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Anatomía de unos labios…

Labios compartidos
Labios divididos, mi amor
Yo no puedo compartir tus labios.

Labios Compartidos – Maná

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V

Dolores se resignó a la idea de que permanecería con los ojos tapados hasta que los hermanos quisieran y por lo tanto, decidió darle la oportunidad a sus otros sentidos de tomar las riendas.

Poco a poco su oído se fue adaptando a la sutileza de los sonidos y pudo percibir pasos por la habitación y el frufrú de las ropas cayendo al suelo. Por un momento sintió rabia. Nunca había visto a un hombre desnudo en su vida de casada y, ahora, con toda la libertad del mundo, seguía en la misma posición. Como si le leyeran la mente, o tal vez porque le leyeron el lenguaje corporal, una voz justo al lado de su oído le susurró:

– Si os portáis bien, os premiaré, Lola. Venga, no hagáis pucheros con esos morros rojos que os los voy a arrancar a mordidas.

Sintió que le tocaban los labios con dedos firmes aunque delicados. No lograba descifrar cuál de los hermanos era el que la acompañaba ahora. Estaba segura de que la voz no era la de Alex pero no podría adivinar quién era el dueño de los dedos intrusos. Volvió a sentir la oleada cálida en la oreja, junto al roce experto en la mejilla.

– Tenéis los labios más caprichosos que he visto en mi vida, mujer. Esta parte bien mullida de ambos labios es el “bermellón” y es generalmente carnosa en la parte inferior pero vos sois diferente – le dijo, apretando una carnosidad en el centro de su labio superior. – Esta es la membrana mucosa y este pedacito que parece una frambuesa es el tubérculo central pero el nombre es muy feo para ti. El tuyo parece una fruta, por eso hace tu labio superior carnoso e irresistible.

Dolores sintió un poco de humedad ajena entro los labios y un poco de presión que la obligaron a entreabrirlos un poco.

– Esta es la comisura, pero eso debes saberlo ya; el nombre y el área son bien mundanas -, sintió el calor de un beso donde había descrito la voz. Sintió también unos dedos en la nuca, enredándose en su pelo y otros hurgando en su boca, mientras unos labios calientes besaban la esquina de su boca y parte de su mejilla, con ternura. – Pero, ¿sabes que es lo más bonito que tenéis en la boca, Lola?

Ella respondió sacudiendo la cabeza, lentamente. Tan íntima y sensual clase de anatomía la habían dejado anonadada. Sentía un calor intenso entre las piernas y en todos sus labios.

– No tengáis miedo -, sintió un dolor punzante en su labio superior, justo bajo la nariz. Gimió con placer y dolor. La mordida cesó y los dientes fueron reemplazados por los mismos dedos, esta vez untados de saliva fresca, que presionaron el área herida, amainando el dolor. Mientras, los dientes viajaron, estratégicamente a su cuello y comenzaron a mordisquear suavemente la piel suave, revoloteando del hombro a la oreja. – El dolor que sentisteis provino de vuestro Arco de Cupido, Lola. Es exactamente la desembocadura de vuestro filtrum y os prometo que podría quedarme a vivir en ese espacio porsiempre.

Sintió la calidez alejarse de su cuello y sintió también la respiración cálida en su cara, en su nariz y finalmente, en su boca. Se dejó besar profundamente. Se dejó besar mientras seguía siendo explorada por los dedos expertos que no dejaban de buscar sus labios y su lengua. Sintió que se le llenaba la boca de labios, de lenguas y de dedos. Sintió que la besaban más de una boca. Sintió que los dedos se multiplicaban por su cuerpo y se reproducían, rozándola, apretándola, sobándola, pellizcándola. Sintió que sus labios propios se posaban en cuellos, espaldas, pectorales, brazos, hombros. Sintió que se le llenaba la boca de nuevo pero esta vez de algo que no conocía… aún.

… continuará.

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The Lady in Red…

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I’ve never seen you looking so gorgeous as you did tonight
I’ve never seen you shine so bright, you were amazing
I’ve never seen so many people want to be there by your side
And when you turned to me and smiled, it took my breath away (…)

The Lady in Red – Chris De Burgh

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II

Era evidente que George era un casanova y esta no era la primera vez que se encontraba en esta situación. Los ojos de Richard brillaban y Dolores comprendió que, tal vez teniendo menos experiencia que sus hermanos, su imaginación no tenía límites, además, su gran conocimiento de la anatomía humana lo ayudaba a no estar en desventaja junto a sus hermanos.

Alex era un misterio. Su formación militar lo hacía parecer indescifrable. Dolores intuía que no había nada que aquel hombre no hubiese experimentado ya en su vida. Sus ojos reflejaban los incontables horrores que había presenciado pero también una agudeza increíble para comprender los azares de la vida. La incertidumbre la hacía sentirse aún más intrigada.

– Ricardo – le dijo, haciéndole una seña con la mano para que se acercara. – Todos me llaman Lola, ¿os gusta? – se quitó los guantes y acarició la mejilla del muchacho que tragó en seco.

– Mucho, mi señora – dijo él y besó el la palma de su mano.

– Lola, me encantaría veros sin la máscara – dijo George, evidentemente más atrevido y sin un  ápice de vergüenza. Ella asintió y le brindó su otra mano a Richard que continuó besándoselas con ternura. George se situó a su espalda y comenzó a desatar las cintas de seda que mantenían la máscara en su sitio. Cuando hubo terminado, tomó la delicada pieza con sus manos y dejó el rostro de Dolores al descubierto.

Era incluso más bella de lo que habían imaginado. Sus ojos almendrados brillaban, serenos e inteligentes. Sus cejas negras y tupidas complementaban la frente amplia. La nariz respingona y desafiante terminaba en un huequito adorable sobre su labio superior.

Alex se sirvió una copa de vino mientras los observaba, recostado a la cómoda. Su mirada se volvió más seria y atenta cuando George comenzó a deshacer los bucles y el cabello de Dolores comenzó a caer en cascada sobre sus hombros. Alex vio como las pupilas de ella se dilataron cuando George apartó la cabellera y depositó un beso suave en su cuello y sus propios ojos brillaron cuando a ella se le escapó un gemido suave.

… continuará.


Masquerade…

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I swear I always try to stop the game
When it’s goodness I play
I get check-mate

Mademoiselle Hyde – Lara Fabian

I

Era un salón amplio y en forma de óvalo. Las ventanas iban de suelo hasta el techo, adornadas con regias cortinas de Damasco amarillo. En el centro de la habitación había un piano de cola vacío. Al lado un  chelista y un violinista tocaban mientras varias parejas danzaban a su alrededor. A lo largo de las dos paredes laterales se situaban sillas y sofás de terciopelo, en los cuales descansaban varias damas. Algunos caballeros les hacían compañía y conversaban, entre carcajadas y griticos. Dos puertas, una a cada extremo de la habitación, daban paso a corredores llenos de cuartos privados.

La imponente puerta de dos hojas se abrió y en lo alto de la escalera apareció ella. Vestía de rojo desde los botines de tacón hasta la máscara que cubría los ojos negros. Llevaba un vestido de satín, con los hombros y parte de la espalda al descubierto y el cabello recogido en bucles altos, aunque algún mechón majadero le rodaba por los hombros desnudos. Sus manos estaban enfundadas en guantes de encaje, a juego con su máscara de plumas y perlas. Sus ojos eran negrísimos, como sus cabellos y los labios escarlata resaltaban bajo la máscara. Un lunar en la barbilla, a la izquierda de su boca, culminaba el disfraz de bailaora flamenca.

Él, que la vio desde el otro extremo del salón de baile, se apresuró y se posicionó al pie de la escalera, extendiendo su mano enguantada en negro. Ella, se apoyó con gracia y se dejó llevar hasta el centro de la habitación, a tiempo para comenzar el siguiente baile.

– ¿Sabe el propósito de este baile, señora? – le preguntó en español con acento inglés, dando una vuelta alrededor de ella.

– ¡Por supuesto! – respondió ella con acento español, batiendo su vestido, desafiante, improvisando un poco. Los bailes ingleses siempre le parecieron tan desabridos. Él la siguió, haciendo uso de algunos pasos que aprendió en sus viajes por España.

Las demás parejas no pudieron dejar de admirarlos y aplaudir. Continuaron bailando hasta que concluyó esa pieza y al terminar, él le brindó su brazo nuevamente pero ella hizo una pausa antes de aceptarla.

– ¿Ha venido solo? – le dijo mientras saludaba a su público que vitoreaba luego de tan apasionante baile y abrió un abanico con el cual refrescarse un poco.

– Mis hermanos me acompañan, señora.

– Invítelos pues.

Él sonrió y sacudió la cabeza, divertido.

– Por supuesto -, dijo y, haciendo una reverencia, se dio vuelta y desapareció por un momento en la multitud. Al cabo de unos minutos volvió con dos jóvenes altos y delgados como él.

El primero tenía el cabello muy negro como el de ella y lucía muy joven, pero asintió con la cabeza y se dejó tomar del brazo por él. El segundo, con maneras de hombre de mundo, sonrío ampliamente al verla y la tomó del otro brazo. El primero y mayor de los hermanos, con el que había bailado anteriormente, tenía el cabello cano y los ojos grises, abundantes en experiencia y su porte y andar eran de un militar curtido. Éste tomó el frente y se dirigieron a uno de los corredores laterales. Caminaron en silencio todo el tiempo, hasta llegar la última habitación.

El hermano mayor sacó una llave dorada de su bolsillo y abrió la puerta. Ella entró de primera y admiró la delicada decoración. Las paredes y cortinas eran blancas, como las sabanas y el dosel. A los pies de la cama había un sofá, donde se sentó.

– Mi nombre es Ana Dolores y soy viuda. No tengo intenciones de casarme y convertirme en la posesión de ningún hombre. Mi difunto esposo era un ángel pero ya no está y la fortuna que poseo me da la libertad de poder ser independiente. He venido a este baile por la misma razón que vosotros. Madame Lefebvre ofrece un servicio que muchos ansiamos y la disciplina y discreción con que lleva su negocio nos hace venir de todos los confines del mundo a satisfacer nuestras fantasías. Ahora, ¿cómo he de llamarles?

– Mi nombre es Alex y soy el mayor de mis hermanos. George es ingeniero químico y ha viajado el mundo entero intentando convertir piedras en oro. – George sonrió nuevamente y besó la mano de Dolores.

– Alquimista y bohemio. Interesante – respondió ella.

– Richard es el menor y es cirujano.

– ¿Me temes, Ricardo? – dijo ella al notar que el muchacho se sonrojaba.

– Para nada, mi señora. Solamente me impacta vuestra increíble belleza – dijo el jovenzuelo, con los labios y mejillas aún más rojos. Ella sonrió, divertida.

– Mi inglés es fatal. Gracias a Dios vosotros habláis español. Os llamaré Alejandro, Jorge y Ricardo si no os es molestia.

– Como queráis, mi señora. Estamos aquí para serviros – respondió Alex.

… continuará.


Se me ha perdido un hombre…

¿Dónde está?
¿Intenta ser mi sombra el desvalido?
¿Se me ha vuelto invisible entre gusanos?

 Carilda Oliver Labra

Se me ha perdido un hombre

casanova

y lo busco cuando me vuelvo gata, en las noches, de ventana en ventana.

Me lo encuentro montando a cualquier pelandruja entre sábanas blancas.

O tal vez perdido y bebiendo vino en un bar cada madrugada.

Aparece entre humo de cigarrillos y llamas.

 

escalpeloSe me ha perdido un hombre

y salgo a buscarlo cada mañana entre risas y bochornos de sauna.

Entonces me lo tropiezo, tan sonrosado y púber, blandiendo un escalpelo con alas .

Él juega a ser el próximo Hipócrates, Finlay, Pasteur o Fleming y no descansa

Y me susurra al oído con voz de niño bueno algo sobre dientes y pezones y nalgas.

 

descarga (1)Se me ha perdido un hombre

y sé que vive del cuento y aunque lo amordacen o sellen, este nunca se calla.

Y así se me antoja lechoso y abitongado, como que no tuvo suficiente de nada

Pues quisiera alimentarlo con un pincel antiquísimo que dibuje ideas claras

con trazos orientales de sabor amargo como cerveza helada.