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Un día especial!!!

¡FELIZ CUMPLEAÑOS TUTI!

El año pasado, por estas mismas fechas, salieron dos posts especiales dedicados a mi amor. Hoy es el cumpleaños del hombre más especial de mi vida y quiero recordarles lo que escribí sobre él. ¡Dale, dale… ven conmigo a celebrar! y Happy Birthday to you!

Hoy será diferente pero igual estaremos él y yo. Recién nos mudamos y no conocemos a nadie aquí, nuestros amigos están todos lejos y trabajando y como no tenemos carro… iremos en la motico a buscar el cake de chocolate y haremos una comida para celebrar. Él aún trabaja, siempre le toca trabajar en su cumple, pero ya está al salir y yo lo espero con ansias.

Tienen que entenderme caballero, un día como hoy, hace 36 años, nació el amor de mi vida.

Feliz cumpleaños mi amor.


Acaso existe…???

El amor eterno no existe. A veces amamos el sentirnos amados, amamos que nos amen, amamos amar… pero en realidad, no amamos a los demás, no amamos a nadie. Si amáramos en serio, el amor no se acabaría, ¿no?

Tengo miedo, ellas están indefensas, solitas y tan lejos… y yo no puedo hacer nada. Había alguien muy bueno, según palabras de ellas mismas, que las cuidaba, que las quería, que se ocupada de ellas… pero ya no estará más. ¿Y qué haré yo tan impotente, tan atada de manos, tan lejos de todo y de ellas más? ¿Cómo sabré que estarán protegidas en las noches en un barrio tan malo? ¿Cómo estar segura de que no les faltarán las cosas básicas que necesitamos todos? ¿Acaso se sentirán tan tristes como yo?

Perdónenme, yo fui egoísta. A veces ser joven se convierte en una maldición que nos impulsa a buscar quimeras, utopías que finalmente encontramos y se evaporan al intentar tocarlas. Yo soy joven y me fui, me fui de el nido en el que ustedes me hicieron la mujer que soy y las abandoné. ¡Llevo tanto tiempo sintiéndome culpable!

Confieso que quería hacerte daño mamita mía, por no haber estado cada vez que te necesité, por cometer errores, por no comprenderme. Quise herirte yéndome de ti. Y tú abuelita, me convenciste de que vendrías conmigo para luego decirme por teléfono que no, que te quedarías lejos, que ni siquiera el amor que sientes por mi te haría dejar tu hogar. ¡Me mentiste! Sé que lo hiciste altruistamente, para que no me quedara. Tú también pensabas que aquí encontraría lo que buscaba.

¿Y ahora qué? Ahora ustedes me extrañan, me ruegan verme y yo no puedo hacer nada, no puedo porque hay cosas que están fuera de nuestro poder. Y ustedes envejecen, van muriendo poco a poco en el suelo que me vio crecer… y yo ya estoy muerta, desde que las dejé.


Culto a la personalidad y bien!

Mi regalo de cumpleaños, lápiz de labios ROJO!

Si, señoras y señores, ha llegado lo que han estado esperando como cosa buena desde hace tiempo… lo mejor, lo máximo, lo más bello, lo más estelar – sonido de tambor sostenido al estilo Circuba -: YO!!!!!!!!!!!!

Jajajaja! Bromas aparte y aunque si, haciendo un poquito de culto a la personalidad, les cuento que hablaré un poquito de mi, pero solo un poquito para no aburrirlos mucho.

Mi mamá conoció a mi papá a los 20 años y enseguida se empataron – nunca se casaron, soy una hija bastarda, tal vez esa sea la verdadera y subconsciente razón por la que no creo en dios, jejeje! -. Mi papá tenía otro hijo que había emigrado a los Estados Unidos y estaba desesperado por tener otro, no sentía que había hecho suficiente trabajo de padre aún. Mi mamá tomaba pastillas anticonceptivas pero él se las botó y ella, que nunca ha sido de una personalidad muy fuerte, enseguida quedó embarazada y con esto quiero decir que se dejó meter el pie, no que fuera virgen ni nada de eso.

Durante el embarazo hubo de todo, desde mi papá zorreando y emborrachándose por todo el barrio hasta mi mamá armándole escándalos conmigo de 8 meses dentro de su vientre. Pero bueno, esas cosas pasan hasta en las mejores familias y aunque debía yo nacer el 22, día desde el cual mi tío Tony y mi papá comenzaron a beber ya que era el cumple de mi tío, pero no, yo no quise e hice esperar a mi mamá – la pobre -, a mi papá y a mi tío – que se quedó con las ganas – hasta el 23 – casi 24 – a las 11 y pico de la noche.

Cuando tenía como 8 meses de nacida mi papá chocó de cabeza contra un contén – bueno, lo hicieron chocar – y perdió la memoria por unos meses en los que no recordaba quienes éramos ni mi mami ni yo, claro que no olvidó quien era la zorra del barrio y, amén de tener prohibidas las relaciones sexuales durante el proceso de recuperación – tuvo un derrame cerebral y su cráneo hoy en día sigue dividido en dos, no se murió porque vomitó todos los coágulos de sangre -. En esa ocasión fue mi almuercito el que aterrizó en la cara de la “amante”; mi madre definitivamente sabía cómo espantar moscas.

Y así, crecí entre peleas y discusiones y recuerdo pocos instantes felices o tranquilos en mi más temprana niñez, solo cuando estaba con mi abuelita y me inventaba gigantes y me dejaba coleccionar piedras preciosas. Y crecí, poquito a poquito, pero de eso ya he hablado suficiente… y me eamoré y comencé mi vida sexual y amorosa, pero de eso también he hablado suficiente. Y cumplí 23 un 23, hace 366 días y ya se me acaba mi número preferido mi día preferido.

Pero no importa, ya vendrán más y como no le temo a la vejez – solo a la chochera – pues bienvenidos serán.

Gracias por las felicitaciones, mañana les cuento con más detalles y les cuento sobre mis regalos 😀


Día de las Madres.

Se acerca el domingo y ni siquiera había pensado en esa fecha, no recordaba que venía esa fecha. No es que no me importe, al contrario, es que me importa tanto que llevo 3 años obligándome a olvidar, a no pensar, a sacar de mi mente esos pensamientos que me hacen daño.

Yo no escribo mucho sobre mi mamá, sobre mi abuelita, al contrario, he dicho mucho y queda bastante aún por decir. Mis padres no han sido los mejores del mundo. Mi mamá cometió muchos errores, muchísimo, pero estos 3 años lejos de mi la han hecho padecer mucho y no creo que lo merezca. Mi papá es… mi papá es un caso aparte, para qué perder el tiempo hablando de eso.

El domingo será un día triste. Si, el sábado hablaremos 20 minutos por teléfono, no me dejaré llorar. Les haré chistes, les diré que las quiero, las haré reír y les diré que no se preocupen, que voy pronto, pero me ahogaré bajito, sin que me oigan porque las extraño demasiado.

El domingo será un día triste porque la madre de mi marido murió hace casi 4 años y él aún no deja de llorarla. En días así me pongo a pensar en todos los que tienen a sus madres y padres y familiares y amigos cerca y no lo valoran. Pienso en lo injusta que es la vida y en lo dolorosa que resulta para algunos de nosotros que, en cambio, somos buenos hijos, buenos amigos, buenos con los que nos rodean y tenemos que sufrir porque los nuestros están lejos o no están.

No puedo estar contenta, aunque lo intento no puedo porque llevo 4 días de las madres, 4 de mis cumpleaños, 4 cumpleaños de ellas, 3 fines de año y muchas otras fechas… que han sido 1161 días en total, sin verlas, sin abrazarlas, sin besarlas, sin decirles al oído lo mucho que las amo.

Para los que si pueden ser felices, den gracias por ello.

Felicidades a las madres que me leen. A Cat y Mercedes, a las madres, tías y abuelitas de Ley, Julio Cesar, Charly, Mar, Rafa, Javier, Rodo, Yan, Carlos, Carlos Manuel, todos mis Alejandros, Raúl, Kyn, Nyliam, Maria Antonieta  y todos los que no conozco pero que si me conocen a mi.


Tema recurrente.

Lo que daría por estar ahí otra vez.

Extraño, añoro muchas cosas y todas están del otro lado del mar.

Una de las cosas que más anhelo hacer es sentarme en el patio de mi casa – que está lleno de matas de todo tipo – a disfrutar de una mañana en compañía de mi abuelita que nunca se sienta ni se cansa, atendiendo sus planticas y de mi mamá que solía coser cortes de zapatos. Recuerdo que allí conversábamos y comíamos cualquier dulce que hiciera yo o alguna chuchería que friera mi abuela; papitas, chicharritas, tostones. Era tan placentero llenarse de paz en mi patio.

Una de mis vecinas me despertaba todas las mañanas con sus gritos de barítono – si, de barítono porque tenía un vozarrón de macho agudo que aquello no tiene nombre -, envilecida y desaforada llamando a “Kevin” o a “Henry”, sus hijos que estaban a dos metros de ella. También recuerdo a los negritos de al lado de mi casa que se entretenían en sonar las planchas de zinc de la cerca o planear orgías entre las tablas de su casucha – que revelaba más de lo que escondía -.

Mirando desde mi puerta - ven las matas, no? 😉

Es simpático que incluso eche de menos a las chismosas del barrio, esas que estaban de guardia a cualquier hora que uno llegara o se fuera, de pie en la acera en horas comunes o vigilando por las persianas en la madrugada.

Y no solo San Francisco y el Vedado me llaman con cantos de sirena, mi Habana Vieja me susurra entre olores a amoniaco y gritos de boteros “20 hasta el Cotorro!!!”. Las callejuelas rumbo a la Catedral, las disímiles tiendas de artículos artesanales, los museos increíbles que jamás visité… aquel café. Los restaurantes del Barrio Chino, las tiendas abarrotadas aunque no hay dinero, las paradas más abarrotadas aún porque no hay guaguas.

También añoro las tardes de malecón o las noches de G, tocando guitarra con Maday, escuchando las simpáticas genialidades de Kike o los desafinados intentos de canción de Karasu. Era lindo vagar en un P2 por la Habana y sentarnos en nuestro asiento preferido, intentando arreglar el mundo o despedazarlo, ni recuerdo.

Recuerdo que tenía yo una saya de color verde olivo, de las de tela como de hilo o algo así y me encantaba ponérmela con sandalias y cualquier blusa y me sentaba donde quiera con ella. Era mi saya preferida, a veces uno se enamora hasta de la ropa. Extraño ponerme esa saya.

Me acuerdo de la Virgen del Camino para ir al Mégano oscureciendo con una jaba de galletas y un pomo de mayonesa. La arena y la parte de abajo del bikini en la oscuridad. Los juegos de adivinar películas y el chapuzón nocturno de mis amigos vigilado por mi desde lo seco, “¿dónde están? ¡contéstenme cojone!” Me ponía muy nerviosa. Dormíamos poco esas noches, si es que dormíamos algo y caminábamos de vuelta con el amanecer.

Vienen a mi mente los 3 o 4 viajes al día a la calzada a zapatear un teléfono público “funcionando” para darle un timbrazo a mi abue y otro a Maday. “Avísale a Kike que nos vamos pa’l Copellia.” La espera en la parada roñosa de San Fco dejando ir P2 vacíos – qué tiempos aquellos O.O – a la espera de los otros dos mosqueteros. El viaje de 1 hora que se hacía corto para nuestras interminables conversaciones.

Los Mosqueteros, Maday a mi derecha, Kike al frente y Karasu a mi izquierda.

No olvido los juegos de Scrabble en cualquier portal, tirados en el suelo o en el Café de G, obligados a consumir para poder disfrutar de tan intelectual placer como es armar palabras y tener dónde ponerlas. El Principito siempre en mi jolongo, el rollito de papel sanitario porque mi trasero está muy mal acostumbrado – o muy bien, en Cuba todo es subjetivo -.

La casa de la Cerveza, el cine Yara, Cinecittá, el Fresa y Chocolate y aquella descarguita con Raúl Paz mientras el morbo y la temeridad nos hizo canjear un beso a Maday y a mi por uno de nuestros sexys acompañantes. El mejor negocio de nuestras vidas. ¡Qué tiempos!

Y pensar que han pasado 3 años de todo aquello pero en mi mente todo es vívido. Sé que mis mosqueteros no han cambiado aunque han crecido y madurado, ya somos todos adultos. Mi abuelita ya no es tan altiva y mi mamá envejece poco a poco. Mi patio pare más matas y el malecón sigue ahí. El Mégano me espera y la Habana también me extraña, lo sé.


Crónicas sobre mi abuelita – II

Mi abuela es un alma buena.

Primeros pasos.

Mi abuelita, aunque hoy tiene 71 años, también fue chiquitica y del mamey alguna vez…

Ella me cuenta que adoraba a su papá y que él era muy bueno. Nunca me ha dicho por qué se separó de su mamá pero bueno, las razones pueden ser diversas y todas conocidas; el matrimonio es así, eterno y aún efímero.

Me dice que cuando era pequeñita, su mamá le hacía una trencita y que un día al llegar su papá a casa ella estaba pelada bajito, como pelan a los varones. Lo tomó del meñique y lo llevó hasta su camita y debajo de la almohada, estaban la trenza y unas tijeras. Ella solita se había cortado el pelo y esperaba que su papá la protegiera de la madre, jejeje! Ni sé por qué se cortó el pelo, me imagino que son cosas de niños. También dice que se pasaba la noche llorando pues no le gustaba dormir en su camita y no paraba hasta que el padre la dejaba meterse en la cama matrimonial y dormir allí. Mi abuela adoraba a su “papito bueno”, como lo llamaba.

También me cuenta que una vez murió un familiar y ella no tenía zapatos pues eran pobres pero en ese tiempo, la gente se ponía sus mejores ropas para eventos importantes. Sus padres mandaron a su hermano Israel a la tienda a comprarle un par de tenisitos para que ella pudiera ir al velorio juntos a sus hermanos. Lo curioso del asunto es que mi tío, que nunca fue muy brillante, compró dos zapatos del mismo pie y no se podían devolver o cambiar. Supongo que se compraron en algún tipo de rebaja que no admitía devolución y como el dinero escaseaba también, mi abuelita lloró más de lo normal en aquel velorio y no por el familiar muerto si no, por sus piecitos adoloridos 😦

También sé por ella que enseñó a caminar a su hermana mayor María. Ella se llevan como 11 meses y ya mi abuela antes del año caminaba como un rehilete ya que siempre fue activa y emprendedora. Su hermana por otro lado estaba gordita y vaga, no había aprendido ni a dar pasitos. Mi abuela, siempre un alma buena, la tomaba de las manitos y así la enseñó. Desde chiquita siempre tuvo mucha metodología.

Sus hermanos eran malditos y les hacían muchas maldades a ella y sus hermanitas. Me cuenta que a mi tía Masi la metieron en un tanque de agua vacío y le dijeron que para comerse un platanito tenía que acabar primero con la cáscara y allí la dejaron sola, en su tarea. También me cuenta que los hermanos se encaramaban en las matas de guayabas y ellas desde abajo les pedían “mira, esa! esa está madurita!” y ellos cogían la guayaba escogida diciendo “segura que esta?”, “si, si!” y se sentaban con la hermosa fruta y la comían delante de los ojos de las torturadas hermanitas. Así era con las chirimoyas y una vez le lanzaron una muy madura a mi abuela que le cayó en la cara y comenzaron a decirle que “ay dios! el ojo se te está poniendo chiquitico! te vas a quedar ciega Aguedita!” y ella daba gritos asustada, jajajaja!

Una vez se le escapó a jugar a la abuelita que la estuvo criando un tiempo y se demoró mucho en regresar. Al volver, la abuela la esperaba en la rejita de la casa y la miraba sonriente. Ella se excusó cuando entraba y con la misma le ordenó al perro pastor que tenía “cógela” y tuvo que correr todo el campo con el perro persiguiéndola, hasta que la abuela se cansó de verla correr y le ordenó a perro detenerse. El perro era buenísimo pero cuando le daban una orden obedecía y estoy segura de que no la iba a morder pero la hizo correr como loca 🙂

Ella me ha contado todas esas historias con los ojos brillantes y llenos de alegrías y añoranzas. Mi abuela quiere mucho a su familia y extraña mucho a sus padres y hermanos. Como ya dije, mi abuela es una de esas mujeres extraordinarias y es también un alma buena.


Ya es tiempo! Respuesta.

La única manera de que mi hermana pudiera leer lo que escribí para ella “Ya es tiempo!” fue enviándoselo por correo y me respondió. Se los comparto porque quiero hacer pública mi felicidad y quiero que la conozcan como es ella, en sus letras.

Tengo q irme ya, solo me resta decirte q la risa se convirtió en par de lagrimones destrozando mi makillaje , justamente hoy decidí ponerme “linda”, jejejeje… Esa etapa es lo mejor q nos ha pasado en la vida Yesi… y probablemente, lo seguirá siendo cuando pasen los años… VIVIMOS , en todo el sentido de la palabra.. sin preocupaciones ni responsabilidades ni problemas reales.. creamos lazos irrompibles… eso es algo con lo q la mayoría solo sueña y se muere sin tener… ¿cómo quieres q lo entienda? Duele, sí… a mí también se me abre un hueco cuando recuerdo… pero…. ¡¡fuimos tan felices, sin siquiera darnos cuenta de q lo éramos!! Recordar… recordar me da esperanza… cuando veo el pasado miro el futuro q quiero para mí, lo q puede ser… lo q me hacía feliz aún sigue ahí… solo q no tan cerca como quisiera… ya nada será lo mismo nunca… las condiciones han cambiado… NOSOTROS hemos cambiado… ¿quien dijo q todo tiene q mantenerse igual? Puede ser MEJOR… y por eso me revienta q te pierdas me correo, q se pierda Karasu… q pasen los meses, los años, sin ser parte de sus vidas, sin ser cómplices.

No he llorado, no aún, no se preocupen. Esa es Maday Hernández Quevedo. MI Maday, mi amiga, mi hermana. Esa es mi “persona” y la amo.


Crónicas sobre mi abuelita – I

Mi abuela es una de esas mujeres excepcionales.

Sinopsis.

Ya sobre esto he hablado en otros posts pero debo repetirlo aquí ya que es parte de su historia y de su origen.

Mi abuela es la cuarta hija – si no recuerdo mal – de 5 que tuvieron en común su madre y su padre y de 10 que tuvo su papá; los otros 5 con su segunda esposa. Sus primeros hermanos fueron 2 varones mayores que ella (Luis e Isreal) y una hembra mayor (María) y otra menor (Ángela pero todos le decimos Masi). Los otros hermanos me son casi todos desconocidos pero recuerdo a mi tío Fifi (José), profesor igual que mi abuela y muy ilustrado y el otro nombre que recuerdo es Carlos; evidentemente me faltan 3 pero no son importantes para la historia así que, ni modo.

Mi abuelita se llama Águeda Antonia Sánchez Hérnandez y nació un 13 de noviembre de 1940 aunque la inscribieron el día 30. Los cubanos deben saber que era normal que estas cosas sucedieran por aquellos tiempos, ¿qué no sucede en Cuba? 🙂 Aunque no tengo la explicación de por qué algunos niños eran inscritos en el Registro Civil otro día que no fuera el de su nacimiento real.

En el 1940, el Municipio Amancio Rodríguez, donde nació mi abuela, formaba parte de Camagüey según la División Político Administrativa que ha sido cambiada varias veces. En la actualidad, Amancio pertenece a Las Tunas; mi mamá, por ejemplo, es tunera ya que en el 66 cuando ella nació, ya había cambiado la DPA de nuevo. Cuando se habla de este tema mi abuela se pone muy territorial porque “ella es camagüeyana” y no le discutan! La entiendo, yo soy sanfrancisqueña, sanmiguelina y habanera, no soy de Hialeah, ni de Miami y menos de Estados Unidos, aunque aquí vaya a vivir más de mitad de mi vida – con suerte – y me muera también.

Yo no recuerdo muy bien a mi bisabuelo, ni siquiera recuerdo su nombre – y esto es casi un sacrilegio ya que mi abuela lo adoraba pero ella y ustedes deberán perdonarme ya que no tuve mucha relación con él y murió siendo yo una niña -. Si recuerdo que estuvo senil muchos años antes de morir y que lo cuidaba una hija o la esposa de un hijo de su segundo matrimonio. Creo que incluso se escapaba de la casa y a veces lo ataban para tenerlo controlado, ¡qué horror! No quiero abundar mucho en este tema pues puede que sea producto de mi imaginación ya que no recuerdo bien y no tengo a mi abuela para que me corrija.

Mi abuela Celia si permanece clarita en mi mente (bisabuela pero siempre le llamé “abuela Celia”). La recuerdo altiva, delgada, con pocas canas, media loca, jajajaja! Mi abuela habla de ella con mucho amor y aun en las fechas señaladas se pone triste porque ya no la tiene; recuerdo que murió cuando yo tenía como 10 años. Abuela Celia tenía su cuarto y en él había una cama, un escaparate y muuuuuchos libros; no se podía caminar por la habitación de tantas cosas que se escondían allí dentro. Mi abuela heredó esa manía, la de guardar cachivaches.

Ya dije que cuando mi abuela era una niña, sus padres se separaron y mi bisabuela no podía tenerlos a todos consigo, así que se quedó con mi tía Masi y mi abuelita y sus hermanos fueron por un tiempo a vivir con tíos y abuelos. Mi abuela fue a casa de una de sus abuelitas (no recuerdo si materna o paterna) y permaneció un tiempo con ella. Sé que mi abuela se llama Águeda Antonia porque así se llamaban sus abuelitas. También me cuenta que cuando una de ellas murió – mentiría si digo cuál – se pasó muchos días encerrada en su cuarto, berreando y pataleando, sin querer comer ni bañarse ni ver a nadie.

Luego regresaron con la madre y ella terminó de criarlos a todos. Sé que cuando triunfó la Revolución mi abuela alfabetizó campesinos en su pueblo y estudió magisterio. Toda su vida se la pasó estudiando y luego de ser maestra, profesora, directora, metodóloga y 20 cosas más, siguió superándose y trabajó en una empresa textil. Cuando mi mamá tenía como 19 años se mudaron para Ciudad Habana y allí mi mamá conoció a mi papá, me tuvieron a mi y ellas hicieron su vida en esta nueva provincia. Mi abuela conoció a su último gran amor (fueron 3 y ya los conocerán) y vivieron una relación muy linda mientras duró. Luego se fue a vivir con nosotros en San Francisco y yo me volví el centro de su vida.

A grandes rasgos, esta es la sinopsis pero, como lo dice el título, esto va de contar crónicas así que, prepárense a conocer a mi abuelita Águeda.