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Tango…

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De ser posible, leer mientras se escucha la música 

En una habitación oscura hay una mesa pequeña y dos sillas. Una luz potente y blanca justo encima de la mesa, se balancea lentamente. Tú, estás de pie detrás de una de las sillas. Vistes un traje gris, zapatos Oxford de dos tonos, pañuelo azul en la solapa, corbata gris, camisa blanca y un sombrero de paño a juego. Yo estoy sentada en la otra silla con las piernas largas y perfectas, enfundadas en medias negras, cruzadas. Llevo el pelo suelto en bucles frondosos, los ojos delineados, los labios rojísimos. Mi vestido es negro, ajustado en el talle, de escote bondadoso al frente, de escote peligroso en la espalda. La falda me cae hasta los tobillos pero se abre en uno de mis muslos, donde la pierna se vuelve cadera. Llevo zapatos de tacón alto y fino, también negros.

En la mesa yace una partida de ajedrez muy reñida, casi tablas. Me echo hacia atrás en la silla, zoqueta y maliciosa y te muestro los dientes en una sonrisa burlona. Me miras de arriba a abajo y ladeas la cabeza. Al fondo suena un bandoneón triste.

– Es evidente que ninguno de los dos va a ganar esta partida, como no hemos ganado ninguna de las anteriores – dices mientras desabotonas tu saco y lo acomodas, prolijamente en el espaldar de la silla. Te acomodas los tirantes, te arremangas la camisa hasta los codos y te encajas el sombrero hasta las cejas, extendiéndome una mano suave, blanca, delgada, como de pianista.

Yo asiento, descruzo las piernas peligrosamente, tomo la mano y me levanto con gracia. Tu me halas con firmeza hacia tu cuerpo y me abrazas por la cintura, bien apretada. Me cuelgo de tu cuello mientras con la mano libre doblas mi rodilla y me sirves de apoyo para levantarme en peso. Giramos.

La música nos penetra y sigues dando vueltas mientras te desplazas por la habitación vacía. La luz nos sigue solo a nosotros. Solo existimos tú y yo, entrelazados en un abrazo estrecho. Mis senos a la altura de tus labios, mi olor inundándote. Te detienes y es como si detuviera el tiempo. Me dejas resbalar por tu cuerpo, mi pelvis por tu abdomen, tu mano en mi muslo. Me frenas nuevamente cuando es mi boca la que descansa frente a la tuya. Jadeas. Yo suspiro.

Me depositas en el suelo y jugamos con las piernas, dibujando figuras abstractas e imposibles. Rozas mis brazos sensualmente, yo acaricio tu cuello con mis dedos. Tus ojos se clavan en los míos, desafiantes. Me alejo de ti, me atrapas por los brazos, te me pegas a la espalda, me abrazas de nuevo. Besas mi cuello a la par de tus dedos acariciando mis pezones duros por encima del vestido. Giro la cabeza y gimo en tu oído.

Me tomas de los hombros y me giras. Apoyo la rodilla en tu muslo y salto. Tú me sujetas por el brazo y la espalda. Mi pierna libre revolotea en el aire. Me empujas por las caderas y ahora mis dos piernas se alzan. Caigo frente a ti en un split perfecto. Me recoges de un tirón y seguimos recorriendo el piso en una batalla de piernas y ojos.

Me levantas, me lanzas, me recoges, me alzas. Me regodeo para ti, coqueta, desafiante. Me buscas, me encuentras, me aprietas, me atraes… me haces tuya en el baile. Te siento rígido en mi vientre cuando me abrazas contra tu pecho. Me sientes húmeda en los muslos cuando me levantas en vilo. Sudamos, jadeamos, perdemos el aliento en una batalla que ninguno de los dos parece poder ganar.

La música sube y se acerca el desenlace. Mi cara roza la tuya, muerdo tu cuello. Me aprietas el culo, yo me vuelvo y lo pego a tu ingle. Caminas detrás mío, me agarras de la cintura, giramos de nuevo en una figura indescriptible y al fin me sueltas.

Caigo en la silla, cansada. Tu también te sientas con la camisa desencajada y el pelo sudado. Te miro con la misma burla de antes, soplo un beso rojo y mojado en tu dirección y te susurro:

– Ni modo, tendremos que seguir jugando.

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Violonchelo…

violonchello

Tu sexo me sabe a naranja
a campo
a miel

Me sabe a volcán que se alza
a leyenda
a raíz que se prende a su ser
a puño cerrado
a patria
a ti

Tu sexo me sabe a mujer.

Tus sabores – Rosa Maria Roffiel

Violonchelo…

Llegó el verano. La temperatura es alta; el aire está muy denso, caliente. “Es molesto ensayar así”, piensa Isabela mientras se escurre las gotas de sudor de su frente mojada y prosigue en su apasionada lucha de notas arremolinadas. La música triste que sale por la ventana se escucha por todo el vecindario. Desde el patio, Laura la observa, sentada en la hamaca del naranjo. Sus piececitos desnudos no llegan al suelo, es pequeña para su edad. Se balancea suavemente mientras chupa una naranja. Sus labios rojos se oscurecen por la presión en la fruta, ya casi seca.

Laura tiene 16 años. Es rubia natural y su piel es rosada, parece una muñeca. Isabela es morena, su piel es blanca, pero el cabello es muy negro. El contraste llega a ser chocante a veces. Ahora sus mejillas están sonrojadas por el calor sofocante y el esfuerzo de su lírica vespertina. Su cabellera le cae por los hombros sudados, se le pega en la frente y el cuello. No se puede concentrar, hace demasiado calor. Deja el chelo a un lado por un momento y con una peineta recoge todo su cabello en un amasijo, bien alto en su cabeza. Quedan al desnudo sus hombros y cuello; desliza su mano recogiendo el sudor, que limpia en el vestido y vuelve a la carga, no se rinde. “Esta pieza es fácil, pronto la dominaré”, se dice mientras esgrime el arco sobre las cuerdas adoloridas del violonchelo, que llora su lamento al contacto.

Laura deja la hamaca, camina descalza sobre el sendero de grava. Sus pies acostumbrados a él no se quejan de la aridez de la piedra caliente. No soporta ponerse zapatos, siempre anda descalza, con el cabello revuelto. “Es una niña salvaje”, dice su madre cada vez que la ve trepada en el naranjo. Se acerca despacio a la ventana, sin hacer ruido; lánguida, ausente, mirando a Isabela interpretar ese “réquiem en re menor” de Mozart, que la tiene sumida desde la mañana. Isabela está sentada en su banqueta, con el chelo entre las piernas, el vestido remangado, descalza también.

Laura se apoya en el alféizar de la ventana, mientras lame sus dedos pegoteados por el jugo seco de la naranja. No deja de mirar a Isabela, que contorsiona su cuerpo al ritmo de la música. Mira su nuca esbelta, llena de pequeños vellos, que bajan por su espalda en una delgada línea, hasta perderse en el escote del vestido. Ahora sus ojos recorren sus caderas, y sus piernas desnudas y abiertas, su espalda arqueada, el suave vaivén de sus nalgas en el asiento. Sigue degustando sus deditos aunque ya están limpios. Una mano traviesa recorre su muslo sobre la falda, despacio, despreocupadamente. Del muslo sube al vientre, pasa por el abdomen, luego a las costillas, hasta llegar a los pequeños senos. Sus dedos dibujan círculos por sobre la fina tela, alrededor del pezón.

Isabela juega con las cuerdas y el arco, sus dedos desandan el brazo del chelo. Con los ojos cerrados escucha sus propias notas, se acerca el preludio del fin. La interpretación se vuelve delirante, convulsa, desenfrenada. Su movimiento se vuelve febril, su cuerpo es la música. La peineta que recoge sus bucles se afloja con el paroxismo de expresión corporal y sus cabellos caen por el rostro y la espalda, en cascada.

Laura apoya las manitas en el alféizar y salta suavemente, subiendo para cruzar la ventana. Se sienta y cruza las piernas hacia dentro de la habitación. Todo esto lo hace despacio, en silencio, para no interrumpir el arte de Isabela. Pone sus pies en el mármol frío del suelo, camina lentamente, sonriente, hacia la banqueta. Isabela danza con su música, su cabello revuelto perfuma la habitación, su olor de hembra sudada flota en el aire.

Laura camina hasta estar parada tras ella, y la observa, excitada, con una sonrisa en los labios y los ojos perdidos, pero no deja de mirarla sin ver. La música llega al desenlace, entre convulsiones y alaridos, cesa. Isabela queda exhausta, sus dedos adoloridos, su cuerpo cansado, su frente sudada. Laura levanta sus brazos y la abraza por la espalda, poniendo sus manitas sobre los senos redondos de Isabela.  Ella se queda inmóvil, solo respira y se deja abrazar, deja que los deditos comiencen a moverse por sobre la suave tela que cubre su busto. Laura le besa el cuello, huele sus cabellos y roza sus pezones erectos, suavemente, con la espalda sudada de la otra.

Isabela suelta el chelo y toma las manitos pequeñas con las suyas y despacio, las separa de sí. Se levanta de la banqueta y mira a Laura a los ojos, seria, insondable, distante. La contempla por un rato y la atrae hacia sí, para abrazarla contra su pecho. Isabela tiene 20 años, es alta, esbelta, es una mujer, con cuerpo de mujer. Laura en sus brazos parece una niña, pues es menuda, lánguida, pequeña.

“Quiero jugar Bella”, dice Laura, con su rostro apoyado en los senos de Isabela, así le dice de cariño. La morena toma su rostro entre sus blancas manos y la mira a los ojos directamente, escrutando, muy seria aun. Sus pupilas dilatas y perdidas, su respiración algo alterada. En sus labios rojos se dibuja una sonrisa maliciosa pero fría, su lengua recorre sus propios labios; gesto sensual y peligroso. Se acerca despacio a la carita de Laura, respirando el aliento cítrico de la jovencita. Su nariz roza la mejilla, sus labios besan la comisura de la otra boca. Se separa de nuevo, lentamente, mirando de nuevo en la profundidad de los ojos azules. Laura transpira y tiembla. Isabela vuelve a acercarse, hasta acariciar los labios con los propios, pero solo los roza, en un juego macabro, que acelera la respiración de Laura. Isabela deja salir su lengua y recorre lentamente los labios de Laura que se deja hacer, tranquila, inerte. Los entreabre y deja que la lengua de Isabela los saboree.

Isabela ejerce presión en las mejillas de Laura y esta abre más la boca. Al fin se besan, en un reguero de labios, lenguas, saliva y gemidos. Las lenguas salen de las bocas y se relamen y acarician, mientras se miran a los ojos. Isabela se detiene, mira a su alrededor y se sienta en la banqueta, atrayendo hacia sí a Laura, que ya está perdida, insana. La hace sentarse a horcajadas sobre sí, remangando el vestido y dejando al desnudo las piernas de niña. Deja que las mangas del vestido corran por los hombros, dejando al descubierto los senos pequeños y puntiagudos de la pequeña, que le quedan a la altura de la cara. Se sumerge en la piel de Laura, la olfatea, la roza, la toca, la lame, la saborea. Sus manos recorren los bracitos diminutos, los hombros desnudos, mientras su boca juguetea con los senos pequeños y excitados. Degusta los diminutos pezones, los engulle, los muerde, sacando un lamento adolorido de los labios de Laura.

Isabela deja los suyos al desnudo también. ¡Qué contraste! Los senos de Laura son pequeños, de pezones rozados, los de Isabela son grandes, redondos, los pezones marcados y carmelitas. Se pega a Laura y restriega sus senos con los de ella, los agarra con sus manos y los une, disfrutando la sensación de seda que la enloquece. Ahora es Laura la que se encorva y saca su lengua temblorosa y recorre la redondez de las bellas tetas de Isabela. Chupa por todos lados, dejando un rastro de saliva a su paso, mientras los amasa con sus manitas nerviosas.

Una mano de Isabela se desliza por su vientre y va a dar a su propio sexo, que palpita a centímetros de distancia del de Laura. Lo acaricia, por encima de la ropa interior húmeda, “mhh”, gime. Ese roce en su pubis y la boca de Laura en sus pezones la excitan sobremanera. Del suyo pasa al de Laurita, que se retuerce cuando los dedos apartan el blúmer e irrumpen en su vagina mojada ya. Se queda quieta, su lengua ya no se mueve, ni sus manos, apenas respira. Solo disfruta del esfuerzo que hacen los dedos virtuosos por entrar; su vagina se resiste un poco, pero al fin, cede. Su cuerpo se tensa completo, pero poco a poco se deja llevar y comienza a moverse, poco a poco. Sus nalgas buscan acomodarse de manera que la penetración sea absoluta y profunda. Isabela la mira mientras se menea sobre sus muslos y sonríe, con la misma sonrisa cínica y macabra. Disfruta subyugar a Laurita ante su poder, lo disfruta tanto que arremete con sus dedos, con fuerza, una y otra vez en la vagina de la joven. Laura gime desesperada, se contorsiona.

Isabela saca sus dedos embarrados de fluidos y los ofrece a Laura, que los saborea, ávida, desquiciada. Se levantan de la silla y Laura se tiende en el suelo, Isabela entre sus piernas, levanta el vestido y se deshace de la prenda interior mojada, la lanza a un rincón y aprieta sus senos contra el pubis de Laurita, que cierra los ojos al contacto. Se acomoda y vuelve a tocarla, esta vez despacio, por fuera, acaricia con sus dedos la vagina suave y mojada de Laura. La huele, la observa con detenimiento, como quien mira un tesoro. Se acerca y deja que su nariz se hunda entre los labios, que la reciben con un saltico que da Laura. Separa los labios con los dedos y saca su lengua, y recorre toda la vagina, de abajo a arriba. Laura se retuerce de nuevo, agarra el vestido entre sus manos, apretando, con los ojos cerrados y mordiendo sus labios. Isabela sigue recorriendo con su lengua, y chupando por todas partes. Abre la boca y trata de abarcar todo en un beso, pues esto es lo que hace realmente, besar la vagina mojada y palpitante de Laura, que ya está ausente. Isabela chupa, lame, succiona, muerde los labios de Laurita. Introduce un dedo sin parar su labor y baja su otra mano a su sexo, y comienza a acariciarse, en la piel viva, haciendo círculos sobre su diminuto botón.

Sigue lamiendo y moviendo el dedo dentro de Laura, deja que el segundo entre también y sigue el movimiento. No deja de tocarse ni de lamer, sigue besando todo y tocándose a sí misma. Las dos gimen, se mueven al compás de sus sexos; tiemblan, sofocan gritos. Cada vez es más rápido el ritmo, cada vez entran más profundos los dedos en la vagina penetrada, cada vez más rápido el movimiento de los dedos en el clítoris erecto, cada vez más intenso el beso de los labios sobre los labios. Se acerca el preludio del fin, y es tan convulso o más que la interpretación de la pieza en el chelo. Las carnes son las protagonistas de este concierto que se acerca al final, que entre notas agudas y repetidas está llegando a su cúspide gloriosa. Laurita es la primera que sucumbe, y se muerde la palma de la mano mientras su cuerpo intenta desprenderse de las ataduras de su carne; ella vuela, dentro de sí, vuela en una descarga eléctrica que le recorre todo el cuerpo, y su cuerpo no resiste tanto placer. Estalla.

Isabela sigue en su afán, sin darse cuenta de que ya Laura no siente, no piensa, solo yace inerte y al borde de la enajenación absoluta. Sigue tocándose, acariciándose, entre gemidos y sudor, también su pieza se acerca al fin, y acelera el roce de sus dedos en su pubis febril. Sus senos desnudos saltan, abre más las piernas, se encorva y se retuerce, ya no hay vuelta atrás. Un gemido rasga el silencio de la habitación con una acústica digna de conservatorio. Su cuerpo se tensa completo y solo se siguen moviendo sus dedos en su sexo. Convulsiona una y otra vez, primero con furia y más despacio ya, dejándose llevar solo por el impulso de sus vaivenes. Sobreviene la paz.

Ambas yacen en el suelo de mármol frío, una junto a la otra, con las ropas a medio quitar, los cabellos revueltos y las mejillas sonrojadas. Respiran suavemente, con los ojos cerrados, disfrutando del descanso, bien merecido. Así transcurren unos minutos hasta que Isabela se levanta, arregla sus ropas y toma de la mano a Laurita. Las dos se miran, ya vestidas otra vez, se besan tiernamente, se miran. Isabela toma el chelo y se sienta en la banqueta, Laura se para en la ventana, las notas tristes vuelven a fluir.

Isabela interpreta “Réquiem en re menor” de Mozart mientras Laura la mira desde la ventana y ríe, primero entre dientes, luego en voz alta, hasta que rompe en carcajadas. Se abre la puerta de la habitación y entra la madre de Laura. “Niña, deja a tu hermana practicar en paz”, le dice, mientras Laura sigue riendo como una obsesa e Isabela interpreta su melodía como los mismísimos dioses.


*I just wanna make love to you…

Para mejor disfrute de lo escrito, intente escuchar la canción mientras lee…

I just wanna make love to you – Etta James

Y sin más comienza él su arenga justiciera, vindicadora, cabría… y mis oídos se llenan de oprobios sin pronunciar mientras sus mejillas se tornan carmesís. Y su voz, sensualmente se convierte en jazz…

/I don’t want you to be no slave;/

Y sus labios balbucean palabras inteligibles que se pierden en el viento, rozando mi rostro con la forma de su aliento viril… lo único que mis sentidos experimentan a estas alturas…

/I don’t want you to work all day;/

Y sus manos mimifican gestos impronunciables, irreproducibles, onerosos pero yo solo escucho la voz rasgada que canta en mi oído…

/But I want you to be true,
And I just wanna make love to you./

Un golpe en la mesa, seco, sordo…

/…Love to you…Ooooohhooh…/

– ¡Escúchame!

/…Love to you…/

– ¡Te estoy hablando!

/All I want to do is wash your clothes;
I don’t want to keep you indoors./

– Te escucho – digo con la voz engolada…

/There is nothing for you to do
But keep me makin’ love to you./

Me miras con esos ojos de fuego y me odias porque sabes que no te escucho…

/…Love to you…Ooooohhooh…/

Yo te deseo…

/…Love to you…/

Te levantas y caminas como un loco…

/And I can tell by the way you walk that walk;/

– ¡No se puede hablar en serio contigo!

/I can hear by the way you talk that talk;/

Y me odias de nuevo, pero yo te deseo incluso más…

/I can know by the way you treat your girl
That I can give you all the lovin’ in the whole wide world!/

Me levanto y voy donde estás…

/All I want you to do is make your bread!/

– ¡No! No vengas a sonsacarme – dices molesto.

/Just to make sure you’re well-fed!/

– Bésame anda – te ruego.

/I don’t want you sad and blue!/

Te sigues negando, caminas hacia atrás… te toco.

/And I just wanna make love to you./

Te dejas tocar pero aún reniegas de mis labios…

/…Love to you…Ooooohhooh…/

Te abrazo, aprieto tu carne…

/…Love to you…Ooooh./

Te beso… y el saxo me embelesa… y me sacio de saliva, me embriago de ti, te dejo seco, te bebo a sorbos, te degusto a fondo sin detenerme.

/And I can tell by the way you walk that walk;
And I can hear by the way you talk that talk;
And I can know by the way you treat your girl/

Me besas de vuelta, aunque aún estás tenso, majadero.

/That I could give you all the lovin’ in the whole wide world!/

Me agarras de las nalgas y me subes a tu cintura…

/Oh, all I wanna do – All I wanna do is cook your bread!
Just to make sure that you’re well-fed!/

La pared es nuestro límite, mientras me muerdes el cuello y yo meso tus cabellos…

/I don’t want you sad and blue,
And I just wanna make love to you./

La ropa vuela…

/…Love to you…Ooooohhooh…/

Finalmente te convencí…

/…Yeah, love to you…Ooooh./

Si, te convencí…

/…Love to you…/


Who can say why your heart cries…

Una canción que me regalaron allá por el 2008.

Only Time – Enya

Who can say
where the road goes
where the day flows
only time
And who can say
if your love grows
as your heart chose
only time

Who can say
why your heart sighs
as your love flies
only time
And who can say
why your heart cries
when your love lies
only time

Who can say
when the roads meet
that love might be
in your heart
And who can say
when the day sleeps
if the night keeps
all your heart

Night keeps all your heart

Who can say
if your love grows
as your heart chose
only time
And who can say
where the road goes
where the day flows
only time

Who knows – only time
Who knows – only time


Fatalidades del corazón…

Llevo días con esta canción en la cabeza, es la preferida de mi hermana que es fanática de Arjona. Para Maday.

 Tarde (Sin daños a terceros) – Ricardo Arjona

Justamente ahora
irrumpes en mi vida,
con tu cuerpo exacto y ojos de asesina.
Tarde como siempre,
nos llega la fortuna.

Tu ibas con él,
yo iba con ella,
jugando a ser felices por desesperados,
por no aguardar los sueños,
por miedo a quedar solos.

Pero llegamos tarde,
te vi y me viste,
nos reconocimos enseguida,
pero tarde.
Maldita sea la hora
que encontré lo que soñé,
tarde.

Tanto soñarte y extrañarte sin tenerte,
tanto inventarte,
tanto buscarte por las calles como un loco,
sin encontrarte.
Y ahi va uno de tonto;
por desesperado,
confundiendo amor con compañía.
Y ese miedo idiota de verte viejo y sin pareja,
te hace escoger con la cabeza lo que es del corazón.
Y no tengo nada contra ellos,
la rabia es contra el tiempo
por ponerte junto a mí,
tarde.

Ganas de huir;
de no verte ni la sombra,
de pensar que esto fue un sueño o una pesadilla,
que nunca apareciste,
que nunca has existido.

Ganas de besarte,
de coincidir contigo.
De acercarme un poco,
y amarrarte en un abrazo,
de mirarte a los ojos
y decirte bienvenida.

Pero llegamos tarde.
Te ví y me viste,
nos reconocimos en seguida,
pero tarde.

Quizás en otras vidas,
quizás en otras muertes.

Qué ganas de rozarte,
qué ganas de tocarte,
de acercarme a ti y golpearte con un beso,
de fugarnos para siempre,
sin daños a terceros.


Y no encuentro la letra…

Pilón – William Vivanco

Pero me dejo el video de la canción porque…

♫ “Me interesa tu aderezo y por eso te traigo Pilón para que aprendas la vuelta que da” ♪


Un beso de desayuno *

* Un beso de desayuno – Calle 13

Oye, esto es pa’ que …
veas que yo tambien …
escribo cosas bonitas”

Yo quiero caminar por encima de tu pelo,
hasta llegar al ombligo de tu oreja,
y recitarte un poquito de cosquillas,
y regalarte una sabana de almejas,
darte un beso de desayuno,
pa’ irnos volando hasta neptuno,
si hace frio te caliento con una sopa de amapola,
y con un fricase de acerola,

Quiero caminar por encima de tu pelo,
hasta llegar al ombligo de tu oreja,
y recitarte un poquito de cosquillas,
y regalarte una sabana de almejas,
darte un beso de desayuno,
pa’ irnos volando hasta neptuno,
si hace frio te caliento con una sopa de amapola,
y con un fricase de acerola

Tu eres un panal de dulce, fruta fresca, 
tu tienes una mirada demasia’o pintoresca,
una mirada color infinito, tu me pones el estomago blandito,
vamo’ pasito a pasito siguiendonos la huella, 
caminando en una tombola de estrellas, 
un trayecto con clima perfecto, 
regalame una sonrisita con sabor a viento
tu eres mi vitamina del pecho mi fibra
tu eres todo lo que me equilibra, 
un balance, lo que me conplementa 
un masajito con sabor a menta,

Tu tienes una cosita que brilla que sobresale
por eso yo quiero que tu me regales treinta carnavales
cuatrocientos mil cuentos, una cajita pa’ guardar los momentos
vamos hacer burbujas dentro del cafe,
vamos a tener cien bebe y dejar los fliche pa’ otro dia
tu me hicistes brujeria, bruja
vamonos pa’ Cuba, cien millas patinando por las antillas,
vamos hacer un compromiso sin capilla, 
con una siembra de trigo y con la luna de testigo
enrollaito usando el mismo abrigo,

Quiero caminar por encima de tu pelo,
hasta llegar al ombligo de tu oreja,
y recitarte un poquito de cosquillas,
y regalarte una sabana de almejas,
darte un beso de desayuno,
pa’ irnos volando hasta neptuno,
si hace frio te caliento con una sopa de amapola,
y con un fricase de acerola,

Tu eres todo un evento, una pintura en movimiento
un arbol que respira, tu eres una diosa calima
tu rima conmigo tu convina, que tal
Si yo me inyecto el pulgar en la boca
y me inflo como un globo 
nos estacionamos en un arbol de algarrobo
vamonos que el tiempo es oro,
la noche a da’o un estiron
y tengo el oceano de chaperon
mis piernas se conviltieron en algodon
porque estar contigo se siente cabron

Quiero caminar por encima de tu pelo,
hasta llegar al ombligo de tu oreja,
y recitarte un poquito de cosquillas,
y regalarte una sabana de almejas,
darte un beso de desayuno,
pa’ irnos volando hasta neptuno,
si hace frio te caliento con una sopa de amapola,
y con un fricase de acerola,

Quiero caminar por encima de tu pelo,
hasta llegar al ombligo de tu oreja,
y recitarte un poquito de cosquillas,
y regalarte una sabana de almejas,
darte un beso de desayuno,
pa’ irnos volando hasta neptuno,
si hace frio te caliento con una sopa de amapola,
y con un fricase de acerola

Ey, ey, ey, chica
ey, ey, ey, chica
ey, ey, ey, chica
ey, ey, ey, Calle 13
ey, ey, ey, chica
ey, ey, ey, chica
ey, ey, ey
ey, ey, ey, chica
“Oye Hector metele ahy, en la guitarra.


*Killing me softly…

*Killing me softly – Colbie Caillat version

Strumming my pain with his fingers
Singing my life with his words
Killing me softly with his song
Killing me softly with his song
Telling my whole life, with his words
Killing me softly with his song

I heard he sang a good song
I heard he had a style
And so I came to see him and listen for a while
And there he was this young boy
A stranger to my eyes
Strumming my pain with his fingers
Singing my life with his words
Killing me softly with his song
Killing me softly with his song
Telling my whole life, with his words
Killing me softly with his song

I felt all flushed with fever
Embarrassed by the crowd
I felt he found my letters and read each one out loud
I prayed that he would finish
But he just kept right on

Strumming my pain with his fingers
Singing my life with his words
Killing me softly with his song
Killing me softly with his song
Telling my whole life, with his words
Killing me softly with his song

He sang as if he knew me
In all my dark despair
And then he looked right through me as if I wasn’t there
And he just kept on singing
Singing clear and strong

Strumming my pain with his fingers
Singing my life with his words
Killing me softly with his song
Killing me softly with his song
Telling my whole life, with his words
Killing me softly with his song