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El hombre perfecto I…

El hombre perfecto te dice que no. Te dice que no mientras ruegas, lloras y pataleas. Te dice que no mientras enloqueces y te hablas el pelo.

El hombre perfecto espera a que dejes de pedirlo, a que te resignes a que “no es no”, a que aprendas quién manda y a quien debes respetar por encima de todo. Entonces, solo entonces…

… te lo da.

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La Mujer Real…

mujereal

El mío, el importante, el que me dura;
perfecto como el jueves o el verano.

Éste – Carilda Oliver Labra

La Mujer Real no se avergüenza de sus carnes, no esconde sus estrías ni su celulitis. La Mujer Real está feliz consigo misma porque el Hombre Real la encuentra irresistible sin muchos retoques, así como ella es.

La Mujer Real tiene los mismos pezones sensibles y la espalda flexible que las demás. El Hombre Real se endurece con su olor a mangos maduros y su sabor a sal. Él mete sus dedos entre la maraña enredada de cabellos sin peinar y degusta la espalda curvada de la Mujer Real. Ella empina el culo sin pudor, como toda Mujer Real, puta y provocativa.

La Mujer Real dice palabras sucias y se muerde los labios, degustando el sabor de la osadía. Al Hombre Real le le da una punzada de deseo cada vez que ella lo mira con ojos de pantera y se estira y revuelve entre sábanas, porque sabe que la Mujer Real está dispuesta y lo llama.

La Mujer Real conoce los azares del amor y se desnuda las penas y los “ay no” antes de presentarse ante el Hombre Real; su dueño y señor, su sirviente y vasallo. El Hombre Real siempre la toma, agradecido y le devuelve el favor con suspiros que a ella le salen de entre las piernas en forma de mariposas mojadas.

La Mujer Real no teme nada. La Mujer Real lo prueba todo. La Mujer Real lo puede todo porque el Hombre Real la adora.


Titiriteras…

titiritera

Yo soy el titiritero en la obra del destino, no el títere en el escenario del tiempo.

Jose Luis Rangel

Él la vio desde el otro extremo del parque. Ella ya lo había visto antes, cuando se le cayó el helado en la camisa.

Él entró a la librería detrás de ella para abordarla en un ambiente más íntimo. Ella entró a la biblioteca al verle los lentes de miope y la carpeta llena de hojas.

Él se le acercó en la sección de poesía y le citó a Villena, comenzando el cortejo. Ella se dirigió a esa sección para propiciar el primer contacto y facilitarle el pie forzado.

Él la invitó al cine pues la adivinó cinéfila. Ella le dejó pistas y le sugirió casi imperceptiblemente que amaba el 7mo Arte para lograr la primera cita.

Él le echó el brazo por encima y le dijo “no llores” cuando murió la heroína. Ella se sabía la peli de memoria de tanto verla pero fingió el llanto para lucir vulnerable.

Él la besó en la puerta en un arranque de ímpetu, esperando una bofetada. Ella se quedó en la puerta al llegar y lo miró de lado con ojos de luna, enviándole señales para ser besada.

Él la despojó de su vestido blanco y le hizo el amor como a una flor de loto. Ella transpiró feromonas para él hasta sudar su deseo por los poros.

Él le pidió matrimonio y le engendró dos hijos. Ella lo enamoró y lo hizo necesitarla hasta no querer perderla.

Él, eventualmente, dejó de verla como su novia de siempre y comenzó a alejarse. Ella se aburrió de él y sus defectos y dejó de comportarse como su novia de siempre.

Él comenzó a buscar en otros lares lo que en su hogar ya no recibía. Ella dejó de amarlo, de atenderlo y hasta de tocarlo, buscando que la odiara.

Él no pudo con el cargo de consciencia y lo confesó todo en una tarde de domingo. Ella comenzó a acosarlo, sabiéndolo culpable, hasta que logró una confesión.

Él se fue de la casa, le dio el divorcio y le dejó a los niños y una  pensión. Ella fue, finalmente libre y siguió con su vida otra vez.

Moraleja: Cuando los hombres creen que llevan la iniciativa en todo, generalmente somos las mujeres que estamos halando de sus hilos invisibles, haciéndolos hacer lo que queremos y esperamos. No se crean tan innovadores 😀