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Buscándo(te)…

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Quizá la mayor equivocación acerca de la soledad es que cada cual va por el mundo creyendo ser el único que la padece.

Jeanne Marie Laskas

Estar solo se siente bien la mayor parte del tiempo. No tienes que complacer a nadie más que a ti mismo, no tienes que actuar, puedes incluso darte el lujo de ser un ser humano animalizado, puedes dejar de llenar el modelo social que rige el mundo. No hay palabras mal dichas, no hay tonterías con las cuales lidiar, nadie te lleva la contraria ni te enojas por cosas que no controlas.

Estar solo es conveniente cuando no tienes fuerzas ni ganas para dar explicaciones. No hay sombras ni fantasmas que te espíen por encima del hombro. Eres tú mismo y eres libre dentro de ti.

Estar solo es una bendición y un castigo.

No hay quien te abrace o te diga que te quiere. Nadie te prepara el café con leche en las mañanas. No tienes con quien compartir todo ese tiempo que posees y hasta te sobra.

Estar solo es triste.

Venimos solos al mundo con el objetivo de encontrar a aquellos seres que nos complementan. Perdemos la costumbre de estar solos desde que nuestra madre nos acoge en sus brazos. Salimos de un hueco oscuro y cálido buscando encontrar otro lugar tan cálido en el mundo pero con luz; añoramos la luz y la compañía.

Pero al final, siempre estamos solos – aunque acompañados – y nos vamos solos de nuevo a la tierra fría y oscura, sin haber hallado nunca ese pedazo que nos faltó siempre.


El poder de la sangre…

El ser humano viene programado genéticamente para desarrollar sentimientos de afecto por aquellos que lo rodean. Cada ser humano tiene una madre y un padre – que pueden no ser los biológicos, pero ese no es el caso ahora. Cada uno de nosotros tiene abuelos. Muchos tienen la dicha de tener hermanos, tíos, primos y así. Familias pequeñas, familias grandes, familias unidas, familias dispersas. El caso es que todos tenemos una historia y esa historia nos hace quienes somos.

No todos somos iguales, no todos expresamos nuestros sentimientos del mismo modo. Ni siquiera somos todos apegados a los nuestros. Entonces los vínculos de cariño no son siempre igual de fuertes ni se desarrollan con las mismas personas.

Pero por ley, a alguien – o álguienes – amamos en esta vida y por esos damos hasta lo que somos. Por esos sufrimos, lloramos. A esos necesitamos en los momentos de dicha y en los de dolor.

Por eso es que amar dividido es una condena. Cuando todo lo que amas no puede convivir en el mismo espacio tiempo. Cuando incluso esos que amas no pueden seguir en tu vida, por tu opción, la de ellos o la del destino. Cuando ya amar no es suficiente y tu corazón desea no sentir más – aunque calladamente.

Peor aún es no poder dejar de amar a alguno para complacer al otro. Peor es tener que escuchar palabras duras, no pensadas… que duelen como balas. Es ahí cuando algo se rompe, es ahí cuando algo comienza a morirse.

Ser un ser humano y amar es la tarea más difícil de esta tierra. 


Gata de nadie…

FEZ

Se le reprocha al gato su gusto por estar a sus anchas y por los muebles más mullidos: igual que los hombres. De acechar a los enemigos más débiles para comérselos: igual que los hombres. De ser reacio a todas las obligaciones: igual que los hombres una vez más. 

Jean Baptiste Say

-Si quieres algo conmigo ha de ser en mis términos.

Soy una gata de calle, de noche y de nadie. No intentes domesticarme porque solo acepto caricias de ocasión. No intentes poseerme pues no me doy completa. Soy de la noche y de otros gatos callejeros, como yo. Soy del viento y las alturas y de tan lista ni siquiera los sueños pueden atraparme.

– Si quieres seducirme deberás esforzarte.

Estoy hecha de frutas, nací de una semilla de mango pero si me muerdes te sabré a tamarindo. Te rechinarán los dientes y te llenarás de saliva, odiándome por ácida y deseándome por adictiva. Pero como las frutas, no saciaré nunca todo tu apetito, te dejaré pidiendo más.

– Si quieres deVorarme tiene que ser con V y en MAYÚSCULAS.

No me prometas nada, no hables, no te anuncies. Solo llega y muérdeme los labios y hazme un nudo de marinero entre sábanas. No me digas que me enseñarás cosas nuevas, estoy muy vieja para esos cuentos de camino. Solo mátame y déjame en pedazos agonizantes de placer.

– Si quieres que vuelva, procura no aburrirme.

Regálame un circo, invéntame un mundo solo para mí, lléname el patio de sombrillas de colores, regálame alas que vuelen con verbos y adjetivos, dime que soy un grano de arena, dibújame un camino de tiza que llegue al cielo, cómprame un helado de vainilla y bésame en la palma de la mano para que pueda agarrar el beso.

Pero si quieres que me quede contigo, debiste haber nacido otro hombre porque nunca te podré pertenecer.


Acaso existe…???

El amor eterno no existe. A veces amamos el sentirnos amados, amamos que nos amen, amamos amar… pero en realidad, no amamos a los demás, no amamos a nadie. Si amáramos en serio, el amor no se acabaría, ¿no?

Tengo miedo, ellas están indefensas, solitas y tan lejos… y yo no puedo hacer nada. Había alguien muy bueno, según palabras de ellas mismas, que las cuidaba, que las quería, que se ocupada de ellas… pero ya no estará más. ¿Y qué haré yo tan impotente, tan atada de manos, tan lejos de todo y de ellas más? ¿Cómo sabré que estarán protegidas en las noches en un barrio tan malo? ¿Cómo estar segura de que no les faltarán las cosas básicas que necesitamos todos? ¿Acaso se sentirán tan tristes como yo?

Perdónenme, yo fui egoísta. A veces ser joven se convierte en una maldición que nos impulsa a buscar quimeras, utopías que finalmente encontramos y se evaporan al intentar tocarlas. Yo soy joven y me fui, me fui de el nido en el que ustedes me hicieron la mujer que soy y las abandoné. ¡Llevo tanto tiempo sintiéndome culpable!

Confieso que quería hacerte daño mamita mía, por no haber estado cada vez que te necesité, por cometer errores, por no comprenderme. Quise herirte yéndome de ti. Y tú abuelita, me convenciste de que vendrías conmigo para luego decirme por teléfono que no, que te quedarías lejos, que ni siquiera el amor que sientes por mi te haría dejar tu hogar. ¡Me mentiste! Sé que lo hiciste altruistamente, para que no me quedara. Tú también pensabas que aquí encontraría lo que buscaba.

¿Y ahora qué? Ahora ustedes me extrañan, me ruegan verme y yo no puedo hacer nada, no puedo porque hay cosas que están fuera de nuestro poder. Y ustedes envejecen, van muriendo poco a poco en el suelo que me vio crecer… y yo ya estoy muerta, desde que las dejé.


Me han mata’o a Santa Claus!

Es una imagen dura pero sucede en algún lugar del mundo mientras nosotros nos tomamos nuestro delicioso café mañanero. Y tenemos aún el descaro de llamarnos justos, conscientes, buenas personas. 

Comienzo diciendo que soy algo crédula. No es que crea cualquier cosa que cualquiera me diga pues de hecho, soy bastante escéptica pero con la gente en la que confío soy muy inocente. Entonces ayer, teniendo una conversación sobre los trabajos y los negocios de la gente, quedó claro que siempre necesitan de algún infeliz del que beneficiarse para poder tener éxito.

Hablábamos de la cantidad de alimentos que se desechan a diario en muchísimos negocios de comida y que no haya una sola compañía que se encargue de recogerlos para donarlos a los desamparados, por ejemplo. Lo más jodido es que es comida fresca que al final de cada noche se bota pues ya no se puede servir a los clientes a la mañana siguiente. Es increíble, habiendo tanta gente en el mundo que no puede dormir con la barriga llena o con algo calentico en el estómago – de hecho, dudo que puedan dormir con hambre.

No sé cómo llegamos a hablar de que los dueños siempre se benefician de los otros en sus negocios y mi marido junto a un amigo, comentaban muy cínicamente, aunque en forma de broma, las verdades de la vida, esas en las que yo no había pensado nunca. Entonces me vino una pregunta a la mente y la formulé. “¿Entonces los dueños de funerarias están en su casa pidiéndole a dios que se muera bastante gente para así poder enriquecerse?” Y me respondieron al unísono: Si!

Fue como un balde de agua fría en mi cuerpo caliente. Me sentí tan mal! Ellos siguieron haciendo humor negro sobre el caso y yo me quedé sumida en mis pensamientos. ¿Cómo alguien puede comerse un trozo de carne sin pensar que lo tiene en la mesa gracias a fulano de tal que fue arrollado ayer? Sentí horror y se me erizó hasta el alma.

No pude más y dije que había gente buena en el mundo, que debía haber gente buena, que me rehusaba a creer que todos fueran tan mezquinos y egoístas. Dije que mucha gente hacía de voluntario para alimentar o desparasitar niños moribundos en África y nuestro amigo me dijo: “si, eso es para pagar menos taxes”. Otra cachetada para mi cuento de hadas, para mi mundo rosa.

Entonces hablamos también del plan de Obama referente a la salud y lo bueno que sería lograrlo. Me dijeron que a los que tienen todo no les conviene y que jamás se aprobaría. Peleé, discutí y por primera vez en la vida estuve agradecida de que los pobres, los miserables, los que nada tenemos, fuéramos la mayoría. Tal vez por ser mayoría logremos algo así.

Es doloroso, es doloroso darse de golpe en la cara con estas cosas, que siempre han estado ahí pero que la vorágine de la vida no nos deja ver. Nuestra superflua vida a veces nos hace infelices porque no podemos irnos de vacaciones a Hawai, cuando no tenemos el carro del año… nos quejamos de no tener zapatos sin pensar que hay otros que ni siquiera tienen pies.

La vida es triste…


Hangover…

Julio 25, 2012.

Mientras estuve ausente…

Ayer (Julio 24) fue el cumpleaños de uno de los pocos amigos que tenemos de este lado del charco. Mi marido tuvo que trabajar hasta las 10:30 pero yo no así que me fui con mi amigo, su esposa, la tía que cumple años hoy y el cuñado a The knife, un restaurante argentino, tipo buffet, de carnes. La pasamos muy bien, entre comida y risas. Su esposa se va el día 31 para Cuba por 17 días y estaban tomando videos y haciendo fotos para llevarle a su familia.

No sé si saben que yo no bebo mucho. Hace unos años era una completa abstemia pero al llegar a este país comencé a educarme – muy levemente – en el arte de beber. Me gusta la margarita pero con 2 me estoy riendo una noche entera, jajaja! Ayer me tomé dos jarras de cerveza y 4 o 5 copas de vino tinto, que me pusieron mareadita y sensible.

Evidentemente no me emborraché, jamás me he emborrachado en mi vida, en primera porque no suelo beber y en segunda, porque las veces que lo he hecho nunca paso del mareito y la risa – o el llanto en este caso. Me metí al baño y simplemente comencé a llorar y lloré mucho pero no hasta calmar todas las ganas. No quería que nadie supiera que lloraba pues celebrábamos un acontecimiento feliz.

Supongo que el ambiente festivo, el viaje de mi amiga, estar sin mi tuti y el pensar en mi familia y todas esas cosas me hicieron flaquear. Terminé llorando nuevamente en los brazos de Alicia – la esposa de mi amigo y mi amiga -, mientras ella intentaba consolarme. Pensaban que estaba borracha y me atrevo a asegurar que el cuero que me espera además de las bromas, no serán fáciles.

Siempre he sentido aversión por la bebida o mejor dicho, por sus efectos. Crecí con un padre alcohólico, entre tíos, primos y un abuelo alcohólico. Eso me creó un trauma y siendo pequeña culpaba a la bebida, cuando realmente solo es culpable el consumidor. Por muchos años reusé beberme un trago de alcohol pero poco a poco crecí y aprendí a compartir, solo bebiendo lo necesario y cuando realmente lo deseo.

Pocas veces he bebido pero siempre recuerdo que me da por reírme. Esta vez me dio por llorar y por llorar mucho, con mucho dolor. Supongo que el alcohol aflora los sentimientos y estados de ánimo y al uno estar triste, eso es lo que refleja.

Al acostarme en casa mi marido comenzó a preguntarme por qué había llorado pero yo no quería hablar del tema. Apelé al sueño y lo dejé para irme con Morfeo. Sé que se molestó porque no entiende que a veces la mejor cura es el silencio, el olvido, no el hablar sobre lo que duele.

Y los dejo con dos fragmentos de mi libro preferido pues el otro día se lo presté a un amigo y le dije que era increíble que en un libro tan pequeñito hubiera tantas cosas, que siempre uno se encuentra algo referente a la propia vida. Espero les guste…

***

El siguiente planeta estaba habitado por un bebedor. Esa visita fue muy corta, pero hundió al principito en una gran melancolía:

 – ¿Qué haces ahí? – le dijo al bebedor, que encontró instalado en silencio ante una colección de botellas vacías  una colección de botellas llenas.

– Bebo – respondió el bebedor, con aire lúgubre.

– ¿Por qué bebes? – le preguntó el principito.

– Para olvidar – respondió el bebedor.

– ¿Para olvidar qué? – inquirió el principito, que ya lo compadecía.

– Para olvidar que tengo vergüenza – confesó el bebedor, bajando la cabeza.

– ¿Vergüenza de qué? – se informó el principito, que deseaba socorrerlo.

– ¡Vergüenza de beber! – concluyó el bebedor que se encerró definitivamente en el silencio.

Y el principito se fue, perplejo.

Los adultos son decididamente muy pero muy extraños, se decía a si mismo durante el viaje.

***

No pudo decir nada más. Estalló bruscamente en sollozos, Había caído la noche. Yo había soltado mis herramientas. Bien me burlaba de mi martillo, de mi bulón, de la sed y de la muerte. ¡Había en una estrella, un planeta, el mío, la Tierra, un principito para consolar! Lo tomé entre mis brazos y lo mecí. Le decía: “La flor que amas no está en peligro… Dibujaré un bozal para tu cordero… Te dibujaré una coraza para tu flor… Te…” No sabía cómo alcanzarlo, dónde encontrarlo… Es tan misterioso el país de las lágrimas.


Impotencia y vejación…

La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua.

 Miguel de Cervantes

Hoy voy a hablar de un tema muy delicado y que, por desgracia, me toca muy de cerca.

Supongo que desde que el hombre es hombre existe el acoso sexual – aunque sin ser penado o siquiera reconocido al principio – pues también desde que el hombre es hombre existen los vicios. Es cierto que el acoso sexual existe sin distinción de géneros y el victimario puede ser tanto un hombre como una mujer pero no podemos negar que es más común que las víctimas seamos las féminas. No sé si por nuestro carácter más dulce, por nuestra apariencia indefensa o por nuestra belleza, a veces tergiversada en objeto sexual.

El caso es que hace muchos años que no había estado en presencia de un caso, desde una vez que yo misma fui acosada, siendo solo una niña. Una persona que estimo mucho fue acosada hoy y fui testigo de una escenas, aparentemente casual y verdaderamente premeditada y asquerosa. Ella caminaba rumbo a su oficina cuando un compañero de trabajo de algún rango se cruzó con ella, para beneplácito de todos, justo en frente de una cámara de seguridad. El tipo – pues no puedo llamarlo de ninguna otra forma humana y no quiero ser grosera, aunque justa – no guardó la distancia que debió y le pasó casi rozando, mientras con su mano, en ademán de tocarle el talle, se deslizó de manera natural y rápidamente por su trasero.

Yo vi la imagen, la vi dos veces para estar segura y a primera vista parecía un simple error, una casualidad, algo sencillo, sin malicia. La segunda vez que la vi sentí odio y me di cuenta se la saña, de la lascivia, de la vejación en toda su magnitud, aunque disfrazada de gesto amable. No hablaré del desenlace, no hablaré de lo que sucedió después, ni siquiera hablaré de mi papel en este turbio asunto. Quiero reflexionar sobre el hecho aislado, sobre el acoso en general, sobre la humillación, sobra la violación en si.

Me pregunto, ¿qué le da el derecho a otra persona a invadir tu privacidad cuando tú, evidentemente, no le has dado señal alguna de que puede acercarse a tu persona? Eso me jode a mi, me jode mucho y sobre todo porque no soy adepta del contacto físico. Soy muy fría, lo confieso, incluso con mis seres queridos… ni qué decir la distancia que mantengo con la gente extraña, con quienes no tengo confianza ni roce alguno. Mi espacio personal es algo sagrado y solamente yo puedo darle permiso a otra persona para acercarse, gradual y únicamente hasta el punto que yo le permita.

Cuando alguien se aprovecha de su superioridad – dígase de género, de fortaleza, de rango, de inteligencia o de lo que sea – para violar el derecho de otra(s) persona(s) de gobernar sobre su anatomía, simplemente creo el mundo es un lugar muy sucio, sobre todo cuando sucede impunemente. Las mujeres hemos sido víctimas desde que el mundo es mundo por ser, desgraciadamente, inferiores físicamente hablando y tener desventaja a la hora de defendernos de los hombres.

El mundo está lleno de caballeros que al saber de estas cosas se indignan y hasta toman la justicia en sus manos para vengar la afrenta pero también está llena de cabrones que se valen de su fuerza para transgredir la puerta que la mayoría de las mujeres mantenemos cerradas para el mundo, hasta que nos sentimos confiadas o impulsadas a abrirla de a poco para aquellos que realmente merecen entrar.

Hoy es un día triste pues hoy se ha violado una regla que habría de ser inviolable y que – es una pena pero es real – nunca verá justicia en todos los casos.


Necesito tiempo…

Cuando comencé el blog pasaba por una etapa de mi vida difícil, caótica, depresiva… el blog me ayudó, me inspiró, de entretuvo, me alimentó. Escribir me dio vida, me hizo sentir útil. Desde septiembre de 2011 he escrito mucho; había mucho de donde sacar y aunque pasé por estados se sequía, siempre sucedía algo que me sugería historias, reflexiones, alegrías… siempre tuve algo que contar.

Es obvio que hace como 2 meses no escribo como antes. Lo real es que no he escrito nada y el blog sigue a flote gracias a las etapas más prolíficas, cuando se me acumularon hasta 10 posts a una vez y los guardé, para dosificarlos y tener siempre algo que publicar. Realmente, hace meses que no escribo ni una sola letra.

Dicen que cada escritor atraviesa una etapa de sequía creativa y supongo que la mía llegó ya. Se venía anunciando, sutilmente desde hace tiempo hasta que se me hizo evidente esta mañana. Ya no quiero escribir, ya no quiero leer, ya no quiero cometer errores, ya no quiero saber nada más. Le dije esta mañana a una amiga mientras le pedía perdón, “el conocimiento a veces nos hace infelices”.

Saber, saber lo que se supone que no sepa, lo que otros no quieren que sepa pero que no saben ocultar de mi, eso me está matando. Saber lo que quiero o no saber lo que quiero, saber lo que no puedo hacer. Saber mis limitaciones, saber lo que es la lealtad, saber lo que es el tiempo y verlo desvanecerse a veces y correr tan lentamente en ocasiones. Saber que me esperan, saber que no puedo llegar allí. Saber que me aman, saber que me perdonan, saber que confían en mi, saber que no puedo decepcionarlos. Saber todo lo que me hace infeliz pero no saber lo único que necesito saber, que deseo saber.

Sé lo que me está haciendo daño, pero no sé cómo evitarlo, no sé cómo salir de esta tormenta…

Tal vez esta no sea la solución a ninguno de mis problemas pero les debo consideración y respeto, a ustedes que me leen y que han tenido la amabilidad de no preguntar, de no quejarse cuando nada nuevo les cuento. Me voy.

Sin muchos dramatismos porque no me gustan, pero me retiro del blog por un tiempo – indefinido. Lo más probable es que vuelva pero no sé cuánto tiempo estaré ausente. Ya no tengo nada que decir, cuando las palabras regresen, también yo regresaré.

Perdónenme, no los abandono, solo necesito tiempo…