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*I just wanna make love to you…

Para mejor disfrute de lo escrito, intente escuchar la canción mientras lee…

I just wanna make love to you – Etta James

Y sin más comienza él su arenga justiciera, vindicadora, cabría… y mis oídos se llenan de oprobios sin pronunciar mientras sus mejillas se tornan carmesís. Y su voz, sensualmente se convierte en jazz…

/I don’t want you to be no slave;/

Y sus labios balbucean palabras inteligibles que se pierden en el viento, rozando mi rostro con la forma de su aliento viril… lo único que mis sentidos experimentan a estas alturas…

/I don’t want you to work all day;/

Y sus manos mimifican gestos impronunciables, irreproducibles, onerosos pero yo solo escucho la voz rasgada que canta en mi oído…

/But I want you to be true,
And I just wanna make love to you./

Un golpe en la mesa, seco, sordo…

/…Love to you…Ooooohhooh…/

– ¡Escúchame!

/…Love to you…/

– ¡Te estoy hablando!

/All I want to do is wash your clothes;
I don’t want to keep you indoors./

– Te escucho – digo con la voz engolada…

/There is nothing for you to do
But keep me makin’ love to you./

Me miras con esos ojos de fuego y me odias porque sabes que no te escucho…

/…Love to you…Ooooohhooh…/

Yo te deseo…

/…Love to you…/

Te levantas y caminas como un loco…

/And I can tell by the way you walk that walk;/

– ¡No se puede hablar en serio contigo!

/I can hear by the way you talk that talk;/

Y me odias de nuevo, pero yo te deseo incluso más…

/I can know by the way you treat your girl
That I can give you all the lovin’ in the whole wide world!/

Me levanto y voy donde estás…

/All I want you to do is make your bread!/

– ¡No! No vengas a sonsacarme – dices molesto.

/Just to make sure you’re well-fed!/

– Bésame anda – te ruego.

/I don’t want you sad and blue!/

Te sigues negando, caminas hacia atrás… te toco.

/And I just wanna make love to you./

Te dejas tocar pero aún reniegas de mis labios…

/…Love to you…Ooooohhooh…/

Te abrazo, aprieto tu carne…

/…Love to you…Ooooh./

Te beso… y el saxo me embelesa… y me sacio de saliva, me embriago de ti, te dejo seco, te bebo a sorbos, te degusto a fondo sin detenerme.

/And I can tell by the way you walk that walk;
And I can hear by the way you talk that talk;
And I can know by the way you treat your girl/

Me besas de vuelta, aunque aún estás tenso, majadero.

/That I could give you all the lovin’ in the whole wide world!/

Me agarras de las nalgas y me subes a tu cintura…

/Oh, all I wanna do – All I wanna do is cook your bread!
Just to make sure that you’re well-fed!/

La pared es nuestro límite, mientras me muerdes el cuello y yo meso tus cabellos…

/I don’t want you sad and blue,
And I just wanna make love to you./

La ropa vuela…

/…Love to you…Ooooohhooh…/

Finalmente te convencí…

/…Yeah, love to you…Ooooh./

Si, te convencí…

/…Love to you…/


Fatalidades del corazón…

Llevo días con esta canción en la cabeza, es la preferida de mi hermana que es fanática de Arjona. Para Maday.

 Tarde (Sin daños a terceros) – Ricardo Arjona

Justamente ahora
irrumpes en mi vida,
con tu cuerpo exacto y ojos de asesina.
Tarde como siempre,
nos llega la fortuna.

Tu ibas con él,
yo iba con ella,
jugando a ser felices por desesperados,
por no aguardar los sueños,
por miedo a quedar solos.

Pero llegamos tarde,
te vi y me viste,
nos reconocimos enseguida,
pero tarde.
Maldita sea la hora
que encontré lo que soñé,
tarde.

Tanto soñarte y extrañarte sin tenerte,
tanto inventarte,
tanto buscarte por las calles como un loco,
sin encontrarte.
Y ahi va uno de tonto;
por desesperado,
confundiendo amor con compañía.
Y ese miedo idiota de verte viejo y sin pareja,
te hace escoger con la cabeza lo que es del corazón.
Y no tengo nada contra ellos,
la rabia es contra el tiempo
por ponerte junto a mí,
tarde.

Ganas de huir;
de no verte ni la sombra,
de pensar que esto fue un sueño o una pesadilla,
que nunca apareciste,
que nunca has existido.

Ganas de besarte,
de coincidir contigo.
De acercarme un poco,
y amarrarte en un abrazo,
de mirarte a los ojos
y decirte bienvenida.

Pero llegamos tarde.
Te ví y me viste,
nos reconocimos en seguida,
pero tarde.

Quizás en otras vidas,
quizás en otras muertes.

Qué ganas de rozarte,
qué ganas de tocarte,
de acercarme a ti y golpearte con un beso,
de fugarnos para siempre,
sin daños a terceros.


Lo que no se lleva el viento…

¡Salid de la memoria evocadora
con vuestro amor, pues tengo frío ahora!
Sabed todos que os llevo de la mano.

Vuestras sombras estallan como un mito
de vez en cuando aquí. Sois lo bendito,
hombres que me servisteis de verano.

Carilda Oliver Labra –
Hombres Que Me Servisteis De Verano

Instantes

2000 – Él, de ojos marrones, cabellos negros y una piel tan blanca y suave a sus escasos 11 años, me dejó sus labios rojos, adornados con una pequeña cicatriz en el superior.

2002 – Cabellos rubios, oro viejo y sucio, mejillas siempre sonrojadas; este me contagió de besos solo revividos en sueños pero esperados en silencio.

2003 – Otro de nariz aguileña, sonrisa burlona, aliento de cigarrillos y amistades peligrosas me convirtió a Villena y su religión, sin siquiera conocerlo; también me mostró que la vida cabe en una gota.

2004 – Quién me iba a decir que el hermanito de 14 años de un compañero de aula me sorprendería con besos y caricias de adultos en aquel banco de un parque; yo tenía 15.

2006 – Tecnológico, un 4to piso, 3er año y él me embriagaba con sus perfumes caros y me sofocaba entre sus brazos fuertes sin siquiera tocarme, susurrando barbaridades a mi oído mientras ambos nos deseábamos en silencio; nunca dimos ni un paso.

2008 – Mégano, ¿cuántas bocas en una misma noche? una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… ya no recuerdo. Besos dobles, triples, cuádruples… pero me quedé con los de él y con su “EVIL” tatuado en los nudillos y el grifo del brazo derecho.

2009 – Honda Prelude año ’93, a 90 mph: mano, ingle, labios, dientes, piel, sudor, jadeos, lengua… semen. Pavimento bañado de lo que debieron ser seres humanos, huérfanos de esperanza a golpes de succión.

2010 – Present: Las confesiones duermen en mi y en ti.


A Raven became Poem…

The Raven – Edgar Allan Poe

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,
Over many a quaint and curious volume of forgotten lore—
While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,
As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.
“Tis some visiter,” I muttered, “tapping at my chamber door—
            Only this and nothing more.”


Ah, distinctly I remember it was in the bleak December;
And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor.
Eagerly I wished the morrow;—vainly I had sought to borrow
From my books surcease of sorrow—sorrow for the lost Lenore—
For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore—
            Nameless here for evermore.


And the silken, sad, uncertain rustling of each purple curtain
Thrilled me—filled me with fantastic terrors never felt before;
So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating
“Tis some visiter entreating entrance at my chamber door—
Some late visiter entreating entrance at my chamber door;—
            This it is and nothing more.”


Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer,
“Sir,” said I, “or Madam, truly your forgiveness I implore;
But the fact is I was napping, and so gently you came rapping,
And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door,
That I scarce was sure I heard you”—here I opened wide the door;—
            Darkness there and nothing more.


Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing,
Doubting, dreaming dreams no mortal ever dared to dream before;
But the silence was unbroken, and the stillness gave no token,
And the only word there spoken was the whispered word, “Lenore?”
This I whispered, and an echo murmured back the word, “Lenore!”—
            Merely this and nothing more.


Back into the chamber turning, all my soul within me burning,
Soon again I heard a tapping somewhat louder than before.
“Surely,” said I, “surely that is something at my window lattice;
Let me see, then, what thereat is, and this mystery explore—
Let my heart be still a moment and this mystery explore;—
            ’Tis the wind and nothing more!”


Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter,
In there stepped a stately Raven of the saintly days of yore;
Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he;
But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door—
Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door—
            Perched, and sat, and nothing more.


Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling,
By the grave and stern decorum of the countenance it wore,
“Though thy crest be shorn and shaven, thou,” I said, “art sure no craven,
Ghastly grim and ancient Raven wandering from the Nightly shore—
Tell me what thy lordly name is on the Night’s Plutonian shore!”
            Quoth the Raven “Nevermore.”


Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly,
Though its answer little meaning—little relevancy bore;
For we cannot help agreeing that no living human being
Ever yet was blessed with seeing bird above his chamber door—
Bird or beast upon the sculptured bust above his chamber door,
            With such name as “Nevermore.”


But the Raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only
That one word, as if his soul in that one word he did outpour.
Nothing farther then he uttered—not a feather then he fluttered—
Till I scarcely more than muttered “Other friends have flown before—
On the morrow he will leave me, as my Hopes have flown before.”
            Then the bird said “Nevermore.”


Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken,
“Doubtless,” said I, “what it utters is its only stock and store
Caught from some unhappy master whom unmerciful Disaster
Followed fast and followed faster till his songs one burden bore—
Till the dirges of his Hope that melancholy burden bore
            Of ‘Never—nevermore’.”


But the Raven still beguiling all my fancy into smiling,
Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird, and bust and door;
Then, upon the velvet sinking, I betook myself to linking
Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore—
What this grim, ungainly, ghastly, gaunt, and ominous bird of yore
            Meant in croaking “Nevermore.”


This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing
To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom’s core;
This and more I sat divining, with my head at ease reclining
On the cushion’s velvet lining that the lamp-light gloated o’er,
But whose velvet-violet lining with the lamp-light gloating o’er,
            She shall press, ah, nevermore!


Then, methought, the air grew denser, perfumed from an unseen censer
Swung by Seraphim whose foot-falls tinkled on the tufted floor.
“Wretch,” I cried, “thy God hath lent thee—by these angels he hath sent thee
Respite—respite and nepenthe from thy memories of Lenore;
Quaff, oh quaff this kind nepenthe and forget this lost Lenore!”
            Quoth the Raven “Nevermore.”


“Prophet!” said I, “thing of evil!—prophet still, if bird or devil!—
Whether Tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore,
Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted—
On this home by Horror haunted—tell me truly, I implore—
Is there—is there balm in Gilead?—tell me—tell me, I implore!”
            Quoth the Raven “Nevermore.”


“Prophet!” said I, “thing of evil!—prophet still, if bird or devil!
By that Heaven that bends above us—by that God we both adore—
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn,
It shall clasp a sainted maiden whom the angels name Lenore—
Clasp a rare and radiant maiden whom the angels name Lenore.”
            Quoth the Raven “Nevermore.”


“Be that word our sign of parting, bird or fiend!” I shrieked, upstarting—
“Get thee back into the tempest and the Night’s Plutonian shore!
Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken!
Leave my loneliness unbroken!—quit the bust above my door!
Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!”
            Quoth the Raven “Nevermore.”


And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting
On the pallid bust of Pallas just above my chamber door;
And his eyes have all the seeming of a demon’s that is dreaming,
And the lamp-light o’er him streaming throws his shadow on the floor;
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor
            Shall be lifted—nevermore!

 A ti que tanto te gusta.


Ana y el mancebo imberbe…

Muchacho loco: cuando me miras con disimulo de arriba a abajo
siento que arrancas tiras y tiras de mi refajo…

Muchacho cuerdo: cuando me tocas como al descuido la mano, a veces,
siento que creces y que en la carne te sobran bocas.

Muchacho loco – Carilda Oliver Labra

Pensándote…

Al mirar tus escasas fotografías, escuchar las canciones que me has regalado, al pensar en ti, no puedo evitar pensarte con morbo. Es insoportable reprimir las ganas de hacer tantas cosas. Al menos en letras haré realidad mis deseos.

 *****

Estoy en tu cuarto, otra vez, somos descargas eléctricas de nuestros cerebros, recuerdos que aun no son, pensamientos surrealistas de lo que será. Estás frente a mí, tus mejillas sonrojadas, tus manos nerviosas, tus ojos inquietos. Tiemblas. Has esperado muchísimo por este momento, pero tu cuerpo y tu mente no están preparados para lo que sucederá. Yo tampoco, a pesar de ser mayor que tu siempre he necesitado ser guiada la primera vez. La candidez se me activa completa y más al saberte tan joven, tierno, frágil. Solo atino a alargar el brazo y acariciar tu mejilla encendida. Te estremeces como hoja seca que cae en un torbellino de viento y polvo. Te miro como quien mira a un ángel caído y mi mano comienza a palpar tu piel de criaturita. Es suave al tacto, divina, digna de pleitesías, de alabanzas, de ofrendas carnales. Todo mi cuerpo siente la calidez de tu ser a través de mi mano, que se deleita en disfrutar de este roce imperceptible pero celestial.

Con ella rodeo tu nuca y tiro suavemente de ti hacia mi cuerpo, que te espera, suave y mullido. Te abrazo. Respiro tu fragancia suave y pura, la fragancia de un niño, el aroma de quien no ha pervertido sus carnes ni su espíritu en brazos similares a los que ahora te poseen. Estoy en medio de un campo de trigo, una pequeña zorra corretea a mi alrededor, y tu yaces acostado, mirando las nubes, divertido, inocente. Tu olor me transporta a lugares recónditos de mi corazón como ese donde habita la zorra juguetona. Te atreves al fin a rodear mi espalda con tus brazos, entre los cuales quedo exacta, a la medida, somos dos engranajes que se complementan, que fueron hechos para encajar perfectamente el uno en el otro. Tus dedos se hunden en mi carne, hasta que duelen, pero te dejo aferrarte a mí sin medir tus fuerzas, pues también me fundiría contigo si aun corriera por mis venas la vehemencia de tus escasos 18 años. Pero te abrazo como quien abraza un tesoro, con el miedo intrínseco de hacerte daño, con la bondad del jardinero que corta la rosa amada, luego de haberle prodigado todo tipo de cuidados.

Mis dedos se enredan en tu abundante pelo, siempre desordenado e irreverente. Acaricio tu cabeza, tu cuello, tu rostro infantil, entre suspiros. Solo disfrutamos del calor de nuestros cuerpos unidos, que se acoplan a las formas del otro, entre la sinfonía de nuestros latidos acelerados. Pero el deseo es irrefrenable ya, tomo tu rostro entre mis dos manos, y me acerco a ti, para posar mis labios en tu mejilla, muy cerquita de la comisura de tu boca. Te dejo un beso tierno, suave, caliente, preludio de otros más invasivos. Ladeas tu carita suavemente, buscando la fuente de tan deliciosa sensación. Tus labios rojos rozan los míos, que tiemblan al contacto. Realmente no esperaba tal osadía, me impacta tu comportamiento, he quedado anonadada y perdida por tan dulce muestra de que estás vivo, de que también me deseas.

Aprovechas mi desconcierto para tomar el control, hasta donde te lo permiten tu valor y tu experiencia. Ahora tú has puesto tus manos, esas que tantas veces desataron marejadas de sensaciones prohibidas en mi mente impúdica y sagaz, en mis mejillas. Me besas de lleno, sin medir tu pasión, me dejas degustar tu sabor divino y embriagador. Tus labios son tan suaves como la pulpa deliciosa de frutas tropicales, tan dulces como la miel y tan deleitantes como la misma ambrosía. Me es imposible procesar la subyugante calidez del contacto, la humedad de tu lengua que busca la mía entre gemidos entrecortados que salen de mis entrañas y la firmeza de tu juventud en mi vientre, apuñalando. Me siento desvanecer entre tus brazos, ambos nos estremecemos como niños, pero no te dejas amilanar, sigues en tu búsqueda, tu lengua exploradora prosigue investigando mi interior. Tus manos se deslizan despacio por mi silueta, desembocan en mi cintura, que aprietan para acercarme más a tu cuerpo, si es posible aun. Me sonrojo al sentirte de lleno fragante y enardecido en mi pelvis, gimo, te retuerces.

Me tomas de la mano y me recuestas en tu cama de sábanas blancas, te apoyas en el costado y me miras, nervioso e indeciso. Tus manos juguetean con mis cabellos revueltos y esparcidos por la almohada. Me miras y sé que te parezco hermosa, tal vez demasiado, tal vez sea demasiado. Sigo acariciando tu rostro infantil, mis dedos recorren tus labios, de sedosa textura, de un precioso color escarlata tenue, pero seductor. Los besas, tomando mi mano con la tuya, acariciando mi palma con tu pulgar mientras continúas besando toda la mano. Veo ansiedad y pánico en tus ojitos de cervatillo, veo que se acabó la osadía, solo queda una ternura infinita en tu mirada triste. Me levanto un poco y te dejo yacer a ti ahora, pequeño, ingenuo, delicado y mío. Ahora soy yo quien te mira, quien te descubre en cada aspirar e inspirar, todo nervioso, tembloroso, encantadoramente púber. Me inclino sobre ti y te beso, esta vez con la cadencia de mi edad, de mi relajada manera de disfrutarte, la cadencia que me define en el amor, la cadencia de la sensualidad.

Mi mano busca a la tuya y la estrecha, entrelazo mis dedos a los tuyos, los aprietas instintivamente, estás aterrado. “No temas”, te susurro al oído y beso tu cuello precioso, apetecible. No puedo resistir los deseos de saborear tu piel, de bojear con mis labios tus contornos y comienzo allí, en tu cuello de alabastro. La textura aterciopelada en mi boca es increíble, todo tú eres increíble. Una maravilla de la naturaleza inexplorada, virgen, rica. Prosigo en el descubrimiento de tierras desconocidas, desandando por tu pecho firme, que comienza a definir los músculos firmes, duros, que se tensan al sentir la humedad de mi lengua. Mientras tanto alzo la vista, sin dejar de hacer, para mirarte, como cierras los ojos y te dejas llevar por la corriente de mis aguas, que te arrullan y te transportan a dimensiones siderales. Me acomodo a tu lado, sentada, y acaricio tu abdomen con mis dedos, se siente tan bien que no puedo resistir los deseos de reposar sobre tu cuerpo. Me acunas en tu brazo y me abrazas, acaricias mi brazo con la punta de tus dedos, mientras acaricio tus piernas con las mías. Nos miramos, nos entendemos, estás deseoso, yo también lo estoy.

“Te amo”, te digo mientras comienzo a desvanecer entre tus brazos y vas quedando solo en la penumbra de tu habitación. El calor de nuestros cuerpos se ha fundido en uno y descansamos juntos, yo en tus brazos, ya casi imperceptible, luego de besar tu abdomen, sin traspasar esos límites que pensabas transgredir, pero que te guardo para el momento en que seamos más que descargas eléctricas de nuestros cerebros, recuerdos que aun no son, pensamientos surrealistas de lo que será.  

para Ale


Dirty things…

“Is sex dirty? Only if it’s done right.”

Woody Allen.

Dirtiest thing in sight.

Mouths and teeth; there is a jumble
of starving hands that massacre
the juicy flesh of my breasts, so tender.
Saliva trickling from my lips into yours;
you swallow it as ambrosia from the Gods.
– “Oh my lover, don’t be evil”
– “I’m the dirtiest thing in sight”.

Writing letters on my pelvis,
squeezing, biting, licking, painting.
Purple rings adorn the red skin;
my thighs are burning, I beg for mercy
while you lust the fruit, forbidden.
– “There is blood, my love, just stop it!”
– “I’m the dirtiest thing in sight.”

On my knees, humiliated,
I’m surrendered to your will.
There’s a button you are coveting;
blushes covered all my face
and I try to escape; I can’t.
– “Don’t do that, you sick! you pervert!”
– “I’m the dirtiest thing in sight.”


Un monde rouge (Un mundo rojo).

Tu vientre es una lucha de raíces, tus labios son un alba sin contorno.
Bajo las rosas tibias de la cama los muertos gimen esperando turno.

Federico García Lorca

Rojo.

Peligro. Pasión. Abundancia. Buenaventura. Comunismo. Armagedón.

El rojo es el color de las batallas, rojo campo, roja cama.
Sábanas rojas bajo mi piel, tierra roja bajo tus plantas.
Salud en mis labios, rubor avergonzado en mis entrañas.
Signo de fertilidad femenina. De mi vientre la abundancia.

El rojo es el color de la gula. Manzanas,  tomates, cebollas, filet mignon.
Fresas seductoras, jugosos pomelos; el exótico color de tu lengua mojada buscando el Sur.
El color de la “femme fatale”. Rojos cabellos, lencería carmesí, stilletos de tacón.
Labios en carmín cual tierna cereza, uñas escarlatas, el vestido rojo bermellón.

Rojos tus ojos, inyectados de locura. Roja y prohibida rebelión.
Envidia roja, sangre en la herida. El color de la insatisfacción.
Rojos celos los de aquel que enrojece de ira, señales de peligro, banderas.
Señales como surcos, tatuajes naturales; así marcan tus dedos mis caderas.


Una mujer desnuda y en lo oscuro.

*****Discúlpame por robarte las ideas mi camarero pero este poema es de mis preferidos. Te lo regalo pues en tus datos se ve la frase que da nombre al poema. *****

Una mujer desnuda y en lo oscuro.

Mario Benedetti


Una mujer desnuda y en lo oscuro

tiene una claridad que nos alumbra

de modo que si ocurre un desconsuelo

un apagón o una noche sin luna

es conveniente y hasta imprescindible

tener a mano una mujer desnuda.

Una mujer desnuda y en lo oscuro

genera un resplandor que da confianza

entonces dominguea el almanaque

vibran en su rincón las telarañas

y los ojos felices y felinos

miran y de mirar nunca se cansan.

Una mujer desnuda y en lo oscuro

es una vocación para las manos

para los labios es casi un destino

y para el corazón un despilfarro

una mujer desnuda es un enigma

y siempre es una fiesta descifrarlo.

Una mujer desnuda y en lo oscuro

genera una luz propia y nos enciende

el cielo raso se convierte en cielo

y es una gloria no ser inocente

una mujer querida o vislumbrada

desbarata por una vez la muerte.