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Limón partido (hay para todas)

Naranja Dulce, Lee Mompartido, dame un abrazo que yo te pido.

Mi amiga Lilliana comienza su blog para contarnos sobre su embarazo, parto y su nueva vida con su bellísima hija Isla ❤️

Lee Mompartio

En inglés, o en español? Todas las semanas o una vez al mes? Encontraré momentos para escribir? Inspirará a alguien? Tendré tiempo para contestar sus preguntas, ayudarles? Y en todo caso, quien soy para considerarme con derecho a dar consejo al respecto? Todas estas preguntas y muchas más vinieron a mi mente cuando mi mamá en sana intención de cooperar con mi inspiración y constante búsqueda en casi todas las ramas del arte, me sugirió que comenzara un blog. Hace solo 4 meses que he dado a luz a mi bebé, Isla; y dedicada a su cuidado exclusivamente, me sobra poquísimo tiempo para hacer canciones, escribir poemas, pintar y el resto de las muchas pequeñas cosas que desde niña me han inquietado.

Mi madre hasta tenía un nombre pensado, (ella piensa en todo). Cantamos de pequeños la canción “Naranja Dulce , limón partido, dame un abrazo que yo te…

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Desnuda…

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Puedes venir desnuda a mi fiesta de amor. Yo te vestiré de caricias.

Hexaedro Rosa V – Ruben Martinez Villena

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III

Dolores atrajo hacia sí a Richard, que hasta ese momento había estado arrodillado a sus pies besando sus manos, y le susurró algo al oído, para luego besarlo en la mejilla. Richard se arrodilló de nuevo, muy sonrojado y, metiendo sus manos hábiles por debajo del vestido escarlata, comenzó a quitarle los botines. George se quitó la chaqueta y el chaleco y siguió besando el cuello y los hombros de dolores mientras ella sonreía y gemía de a ratos. Richard la desembarazó de las medias y comenzó a besar sus pies desnudos, centímetro a centímetro.

Alex apretó la copa de vino con fuerza y apretó los dientes, respirando profundo, pero no se movió del lugar desde donde observaba. Dolores clavó sus ojos negros en los de él mientras George comenzaba a desatar los botones a la espalda de su vestido. Richard seguía besándola toda: los dedos delicados, el empeine, los tobillos, las pantorrillas esbeltas.

George volvió a tomar la iniciativa y la ayudó a levantarse, ofreciéndole su mano. Richard se levantó también y se quedó en mangas de camisa. Dolores estaba ahora de pie, de frente a George que la besó en los labios. Richard siguió desnudándola, pieza por pieza. Primero el vestido rojo, luego el corsé de seda y finalmente el camizón. En este punto, Dolores los detuvo a ambos y caminó hasta Alex, que seguía observando y bebiendo vino. Se detuvo frente a él y con un movimiento preciso aunque delicado, desató las enaguas que cayeron por sus piernas hasta el piso, quedando completamente desnuda delante del hermano mayor.

Alex mantuvo sus ojos en los de ella y sonrió con un poco de amargura. Puso la copa de vino en la cómoda, buscó la mano de Dolores sin bajar la vista y le depositó un beso suave. Al mismo tiempo, ponía la mano en su bolsillo y sacaba un pañuelo de seda. Con un pase rápido la hizo darse la vuelta y le puso el pañuelo en los ojos y se lo amarró en la nuca. Sin hacer pausa la tomó por la espalda y debajo de los muslos y la levantó en vilo. Dolores sintió que se movía en el aire y dejó escapar un gritico. Por un momento perdió el control de la situación y luchó pero el abrazo de Alex era demasiado firme como para poder desembarazarse.

– Tranquila, Lola. No va a pasaros nada que no queráis. ¿Confiáis en mí? – Alex le susurró al oído y le besó el pelo. Ella se abrazó a su cuello y se dejó llevar.

Alex la depositó en el lecho blanco, con delicadeza. Dolores intentó destaparse los ojos pero Alex se lo prohibió con su mano. La atrajo hacia sí y situó las manos delicadas de la mujer en su solapa, indicándole, instintivamente, que comenzara a desvestirlo. Dolores no titubeó. Su esposo era un ángel, como ella les había confesado, pero no les dijo que en materias de sexo era muy conservador. En 3 años de matrimonio, nunca se vieron desnudos. Lo más audaz que pudo hacer fue desvestirlo en total oscuridad, palpando cada parte de su cuerpo. Ella nunca había estado desnuda en presencia de ningún hombre hasta ese momento.

Alex se dedicó a contemplar el cuerpo desnudo de la mujer mientras ella quitaba cada pieza con habilidad y destreza. Tenía el cabello abundante y frondoso y olía a frutas. Su cuello era delicado y desembocaba en los brazos delicados y femeninos. Su cintura era estrecha y sus caderas amplias, los muslos torneados, las nalgas redondas. Sus senos eran perfectos. Se detuvo un poco en las aureolas trigueñas y memorizó la curva provocativa del pezón a la costilla. No pudo resistir rozarla con el dedo. Ella se sobresaltó, no lo esperaba. Se mordió el labio y prosiguió abriendo los botones de la blanca camisa.

El ombligo marcaba el comienzo de su área más privada y justo allí comenzaba un surco de vellos delicados que bajaban y se perdían en el monte de venus negro, tupido y suave, donde se formaba un triángulo perfecto, divino. Era una mujer exquisita de pies a cabeza.

… continuará.


The Lady in Red…

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I’ve never seen you looking so gorgeous as you did tonight
I’ve never seen you shine so bright, you were amazing
I’ve never seen so many people want to be there by your side
And when you turned to me and smiled, it took my breath away (…)

The Lady in Red – Chris De Burgh

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II

Era evidente que George era un casanova y esta no era la primera vez que se encontraba en esta situación. Los ojos de Richard brillaban y Dolores comprendió que, tal vez teniendo menos experiencia que sus hermanos, su imaginación no tenía límites, además, su gran conocimiento de la anatomía humana lo ayudaba a no estar en desventaja junto a sus hermanos.

Alex era un misterio. Su formación militar lo hacía parecer indescifrable. Dolores intuía que no había nada que aquel hombre no hubiese experimentado ya en su vida. Sus ojos reflejaban los incontables horrores que había presenciado pero también una agudeza increíble para comprender los azares de la vida. La incertidumbre la hacía sentirse aún más intrigada.

– Ricardo – le dijo, haciéndole una seña con la mano para que se acercara. – Todos me llaman Lola, ¿os gusta? – se quitó los guantes y acarició la mejilla del muchacho que tragó en seco.

– Mucho, mi señora – dijo él y besó el la palma de su mano.

– Lola, me encantaría veros sin la máscara – dijo George, evidentemente más atrevido y sin un  ápice de vergüenza. Ella asintió y le brindó su otra mano a Richard que continuó besándoselas con ternura. George se situó a su espalda y comenzó a desatar las cintas de seda que mantenían la máscara en su sitio. Cuando hubo terminado, tomó la delicada pieza con sus manos y dejó el rostro de Dolores al descubierto.

Era incluso más bella de lo que habían imaginado. Sus ojos almendrados brillaban, serenos e inteligentes. Sus cejas negras y tupidas complementaban la frente amplia. La nariz respingona y desafiante terminaba en un huequito adorable sobre su labio superior.

Alex se sirvió una copa de vino mientras los observaba, recostado a la cómoda. Su mirada se volvió más seria y atenta cuando George comenzó a deshacer los bucles y el cabello de Dolores comenzó a caer en cascada sobre sus hombros. Alex vio como las pupilas de ella se dilataron cuando George apartó la cabellera y depositó un beso suave en su cuello y sus propios ojos brillaron cuando a ella se le escapó un gemido suave.

… continuará.


La Mujer Real…

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El mío, el importante, el que me dura;
perfecto como el jueves o el verano.

Éste – Carilda Oliver Labra

La Mujer Real no se avergüenza de sus carnes, no esconde sus estrías ni su celulitis. La Mujer Real está feliz consigo misma porque el Hombre Real la encuentra irresistible sin muchos retoques, así como ella es.

La Mujer Real tiene los mismos pezones sensibles y la espalda flexible que las demás. El Hombre Real se endurece con su olor a mangos maduros y su sabor a sal. Él mete sus dedos entre la maraña enredada de cabellos sin peinar y degusta la espalda curvada de la Mujer Real. Ella empina el culo sin pudor, como toda Mujer Real, puta y provocativa.

La Mujer Real dice palabras sucias y se muerde los labios, degustando el sabor de la osadía. Al Hombre Real le le da una punzada de deseo cada vez que ella lo mira con ojos de pantera y se estira y revuelve entre sábanas, porque sabe que la Mujer Real está dispuesta y lo llama.

La Mujer Real conoce los azares del amor y se desnuda las penas y los “ay no” antes de presentarse ante el Hombre Real; su dueño y señor, su sirviente y vasallo. El Hombre Real siempre la toma, agradecido y le devuelve el favor con suspiros que a ella le salen de entre las piernas en forma de mariposas mojadas.

La Mujer Real no teme nada. La Mujer Real lo prueba todo. La Mujer Real lo puede todo porque el Hombre Real la adora.


El vicio que la hiere/mueve…

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La víctima depende del agresor, hay una dependencia emocional.
Pero es que el agresor también depende de la víctima,
porque basa su autoestima en la dominación.
Ana Isabel Gutiérrez Salegui

– De todos los hombres con los que has estado, dime cuál no te ha golpeado?

No respondió, sólo me miró con cara de no comprender la anormalidad del asunto, la gravedad. Me miró como quien cumple un deber al estar en su situación.

– Tú estás enferma. No te das cuanta de que es un vicio, de que sólo buscas hombres que te maltratan?

– Tu has tenido suerte de encontrar sólo hombres buenos -, me dijo, a modo de reproche.

La miré con pena, con vergüenza ajena, con ganas de golpearla yo también hasta abrirle un hueco en la sien para sacarle la porquería que hay dentro, si total, ni la usa.

Las mujeres reiterativamente abusadas buscan el abuso como el adicto busca la droga. No se sí es una penitencia que se auto-imponen o una deuda que pretenden saldar con dolor. Como mujer que jamás aceptaría ninguna versión de abuso por parte de nadie soy incapaz de entender cómo funciona su psiquis.

De todas formas duele.


Titiriteras…

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Yo soy el titiritero en la obra del destino, no el títere en el escenario del tiempo.

Jose Luis Rangel

Él la vio desde el otro extremo del parque. Ella ya lo había visto antes, cuando se le cayó el helado en la camisa.

Él entró a la librería detrás de ella para abordarla en un ambiente más íntimo. Ella entró a la biblioteca al verle los lentes de miope y la carpeta llena de hojas.

Él se le acercó en la sección de poesía y le citó a Villena, comenzando el cortejo. Ella se dirigió a esa sección para propiciar el primer contacto y facilitarle el pie forzado.

Él la invitó al cine pues la adivinó cinéfila. Ella le dejó pistas y le sugirió casi imperceptiblemente que amaba el 7mo Arte para lograr la primera cita.

Él le echó el brazo por encima y le dijo “no llores” cuando murió la heroína. Ella se sabía la peli de memoria de tanto verla pero fingió el llanto para lucir vulnerable.

Él la besó en la puerta en un arranque de ímpetu, esperando una bofetada. Ella se quedó en la puerta al llegar y lo miró de lado con ojos de luna, enviándole señales para ser besada.

Él la despojó de su vestido blanco y le hizo el amor como a una flor de loto. Ella transpiró feromonas para él hasta sudar su deseo por los poros.

Él le pidió matrimonio y le engendró dos hijos. Ella lo enamoró y lo hizo necesitarla hasta no querer perderla.

Él, eventualmente, dejó de verla como su novia de siempre y comenzó a alejarse. Ella se aburrió de él y sus defectos y dejó de comportarse como su novia de siempre.

Él comenzó a buscar en otros lares lo que en su hogar ya no recibía. Ella dejó de amarlo, de atenderlo y hasta de tocarlo, buscando que la odiara.

Él no pudo con el cargo de consciencia y lo confesó todo en una tarde de domingo. Ella comenzó a acosarlo, sabiéndolo culpable, hasta que logró una confesión.

Él se fue de la casa, le dio el divorcio y le dejó a los niños y una  pensión. Ella fue, finalmente libre y siguió con su vida otra vez.

Moraleja: Cuando los hombres creen que llevan la iniciativa en todo, generalmente somos las mujeres que estamos halando de sus hilos invisibles, haciéndolos hacer lo que queremos y esperamos. No se crean tan innovadores 😀