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El demonio en el espejo…

F6A

 Los únicos demonios en este mundo son los que corren por nuestros propios corazones. Es allí donde se tiene que librar la batalla.

Mahatma Ghandi

Hasta hoy no había hablado nunca de cómo era yo hace 4 o 5 años atrás. He hablado mucho de mi pasado pero hasta ahora no había mencionado lo que les contaré a continuación pues no me había dado cuenta de quién era yo hasta que me vi reflejada en otros.

Si me han leído antes, sobre todo en el Diario de una niñita, sabrán que mi niñez fue un poco cabrona y que, amén de dejarme muchas cosas buenas y ayudar a desarrollar mi personalidad, también me deformó un poco, convirtiéndome en un ser bastante antisocial y con relaciones interpersonales muy básicas, casi nulas. Pasaron unos cuantos años en los que no tuve amigos y mi vida se limitaba al estudio, la lectura, la música y mi única compañía era mi abuela y algunas de sus amigas ancianitas. Luego llegué al tecnológico y en esos 4 años fue que conocí a Maday y gracias a ella a mis otros amigos del alma.

En ese entonces, llegando a las confesiones que les traigo hoy, me abrí a ellos y los acogí como a otros miembros de mi especie pero, lastimada y dañada como estaba, mi personalidad no se sanó del todo y me volví un pequeño monstruo al que asimilaban solo esos otros monstricos que me rodeaban. Admito que yo era la peor de todos. Esa fue la época de la autosuficiencia, la intransigencia, el absolutismo y muchos defectos más que solo de nombrar me causan nauseas.

Me busqué un novio culto, me rodeé de mis amigos cultos y comenzamos a codearnos solo con personas cultas – entiéndase por culto el haber leído, escuchado música y visto cine un poco más que la media de nuestros escasos 19 años. En ese entonces si me preguntaban cuál era la mejor cualidad que puede poseer un hombre yo decía que era la inteligencia y mi objetivo en la vida era aprender todo lo que pudiera. Por esos objetivos y pensamientos no aceptaba en mi medio a nadie que no estuviera al menos cerca de mi nivel educacional e intelectual. No! Simplemente no resistía estar cerca de gente que no fuera tan brillante, tan genial… tan estúpida como yo.

Pero como no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista y la yerba que está pa’ uno no hay chivo que se la coma, decidí y tuve la posibilidad de emigrar a los Estados Unidos y, 4 años y un poco después, heme aquí, autoanalizando a la niña de 19 años que fui.

Y todo esto viene a colación ahora pues hace par de días mi amor y yo nos topamos con uno de esos personajes de hace años que, sin ser uno de mis amigos es amigo de ellos así que me toca por la libreta el tropezármelo de pascuas a San Juan. Este tipo – y tengo que admitirlo sin modestia alguna – se llevó el premio pues de todos nosotros siempre fue el más cretino e insoportable, desde mucho antes del tecnológico. Pues, mientras yo me iba civilizando y aprendía a convivir en sociedad este muchacho no hizo más que desarrollar sus cualidades de inadaptado social y todo lo que tenía de inmetible se duplicó.

No sé explicarme si es que yo conocí el verdadero tesoro del que un hombre debe sentirse orgulloso y es simplemente el ser bueno o tal vez el relacionarme con otras personas más humildes, menos “brillantes” me volvió más humana pero estar en presencia de esta sombra de mi pasado me hizo sentir miserable. Y lo más jodido es que no fue solo él. Recuerden que les dije que cuando somos así, andamos en manadas pues necesitamos rodearnos de otros fenómenos que nos acepten y nos sigan y nos aplaudan todas las gracias y pendejadas que hacemos y decimos. Pues mi Némesis venía acompañado por otro que ya debía haber rebasado todas esas etapas pues por tiempo está vencido ya.

Este nuevo personaje me odió desde que me vio y comenzó a probarme. Me sentí, literalmente, como la fiera nueva que se encuentra con la manada y debe soportar provocaciones de toda índole. Dentelladas, retos, duelos, gritos, sangre. Me sentí acorralada, como si tuviera que que pasar ciertas pruebas para ser aceptada en el nuevo nido de animalejos.

Supongo que mi naturaleza guerrerista se sintió tentada al principio y alguna resistencia hice, respondí, repliqué, discustí… hasta que me di cuenta de lo vano y futil de todo aquello, además de mi superioridad espiritual y comprendí que todo aquel drama solo me daba dolor de cabeza y me retiré. Al salir de su presencia miré a mi amor a los ojos y le pedí perdón por haber sido de aquella manera cuando nos conocimos y le agradecía por haberme dado la oportunidad de evolucionar. Lo amé por ayudarme a crecer y por convertirme en una mejor persona.

Esa noche me acosté agotada, luego de una batalla sangrienta y a muerte en la que, finalmente salí victoriosa y maté a mis fantasmas. Derroté a un demonio que hacía mucho no veía reflejado en el espejo. Ya no está ahí cuando me miro.

 


Poema narcisista…

el rapto de las mulatas

Todo lo bueno es de piel morena.

Anónimo?

Mis labios de melao de caña con una pizca de aniz. Mis ojos como avellanas, respingada la nariz.

Mis manos saben el arte y las mañas de acariciar. Mis caderas cadenciosas no pueden dejar de bailar.

Mi aroma de fruta fresca brota intenso de la raiz de mi cabellera rebelde como tuza de maiz.

Mis piernas de amazona se prenden del suelo al andar pero el paso es muy ligero, como gacela al saltar.

Mi cuerpo esconde montañas, riveras y laberintos y en él puedes encontrar tesoros que nunca has visto.

Y guardo una caracola que canta al ritmo del mar. Soy el Caribe. Cuidado! No te debes enamorar!


Porque soy de ustedes…

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Mi Habana

Aquello que sale del corazón, lleva el matiz y el calor de su lugar de origen.

Oliver Wendell Holmes

Gracias!

Quiero darte las gracias porque verte, abrazarte, escuchar tu voz me ha ayudado muchísimo. Desde que vine a este país he sufrido mucho la ausencia de los míos, de lo mío y esas escasas horas que pasé entre el humo asfixiante de los carros, el polvo de las construcciones, el frío, el catarro y ustedes me ha devuelto la risa.

El mejor amigo de Arian llegó del Salvador hace 2 días y aún no lo hemos visto pues entró por Mexico y aún no llega aquí pero, me siento tan feliz y hoy le comentaba al tuti que si no había notado mi cambio al volver de Cuba. Mis últimos meses allí fueron hermosos, los mejores de mi vida hasta hoy pero quería irme, moría de ansias por conocer “la yuma”, por mejorar, por crecer, por volverme persona ya que en Cuba es muy difícil mantener el estatus de ser humano por culpa del sistema. Aún así, ustedes, nosotros, los cubanos, mis cubanos, somos los mejores seres de este mundo y no lo digo con arrogancia ni con autosuficiencia. Hablo de la calidad humana, de la resistencia, del ansia de mejoramiento, del hambre de crecimiento. Hablo de la inteligencia, de la capacidad de adaptarnos, de la capacidad de mantenernos puros adentro amén de la necesidad, de la precariedad en la que nacemos y crecemos.

Al regresar me sentí humilde, me sentí más sencilla que nunca. Sentí felicidad al meterme en un bache frente a mi casita, sentí felicidad al respirar la decadencia de mi país y de mi gente. No sé por qué me sentí así, supongo que fue el reencuentro con mis raíces, con mis orígenes, con el ambiente y las circunstancias que me convirtieron en la mujer que soy.

No voy a mentir, al segundo día ya quería volver pero al mismo tiempo me quería quedar. El camarero (Mi amigo Julio César) me decía siempre que cuando volviera me daría cuenta de que nunca perteneceré a los Estados Unidos de América pero que ya tampoco sería de Cuba. Lamento contradecirte querido mío, pero fue todo lo contrario. Lo que sentí fue que ahora mi amor se divide. La mayor parte está en mi tierra, de la que me siento más dueña que nunca pero ahora también conozco el sentido de pertenencia de este lado que me ha recibido de brazos abiertos – aunque con espinas. Soy de los dos lugares y no creo nunca perder ese sentimiento.

Quiero volver… mucha gente que conozco me dice que a Cuba solo porque tienen a sus padres o porque no les queda más remedio pero que si dependiera de ellos se irían a conocer mundo y jamás pondrían un pie en la propia patria. Yo cambié mi manera de pensar y solo quiero regresar, todas las veces que pueda porque cada viaje será aire para mis pulmones, gasolina para mi alma, camino bajo mis pies… la fuerza para seguir adelante.

Y ya terminando antes de empezar a echar mocos, espérenme pronto pues quedan muchas historias por vivir y por contar.


Un, dos, tres: PROBANDO!

El dolor más intolerable es producido por la prolongación del placer más extenso.

George Bernard Shaw

De regreso…

Veamos cuánta gente regresa con este falso post, jajajajaja! na’ mentira, no es falso… ¿será que vuelvo? Al menos escribo…

El dolor, el existencialismo, la verdad, las pseudociencias, el ruido, el llanto, el amor… un conjunto muy grande de sentimientos, pensamientos y sensaciones metidos a presión en una vasija irrompible, a prueba de impactos, donde se revolvieron todos hasta causar una explosión.

Me considero una mujer fuerte, sobre todo de mente. Me considero difícil de tumbar pero me tumbaron – o me dejé tumbar. No sé, estuve ausente, estaba ya ausente antes de irme. No quería estar.

Pero ya no duele, no creo que duela más pues dejó de ser importante. El tiempo cambia, se transforma en algo que quiero vivir. Los caminos se unen, las aguas amainan, el viento sopla lento y salado. El mar de Ley y de Mar me llama. Sigo deportiva para estar a tono con el mundo. Disfruto el sol, disfruto la lluvia, disfruto hasta el calor y la humedad; disfruto el sudor.

Soy hedonista, ese es el principio del fin. Es la semilla de esto que beben. La hedonista soy y debo honrar mi máxima: “Disfruta todo lo que haces y haz todo con disfrute”.

Dejé de disfrutar escribir, dejé de disfrutar leer, dejé de disfrutar luchar… casi me pierdo pero aquí estoy, de vuelta y para todos ustedes.

Y no pienso irme más!


Una niñita en La Víbora – VIIII (FIN)

El primer beso que supo a beso y fue para mis labios niños como la lluvia fresca.

Federico García Lorca

Despidiéndome de La Víbora.

La escuela al campo fue divertida y me sentí muy bien, fue la primera vez que probé la independencia y adoré ser libre. No es que hiciera nada del otro mundo, como dije aún mi sexualidad no despertaba y no era de hacer locuras, pero el estar sola y a cargo de mi vida por 21 días me hizo muy bien. De todas mis amigas la única que orgullosamente no se rajó fui yo. Recuerdo que una a una todas fueron cayendo enfermas, lesionadas, cobardes… y se fueron, algunas 15 días antes, 1 semana, 5 días. Yulima se enfermó de la garganta y me dejó sola un fin de semana pero regresó para estar los últimos 3 días.

La pasábamos genial y en las noches nos reuníamos al lado de los baños a hacer cuentos de miedo o a jugar a adivinar la película. Hacíamos campeonatos de este juego masivamente, las hembras contra los varones. Me hice amiga de dos o tres muchachitas y muchachitos de mi aula que me ayudaron a pasar la segunda mitad del curso en paz y aprendí que si podía tener amigos verdaderos en la adolescencia.

Me besé con un muchacho pero solo por besarnos, no sentía mucho, era raro de hecho. Me hice noviecita de otro pero no le besé. Mi papá se enteró y casi me saca a rastras del campamento. La preocupación de mi padre por mi virginidad era tal que a veces pienso que de no haber emigrado a los estados Unidos cuando yo tenía 14, sería virgen aún o me habría desheredado – probablemente la segunda porque nunca lo dejé controlar mi vida sexual, mi sexualidad era mía y por eso bastantes broncas tuvimos -.

La escuela al campo también me dejó heridas de guerra. Recuerdo que la primera semana hizo el frío más crudo que he vivido y la temperatura bajó tanto que aún me duelen los dedos al recordarlo. Estábamos en provincia Habana y allí es donde más frío se siente en mi tierra. La segunda semana la temperatura subió mucho y supongo que el cambio de ambiente fue lo que acabó con muchos de nosotros. Yo perdí la voz completamente por muchos días. Al llegar el primer domingo mi papá quiso llevarme para la Habana porque yo tenía catarro. “¡Que no!” fue mi única respuesta y él se marchó encabronado.

Después fue el esguince doble en mis dedos del medio y anular de la mano derecha. Lo que hacíamos allí era desyerbar boniato y papa y arrancando hierba mala me lastimé ambos dedos. Recuerdo que no podía cerrar esa mano y me dolía muchísimo, mis dedos parecían chorizos. Mi papá quiso entonces llevarme de vuelta porque iba a perder los dedos. “¡Ya te dije que no me voy!”. Otra vez el insulto. La última semana fue lo del noviecito y le dejé bien claro que no me iría hasta el último día. Se fue muy bravo pero me quedé.

Ya de vuelta y cercano al incidente con la profesora de Física, estaba yo un día en el patio interior de la escuela cuando dos muchachos comenzaron a coquetear conmigo y una amiguita del aula – bueno, la salsa era conmigo pero como ella estaba ahí-. Ambos eran el sueño de cualquier adolescente aunque cada uno era hermosamente único e irrepetible.

Leonel era trigueño, fuerte, un año mayor que nosotras pues había repetido un curso; era un sueño pero era un bruto y un rega’o. Alberto era blanco y de cabellos rubios oscuros, ojos azules como el mar revuelto y el porte de caballerito medieval; era muy inteligente y además, hijo de la profesora de Física O.O

Ni sé cómo me enredé con Alberto pero si recuerdo que él me dio mis mejores besos – hasta hoy – y conocí lo que es “mojarse” de excitación. Nos besábamos durante largos minutos, sin separarnos, degustándonos hasta la saciedad. Nos íbamos al patio trasero o por el laboratorio de Química y nos besábamos sin descanso. No pasamos de eso y esa fue la razón de que me dejara por otra chica de otra aula que seguro ya hacía muchas más cosas que yo.

Fue un enamoramiento furtivo y experimental que me dejó los mejores besos de mi vida y el hambre por obtener más. Comenzaron a gustarme otros muchachos pero no llegué a nada con ninguno pues mi papá estaba al irse de Cuba y yo no tenía cabeza para nada de eso. Mi inexperiencia era tal que no sabía como manejar las situaciones.

Unos meses después Leonel me confesó que estaba enamorado de mi y se peleó con Alberto por jugar conmigo y la otra muchacha. Nos hicimos amigos pero nunca pude verlo como pareja, supongo que desde ese tiempo ya iba comprendiendo que no me excitan los hombres brutos, por muy lindos que sean. Una tarde discutimos por alguna bobería y me fui muy molesta de la escuela. Vino el fin de semana y el próximo lunes hubo una marcha, ni me acuerdo por qué. Toda la escuela se fue para el evento y a media caminata una maestra nos informó que Leonel había tenido un accidente la tarde anterior yendo para la casa de su papá que casualmente vivía en el Cotorro. Él  iba en bicicleta y un camión lo chocó. Cayó de cabeza contra el piso y aunque lo llevaron al hospital, no sobrevivió la noche.

No nos dijeron nada porque sabían que nadie iría a la marcha de saberlo; a Leonel todo el mundo lo quería. Yo me pasé días llorando sin consuelo, me sentía tan culpable… La última vez que lo vi vivo discutimos y murió sin saber que lo quería mucho. Me sentí decepcionada de la vida, de la escuela, del engaño que funcionó para que no pudiéramos ir a verlo. Esa fue mi última marcha, mi último “acto revolucionario”. A partir de ahí mandé todo a la mierda y más nunca me dejé usar por el sistema; me habían traicionado bajamente. Con el tiempo superé lo de Leonel aunque nunca me atreví a ir al cementerio. Supongo que aún me siento culpable de haber peleado con él.

Mi papá preparaba su salida del país y me pidió que pasara las vacaciones en su casa y así lo decidí.

Y así se acabó el 8vo grado, dejando atrás mi último gran problema, mi última pelea, mi primer beso húmedo, los primeros amigos, la primera pérdida, el fin de mi niñez y el principio de mi adolescencia.

– FIN –


Una niñita en La Víbora – VIII

El conflicto entre la necesidad de pertenecer a un grupo y la necesidad de ser visto como único e individual es la lucha dominante de la adolescencia.

Jeanne Elium

Lo malo de 8vo grado.

Esta vez fue Marian quien cayó en la nueva aula conmigo y se suponía que seríamos las mejores amigas… se suponía.

Recuerdo que al comenzar el 8vo grado fue que me afeité las piernas por primera vez, comencé a ir a la peluquería todos los fines de semana a que me hicieran rolos y torniquetes que me dejaran el pelo amoldado e hidratado. Supongo que ahí fue que comencé a ser una señorita, una adolescente, una mujercita. Antes no me había preocupado nunca por cosas como arreglarme las uñas o pintarme los labios pues era una niña y tenía necesidades de niña. Mi padre me siguió llevando a la Feria del Libro y seguí leyendo muchísimo; eso me ayudó a madurar.

 En esta nueva aula de gente rara y hordas de brutos me sentía algo fuera de lugar pero me adapté. Después de pasar por aquel infierno el año anterior, nada podría hacerme sentir mal… o eso pensaba yo. Enseguida Marian se unió a las demás muchachitas del aula y les contó de mi amor por Daniel y una de ellas, la “alpha” del aula, se ofreció a ayudar. Fue ella, de hecho, quien le dio el famoso chismógrafo a Daniel para que lo llenara.

Realmente no recuerdo cómo ni por qué esta muchacha comenzó a hacerme la guerra y no entiendo por qué Marian, siendo una muchacha tan buena, se alió a ella. El caso es que me molestaba a diario y era un infierno, los ataques eran constantes y la envidia a la que estaba sometida no me dejaban en paz. Yo fui muy agresiva en mi niñez más temprana por lo que veía en mi casa pero mi personalidad se había tornado suave, era más diplomática que violenta para esas fechas.

Fuimos a la escuela al campo y recuerdo que ya el chantaje era mucho, me robaban la comida e incluso se la comían en mi cama, dejando la suciedad allí. Mis padres se enteraron de los problemas y fueron a hablar con los de ella; casi se arma en la guagua pues ellos reaccionaron muy mal educadamente y mis padres son de armas tomar también. Al final no pasó nada pues la maestra que estaba al frente de nosotros en el campamento era otra desfachatada, chusma y bandolera como aquel grupito de adolescentes insufribles.

Al regresar la hostilidad empeoró. Hubo un incidente que me ganó la admiración de una buena profesora y hasta un nuevo amor. Les dio a los diablos uniformados de mi aula por echar “flor de peo” en todas partes. Así se le llamaba a la flor de un árbol inmenso que al abrirse olía a flatulencia y para mi el olor era insoportable. Siempre he tenido un olfato delicado y agudo y ese olor me atormentaba. Mi aula era incontrolable y ni los profesores podían ponerle correctivo a los muchachos.

Una vez pusieron estas flores en mi mochila y casi me da una cosa. No sé de quién fue la idea pero ese día me jodieron bastante y no supe quien fue así que no pude resolver el problema. Un día en clase de Física era insoportable el olor y yo no podía parar de quejarme y la profesora, encabronada por todo me dijo que si no me gustaba el olor podía irme. Cuando me dijo eso cogí un insulto y me levanté, salí por la puerta como alma que lleva el diablo, dando un portazo que aún debe resonar en las tardes de 10 de Octubre. Caminé irascible hasta donde vivía mi mamá, como a 15 cuadras de la escuela pero ni me lo sentí; así era la rabia que me consumía.

Al llegar mi mamá dormía pues en ese tiempo hacía guardias de noche, pero al verme llegar roja de ira y de llanto se despertó y escuchó mi historia. Me sentí tan humillada, tan ofendida. Supongo que esa fue la primera vez que fui consciente de la “injusticia” que impera en el mundo. ¿Cómo aquella profesora desgraciada iba a decirme que me fuera del aula a mi, por mucho la mejor estudiante del aula? Simplemente por no tener los pantalones de poner orden. Uffff! Mi mamá se vistió y regresó a la escuela conmigo. Yo esperé fuera mientras ella hablaba con la maestra.

No recuerdo qué le dijo ni qué respondió la profesora, solo sé que mi mamá fue muy lógica y respetuosa, pero no dejó de ponerla en su sitio por eso. Entré al aula y mi mamá se fue. En la próxima clase yo era monitora de Física y la profesora me tomó mucho afecto después de aquello; sin dudas yo era la mejor del aula.

La cosa con Lizzy, la chiquita esta que me molestaba, llegó a su fin un día que ensucié una silla con los pies y resultó que “era su silla”, cosa que no era cierta pero evidentemente ella ya no soportaba más. Me esperó a la salida de la escuela y nos enredamos a los golpes. Me mordió un brazo dejándome una marca que me duró unos años, recordando la rabia que le tenía. La marca desapareció con el tiempo al igual que mi odio por ella.

En la escuela se enteraron de la bronca, llamaron a nuestros padres, a otras niñas del aula que eran “testigos”, intentaron ponerme como la mala pero mi conducta, mis calificaciones y mi manera de proyectarme fueron más que suficientes para probar mi inocencia. Su bajo nivel, su chusmería y sus notas mediocres la dibujaron como la adolescente revoltosa y busca pleitos. Todo quedó ahí y aunque la hostilidad nunca se fue, los problemas si.

Hace 3 años antes de venir para acá, la vi con un muchacho en la cola de Cinecittá, detrás o delante de mi y mis amigos. Sentí deseos de patear su cara por un instante pero recordé que tenía 20 años y que ya no sentía nada.


Una niñita en La Víbora – VII

Siempre he tenido la sensación de que todos estamos más o
menos solos en la vida, sobre todo en la adolescencia.
Robert Cormier

Todos odian a Yesi.

Al terminar la primaria nos ubicaron basándose en nuestras direcciones. Yo vivía en la esquina de Carmen y Saco y en esta última, bajando tres cuadras, estaba la Primaria-Secundaria-Teatro Mariana Grajales. La Enrique José Varona, a donde fue Daniel pues vivía a una escasa cuadra de distancia, quedaba bajando por Carmen a tres cuadras también. Allá me fui con Yulima y Marian, una muchacha que conocí en 4to grado junto a Thais en esa misma escuela y ellas fueron mis “amiguitas” por ese tiempo.

No sé si ya les conté que la Mariana era la secundaria de la high-life y que cada chiquill@ engreíd@ – posteriormente adolescente y joven cretin@ – de La Víbora iba a parar allí. De esta etapa no recuerdo bien los nombres ni el grupo, solo recuerdo detalles desagradables y malos momentos; el cerebro olvida lo que le hace daño, supongo.

Yo siempre he sido diferente y ya hablé de los episodios de “todos odian a Yesi” que me han perseguido desde pequeña. El primero que recuerdo fue en san francisco – 3ro o 4to grado – cuando todas las niñas del aula se pusieron en mi contra y formaron “el grupito de la Chiqui” pues había una niñita muy bajita que era la líder o algo así. Todo fue porque me hice noviecita de un muchachito muy cotizado – noviecitos de nombre nada más – y él quería también con otra muchachita que andaba en ese grupito. El caso es que yo terminé con el chiquito pero me quedaron de enmigas las niñas, qué suerte la mía! Después de eso sucedió lo mismo cuando Daniel aunque la hostilidad allí se practicaba más diplomáticamente.

El tercer suceso y el peor fue en 7mo grado. Recuerdo que en esa aula habían algunos muchachos muy insoportables, detestables, abominables: Alejandro, Dennis y David. Alejandro era chiquitico y feo como el co*o de su madre y rubio pelado a la calabacita pero ya tenía esa expresión en la cara de delincuente juvenil aún proviniendo de una familia apoderada; era todo un déspota. Dennis era muy blanco y de pelo negro, gordito y apingustiante! Un día mis padres fueron a hablarle porque el acoso era constante y descubrimos que lo que tenía era un flechazo conmigo. Di tú! La edad de la peseta puede ser mortal a veces. David era alto, de nariz aguileña, bien parecido, un poco menos inmaduro que los otros pero cuando se unían era una catástrofe.

Recuerdo que les daba por prender alcohol bajo las mesas y lanzar por las ventanas a los carros que pasaban por Santa Catalina, condones llenos de agua u orine y tablas de las mesas que despedazaban. Eran despreciables pero no solo ellos, las muchachas también. Supongo que me chocó el cambio de primara a secundaria, de niña a jovencita. Las niñas del aula de Maritza eran muy coquetas pero eran niñas aún. Estas muchachas de 7mo grado se creían mujeres hechas y derechas y pretendían actuar como tal.

En este grado me odiaron de gratis pues seguía enamorada y soñando con Daniel – cosa que solo Yulima sabía – y no tuve ningún amorío así que no podían odiarme por un muchacho… creo. El caso es que el ambiente era opresivo y ese año no disfruté muchas cosas. Recuerdo que me refugié en los libros, la televisión, la música y los estudios. Siempre estaba leyendo y eso era algo que esa horda de adolescentes maleducados no podían perdonarme. El ser inteligente y hermosa – aún con mi físico de niña ya que vine a usar sostén a los 14 años – era un pecado capital en esa dinastía casi salida de un parvulario.

Este año me hizo más callada y me recluí en mi interior. Comencé a madurar. Pasaba mucho tiempo en la sala de la casa de mi abuelita, rodeada de libros y libretas. Allí comía, allí jugaba, allí estudiaba, solo me iba a la cama a la hora de dormir. Escribía poesías sin parar y escuchaba mucho a Cristian Castro y Mónica Naranjo mientras aún lloraba a Daniel. Dibujaba e inventaba revistas, hacía cuquitas y soñaba que aquella no era mi vida.

También fue una etapa difícil porque estaba sola con mi abuelita. Mi mamá no vivía conmigo y la veía muy poco, su nueva ocupación era su esposo y la dependencia que tenía de él. Mi papá venía a verme entre semana y me llevaba a comer y a las tiendas, me compraba muchas cosas pero estaba muy ocupado cayéndole detrás a mi mamá y no me daba la verdadera “atención” que yo necesitaba. Mi abuelita hizo lo mejor que pudo y me mantuvo a flote, no me dejó caer.

Terminando el 7mo grado fue mi hermano a Cuba por primera y única vez. Mi papá hizo en dos semanas lo que no hizo en mis – hasta ese momento – 13 años. Puso ventanas y puertas de hierro y zinc galvanizado, pintó la casa y les dijo que no se preocuparan que él los iba a mantener los 15 días que estuvieran en Cuba – iban mi hermano con su madre y la otra hija de ella -. Yo estaba en pruebas finales y me recuerdo sentada en la puerta cerrada de mi casa, con mi uniforme y mi mochila al hombro, acabada de llegar sola de La Víbora, leyendo un libro para la prueba del día siguiente mientras esperaba por la familia feliz que no llegaba. Así y todo salí muy bien en las pruebas aunque no hubo química con mi hermano.

Él tenía 18 años y aunque su hermana era apenas unos meses menor que yo y se llevaban de los mejor, entre nosotros no se creó ni el más mínimo vínculo de afecto. Yo era una niña y no entendía por qué mi papá andaba detrás de ellos – se quedaron en casa de unos amigos suyos a dos casas de la de mi papá y mi hermano estaba medio enamorado de la hija de esos vecinos y no quería estar en mi casa – y quería que yo hiciera lo mismo. Yo todos los días iba y alquilaba de 5 a 8 películas y las devoraba frente al televisor. Me volví una adepta del cine y vi todo lo que estaba a mi alcance. El paso de mi hermano por mi vida fue intrascendente y así el 7mo grado se acabó, llevándose todas sus penurias consigo.

Pero vino el 8vo y fue aún peor.


Una niñita en La Víbora – VI

La magia del primer amor consiste en nuestra ignorancia de que pueda tener fin.
Benjamin Disraeli

El primer amor: Daniel – III (final)

Fuimos a secundarias diferentes como dije y nunca más lo vi (durante séptimo grado) hasta que por cosas que contaré más adelante, me cambiaron de escuela y fui a hacer el octavo grado en la otra secundaria de la zona, donde estudiaba él. Por avatares del destino y la naturaleza que es sabia aunque cruel, caí precisamente en su aula. Esa era la peor aula de octavo, nuevamente y ahora me pregunto si él siempre era perseguido por grupos malos o era yo la de la maldición. Al verme después de un año, crecida, desarrollada, bella, esbelta, toda una mujercita, supe que aún sentía cosas por mí; yo también las sentía.

En mi infancia se usaba mucho una especie de juego llamado “chismógrafo” que sconsistía en una libreta donde se ponían preguntas e todo tipo, sobre todo sobre gustos, preferencias y novi@s. Yo siempre tuve y al llegar al aula y reconocer los sentimientos aún tangibles en mi amado de 12 años, le mandé el chismógrafo que llenó completamente hablando de mí; yo era la muchacha de la que estaba enamorado y a quien quería y todo tenía que ver conmigo. La felicidad me duró poco, al otro día Daniel me pidió la libreta para corregir algo y se la di y esa misma noche se apareció en mi casa y e dejó el chismógrafo con una mirada de tristeza y un beso en la mejilla: Daniel tenía novia.

Todo estaba tachado y donde figuró felizmente por un día mi nombre, ahora aparecía un “Yanet” que no me sonaba de nada y me dolía a la vez. Con Yulima precisamente me enteré de que era “la Yanet del aula de Emilia”, “la gordita?”, “esa misma” O.O Supe entonces que ella vivía justo en frente de él y que se hicieron novios en séptimo grado y que la relación era bien opresiva. Pasaron muchas cosas que no contaré porque no son mías, son de ellos y aunque yo y muchos las supimos, no me corresponde a mí divulgarlas al mundo. El caso es que ella ejercía mucho poder sobre él y aunque siempre vi en sus ojos que los sentimientos estaban ahí, nunca luchó.

Recuerdo que pasé otro curso escolar muy difícil, me perseguían los problemas y las personas problemáticas. Hice muy buenos amigos que me ayudaron a pasar por ese proceso. Y así, en enero, nos fuimos a la escuela al campo; esa fue mi primera y única escuela al campo y me la pasé genial. Después de mucho dolor y mucho sufrimiento, sobre todo al ver que Daniel y Yanet convivían a diario y eran la “pareja ideal” -que en realidad era todo menos eso pero así lucían -, un día desperté y vi a Daniel junto a Yanet por la ventana. Él le afeitaba las piernas a ella pero en mis ojos el gesto que puede llegar a convertirse en una práctica tan sensual e íntima, resultó tan vulgar y humillante que no lo resistí. Solo vi que Daniel era una triste marioneta de Yanet, que lo usaba y jugaba con él; en ese momento dejé de amar a Daniel.

Ese fue el fin de nuestra historia de amor pero mi hipocampo no olvida.

nota aclaratoria 1:

a los 16 años vi a los jimaguas de nuevo, una noche que estaba dando una vuelta por el barrio con Yulima – recuerden que me fui a los 14 a vivir a san francisco – y estaban muy cambiados. En aquel momento Daniel estaba pelado al rape, tenía algunos piercings corporales y varios tatuajes. Supongo  que estaban pasando su etapa roquera o algo así. En ese momento no vi sentimientos en sus ojos, tampoco los había en los míos.

nota aclaratoria 2: 

el años pasado encontré a los jimaguas en facebook y conversé un poco con Daniel. El rock (el atuendo de roquero) fue solo una etapa y ahora se encuentra estudiando en la Universidad de la Habana, completamente reivindicado y tiene una novia rubia y bella. Se sorprendió cuando le conté todo lo que recordaba pues él también tenía esos lindos recuerdos en su memoria. Su aspecto cambió, ahora tiene ese pelo bello y negro suyo, más largo y parece un emo pero sin tendencia al suicidio. Sigue siendo adorable.

***

ok, seguimos con la historia de mi infancia en la Víbora, no se me enamoren de Daniel (me pongo celosa 😉 )