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La buena esposa…

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Te amo, lo mismo
en el día de hoy que en la eternidad,
en el cuerpo que en el alma,
y en el alma del cuerpo
y en el cuerpo del alma,
lo mismo en el dolor
que en la bienaventuranza,
para siempre.

A mi esposa – Cintio Vitier

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IV

Dolores tenía 17 años cuando conoció a su esposo en el orfanato donde había crecido. Él siempre había sido un benefactor bondadoso, como su padre y el padre de su padre. Un día en que visitaba a la Madre Superiora y hablaban de su soltería, Dolores entró a la oficina, enviada desde la cocina con té y galletas.

– Lo que necesitas es una esposa, Edward. No entiendo cómo no has encontrado mujer aún. Tenemos cientos de huérfanas en esta casa. Mira, Dolores es una muchacha excelente, callada y es capaz de encargarse de una casa como Dios manda -. Dolores bajó la cabeza y se quedó de pie en una esquina porque hablaban de ella. Edward la miró lentamente y con seriedad.

– ¿Tu nombre es Dolores?

– Si señor, pero todos me llaman Lola.

– ¿Te casarías conmigo, Lola? – le preguntó con la misma naturalidad y simpleza con la que le había preguntado su nombre. Dolores se atragantó con sus propias palabras y no pudo responder. La Madre Superiora acudió, pronta, a su rescate.

– Cualquier mujer se sentiría orgullosa de tenerte como esposo, Edward!

– Pues bien, encárguese de preparar la boda, Madre Superiora – dijo y se levantó de la silla, hizo una reverencia a Dolores que seguía petrificada en una esquina, con los ojos muy abiertos y salió por la puerta, con la misma naturalidad con la que le había propuesto matrimonio a Dolores, cinco minutos luego de verla por primera vez en la vida.

La Madre Superiora se encargó de preparar una ceremonia pequeña ya que, ni Dolores ni Edward tenían a nadie más en el mundo con quien compartir su dicha. En un mes estuvieron casados y Dolores se fue a su luna de miel en Paris con su nuevo esposo, del que apenas sabía el nombre. En París estuvieron tres meses y allí fue donde Dolores escuchó hablar de la Casa de Madame Lefebvre por primera vez. Su esposo recibió a unos socios de negocio y Dolores, como buena esposa, se encargó de atenderlos. Cuando regresaba de la cocina con algo de beber para los caballeros, escuchó que hablaban muy animados de una casa en la que se reunían caballeros y damas de la aristocracia a realizar sus más perversas y mundanas fantasías.

– No es un burdel. Tengo entendido que se paga una membresía por acceder al lugar y que todo lo que sucede allí, de allí no sale. El negocio de Madame Lafevbvre son la perversión y la discreción.

Dolores estuvo escuchando detrás de la puerta hasta que cambiaron de tema. Así se le abrieron los ojos a cientos de “perversiones” que jamás había imaginado y se desató su curiosidad, que siempre había sido ávida.

Esa noche Dolores se sentía excitada y esperó a Edward desnuda, debajo de las sábanas. Cuando el esposo se metió en el lecho, con las luces apagadas, Dolores buscó su mano entre las sábanas y le besó los dedos. Le besó los dedos una y otra vez hasta que lo embarró de saliva y entonces llevó la mano del esposo hasta su vientre desnudo, bajo las sábanas. Recordando como ella misma se acariciaba bajo el camisón mientras las demás huérfanas dormían a su lado, situó la mano del esposo entre sus muslos mojados y rozó los labios delicados. Se retorció de placer al sentir los dedos húmedos de él y gimió con los dientes apretados.

Edward se excitó también y rápidamente se situó entre sus piernas y la penetró con firmeza y rapidez, mientras la besaba. Dolores se emocionó pues pensó que, finalmente, podría abrirse con su esposo y podrían experimentar todo lo que ella imaginaba en su fructífera mente, pero no fue así. El encuentro comenzó apasionadamente y así mismo concluyó, en cuestión de segundos. Edward se apartó de ella y salió del cuarto y por mucho que lo esperó, no regresó aquella noche. En la mañana Dolores lo encontró dormido en el sofá de la biblioteca, con un libro en el pecho y decidió con jamás volvería a intentar nada así. Se convenció de que debía ser una buena esposa y simplemente existía para satisfacer a su esposo, cuando y cómo él lo deseara.

Jamás hablaron del tema y tampoco tuvieron encuentros apasionados luego de aquella noche. Edward no era muy aventurero en la alcoba pero era un caballero y desde la primera vez la trató con delicadeza y cariño. Aunque no se sentía particularmente satisfecha, Dolores aprendió a amarlo y respetarlo por el hombre bueno que era. Apenas a un año de matrimonio su esposo cayó gravemente enfermo y se fue deteriorando, poco a poco a través de los dos años siguientes, hasta que murió. Para Dolores fue un golpe desgarrador pues verdaderamente había aprendido a amarlo y era lo único que tenía en el mundo, pero las últimas palabras de Edward en su lecho de muerte le ayudaron a comprender que su destino no era llorarlo eternamente. Las palabras fueron: “sé feliz, no importa cómo”.

… continuará.

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Some random talking…

La semana pasada tuve unos días verdaderamente fértiles… tengo preparadas varias cosillas que he dejado guardadas pues, siempre luego de una tormenta de inspiración viene la calma provocada por la sequía de ideas. Esa sequía no ha llegado ya que tengo varias ideas que no he podido llevar a letras – por falta de tiempo – aunque están latentes en mi memoria, pero puede aparecer en cualquier momento.

Las dos últimas entregas de Una niñita en La Víbora están pendientes de publicación y créanme que siento nostalgia pues no quiero que termine. Supongo que seguiré contando anécdotas de mi niñez viborence – será este el gentilicio? – aunque sin un orden específico; hay tantas cosas aún por contar! Pero mi trayecto desde 5to a 8vo grado finaliza ya.

También tengo dos cuentos coloridos, jajaja! No es algo que planeé, simplemente sucedió. El color rojo es el protagonista del primero que escribí y es un diálogo entre dos mujeres hermosas: El rojo en el espejo.

El segundo es mi cuento más tierno, más cotton candy (algodón de azúcar), más fresita, más rosa. Precisamente el color rosado es el protagonista y me inspiré en mi canción preferida del grupo Air, Cherry Blossom Girl – y así llamé el cuento -. Cuenta una historia mitológica y fantástica, una historia de amor al más puro estilo homérico, como sacada de Mitos y Leyendas griegas.

Esperando también están dos proyectos de cuento y digo proyectos pues no he escrito ni una palabra 🙂 pero ambas ideas me rondan desde hace tiempo. Una historia de misterio y asesinato que se llamaría El sastre y viene por un sueño bien gráfico y vívido que tuve. Fue algo muy simple y la mayor parte de lo que sería el cuento es producto de la imaginación pero las imágenes de mi sueño fueron las que me dieron la idea. Una torre muy alta, sensación de vértigo – muy vívida -, piezas de maniquíes en las esquinas, cortinas de tul blanco, sangre… como dije, solo imágenes inconexas pero muy interesantes.

La otra idea, El hacedor de religiones y supongo que se imaginarán por donde viene la idea. Un hombre muy inteligente que vive de crear y proveer a los necesitados una salida pura y natural a sus interminables problemas: fe. Este sería un cuento cínico y comercial en el que hablaría de la tarea básica del vendedor: convencer, usando las religiones como trampolín. Como dije, bien cínico pero aún se queda en ideas.

También quiero escribir un poema o cuento o lo que salga, inspirado en una escena de El paciente Inglés que me ha estado acosando últimamente. Esta peli me sale hasta en la sopa y la contemplación del Bósforo me apasiona; la idea me acecha. Ese huequito bendito y hermoso que algunos – yo no, desgraciadamente – llevan con tanto estilo y sensualidad me ha inspirado.

Y así, se me ocurren ideas que por falta de tiempo y paz corporal no llevo a término. Estuve – aún estoy convaleciente – enferma, si así se le puede llamar al malestar estomacal acompañado de nauseas y vómitos. Oh! algunos somos tan sensibles y flojitos! Habiendo tantas enfermedades incurables, terribles, torturantes y crueles en este mundo… y yo me quejo de un fútil empacho… pero bueno, esa frivolidad no me deja escribir… qué hacer? 🙂

No soy supersticiosa y por eso comparto mis ideas con ustedes, sé que no se quedarán solo en ideas por mencionarlas, soy positiva y la dieta blanda acompañada de descanso y la mente positiva alejarán lo que habita en mi estómago y no me deja ser yo, jajajaja!


Golpes de la vida…

Hoy no me siento bien, unos minutos antes de las 7 am sonó el teléfono. Era un amigo avisando que su abuelo había muerto.

Hace casi un año el señor sufrió un infarto que lo puso al borde de la muerte y nuestro amigo pasó por una etapa de incertidumbre y zozobra que vivimos junto a él por la cercanía emocional que nos une. El corazón del abuelo era fuerte pues este no era el primer infarto que sufría y rebasaba, pero ya no pudo más.

Cuando sonó el teléfono y mi marido lo contestó lo supe, lo presentí y me quedé en silencio, fingiendo dormir. Enseguida mi estómago se transformó y aún conservo una sensación rara, como de susto, como si esperara algo malo cuando realmente ya pasó. No sé por qué pero me siento mal y no me gusta la sensación de que más malas noticias vienen junto a esta. Ojalá no.

Estas cosas me hacen pensar en lo mucho que quiero a mi abuela y lo lejana que veo su partida. Ella está lejos y llevo casi 3 años sin verla, sin abrazarla, sin poner mi cabeza en su hombro viejito y huesudo, sin verla a los ojos.

Cuiden a sus seres queridos y no retrasen esas cosas que deben decirles, no demoren las muestras de amor, nunca sabemos cuando nos van a dejar o cuando nosotros los vamos a dejar a ellos. La vida es corta e incierta, aprovechen su tiempo sabiamente.


ay mamacita que dolor!

Esto es rapidito, just to let you know, mis queridos cómplices.

Aquí me encuentro, en mi siempre vasta pero hoy, increíblemente breve, hora de almuerzo. Anoche me dormí como a las 12 am, luego de ver el final de una peli que me gustó – trataré de rastrearla estos días para verla completa -. Entre pesadillas y dolor, mi subconsciente engañó a mi cerebro – o viceversa, les dejo la investigación a ustedes -, para hacerme creer que había consumido ya mis 6 o 7 horas de sueño. Desperté con terribles cólicos y tuve que “evacuar” todo mi malestar en el baño, entre dormida y despierta, para beneplácito de mi pancita. El caso es que logré seguir durmiendo al fin, pero desde las 6 am estuve esperando a que sonara el reloj. La vigilia causada por la alteración de mi sistema no me dejo descansar. Al levantarme vomité un poco de líquido pues no tenía nada en el estómago, y me fui a trabajar.

Aquí estoy, luego de comer unos bocados, con una sensación de flojera por el malestar de mi estómago. Mi amor me dio unos besitos en la pancita para que se me curara – sana culito de rana -, y me trajo el almuercito.

Me siento mal…

En estos momentos, por mucho que los demás te quieran, mimen y cuiden lo único que añoras y deseas en silencio, son dos manos suaves: una en la frente y la otra en la pancita, y un beso cálido en la mejilla…

Que vengan de mamá.