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El hombre perfecto I…

El hombre perfecto te dice que no. Te dice que no mientras ruegas, lloras y pataleas. Te dice que no mientras enloqueces y te hablas el pelo.

El hombre perfecto espera a que dejes de pedirlo, a que te resignes a que “no es no”, a que aprendas quién manda y a quien debes respetar por encima de todo. Entonces, solo entonces…

… te lo da.


Un mar de hombres para mí…

Fingers Cave
Sutil llama arde en tu corazón,
y aniquilas con el roce de otro cuerpos,
inertes portadores de infortunios.
No prolongues tu naufragio en mudas bocas;
unge tu alma con la savia de tu sangre.
Es el ave y no medusa tu amuleto.

Cecila Solis

Anoche tuve un sueño. Soñé que caminaba entre hombres. Había hombres altos, delgados, atléticos. Había hombres blancos, hombres morenos, hombres azules. Algunos tenía la piel blanca y perfecta, como de cera. Otros tenían labios rojos, como las mujeres. Había par de ellos con ojos grises como gatos y mirada indescifrable. Abundaban los ojos marrones y las cejas tupidas. No faltaban los que tenían el cabello como el trigo o las zanahorias.

Eran cientos y yo deambulaba entre todos ellos. Me escondía detrás de este, correteaba frente a aquel, le susurraba algo al oído a algún otro. Todos me seguían con la mirada, todos, con sus pupilas dilatadas. Y todos eran diferentes pero iguales. Ninguno llevaba ropa. Yo tampoco.

Y era como si yo fuera la maestra de ceremonias de una orquesta perfecta. Yo levantaba las manos y ondeaba el pelo y ellos me seguían con sus falos. Sus instrumentos todos apuntaban a mis senos, a mis nalgas, a mi pubis. Y yo daba volteretas, bailaba al compás de la melodía que tejían sus jadeos. Y todos, ellos, yo, sudábamos. Y yo reía, reía a carcajadas, como loca, mientras ellos me comían toda…


Definición de miedo…

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Atea, diabólica o católica.
No importa todas gritan igual como sinfónica.

Suave – Calle 13

 

La pregunta que más miedo me provoca:
“¿Quieres que te la saque?”


Desnuda…

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Puedes venir desnuda a mi fiesta de amor. Yo te vestiré de caricias.

Hexaedro Rosa V – Ruben Martinez Villena

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III

Dolores atrajo hacia sí a Richard, que hasta ese momento había estado arrodillado a sus pies besando sus manos, y le susurró algo al oído, para luego besarlo en la mejilla. Richard se arrodilló de nuevo, muy sonrojado y, metiendo sus manos hábiles por debajo del vestido escarlata, comenzó a quitarle los botines. George se quitó la chaqueta y el chaleco y siguió besando el cuello y los hombros de dolores mientras ella sonreía y gemía de a ratos. Richard la desembarazó de las medias y comenzó a besar sus pies desnudos, centímetro a centímetro.

Alex apretó la copa de vino con fuerza y apretó los dientes, respirando profundo, pero no se movió del lugar desde donde observaba. Dolores clavó sus ojos negros en los de él mientras George comenzaba a desatar los botones a la espalda de su vestido. Richard seguía besándola toda: los dedos delicados, el empeine, los tobillos, las pantorrillas esbeltas.

George volvió a tomar la iniciativa y la ayudó a levantarse, ofreciéndole su mano. Richard se levantó también y se quedó en mangas de camisa. Dolores estaba ahora de pie, de frente a George que la besó en los labios. Richard siguió desnudándola, pieza por pieza. Primero el vestido rojo, luego el corsé de seda y finalmente el camizón. En este punto, Dolores los detuvo a ambos y caminó hasta Alex, que seguía observando y bebiendo vino. Se detuvo frente a él y con un movimiento preciso aunque delicado, desató las enaguas que cayeron por sus piernas hasta el piso, quedando completamente desnuda delante del hermano mayor.

Alex mantuvo sus ojos en los de ella y sonrió con un poco de amargura. Puso la copa de vino en la cómoda, buscó la mano de Dolores sin bajar la vista y le depositó un beso suave. Al mismo tiempo, ponía la mano en su bolsillo y sacaba un pañuelo de seda. Con un pase rápido la hizo darse la vuelta y le puso el pañuelo en los ojos y se lo amarró en la nuca. Sin hacer pausa la tomó por la espalda y debajo de los muslos y la levantó en vilo. Dolores sintió que se movía en el aire y dejó escapar un gritico. Por un momento perdió el control de la situación y luchó pero el abrazo de Alex era demasiado firme como para poder desembarazarse.

– Tranquila, Lola. No va a pasaros nada que no queráis. ¿Confiáis en mí? – Alex le susurró al oído y le besó el pelo. Ella se abrazó a su cuello y se dejó llevar.

Alex la depositó en el lecho blanco, con delicadeza. Dolores intentó destaparse los ojos pero Alex se lo prohibió con su mano. La atrajo hacia sí y situó las manos delicadas de la mujer en su solapa, indicándole, instintivamente, que comenzara a desvestirlo. Dolores no titubeó. Su esposo era un ángel, como ella les había confesado, pero no les dijo que en materias de sexo era muy conservador. En 3 años de matrimonio, nunca se vieron desnudos. Lo más audaz que pudo hacer fue desvestirlo en total oscuridad, palpando cada parte de su cuerpo. Ella nunca había estado desnuda en presencia de ningún hombre hasta ese momento.

Alex se dedicó a contemplar el cuerpo desnudo de la mujer mientras ella quitaba cada pieza con habilidad y destreza. Tenía el cabello abundante y frondoso y olía a frutas. Su cuello era delicado y desembocaba en los brazos delicados y femeninos. Su cintura era estrecha y sus caderas amplias, los muslos torneados, las nalgas redondas. Sus senos eran perfectos. Se detuvo un poco en las aureolas trigueñas y memorizó la curva provocativa del pezón a la costilla. No pudo resistir rozarla con el dedo. Ella se sobresaltó, no lo esperaba. Se mordió el labio y prosiguió abriendo los botones de la blanca camisa.

El ombligo marcaba el comienzo de su área más privada y justo allí comenzaba un surco de vellos delicados que bajaban y se perdían en el monte de venus negro, tupido y suave, donde se formaba un triángulo perfecto, divino. Era una mujer exquisita de pies a cabeza.

… continuará.


The Lady in Red…

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I’ve never seen you looking so gorgeous as you did tonight
I’ve never seen you shine so bright, you were amazing
I’ve never seen so many people want to be there by your side
And when you turned to me and smiled, it took my breath away (…)

The Lady in Red – Chris De Burgh

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II

Era evidente que George era un casanova y esta no era la primera vez que se encontraba en esta situación. Los ojos de Richard brillaban y Dolores comprendió que, tal vez teniendo menos experiencia que sus hermanos, su imaginación no tenía límites, además, su gran conocimiento de la anatomía humana lo ayudaba a no estar en desventaja junto a sus hermanos.

Alex era un misterio. Su formación militar lo hacía parecer indescifrable. Dolores intuía que no había nada que aquel hombre no hubiese experimentado ya en su vida. Sus ojos reflejaban los incontables horrores que había presenciado pero también una agudeza increíble para comprender los azares de la vida. La incertidumbre la hacía sentirse aún más intrigada.

– Ricardo – le dijo, haciéndole una seña con la mano para que se acercara. – Todos me llaman Lola, ¿os gusta? – se quitó los guantes y acarició la mejilla del muchacho que tragó en seco.

– Mucho, mi señora – dijo él y besó el la palma de su mano.

– Lola, me encantaría veros sin la máscara – dijo George, evidentemente más atrevido y sin un  ápice de vergüenza. Ella asintió y le brindó su otra mano a Richard que continuó besándoselas con ternura. George se situó a su espalda y comenzó a desatar las cintas de seda que mantenían la máscara en su sitio. Cuando hubo terminado, tomó la delicada pieza con sus manos y dejó el rostro de Dolores al descubierto.

Era incluso más bella de lo que habían imaginado. Sus ojos almendrados brillaban, serenos e inteligentes. Sus cejas negras y tupidas complementaban la frente amplia. La nariz respingona y desafiante terminaba en un huequito adorable sobre su labio superior.

Alex se sirvió una copa de vino mientras los observaba, recostado a la cómoda. Su mirada se volvió más seria y atenta cuando George comenzó a deshacer los bucles y el cabello de Dolores comenzó a caer en cascada sobre sus hombros. Alex vio como las pupilas de ella se dilataron cuando George apartó la cabellera y depositó un beso suave en su cuello y sus propios ojos brillaron cuando a ella se le escapó un gemido suave.

… continuará.


Esa lengua de fuego…

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(…) y entre tus muslos de marmórea piedra,
entretejí con besos una hiedra
que fue subiendo al capitel sombrío.”
Soneto – Rubén Martínez Villena

Allí donde nacen los suspiros, donde se cosechan los mejores estertores de amor… allí llega esa lengua de fuego a quemar entrañas, a revolver sensaciones.

Los labios estaban dormidos, callados, pero la lengua de fuego armó una fiesta de maullidos. No quedó ojo cerrado y terminé viendo constelaciones que nadie ha descubierto cuando tu lengua me sirvió de catalejo.

Pero la lengua de fuego no viene sola al encuentro. Se trae a sus amigos los malvados dientes y los labios suaves y hasta a diez dedos revoltosos que no respetan fronteras ni puertas cerradas.

Y comienzan a bailar los labios… los seis, entre todos. Se suma la lengua de fuego para alentar y calentar el ambiente. Un dedo se suma, entra el segundo en el “círculo cerrado” de amigos… un tercero. Y se escucha un grito que no puede ser otro que G que se ha emocionado.

Y se tensan el abdomen, los muslos. Se cierran las nalgas, se aprietan los dedos de pies y manos. Todo comienza a temblar, a estallar.

Y los labios se embriagan, los dedos se ahogan en jugos, la lengua se consume en la erupción que ha provocado.

Pero la fiesta no se acaba, solo está comenzando…


Toccami – Lara Fabian

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Toccami

Chissà quando sarà uno ora chi lo sa
Forse solo un minuto
Da quando guardi in me
Il tempo sembra che
Scompaia in assoluto
Avvicinandomi
Sento la febbre che
Sale con me corre una fionda

Toccami
Dai su bruciami la pelle
Toccami
Ancora
Parlami
Una lingua strana
Che solo sia capita
da me

Chissà da dove viene
La sensazione che
Rivivo un’altra vita
Io conoscevo te
Ma non sapevo se
Co avrebbe riuniti
Questo destino che
Balla davanti a noi
L’ultimo passo di un amore

Toccami
Non lasciare fare al vento
Prendimi
La mano
Toccami
Fai l’amore con il tempo
Sfidalo, scongiuralo se puoi

Tócame

Quién sabe cuando será
se que sera ahora
Quizá solo un minuto
Quando me miras
el tiempo parece que
desaperece por completo
Se está acercando a mi
Siento la fiebre que
Sale y me como una honda

Tócame
quemame toda la piel
Tocame
más
Hablame
con un idioma extraño
que solo pasa a ser parte de mi

Quién sabe de donde viene
esa sensación que
vuelvo a vivir una y otra vez
Te conoci
pero yo se que si
nos hemos reunido
Este destino que
Baila delante de nosotros
el ultimo paso de un amor

Tócame
no dejes que sea
el viento quien lo haga
Llevame
de la mano
Tocame
y hazme el amor
con el tiempo
Este desafio, no lo podras evitar

Touch me

Who knows how long has it been, who can tell
Maybe it was just a minute
You’ve looked inside me
And time seemed to
Fade away in the absolute
While getting closer to you
I feel the fever that
Gets higher in me

Touch me
Come on, burn my skin
Touch me
Again
Talk to me
In a foreign/weird language
That only I
Can understand

Who knows from where comes
This feeling that
I’m living again, in an another life
I knew you
But I didn’t know if
(Destiny) would ever bring us together again
This destiny that
Dances in front of us
Its last step of a love story

Touch me
Don’t let the time take the lead
Take me
By the hand
Touch me
Make love with the time
Defy it, avoid it if you can

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La Mujer Real…

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El mío, el importante, el que me dura;
perfecto como el jueves o el verano.

Éste – Carilda Oliver Labra

La Mujer Real no se avergüenza de sus carnes, no esconde sus estrías ni su celulitis. La Mujer Real está feliz consigo misma porque el Hombre Real la encuentra irresistible sin muchos retoques, así como ella es.

La Mujer Real tiene los mismos pezones sensibles y la espalda flexible que las demás. El Hombre Real se endurece con su olor a mangos maduros y su sabor a sal. Él mete sus dedos entre la maraña enredada de cabellos sin peinar y degusta la espalda curvada de la Mujer Real. Ella empina el culo sin pudor, como toda Mujer Real, puta y provocativa.

La Mujer Real dice palabras sucias y se muerde los labios, degustando el sabor de la osadía. Al Hombre Real le le da una punzada de deseo cada vez que ella lo mira con ojos de pantera y se estira y revuelve entre sábanas, porque sabe que la Mujer Real está dispuesta y lo llama.

La Mujer Real conoce los azares del amor y se desnuda las penas y los “ay no” antes de presentarse ante el Hombre Real; su dueño y señor, su sirviente y vasallo. El Hombre Real siempre la toma, agradecido y le devuelve el favor con suspiros que a ella le salen de entre las piernas en forma de mariposas mojadas.

La Mujer Real no teme nada. La Mujer Real lo prueba todo. La Mujer Real lo puede todo porque el Hombre Real la adora.