señora. Solamente me impacta vuestra increíble belleza – dijo el jovenzuelo, con los labios y mejillas aún más rojos. Ella sonrió, divertida.

– Mi inglés es fatal. Gracias a Dios vosotros habláis español. Os llamaré Alejandro, Jorge y Ricardo si no os es molestia.

– Como queráis, mi señora. Estamos aquí para serviros – respondió Alex.

… continuará.


Tango…

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De ser posible, leer mientras se escucha la música 

En una habitación oscura hay una mesa pequeña y dos sillas. Una luz potente y blanca justo encima de la mesa, se balancea lentamente. Tú, estás de pie detrás de una de las sillas. Vistes un traje gris, zapatos Oxford de dos tonos, pañuelo azul en la solapa, corbata gris, camisa blanca y un sombrero de paño a juego. Yo estoy sentada en la otra silla con las piernas largas y perfectas, enfundadas en medias negras, cruzadas. Llevo el pelo suelto en bucles frondosos, los ojos delineados, los labios rojísimos. Mi vestido es negro, ajustado en el talle, de escote bondadoso al frente, de escote peligroso en la espalda. La falda me cae hasta los tobillos pero se abre en uno de mis muslos, donde la pierna se vuelve cadera. Llevo zapatos de tacón alto y fino, también negros.

En la mesa yace una partida de ajedrez muy reñida, casi tablas. Me echo hacia atrás en la silla, zoqueta y maliciosa y te muestro los dientes en una sonrisa burlona. Me miras de arriba a abajo y ladeas la cabeza. Al fondo suena un bandoneón triste.

– Es evidente que ninguno de los dos va a ganar esta partida, como no hemos ganado ninguna de las anteriores – dices mientras desabotonas tu saco y lo acomodas, prolijamente en el espaldar de la silla. Te acomodas los tirantes, te arremangas la camisa hasta los codos y te encajas el sombrero hasta las cejas, extendiéndome una mano suave, blanca, delgada, como de pianista.

Yo asiento, descruzo las piernas peligrosamente, tomo la mano y me levanto con gracia. Tu me halas con firmeza hacia tu cuerpo y me abrazas por la cintura, bien apretada. Me cuelgo de tu cuello mientras con la mano libre doblas mi rodilla y me sirves de apoyo para levantarme en peso. Giramos.

La música nos penetra y sigues dando vueltas mientras te desplazas por la habitación vacía. La luz nos sigue solo a nosotros. Solo existimos tú y yo, entrelazados en un abrazo estrecho. Mis senos a la altura de tus labios, mi olor inundándote. Te detienes y es como si detuviera el tiempo. Me dejas resbalar por tu cuerpo, mi pelvis por tu abdomen, tu mano en mi muslo. Me frenas nuevamente cuando es mi boca la que descansa frente a la tuya. Jadeas. Yo suspiro.

Me depositas en el suelo y jugamos con las piernas, dibujando figuras abstractas e imposibles. Rozas mis brazos sensualmente, yo acaricio tu cuello con mis dedos. Tus ojos se clavan en los míos, desafiantes. Me alejo de ti, me atrapas por los brazos, te me pegas a la espalda, me abrazas de nuevo. Besas mi cuello a la par de tus dedos acariciando mis pezones duros por encima del vestido. Giro la cabeza y gimo en tu oído.

Me tomas de los hombros y me giras. Apoyo la rodilla en tu muslo y salto. Tú me sujetas por el brazo y la espalda. Mi pierna libre revolotea en el aire. Me empujas por las caderas y ahora mis dos piernas se alzan. Caigo frente a ti en un split perfecto. Me recoges de un tirón y seguimos recorriendo el piso en una batalla de piernas y ojos.

Me levantas, me lanzas, me recoges, me alzas. Me regodeo para ti, coqueta, desafiante. Me buscas, me encuentras, me aprietas, me atraes… me haces tuya en el baile. Te siento rígido en mi vientre cuando me abrazas contra tu pecho. Me sientes húmeda en los muslos cuando me levantas en vilo. Sudamos, jadeamos, perdemos el aliento en una batalla que ninguno de los dos parece poder ganar.

La música sube y se acerca el desenlace. Mi cara roza la tuya, muerdo tu cuello. Me aprietas el culo, yo me vuelvo y lo pego a tu ingle. Caminas detrás mío, me agarras de la cintura, giramos de nuevo en una figura indescriptible y al fin me sueltas.

Caigo en la silla, cansada. Tu también te sientas con la camisa desencajada y el pelo sudado. Te miro con la misma burla de antes, soplo un beso rojo y mojado en tu dirección y te susurro:

– Ni modo, tendremos que seguir jugando.


Toccami – Lara Fabian

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Toccami

Chissà quando sarà uno ora chi lo sa
Forse solo un minuto
Da quando guardi in me
Il tempo sembra che
Scompaia in assoluto
Avvicinandomi
Sento la febbre che
Sale con me corre una fionda

Toccami
Dai su bruciami la pelle
Toccami
Ancora
Parlami
Una lingua strana
Che solo sia capita
da me

Chissà da dove viene
La sensazione che
Rivivo un’altra vita
Io conoscevo te
Ma non sapevo se
Co avrebbe riuniti
Questo destino che
Balla davanti a noi
L’ultimo passo di un amore

Toccami
Non lasciare fare al vento
Prendimi
La mano
Toccami
Fai l’amore con il tempo
Sfidalo, scongiuralo se puoi

Tócame

Quién sabe cuando será
se que sera ahora
Quizá solo un minuto
Quando me miras
el tiempo parece que
desaperece por completo
Se está acercando a mi
Siento la fiebre que
Sale y me como una honda

Tócame
quemame toda la piel
Tocame
más
Hablame
con un idioma extraño
que solo pasa a ser parte de mi

Quién sabe de donde viene
esa sensación que
vuelvo a vivir una y otra vez
Te conoci
pero yo se que si
nos hemos reunido
Este destino que
Baila delante de nosotros
el ultimo paso de un amor

Tócame
no dejes que sea
el viento quien lo haga
Llevame
de la mano
Tocame
y hazme el amor
con el tiempo
Este desafio, no lo podras evitar

Touch me

Who knows how long has it been, who can tell
Maybe it was just a minute
You’ve looked inside me
And time seemed to
Fade away in the absolute
While getting closer to you
I feel the fever that
Gets higher in me

Touch me
Come on, burn my skin
Touch me
Again
Talk to me
In a foreign/weird language
That only I
Can understand

Who knows from where comes
This feeling that
I’m living again, in an another life
I knew you
But I didn’t know if
(Destiny) would ever bring us together again
This destiny that
Dances in front of us
Its last step of a love story

Touch me
Don’t let the time take the lead
Take me
By the hand
Touch me
Make love with the time
Defy it, avoid it if you can

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Aquí se vale to’ si tú te atreves!

Esto con eso – Calle 13

♪ Este es calle 13 mamita, esto es para ti.  

Tiembla la timba, timba tintin.
Tiembla la timba, timba tintin.  

Ay ay ay, tu tienes la culpa,
ay ay ay, de que yo baile asi,
ay ay ay, estoy en tu planeta.  

Oye, bailando como poseida,
como si fuera el ultimo dia de tu vida, querida.  

Deja que te explique en palabras sencillas para que entiendas,
llego el dueño de la tienda, el q tiene todo super controlado,
friamente calculado.
El que pone a la cultura latina a mover esos gluteos
como terremoto en China.  

Hoy, tu vas a ser mi novia,
vamos a pegarnos hasta que nos de claustrofobia,
los dos felices como dos lombrices,
mi amor, vamos a olernos las narices,
yo estoy caliente, derritiendo nieve.
Aqui se vale to’ si tu te atreves.  

Lo mas que me gusta de ti son las partes blandas,
yo quiero bacalao con viandas.
La mision mia en este mundo, es recitarte poemas
y que se te olviden los problemas.  

Moviendo la cajuela con un movimiento bruto,
que paresca que no fuiste a la escuela.
Esto es facil, con elemental sencillo,
facil, como comerse un bocadillo  

Yo me pego a tu espalda y tu rescuesta el fondillo,
y cocinamos arroz con picadillo,
bailando como chimpance hasta que te salga un callo en el
dedo gordo del pie.  

Ay ay ay, tu tienes la culpa,
ay ay ay, de que yo baile asi,
ay ay ay, estoy en tu planeta.  

Oye, bailando como poseida,
como si fuera el ultimo dia de tu vida, querida.  

Cuando te veo un cantito del cuerpo desnudo,
me pongo tarta-tarta-tartamudo.  ?
No te tapes que tu no eres musulmana,
aqui llego adan a morderte la manzana  

Si tiene manchas en las nalgas no te atibules,
en la discoteca se te ve las nalgas azules.
Puedes ser desfigurada y no me doy cuenta,
sino puedo ver tu cara este hombre se la inventa.
Todo lo estoy viendo en camara lenta,
yo soy el principe azul y tu la cenicienta,
contigo quiero envejecer…
MENTIRA! Despues de esta noche no te vuelvo a ver!!!  

Tiembla la timba, timba tintin.
Tiembla la timba, timba tintin.
Tiembla el budin, tiembla el cojin.
Tiembla la timba, timba tintin.  

Tu me gustas como quiera,
tu como seas me gustas, yo soy la cura de tus penas,
yo soy la sangre de tus venas.  

Deja que la musica te estimule,
haciendo que la sangre circule,
Te veo concentrada dando vueltas,
como los trapesistas chinos en las olimpiadas.
Me gusta q seas ruda, tambien me gusta cuando sudas,
porque hueles a carne cruda.
Cada vez que te mueves, mamá,
se te ve la raya larga, como el canal de Panamá.  

Ay ay ay, tu tienes la culpa,
ay ay ay, de que yo baile asi,
ay ay ay, estoy en tu planeta.  

Bailando como poseida,
como si fuera el ultimo dia de tu vida, querida.  

Oye!  

Ay ay ay, tu tienes la culpa,
ay ay ay, de que yo baile asi,
ay ay ay, estoy en tu planeta.  

Bailando como poseida,
como si fuera el ultimo dia de tu vida, querida.  

Tiembla la timba, timba tintin.
Tiembla la timba, timba tintin.
Tiembla el budin, tiembla el cojin.
Tiembla la timba, timba tintin. ♫ 


A State of Trance*

Cuando tenía 15 años vivía sola, literalmente. Mi papá había venido para los Estados Unidos, mi mamá vivía con su marido y mi abuelita tenía su casa en La Víbora, 10 de Octubre. Cada uno a su manera, se ocupaba de mi. Mi papá me mandaba dinero, mi mamá me veía de vez en cuando y mi abuelita desafiaba el transporte cada día para velar por mí. No me quejo, no era feliz pero se que hubo muchos adolescentes que la pasaron peor.

Esta introducción es para llegar a que, inevitablemente, no pude ser una joven en el completo sentido de la palabra. Fui a mi primera fiesta con 15 años – la mía, obviamente -, pues antes de eso, mi papá no me dejaba salir a ninguna parte. Al irse él y quedarme sin la constante supervisión de un adulto, comencé a encontrarme furtivamente con el baile.

Cuando pequeña tomé clases de “baile español” y más tarde, cuando aun era una “chamaca escuincle”, es decir, cuando era un ‘pestillo’ practiqué ballet /para los no cubanos y por tanto no familiarizados con la jerga popular que nos caracteriza, ‘pestillo’ es en Cuba la persona – dígase hembra o varón -, que es flaca(o) y no tiene carnita por donde morderlo, jejejeje! /Yo era muy delgadita cuando niña y por eso pude practicar ballet por un tiempo, hasta que mis caderas se convirtieron en un impedimento y la profesora osó decirme, mientras intentaba probarme un leotard para una presentación y ante la imposibilidad de subírmelo hasta la cintura, que tenía que hacer ejercicios para perder esas caderas indignas de una bailarina. JAAAAAAAAAA! eso mismo día mandé el ballet al demonio y me enamoré de mi femineidad.

Lo que intento decir es que, siempre llevé el baile en la sangre pero mis intentos de practicarlo profesionalmente fueron frustrados en mi niñez. Clandestinamente y en las fiestecitas del día del maestro en la primaria, aprendí a bailar merengue, bien pegados. Pero no fue hasta que comencé a salir con 15 que aprendí a bailar reggea que era lo que se usaba en mi tiempo, antes del advenimiento del regetón como el último y más aclamado fenómeno social.

Recuerdo que en ese tiempo, como vivía sola y no tenía que pedir permiso para salir, estaba en la calle todos los viernes y sábado para las 9 pm. Siempre regresaba entre 12 y 1 am. Vale destacar que jamás bebí, ni una gota de alcohol; tampoco fumé cigarrillos y en ese tiempo, no si era yo muy despistada o aun conservábamos algo de inocencia los jóvenes pero nunca estuve de frente con la droga. Conocí el olor de a marihuana en Estados Unidos, en uno de los mejores lugares de Miami: la cuidad de Coral Gables. Es una ciudadela de estilo muy colonial y calles de nombres hispanos que los gringos mal-pronuncian a diario y ni siquiera entienden el significado real de las palabras que representan el lugar donde viven, pero bueno, la vida es así. En este barrio de gente millonaria, donde trabajé haciendo sandwiches en un mercadito por azares del destino, es muy normal que lleguen a diario y a cualquier hora, los universitarios ricos, hijos de mamá y papá, prendidos hasta la médula y con los ojos rojos, destilando el asqueroso olor a hierva quemada. Pero esa es otra historia, sigamos.

Les decía que a pesar de ser una adolescente y andar en la calle sola, nunca practiqué ningún vicio pues no me interesaba. Yo salía para bailar, para mezclarme con la gente; me imagino que la razón real detrás de todo era mi perenne necesidad de calor humano. Por aquellos tiempos bailé mucho. Se usaba el bailar los 15 de las muchachas y yo tuve la dicha de formar parte del cuerpo de baile de 4 o 5 de estos magníficos festejos. Así aprendí a bailar casino, no como una estrella pero si para dejarme llevar por un buen bailador, en parejas y en ruedas.

Luego, entre la escuela que nunca descuidé amén de seguir viviendo sola, y mi largo noviazgo de 5 años, con un muchacho que ni canta ni come fruta (menos aun baila), me alejé de las pistas de baile y de la música. Mi alma experimentó un largo período de silencio espiritual y corporal.

La última vez que fui a bailar en Cuba fue en el 2008 a los Jardines de la Tropical. Esa noche hubo rock, techno, trance, casino; bailé de todo. Tuve que ponerme al día en los nuevos pasos de baile, que no perdonan a nadie y se auto-innovan a diario, pero lo disfruté.

Ahora mismo escucho el delicioso * A State of Trance de Armin Van Buuren (que supe era, o fue, el mejor DJ del mundo, no estoy actualizada) y me doy cuenta de que hay muchas etapas de mi vida que no pude vivir a plenitud. Tengo 23 años y por avatares del destino tuve que dejar mi niñez inconclusa, pasar vertiginosamente por mi adolescencia y caer de ‘flai’ en una adultez que no siento me pertenezca. Trabajo para pagarme el techo y comer desde los 20 que llegué a este país mientras estudio para regalarme un mejor futuro. Añoro las etapas que ‘quemé’ y no tienen vuelta atrás.

Aun cierro los ojos mientras escucho la música y me imagino en una disco o nightclub, bailando y sudando con la despreocupación del que no tiene responsabilidades. Me desnudo de esta vida que me tocó vivir y con la que no me identifico ni conformo. Soy libre por momentos en mi mente y le baile me transporta a un lugar mejor.

Solo espero el poder darle a mis hijos todo lo que yo nunca tuve, para que no tengan que darse dosis de Trance de vez en cuando para rememorar lo que no vivieron. Espero que ellos puedan bailar libremente y ser niños, adolescentes, jóvenes y adultos, a su debido tiempo, pero siempre bajo mi ala protectora y por qué no… cómplice.