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2 Nuevas Páginas…

Hace un tiempo vengo preparando una página para escribir “Crónicas sobre mi abuelita” y hoy publiqué la primera entrada “Sinopsis”. Este es el link, para los interesados.

Crónicas sobre mi abuelita

Espero ir contando anécdotas de mi abuela cuando era joven, de su niñez, de cuando yo era chiquitica y del mamey y todo lo que se me ocurra y recuerde. Ella está en Cuba y no la veo hace casi 3 años así que, no podré cerciorarme de que todo lo que aquí cuente sea real y no producto de mi imaginación pero bueno, eso es lo hermoso de la literatura… que nunca sabes dónde termina la realidad y comienza lo fantástico.

La segunda página que creé hoy es para agrupar la saga de Ana. Ya van varios cuentos y escritos referentes a ella y me pareció una buena idea darle esta distinción a tan recurrente personaje. Aquí el link:

Diarios de Ana

Seguiré agrupando todo lo que tenga que ver con Ana en esta página aunque podrán leerlo en Inicio.

Fin de las Noticias 😉


Crónicas sobre mi abuelita – I

Mi abuela es una de esas mujeres excepcionales.

Sinopsis.

Ya sobre esto he hablado en otros posts pero debo repetirlo aquí ya que es parte de su historia y de su origen.

Mi abuela es la cuarta hija – si no recuerdo mal – de 5 que tuvieron en común su madre y su padre y de 10 que tuvo su papá; los otros 5 con su segunda esposa. Sus primeros hermanos fueron 2 varones mayores que ella (Luis e Isreal) y una hembra mayor (María) y otra menor (Ángela pero todos le decimos Masi). Los otros hermanos me son casi todos desconocidos pero recuerdo a mi tío Fifi (José), profesor igual que mi abuela y muy ilustrado y el otro nombre que recuerdo es Carlos; evidentemente me faltan 3 pero no son importantes para la historia así que, ni modo.

Mi abuelita se llama Águeda Antonia Sánchez Hérnandez y nació un 13 de noviembre de 1940 aunque la inscribieron el día 30. Los cubanos deben saber que era normal que estas cosas sucedieran por aquellos tiempos, ¿qué no sucede en Cuba? 🙂 Aunque no tengo la explicación de por qué algunos niños eran inscritos en el Registro Civil otro día que no fuera el de su nacimiento real.

En el 1940, el Municipio Amancio Rodríguez, donde nació mi abuela, formaba parte de Camagüey según la División Político Administrativa que ha sido cambiada varias veces. En la actualidad, Amancio pertenece a Las Tunas; mi mamá, por ejemplo, es tunera ya que en el 66 cuando ella nació, ya había cambiado la DPA de nuevo. Cuando se habla de este tema mi abuela se pone muy territorial porque “ella es camagüeyana” y no le discutan! La entiendo, yo soy sanfrancisqueña, sanmiguelina y habanera, no soy de Hialeah, ni de Miami y menos de Estados Unidos, aunque aquí vaya a vivir más de mitad de mi vida – con suerte – y me muera también.

Yo no recuerdo muy bien a mi bisabuelo, ni siquiera recuerdo su nombre – y esto es casi un sacrilegio ya que mi abuela lo adoraba pero ella y ustedes deberán perdonarme ya que no tuve mucha relación con él y murió siendo yo una niña -. Si recuerdo que estuvo senil muchos años antes de morir y que lo cuidaba una hija o la esposa de un hijo de su segundo matrimonio. Creo que incluso se escapaba de la casa y a veces lo ataban para tenerlo controlado, ¡qué horror! No quiero abundar mucho en este tema pues puede que sea producto de mi imaginación ya que no recuerdo bien y no tengo a mi abuela para que me corrija.

Mi abuela Celia si permanece clarita en mi mente (bisabuela pero siempre le llamé “abuela Celia”). La recuerdo altiva, delgada, con pocas canas, media loca, jajajaja! Mi abuela habla de ella con mucho amor y aun en las fechas señaladas se pone triste porque ya no la tiene; recuerdo que murió cuando yo tenía como 10 años. Abuela Celia tenía su cuarto y en él había una cama, un escaparate y muuuuuchos libros; no se podía caminar por la habitación de tantas cosas que se escondían allí dentro. Mi abuela heredó esa manía, la de guardar cachivaches.

Ya dije que cuando mi abuela era una niña, sus padres se separaron y mi bisabuela no podía tenerlos a todos consigo, así que se quedó con mi tía Masi y mi abuelita y sus hermanos fueron por un tiempo a vivir con tíos y abuelos. Mi abuela fue a casa de una de sus abuelitas (no recuerdo si materna o paterna) y permaneció un tiempo con ella. Sé que mi abuela se llama Águeda Antonia porque así se llamaban sus abuelitas. También me cuenta que cuando una de ellas murió – mentiría si digo cuál – se pasó muchos días encerrada en su cuarto, berreando y pataleando, sin querer comer ni bañarse ni ver a nadie.

Luego regresaron con la madre y ella terminó de criarlos a todos. Sé que cuando triunfó la Revolución mi abuela alfabetizó campesinos en su pueblo y estudió magisterio. Toda su vida se la pasó estudiando y luego de ser maestra, profesora, directora, metodóloga y 20 cosas más, siguió superándose y trabajó en una empresa textil. Cuando mi mamá tenía como 19 años se mudaron para Ciudad Habana y allí mi mamá conoció a mi papá, me tuvieron a mi y ellas hicieron su vida en esta nueva provincia. Mi abuela conoció a su último gran amor (fueron 3 y ya los conocerán) y vivieron una relación muy linda mientras duró. Luego se fue a vivir con nosotros en San Francisco y yo me volví el centro de su vida.

A grandes rasgos, esta es la sinopsis pero, como lo dice el título, esto va de contar crónicas así que, prepárense a conocer a mi abuelita Águeda.


Olimpiadas en mi cocina – la Cena de Fin de Año.

No hay amor más sincero que el amor a la comida. 

Los amigos: una familia cuyos individuos se eligen a voluntad

Jean Baptiste Alphonse Karrs

Los preparativos comienzan alrededor de un mes antes, parando en cada quiosco de San Fco. de paula a comprar las cosas de poquito en poquito. La pierna de puerco; hay que asegurarla temprano y si se puede encargar a un criador para que sea fresca, pues mejor. Naranjas; todas las que se puedan porque siempre hay quien se roba alguna para hacer un jugo o para chupársela porque le está cayendo catarro. Piña y fruta-bomba. Harina, huevos, leche, vainilla, canela, azúcar. Turrón de Alicante, uvas pasas, sidra. Jamón, manzanas, aceitunas. Todo permanece bien guardado para el 31; antes no hay nada para nadie.

30/12

Las preparaciones comienzan en día 30 bien temprano. Amaneciendo ella se levanta y ya la carne está descongelada y deshuesada. Como en San Fco. ella no tiene horno, la carne se cocina en cazuela. En el recipiente de la olla Reina pone los boliches de carne y procede a apuñalarlos hasta el cansancio. El adobo se prepara con naranjas agrias, ajo, comino y sal. Todo este proceso no pasa de las 7:00 am. El pozuelo va, tapado con un plato llano, para dentro del refrigerador.

Comienza la preparación de los dulces. La abuela y la madre, diligentes, ayudan a pelar las frutas en lo que la cocinera prepara las ollas en la pequeña cocina de gas de dos hornillas. Las naranjas se pelan y se cortan por la mitad; ella saca todo el jugo y pone en una olla de presión las tapas después de exprimir. Agua hasta taparlas y una pizca de sal completan el trabajo. Así van al fuego hasta que la olla coja presión, para repetir este proceso varias veces. Se baja la olla, se bota el agua, se aprietan las naranjas entre las palmas de las manos bajo el agua fría para que suelten el amargor de la fruta. De nuevo a la candela con más agua, esta vez sin sal. Mientras tanto se pelan las piñas y las fruta-bombas, se cortan en cubitos y esperan sus respectivos turnos para ir en ollas a la candela también, solamente con azúcar. El mismo destino le espera a las naranjas en cuanto estén transparentes y ya no estén amargas.

Mientras se cocinan los dulces en almíbar, ella bate 5 claras de huevo en un bol. Ya es medio día. El merengue debe llegar a la consistencia de “punto de nieve”, es decir, debe quedarse pegado en el tenedor, espumoso y firme. Ardua labor la de seguir batiendo al incorporar una latica de azúcar.; el merengue no debe cortarse y hay que batirlo a mano pues no hay más recursos. La abuelita la socorre y continúa batiendo mientras ella baja el dulce de piña y calienta la otra olla de presión sin la tapa. Ya el merengue está listo, ahora se añaden las yemas, previamente batidas con un poquito de leche, vainilla y sal. Se une todo y se pone la latica de harina; hay que batir suavemente para no quedar blancas de polvo y hasta que tenga la consistencia correcta. Ya la olla está bien caliente y se ella le pone una gotica de aceite para que no se queme. Echa la mezcla de harina, leche , azúcar y huevos en la olla y la tapa pero sin ponerle presión. La olla va a la candela muy baja.

La abuelita prepara un almuerzo rápido pues pasan de las 2:00 pm. Ya el dulce de piña está frío y va para el refrigerador, el de fruta-bomba están listo. Le pone en un poquito de canela – su secreto personal – y lo deja refrescar. El dulce de naranja se ha demorado pero ya puede bajarlo también; el fregadero hace las veces de aclimatador para enfriar las cazuelas. Pone a hervir arroz en un poco de agua. La panetela ya huele, la puede bajar. Hay que echarle agua fría a la olla por fuera para que se despegue y poder sacarla. Va directo a un plato llano a enfriarse en algún lugar de la meseta. Los dulces de fruta-bomba y de naranja van al refrigerador y es hora de “re-ubicarlo” todo pues se va haciendo angosto el interior del LG.

Envía a la madre y al novio a buscar el cake delicioso que hace aquel señor y que encargaron días antes. Este fin de año promete un coma diabético. Arma la batidora y pone huevos, leche, azúcar, vainilla y una pizca de sal y hace la mezcla para dos flanes tamaño familiar. Si, tiene que hacer dos porque sus invitados la adoran por ser ella… y por el magnífico flan que prepara. Desocupadas las ollas de presión, les pone un poco de agua y las deja preparadas para cuando se desocupen sus dos únicas hornillas. Le añade leche al arroz ya blando, azúcar, una corteza de canela y revuelve. Pone en la hornilla bacante un recipiente metálico con azúcar para hacer caramelo.  Cuando está listo y sin dejar que se queme, lo baja y repite la operación. Se enfría con rapidez y prepara el la mezcla del flan y tapa el recipiente con lo que aparece, haciéndole unos huequitos para que “respire” mientras se cocina. El primer flan va a la candela. 25 min de presión y abajo nuevamente. Segunda ronda. El arroz con leche está listo y hay que ponerlo en las dulceras para dejarlo enfriar. Ya son las 7:00 pm y la abuelita se marcha.

Es la recta final y ya falta solo terminar un flan. Pone a ablandar frijoles para el arroz moro del día siguiente. Al terminar el flan pone coditos a ablandar para la ensalada fría. Ya el cansancio la ha atacado. Finalmente todos los dulces están listos y en el refrigerador que, estoicamente aguantó todo lo que le metieron dentro. Se da un baño mientras el novio vigila lo que está en la cocina; menuda hazaña! Se apagan los fogones y se tapan las cazuelas, se vira la carne dentro de su recipiente para que absorba los jugos. Es hora de dormir… mañana es un día largo, pero no tanto como hoy.

31/12

Resultados. En la mañana del 31 de diciembre se levanta temprano de nuevo. La ensalada fría es lo primero que prepara. Después pone a ablandar las yucas y a cocinar la carne a fuego lento. Comienzan a llegar los amigos, la abuelita; se siente el olor a carbón que llega de todas partes con el viento. Se pone la música y se arman el dominó y el scrabble. La madre pela plátanos para hacer chicharritas, la abuela cocina en aceite hirviendo. Se preparan batidos con helado, malta, leche condensada. El día entero se va en juegos, bailes, conversaciones amenas. Cocina el arroz moro y hace el mojo para la yuca. Fríe plátanos y prepara una ensalada. A las 9:00 pm comen. Brindan con sidra y siguen de rumba hasta la media noche.

Lo más simpático del caso es que nadie prueba un dulce, están tan llenos que no les cabe nada más en el estómago.

 

En mi casa se come dulce desde el 1ro hasta el 15 de Enero.


De ríos encantados y piedras preciosas – 1

Cuando yo era chiquitica y del Mamey, jejejeje! Bueno, esta vez vengo con más historias de mi niñez en San Francisco de Paula.

Anoche, cuando llegó mi esposo del trabajo (él llega a eso de las 11 pm), después de bañarnos y casi antes de quedarnos dormidos, se filtró una anécdota de cuando era pequeña. Se la conté y de una fui brincando a otra y casi se me acaban los cuentos, que le hice muy reducidos pues sus párpados se caían y yo comenzaba a hablar catibía de tanto sueño. Pero me quedé con esas historias en la cabeza y me sentí privilegiada de haber tenido una niñez tan bonita y poder conservar tantas historias para cuando nazcan mis niños.

Ya les conté sobre mi patio pero no les dije que en ese espacio grande y lleno de árboles frutales pasé casi toda mi niñez, jugando, mataperreando y haciendo de las mías con los demás niños del barrio pues mi mamá es medio neurótica y pocas veces accedía a dejarme salir a jugar en la calle – amén de que mi cuadra es casi imposible de transitar por vehículos motores por el lamentado estado de su ‘afalto’ -. Entonces, ella prefería tener 10 o 15 muchachos metidos en su propiedad y velar por todos a que yo saliera a jugar bolas al frente de la casa.

Como es lógico, tengo muchas anécdotas de los juegos que inventábamos mis amigos y yo; de los personajes y de las maravillas que creíamos encontrar en aquel patio hechizado – gracias a nuestra fértil imaginación de niños nacidos por los 80 -. Yo creo que mi generación fue la última que jugó en la calle a los ‘cogidos’, las bolas, el ‘comefango’, la pelota ‘a la mano’, a la pañoleta, a las carriolas, a los pistoleros, a las princesas y un sin fin de juegos que mis congéneres y yo – y los que fueron niños antes que nosotros -, disfrutamos tanto y ya se han perdido.

Digo esto pues mis primos, que son como 3 años menores que yo, perecieron a la peste de las pcs y los juegos de videos. Cuando yo era chiquita me compraron un ‘atari’ que era como se conocían por aquel entonces, un “Family Game” – esa era la marca si no recuerdo mal -, que tenía solo 2 cassttes: uno con 900,000 juegos (creo y este era el que tenía yo), con el siempre entretenido Tetris, Come-Come, el Contra y Mario; el otro, tenía otro número raro de juegos (digo raro pues eran como 7 juegos nada más pero se repetían hasta el cansancio) y tenía las Tortugas Ninja y el Futbol aquel en japonés, recuerdan? También estaban los Nintendos pero no recuerdo más pues seguí prefiriendo los juegos ‘humanoides’ a las novedosas ‘máquinas’. Mis primos no saben bailar un trompo, saltar una suiza, jugar a los yaquis y mucho menos a la pelota. Son unos ratones de laboratorio y para colmo, vinieron para este país y aquí acabaron de joderse. Uno tiene como 19 años y nunca ha tenido una jeva y el otro tiene como 17 y va por el mismo caminito. Qué lamentable, eh? No es que sean gays ni nada, es que simplemente tienen el cerebro tan atrofiado que uno de ellos quiere ser diseñador de juegos – eso no es malo, para nada -, pero probablemente termine diseñándose una novia virtual pues como están las cosas… o.o  Bueno, sigo con mi historia que las pcs y mis primos zonzos  no eran el tema.

En mi patio, ya les conté, había todo tipo de materiales de construcción para construir el palacio – fantasma -, que jamás se llevó a término. Al lado izquierdo de la casa, había una loma de piedras para fundir y esas cosas. Esta loma se levantaba a la altura más o menos de la ventana, haciendo que el techo fuera accesible sin mucho esfuerzo. Recuerdo que un día andaba yo de bandolera, trepada en el techo haciendo no recuerdo que y al querer bajarme, rodé por la loma de piedras para abajo y estuve una semana a base de duralginas – inyectadas y en píldoras -, para el dolor pues al parecer hice un mal gesto y se me clavó un aire entre el pecho y la espalda y cada vez que respiraba era como si me apuñalaran en las entrañas. Yo era buena, no crean, pero ese día tuve un ‘pequeño’ accidente. Qué niño no los tuvo? ;p

Ayer conversando con Arian le dije que eran piedras como de cuarzo – yo especulando pues no tenía ni idea de qué diantres eran las piedras pues no se nada de piedras, jajaja! -, pero hoy buscando en Google puse “piedras de cuarzo” y me salieron muchas imágenes similares a la que encabeza este post y les juro que mis piedras eran muy parecidas a estas, así que supongo que entre todas había algunas de cuarzo. Pues estas piedras de cuarzo, cuando yo era chiquitica y del mamey – y sabía mucho menos de piedras que ahora que soy toda una experta… piedras de cuarzo, ptss! 🙂 -, fueron bautizadas por mi y la horda de chiquillos piojosos y descalzos que me visitaban en mi reino de 16 x 20 metros cuadrados, como “las Piedras Preciosas” y casi suena como el título de unas aventuras, jejeje!

Nos dedicábamos a coleccionarlas y a hacer competencias sobre quién tenía las más bonitas y no crean que me aprovechaba de ser la niña de la casa, yo las compartía con todos mis amiguitos y ellos podían colarse en el patio a descubrir tesoros cuando quisieran – y a robar mangos, by the way o.O -. Así conocimos el trading market, con solo 5 o 6 años… las cambiábamos entre nosotros mismos y les dábamos valor en dependencia de sus colores y el brillo de los cristales. Recuerdo que las colectaba y luego las lavaba bien y las ponía a secar en el alero de la ventana. Al otro día las recogía y se las enseñaba a mi abuelita que siempre me alentó a ser creativa e imaginativa. Cuando le decía que eran “Piedras Preciosas” nunca me aclaró que fueran burdas piedras de cuarzo para levantar columnas o hacer zapatas, siempre me dejó creer que era rica en piedras valiosísimas y muy raras; en aquel entonces dudo que alguien más las tuviera en todo el mundo, jajaja! Qué bello es ser niño!

continuará…


Cuando yo era chiquitica y del mamey – II

Mi abuelita es de un pueblo llamado Amancio Rodríguez, que en el año 40, cuando ella nació, era parte de Camagüey pero con la nueva División Político Administrativa luego pasó a ser Las Tunas – consejo para el que conozca a mi abuela, jamás decirle que ella es Tunera; ella es CAMAGÜEYANA y de ahí no hay quien la saque! y no es por nada, simplemente ella nació en Camagüey, o no? -. Es la cuarta hija de un matrimonio de 5 hijos (2 varones y 3 hembras). Su papá se divorció de su mamá cuando era chiquitica – y del mamey 🙂 -, y se casó de nuevo, dándole 5 hermanitos más. Su mamá los crió prácticamente sola, no porque su padre no se ocupara de ellos, simplemente por la época y la pobreza. Cada uno de los 5 primeros niños (incluida mi abuelita) se crió en un lugar distinto; solo la menor, mi tía Masi, se quedó con mi abuelita Celia (mi bisabuela).

Mi abuela creció siendo pobre pero decente y cuando triunfó la revolución tenía 19 años. Alfabetizó y se hizo maestra: se convirtió en una revolucionaria y lo ha sido hasta el día de hoy, cercana a cumplir sus 71 años. Un off Topic, les tengo buenas historias sobre mi abuela – mi persona favorita en el mundo -, que les haré uno de estos días; prometido! seguimos… Maestra al fin, tiene mucha metodología; actualmente, cuando se monta en una guagua y ve a un niño majadero, llorando o armando perretas, comienza a hablarle y termina, prodigiosamente, calmándolo. Pero bueno, sigamos con mi historia que me desvirtúo.

Ya dije que era muy majadera para comer cuando pequeña y que mi abuela tiene mucha metodología. Yo soy de San Francisco de Paula en San Miguel del Padrón. Para los turistas en Ciudad Habana – si porque hay quien solo conoce de la Habana, el Vedado y Playa o.O -, para su cultura general, SMP, como se le conoce por sus siglas, queda casi en el medio del territorio que ocupa CH, colindando por el Oeste con 10 de Octubre, por el Este con Guanabacoa y al sur con el Cotorro.  Es decir, que donde yo vivía, caminabas y poco más pa’trás y se te acababa CH, jejeje!

Allí me crié, aunque no conozco más que lo básico de San Fco que es donde vivía, el Diezmero y algo del Cotorro. En mi reparto las cuadras se caracterizan por ser muy largas y como es medio campo, todas tienen su tendencia a la lomita (o lomota, dependiendo del caso y del lugar). Yo vivía por el medio de la cuadra y desde el portal de mi casa se veía a lo lejos, una casa o escuela (esa historia si se las debo) que se quemó una vez y tenía aspecto tenebroso. No se si es esa la razón u otra, pero a ese lugar le llaman “El Castillito” y hay historias de miedo acerca de él.

Pero como bien recuerdan, mi historia no era de miedo, era sobre los personajes que se inventó mi abuelita para que yo me comiera la comida. Recuerdo que en ese tiempo los Muñes comenzaban a las 6 pm y a esa hora me empezaba ella a ‘intentar’ dar la comida y comenzando el Noticiero a las 8 pm, aun seguía enfrascada en lo mismo sin muchos resultados. Entonces, por esa época mi papá me había comprado un columpio hecho de cabillas, que se usaba mucho en ese tiempo y lo cementó al piso del portal. Mi abuelita comenzó a sentase conmigo en el columpio, día tras día a darme la ‘papa’ mientras me contaba una historia.

Pues para interesarme en la comida mi abue me contó que en el Castillito vivían dos gigantes – claro, no eran monstruos, la intención no era asustarme -, uno llamado “Traga Metales” y el otro “Barril Sin Fondo”. Este último comía de todo y nunca se sentía satisfecho, el primero, comía todo lo que fuera metálico pero le gustaban mucho las monedas. Entonces yo le preguntaba a mi abuela si Traga metales se comería mi columpio y Barril sin fondo la comida de la casa. Ella me decía que si, pero que si yo comía mi comida, ella los convencería de ser buenos. Claro, yo era una niña muy inteligente y al final siempre dejaba un poquito, alegando “esta parte es para Barril Sin Fondo, para que no pase hambre”.

Es tan lindo recordar aquello. Ya cuando crecí un poquito más, con 8 o 9 años, comencé a comer sin problemas y sola; no escuché más las historias de mis gigantes, pero jamás los olvidé. Fueron parte de mi niñez, de mi casa y de mi San Fco de Paula, aunque solo mi abuela y yo lo sepamos.

… a mi abuelita Agueda, tan linda.


Cuando yo era chiquitica y del mamey – I

Hace días que quería dejarles este post pero por problemas técnicos – el viernes no tuve internet -, y de tiempo, tuve que posponerlo hasta hoy…

Desde que pensé el tema, imaginé el post con el título: “Cuando yo era chiquitica y del mamey”, pues mi papá me cantaba una cancioncita, cuando era pequeña, que decía así… Entonces tuve que investigar en la web; no quería solo citarles un pedacito en el título y dejarlo así. También me picó la curiosidad y usando nuestro buscador favorito: Google; encontré, precisamente en el blog de Francisco Pascasio Blanco Ávila – fundador y caricaturista de Palante y creador de la historieta Ay, vecino“, nombre que lleva también su blog -, que es una guarachita llamada “El marañón”. Les dejo la estrofa que me cantaba mi papá y comienzo mi historia…

“Cuando yo era chiquitico y del mamey, 
Y del mango me chupaba la semilla.
Ahora que soy marañón.
Marañón aprieta la boca…
El tiempo de los bobos se acabó…”

Esta vez quiero contarles sobre mi infancia y mi familia. Yo nací – como pueden corroborar en Coordenadas” -, el 23 de mayo de 1988 en el hospital Hijas de Galicia, en el municipio 10 de Octubre pero soy de San Miguel del Padrón. Fui el primer y único embarazo de mi madre en mucho tiempo; de hecho, tuvo amenaza de aborto hasta los 6 o 7 meses, pero en el 8vo y el 9no comió tanto que nací bien grande y pesando casi 9 libras. Mi abuelita le decía: “no comas tanto que no vas a poder parir!”, pero pudo 🙂

Les confesaré que tomé leche en pomo – fría y con azúcar -, hasta los 7 años, cuando mi abuelita se mudó a La Víbora y mi mamá me sentenció a la leche en jarrito; y yo, malcriada al fin, dejé de amar la leche. Hoy en día me tomo un poquito pero siempre con chocolate o café. No la soporto! Sin embargo, nunca chupé tete; no me gustaba 🙂

Recuerdo a mi tío – hermano mayor de mi mamá -, contarme que cuando era chiquitica, bien chiquitica – y del mamey 🙂 -, me ponían una sallita de vuelos y en ese tiempo sonaba mucho “La Lambada” y yo, delante del televisor, meneaba las ‘nalgotas’, en palabras de mi tío, claro, jejeje! Otra de mis primeas memorias es verme registrando el escaparate de mi abuelita, buscando cualquier atuendo suyo con el que me pudiera ‘disfrazar’ y rogándole a mi mamá para me ‘pintara’… fánatica al maquillaje cuando chama’ y ahora ni los labios me pinto, di tú! jajajaja!

Pero una de las anécdotas más bonitas que tengo es sobre los personajes que me inventó mi abuelita. Casi todas las abuelas o mamás, o papás… les inventan un personaje a sus niños; además del conocido ‘Coco’ y generalmente es para hacerlos comer, o bañarse o hacer las tareas; esta última un tanto infurctífera porque los niños cubanos son muy suspicaces y ya con edad de ir a la escuela no hay quien les meta un cuento O.O jijiji! Pues en mi caso no fue la excepción… yo era muy mona para comer – vale destacar que también me tocó lo peor del Período Especial, donde la pasta de oca y el chícharo abundaban -. Realmente, en mi casa no se pasaba hambre; mi papá era zapatero y tenía buena posición económica, pero mi mamá, para educarme bien, me hacía comer de todo y como sabía que no me gustaba, de vez en cuando me tiraba unas frituritas de pasta de oca y los respectivos chícharos para que aprendiera que hay que comer de todo – algo que le agradezco con el alma -.  Aunque, aun sin la pasta de oca y los chícharos, no me gustaba comer; al menos hasta los 9 o 10 años.

… lo dejaré por aquí que se está haciendo muy largo. Les dejo el resto de la historia en otro.


El pasar del tiempo…

Al ritmo de Bond y su “Duel”, disfrutando de unos espaguettis – que puede que no me caigan muy bien, pero aun así los consumo -, y dialogando con Rafa sobre cuentos, bloggs, pasiones y cualquier bobería que se nos ocurra… se me va el tiempo. Y no quiero decir con esto que lo pierda, no me gusta pensar que pierdo el tiempo… siempre lo aprovecho y lo disfruto…

Será por eso que valoro tanto el silencio, casi tanto como valoro la palabra… prefiero no decir nada antes de perder una palabra en vano, pero también disfruto hablar y escuchar, cuando vale la pena. Y el tiempo se me escapa mientras pienso y deliro en mis ideas locas – o sensatas, quién sabe? -, y desvarío y analizo y mi mente nunca se detiene. Ahora Enya me regala “Book of Days” y en mi cabeza danzan los pensamientos al compás de las dulces notas. Y el tiempo sigue pasando…

Me viene a la cabeza una mañana de hace casi 3 años, cuando me desperté de no haber dormido mucho en los brazos de un hombre que me duró un poco más que el dormir. Esa mañana llegaron a casa 4 personas muy importantes para mi… mis dos mejores amigos y mis dos madres. Aquella mañana no desayuné, como de costumbre y almorcé más por compromiso que por hambre. Me vestí y me peiné el pelo amoldado la tarde anterior en la peluquería. Hoy miro las fotos y casi me parezco a mi abuelita – mi segunda madre por biología y la primera por libre albedrío -, cuando tenía mi edad. Ella ahora es viejita, tiene 71 años y está arrugada y reducida, pequeñita y delgada pero cuando tenía mi edad sus labios eran tan firmes y carnosos como los míos y su andar era altivo, su porte regio… y ahora mirando las fotos de ese día, me parezco a ella.

Ese día tuve que acudir a toda su legado en mi; ella es fuerte de carácter y jamás flaquea, aunque eso no quiere decir que no sufre, que no llora. Eso solo quiere decir que es una mujer fuerte y que ha guardado sus penas para si durante toda su maravillosa y larga vida. Ese día tuve que parecerme más a ella, tuve que ser más como ella. Intenté mantenernos alegres a todos mientras duró aquella tortura disfrazada de fiesta. Mi mamá amenazó con colapsar varias veces pero mi abuelita la reprendía: “no la hagas llorar”, y se calmaba un poco.

Maday y Kike tuvieron los ojos rojos todo el tiempo y una gran sonrisa en los labios. Karasu con un nudo en la garganta solo murmuraba: “nené, yo te amo”, de vez en cuando. Y yo simulaba danzar por entre la gente y posaba risueña y ‘feliz’ para las fotos. Y el tiempo seguía pasando allí, y casi se acababa. Ya delante del mostrador, entre papeles y tensiones, de espaldas a mi familia que no podía acompañarme en la fina, algunas lágrimas clandestinas rodaron por mis mejillas y fueron enjugadas, rápidamente, en un ficticio ademán de quitarme el pelo de la cara.

El pecho comenzó a oprimirse, la muralla se resquebrajaba, las lágrimas me emboscaron y atacaron en tropel. Y conmigo todos comenzaron a llorar, menos mi abuelita que siempre conservó la compostura. “No llores que te pones fea”, me decía mientras me abrazaba en su enjuto pecho y acariciaba mi cabeza con sus manecitas ancianas. Todos dijimos “te quiero” tantas veces, hasta que se nos gastó en los labios. Nos abrazamos como queriendo quedarnos con la esencia del otro entre los brazos. Uno por uno, me fueron diciendo algo al oído, algo que ya no recuerdo pero que sé está gravado en alguna parte de mi alma desde aquella mañana eterna.

Aquella mañana nunca dejó de ser, desde aquel día he vivido como dentro de un sueño. La sensación es casi ilusoria, como sacada de la peli “Inception” – muy buena, por cierto -. Me siento como si aquella mañana jamás hubiera despertado, como si esto fuera un sueño de una noche, que se siente como las vivencias de 3 años. No sé, pero jamás me he sentido ‘despierta’ de nuevo; o tal vez quiero decir ‘viva’.

mi abuela y yo, el día antes de dejar Cuba...

Solo se que mientras caminaba y se cerraban las puertas detrás de mi, perdí el rumbo hasta el día de hoy. La esencia de lo que fui, soy y seré jamás, se quedó junto a mi familia, del otro lado del aeropuerto.