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*A mi madre…

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A mi madre – José Martí

Madre del alma, madre querida,
Son tus natales, quiero cantar;
Porque mi alma, de amor henchida,
Aunque muy joven, nunca se olvida
De la que vida me hubo de dar.

Pasan los años, vuelan las horas
Que yo a tu lado no siento ir,
Por tus caricias arrobadoras
Y las miradas tan seductoras
Que hacen mi pecho fuerte latir.

A Dios yo pido constantemente
Para mis padres vida inmortal;
Porque es muy grato, sobre la frente
Sentir el roce de un beso ardiente
Que de otra boca nunca es igual.

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A nuestros viejos…

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Mi abuela

Nuestros viejos no son eternos y aunque nunca pensamos en esas cosas, un día nos tendrán que dejar. Cuando hablo de viejos me concentro en los abuelos pues por mi edad, mis padres sin jóvenes y fuertes y me los imagino octogenarios.

Yo sé que todo el mundo no piensa igual pero al menos yo venero mucho a esos viejitos. Juro que se me enternece el alma cuando veo a un ancianito. Surten un efecto en mí que ni los bebés provocan. Y es que sobrevivir tantos años a esta vida de mierda, y sobre todo con tanta dignidad, es un acto heroico. Eso me merece mucho respeto.

Pero al final, la jodida vida se va llevando de poco en poco a todos esos angelitos arrugados a un lugar mejor, a decir de muchos, pero la verdad es que nunca se van. Se quedan en cada rincón de nuestra casas, en cada cuento de la niñez, en cada olor del pasado.

Y yo miro a mi alrededor y pienso que puedo sentirme dichosa pues mi angelito aún existe. Y allí está entre sus matas del patio, con sus libros y tarecos guardados, pensando en mí y en quién sabe cuántos más recuerdos que se le borran poquito a poco de sus oxidada memoria. Y yo estoy lejos y ella no quiere dejar su pedacito y por ley de la vida yo tengo que vivir caminando hacia adelante no hacía atrás.

Pero la quiero y la añoro y también pienso mucho en ella. Entre tantos otros sueños de un futuro que quiero, mis recuerdos del pasado, casi todos tienen su matiz personal. Casi toda yo soy un producto de lo que construyeron sus manitas viejas y doloridas. Casi todo lo que pienso viene de lo que me enseñó ella de la vida.

Soy quien soy gracias a mi abuela y no me veo en un mundo donde ella no exista pues el mundo lo inventó ella para mi. Larga vida a mi abuela y a todos los abuelitos del mundo, en su pedacito de tierra o en su pedacito de cielo.

Larga vida!!!

A mi amiga Thais y a nuestra abuelita Chuchita,
que descance en paz
y por supuesto, a mi abuela Águeda.


Crónicas de mi abuelita – 3

abuelaMi abuelita y yo – Mayo 2013

¿Leones? Esas son cosas de tu abuela!

El abuelo Pepe

Mi abuelita es lo más lindo que yo tengo en la vida; creo que ya lo he dicho antes. Una de las razones, entre muchas, es que mi abuela siempre fue muy creativa conmigo. Gracias a mi abuela yo puedo decir que crecí llena de historias, de fantasías y personajes mágicos. Ella, con su dulce hacer, formó a la mujer sensible e imaginativa que soy.

Cualquier madre o abuela, cuando los niños no quieren comer, le dicen que la cuchara es un avioncito y cosas así. Mi abuela me regaló dos gigantes que viven en un castillo; uno que come monedas y otro que no se llena nunca. Ella nos llevaba a mi primo Raulito y a mi al Museo de Ciencias Naturales, cuando estaba en el ala oeste del Capitolio y nos decía que no tocáramos nada y yo, chiquitica y del mamey, cuando apenas comenzaba a caminar y hablar, le decía a mi primo, muy seria: “Agüito, manito atrá”. También nos llevaba caminando desde la Virgen del Camino hasta la casa en San Francisco pues siempre ha sido una caminante incansable.

Mi abuelita estaba casada con el abuelo Pepe cuando yo nací. El abuelo Pepe no era mi abuelo, mi verdadero abuelo murió cuando mi mamá era pequeña pero el abuelo Pepe llegó después de muchos años. Lo recuerdo vagamente pero sé que era un mulato de cara dulce y cabello cano – siempre tuvo canas, en mi recuerdo nació siendo viejo. Era muy bueno y yo lo quería mucho pero eventualmente la relación terminó y el abuelo Pepe se fue.

Yo tenía como 3 o 4 años solamente pero lo extrañaba mucho y me resultaba muy raro que mi abuelo no estuviera más. Todos los días le preguntaba a mi abuela “¿y el abuelo Pepe?” y mi abuela me inventaba excusas simples de abuelas simples pero yo no me quedaba convencida. Así le preguntaba casi a diario, dos y tres veces por día y mi abuela seguía dándome respuestas que todas las demás abuelas usaban para tranquilizar a sus nietos y yo seguía, insistente.

Un día mi abuela me llevó al zoológico y justo en frente del foso de los leones regresó la pregunta, “abuela, ¿dónde está el abuelo Pepe?” y supongo que le colmé la paciencia pues mi abuela siempre dulce me soltó un “¡No me preguntes más por el abuelo Pepe, niña! ¡Mira, al abuelo Pepe se lo comieron los leones!” que me dejó de piedra. En ese momento comencé a llorar y la tomé con un león flaco y mudo que descansaba. “León malo, ¿por qué te comiste a mi abuelo Pepe?” pero no se habló más del tema.

Supongo que aquella respuesta, digna de mi abuelita, satisfizo mi curiosidad y como niña al fin, nunca más pregunté por el abuelo Pepe pues mi abuela me convenció. Tampoco lo lloré más pues los niños olvidan rápido y nunca se me ocurrió que aquello fuera algo malo.

Entonces un día, a mis catorce años, golpearon la puerta en mi casita de San Francisco de Paula. Ya mi papá se había ido y mi abuela vivía en La Víbora. Cuando abrí la puerta, un anciano mulato de cara dulce y cabello cano que me resultó muy familiar me miró con una sonrisa amplia en los labios. Mi mamá que estaba conmigo lo saludó efusiva y luego de besos y abrazos me dijo, “niña, es el abuelo Pepe” y yo, automáticamente y como si destapara un corcho apretado le dije: “¿el abuelo Pepe? ¡Pero si a ti te comieron los leones!”

El abuelo Pepe se echó a reír a carcajadas y me dijo: “¿Leones? Esas son cosas de tu abuela.”

Ese día hablamos mucho y fue muy lindo. Desafortunadamente el abuelo Pepe estaba enfermo de cáncer y murió poco después; nunca lo vi después de aquel día.

Ya mi abuelita no es la misma. A sus 73 años es mucho lo que recuerda pero también lo que olvida o confunde y hace las mismas historias una y otra vez como si ya no las supiéramos. Pero esa viejita de piel de pasa y ojos húmedos es lo más lindo que tengo y gracias a esas cosas suyas siempre tendré historias que hacerles a mis niños, cuando lleguen.

Por eso, si a algo debo agradecer este día de gringos es a mi abuela y a la vida por regalármela. No todo el mundo tiene una abuelita dueña de gigantes que hacen a los niños comerse toda papa y de leones que se comen a los abuelos cuando se portan mal.


Cuba y una hedonista…

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Tu casa puede sustituir al mundo; el mundo jamás sustituirá a tu casa.

Proverbio alemán

 

Dicen que Cuba es un estado de ánimo… creo que es cierto.

Un viaje relámpago fue lo que programé, no le dije a nadie hasta última hora pues me he anunciado tanto como la coca cola y al final, nunca llegaba.

A mi abue, mamá y mi padrastro los cogí fuera de base pues estaban en medio de una construcción y el mismo día que llegué estuvieron pintando hasta que se montaron en el carro para irme a buscar. A Maday y Dayani las agarré de sorpresa pero igual tenían que venir a la Habana para el sábado después así que la hice adelantar el viajecito. Al camarero lo hice dejar asuntos de familia delicados e importantes para correr a mi encuentro y retirarse al día siguiente. A mi cuervo del alma lo hice perder un día de trabajo pero creo que valió la pena aunque hubiera querido abrazarlo más. A Deyma la hice ir a trabajar con el sueño de una noche (madrugada realmente) en G, cogiendo frío y sereno. Pepe al otro día tenía clases y no se abrigó suficiente. A Alecito se le pasó la parada y tuvo que salir del monte en el que vivo (San Miguel del Padrón) para regresar a su 10 de Octubre solito. Mar y Rafa me esperaron pero llegué tarde y se fueron, otra vez será. Los demás, me dejaron quemaísima 🙂

Llegué con la garganta medio cómica y a las 2 horas ya estaba ronca, ronquera que me alejó del canto aunque no de la cháchara, amén de tener que llegar a trabajar hablando por teléfono, jejeje! Pero valió la pena!

Fue muy lindo pues mi mami, abue y padrastro estaban esperándome. Pero no solo ellos, mi hermanita Maday y cuñi D también. Al pimero que divisé en la multitud fue a Karasu. Estaban también Julito y mi suegro. Nos fuimos del aeropuerto a conocer a la familia política en Alamar y de ahí a mi San Fco de siempre. Nos encerramos en mi casita que es bien pequeñita y aunque, éramos muchos, nos la arreglamos para sentirnos bien – o al menos yo me sentí muy bien. Julito amenizó con juegos mientras los vejetes dormían. Se me fueron él y Karasu en la mañana pues el segundo día era para mami y abue.

Como a todo cubano que va para allá desde la yuma, no podía faltarme el drama. Me acosté a dormir por 2 horas y mi abuelita – de 72 años – se me escapó en una guagua para la Víbora porque tenía que buscar el pan. Por otro lado, mi mamá montó en cólera porque mi padrastro se fue a trabajar y no quería ir a ningún lugar conmigo pues le dolía la cabeza. Realmente fue un ataquito de cul* que le dio, mezcla de celos y obsesiva posesión. Si, tuve que ponerme soez y por un momento, hasta recuperé la voz mientras me defecaba en todo el mundo y gritaba que si no se ponía pa’ las cosas me iba pa’l carajo – queriendo decir aeropuerto – a esperar el condenado – usé palabras más fuertes, créanme – avión para regresarme aquí.

Bueno, es normal, siempre pasa y todo el mundo se relajó y finalmente anduvimos la Víbora y San Fco en guaguas de a peso y máquinas de alquiler. Es raro que casi no comí nada, supongo que el catarro me tenía inapetente y solo hice 3 comidas en todo el tiempo que estuve allí.

La segunda tarde me cayó Kike. Solo escuché los gritos desde la acera y cuando salí a abrirle la reja que estaba cerrada ya el brincaba – a 2 metros y medios de altura – para cargarme y abrazarme y llenarme toda de besos. Con Kike fue muy lindo pues es el único con el que no he podido comunicarme en 3 años y medio pero sentí su calor como el día que me vine para acá. Somos muy compatibles y nos queremos muchísimo. Para qué decir que fue el único que me hizo llorar un poquito; él es muy sensible.

Esa noche todo el mundo se portó bien y como a las 10 nos fuimos Kike y la novia, Maday, D y yo rumbo a la parada para irnos a G donde Karasu estaría esperándonos, junto a los que aparecieran. La espera fue larga pues el transporte cada vez está peor y finalmente nos fuimos en una máquina hasta la Habana y de ahí otra hasta el Vedado. Allí estaban el cuervo, la pequeña Deyma, el delgado pepe y el encantador Ale.

Al verlos fue como si los conociera de toda la vida, como si nos hubiéramos visto en la tarde y así me sentí todo el tiempo. Hablamos, dimos chucho, jugamos nuevamente a los juegos del camarero y traté de abrazarlos un poquito a todos pues tenían mucho frío y yo no, amén del catarro. Cuando salí de la casa estaba medio afiebrada pero me sentó tan bien la presencia de mis amigos que regresé sintiéndome mejor que nunca.

Volví a acostarme 3 horas hasta que mi mamá me despertó para ir de nuevo a Alamar a darle la vuelta al suegro y hacer fotos de la familia para mi amor. De ahí corriendo al Vedado a comprar un águila que terminó siendo Pegaso para mi tuti y Habana Club 7 años, que nunca puede faltar. Almorzamos en la paladar Mesón de Sancho Panza pero comí poco pues ya el catarro, el agotamiento y el malestar podían más que yo. Me dio fiebre sentada allí y realmente solo quería irme ya, quería que mi tuti me cuidara, quería descansar. De veras, de ánimo ya no me sentía bien y el malestar físico era insoportable.

La despedida fue normal, rápida, nadie se quedó triste o eso me hicieron creer. Yo no me fui triste, claro que no. Venía en el avión pensando en el regreso, en lo bien que me sentó el reencuentro y en lo lindo que es mi país.

Llegué la noche de Thanksgiving y Arian estaba como loco pues esos 2 días y medio sin mi no pudo dormir de tanto extrañarme. Nos fuimos a casa de Yusmel que había hecho un pavo exquisito con un sweet potato casserole que es como un puré de boniato amarillo del que hay mucho aquí pero que lleva almendras y una tonga de cosas más. Comí con mucho gusto y nos fuimos enseguida. Me bañé como si viniera del desierto y caí en la cama como una piedra.

Hoy, casi 2 semanas después, siento mucha alegría en mi corazón pues Cuba me sanó y no puedo esperar a volver.


Culto a la personalidad y bien!

Mi regalo de cumpleaños, lápiz de labios ROJO!

Si, señoras y señores, ha llegado lo que han estado esperando como cosa buena desde hace tiempo… lo mejor, lo máximo, lo más bello, lo más estelar – sonido de tambor sostenido al estilo Circuba -: YO!!!!!!!!!!!!

Jajajaja! Bromas aparte y aunque si, haciendo un poquito de culto a la personalidad, les cuento que hablaré un poquito de mi, pero solo un poquito para no aburrirlos mucho.

Mi mamá conoció a mi papá a los 20 años y enseguida se empataron – nunca se casaron, soy una hija bastarda, tal vez esa sea la verdadera y subconsciente razón por la que no creo en dios, jejeje! -. Mi papá tenía otro hijo que había emigrado a los Estados Unidos y estaba desesperado por tener otro, no sentía que había hecho suficiente trabajo de padre aún. Mi mamá tomaba pastillas anticonceptivas pero él se las botó y ella, que nunca ha sido de una personalidad muy fuerte, enseguida quedó embarazada y con esto quiero decir que se dejó meter el pie, no que fuera virgen ni nada de eso.

Durante el embarazo hubo de todo, desde mi papá zorreando y emborrachándose por todo el barrio hasta mi mamá armándole escándalos conmigo de 8 meses dentro de su vientre. Pero bueno, esas cosas pasan hasta en las mejores familias y aunque debía yo nacer el 22, día desde el cual mi tío Tony y mi papá comenzaron a beber ya que era el cumple de mi tío, pero no, yo no quise e hice esperar a mi mamá – la pobre -, a mi papá y a mi tío – que se quedó con las ganas – hasta el 23 – casi 24 – a las 11 y pico de la noche.

Cuando tenía como 8 meses de nacida mi papá chocó de cabeza contra un contén – bueno, lo hicieron chocar – y perdió la memoria por unos meses en los que no recordaba quienes éramos ni mi mami ni yo, claro que no olvidó quien era la zorra del barrio y, amén de tener prohibidas las relaciones sexuales durante el proceso de recuperación – tuvo un derrame cerebral y su cráneo hoy en día sigue dividido en dos, no se murió porque vomitó todos los coágulos de sangre -. En esa ocasión fue mi almuercito el que aterrizó en la cara de la “amante”; mi madre definitivamente sabía cómo espantar moscas.

Y así, crecí entre peleas y discusiones y recuerdo pocos instantes felices o tranquilos en mi más temprana niñez, solo cuando estaba con mi abuelita y me inventaba gigantes y me dejaba coleccionar piedras preciosas. Y crecí, poquito a poquito, pero de eso ya he hablado suficiente… y me eamoré y comencé mi vida sexual y amorosa, pero de eso también he hablado suficiente. Y cumplí 23 un 23, hace 366 días y ya se me acaba mi número preferido mi día preferido.

Pero no importa, ya vendrán más y como no le temo a la vejez – solo a la chochera – pues bienvenidos serán.

Gracias por las felicitaciones, mañana les cuento con más detalles y les cuento sobre mis regalos 😀


Día de las Madres.

Se acerca el domingo y ni siquiera había pensado en esa fecha, no recordaba que venía esa fecha. No es que no me importe, al contrario, es que me importa tanto que llevo 3 años obligándome a olvidar, a no pensar, a sacar de mi mente esos pensamientos que me hacen daño.

Yo no escribo mucho sobre mi mamá, sobre mi abuelita, al contrario, he dicho mucho y queda bastante aún por decir. Mis padres no han sido los mejores del mundo. Mi mamá cometió muchos errores, muchísimo, pero estos 3 años lejos de mi la han hecho padecer mucho y no creo que lo merezca. Mi papá es… mi papá es un caso aparte, para qué perder el tiempo hablando de eso.

El domingo será un día triste. Si, el sábado hablaremos 20 minutos por teléfono, no me dejaré llorar. Les haré chistes, les diré que las quiero, las haré reír y les diré que no se preocupen, que voy pronto, pero me ahogaré bajito, sin que me oigan porque las extraño demasiado.

El domingo será un día triste porque la madre de mi marido murió hace casi 4 años y él aún no deja de llorarla. En días así me pongo a pensar en todos los que tienen a sus madres y padres y familiares y amigos cerca y no lo valoran. Pienso en lo injusta que es la vida y en lo dolorosa que resulta para algunos de nosotros que, en cambio, somos buenos hijos, buenos amigos, buenos con los que nos rodean y tenemos que sufrir porque los nuestros están lejos o no están.

No puedo estar contenta, aunque lo intento no puedo porque llevo 4 días de las madres, 4 de mis cumpleaños, 4 cumpleaños de ellas, 3 fines de año y muchas otras fechas… que han sido 1161 días en total, sin verlas, sin abrazarlas, sin besarlas, sin decirles al oído lo mucho que las amo.

Para los que si pueden ser felices, den gracias por ello.

Felicidades a las madres que me leen. A Cat y Mercedes, a las madres, tías y abuelitas de Ley, Julio Cesar, Charly, Mar, Rafa, Javier, Rodo, Yan, Carlos, Carlos Manuel, todos mis Alejandros, Raúl, Kyn, Nyliam, Maria Antonieta  y todos los que no conozco pero que si me conocen a mi.


Tema recurrente.

Lo que daría por estar ahí otra vez.

Extraño, añoro muchas cosas y todas están del otro lado del mar.

Una de las cosas que más anhelo hacer es sentarme en el patio de mi casa – que está lleno de matas de todo tipo – a disfrutar de una mañana en compañía de mi abuelita que nunca se sienta ni se cansa, atendiendo sus planticas y de mi mamá que solía coser cortes de zapatos. Recuerdo que allí conversábamos y comíamos cualquier dulce que hiciera yo o alguna chuchería que friera mi abuela; papitas, chicharritas, tostones. Era tan placentero llenarse de paz en mi patio.

Una de mis vecinas me despertaba todas las mañanas con sus gritos de barítono – si, de barítono porque tenía un vozarrón de macho agudo que aquello no tiene nombre -, envilecida y desaforada llamando a “Kevin” o a “Henry”, sus hijos que estaban a dos metros de ella. También recuerdo a los negritos de al lado de mi casa que se entretenían en sonar las planchas de zinc de la cerca o planear orgías entre las tablas de su casucha – que revelaba más de lo que escondía -.

Mirando desde mi puerta - ven las matas, no? 😉

Es simpático que incluso eche de menos a las chismosas del barrio, esas que estaban de guardia a cualquier hora que uno llegara o se fuera, de pie en la acera en horas comunes o vigilando por las persianas en la madrugada.

Y no solo San Francisco y el Vedado me llaman con cantos de sirena, mi Habana Vieja me susurra entre olores a amoniaco y gritos de boteros “20 hasta el Cotorro!!!”. Las callejuelas rumbo a la Catedral, las disímiles tiendas de artículos artesanales, los museos increíbles que jamás visité… aquel café. Los restaurantes del Barrio Chino, las tiendas abarrotadas aunque no hay dinero, las paradas más abarrotadas aún porque no hay guaguas.

También añoro las tardes de malecón o las noches de G, tocando guitarra con Maday, escuchando las simpáticas genialidades de Kike o los desafinados intentos de canción de Karasu. Era lindo vagar en un P2 por la Habana y sentarnos en nuestro asiento preferido, intentando arreglar el mundo o despedazarlo, ni recuerdo.

Recuerdo que tenía yo una saya de color verde olivo, de las de tela como de hilo o algo así y me encantaba ponérmela con sandalias y cualquier blusa y me sentaba donde quiera con ella. Era mi saya preferida, a veces uno se enamora hasta de la ropa. Extraño ponerme esa saya.

Me acuerdo de la Virgen del Camino para ir al Mégano oscureciendo con una jaba de galletas y un pomo de mayonesa. La arena y la parte de abajo del bikini en la oscuridad. Los juegos de adivinar películas y el chapuzón nocturno de mis amigos vigilado por mi desde lo seco, “¿dónde están? ¡contéstenme cojone!” Me ponía muy nerviosa. Dormíamos poco esas noches, si es que dormíamos algo y caminábamos de vuelta con el amanecer.

Vienen a mi mente los 3 o 4 viajes al día a la calzada a zapatear un teléfono público “funcionando” para darle un timbrazo a mi abue y otro a Maday. “Avísale a Kike que nos vamos pa’l Copellia.” La espera en la parada roñosa de San Fco dejando ir P2 vacíos – qué tiempos aquellos O.O – a la espera de los otros dos mosqueteros. El viaje de 1 hora que se hacía corto para nuestras interminables conversaciones.

Los Mosqueteros, Maday a mi derecha, Kike al frente y Karasu a mi izquierda.

No olvido los juegos de Scrabble en cualquier portal, tirados en el suelo o en el Café de G, obligados a consumir para poder disfrutar de tan intelectual placer como es armar palabras y tener dónde ponerlas. El Principito siempre en mi jolongo, el rollito de papel sanitario porque mi trasero está muy mal acostumbrado – o muy bien, en Cuba todo es subjetivo -.

La casa de la Cerveza, el cine Yara, Cinecittá, el Fresa y Chocolate y aquella descarguita con Raúl Paz mientras el morbo y la temeridad nos hizo canjear un beso a Maday y a mi por uno de nuestros sexys acompañantes. El mejor negocio de nuestras vidas. ¡Qué tiempos!

Y pensar que han pasado 3 años de todo aquello pero en mi mente todo es vívido. Sé que mis mosqueteros no han cambiado aunque han crecido y madurado, ya somos todos adultos. Mi abuelita ya no es tan altiva y mi mamá envejece poco a poco. Mi patio pare más matas y el malecón sigue ahí. El Mégano me espera y la Habana también me extraña, lo sé.


Crónicas sobre mi abuelita – II

Mi abuela es un alma buena.

Primeros pasos.

Mi abuelita, aunque hoy tiene 71 años, también fue chiquitica y del mamey alguna vez…

Ella me cuenta que adoraba a su papá y que él era muy bueno. Nunca me ha dicho por qué se separó de su mamá pero bueno, las razones pueden ser diversas y todas conocidas; el matrimonio es así, eterno y aún efímero.

Me dice que cuando era pequeñita, su mamá le hacía una trencita y que un día al llegar su papá a casa ella estaba pelada bajito, como pelan a los varones. Lo tomó del meñique y lo llevó hasta su camita y debajo de la almohada, estaban la trenza y unas tijeras. Ella solita se había cortado el pelo y esperaba que su papá la protegiera de la madre, jejeje! Ni sé por qué se cortó el pelo, me imagino que son cosas de niños. También dice que se pasaba la noche llorando pues no le gustaba dormir en su camita y no paraba hasta que el padre la dejaba meterse en la cama matrimonial y dormir allí. Mi abuela adoraba a su “papito bueno”, como lo llamaba.

También me cuenta que una vez murió un familiar y ella no tenía zapatos pues eran pobres pero en ese tiempo, la gente se ponía sus mejores ropas para eventos importantes. Sus padres mandaron a su hermano Israel a la tienda a comprarle un par de tenisitos para que ella pudiera ir al velorio juntos a sus hermanos. Lo curioso del asunto es que mi tío, que nunca fue muy brillante, compró dos zapatos del mismo pie y no se podían devolver o cambiar. Supongo que se compraron en algún tipo de rebaja que no admitía devolución y como el dinero escaseaba también, mi abuelita lloró más de lo normal en aquel velorio y no por el familiar muerto si no, por sus piecitos adoloridos 😦

También sé por ella que enseñó a caminar a su hermana mayor María. Ella se llevan como 11 meses y ya mi abuela antes del año caminaba como un rehilete ya que siempre fue activa y emprendedora. Su hermana por otro lado estaba gordita y vaga, no había aprendido ni a dar pasitos. Mi abuela, siempre un alma buena, la tomaba de las manitos y así la enseñó. Desde chiquita siempre tuvo mucha metodología.

Sus hermanos eran malditos y les hacían muchas maldades a ella y sus hermanitas. Me cuenta que a mi tía Masi la metieron en un tanque de agua vacío y le dijeron que para comerse un platanito tenía que acabar primero con la cáscara y allí la dejaron sola, en su tarea. También me cuenta que los hermanos se encaramaban en las matas de guayabas y ellas desde abajo les pedían “mira, esa! esa está madurita!” y ellos cogían la guayaba escogida diciendo “segura que esta?”, “si, si!” y se sentaban con la hermosa fruta y la comían delante de los ojos de las torturadas hermanitas. Así era con las chirimoyas y una vez le lanzaron una muy madura a mi abuela que le cayó en la cara y comenzaron a decirle que “ay dios! el ojo se te está poniendo chiquitico! te vas a quedar ciega Aguedita!” y ella daba gritos asustada, jajajaja!

Una vez se le escapó a jugar a la abuelita que la estuvo criando un tiempo y se demoró mucho en regresar. Al volver, la abuela la esperaba en la rejita de la casa y la miraba sonriente. Ella se excusó cuando entraba y con la misma le ordenó al perro pastor que tenía “cógela” y tuvo que correr todo el campo con el perro persiguiéndola, hasta que la abuela se cansó de verla correr y le ordenó a perro detenerse. El perro era buenísimo pero cuando le daban una orden obedecía y estoy segura de que no la iba a morder pero la hizo correr como loca 🙂

Ella me ha contado todas esas historias con los ojos brillantes y llenos de alegrías y añoranzas. Mi abuela quiere mucho a su familia y extraña mucho a sus padres y hermanos. Como ya dije, mi abuela es una de esas mujeres extraordinarias y es también un alma buena.