Archivo de la etiqueta: Psiquis

El hombre perfecto I…

El hombre perfecto te dice que no. Te dice que no mientras ruegas, lloras y pataleas. Te dice que no mientras enloqueces y te hablas el pelo.

El hombre perfecto espera a que dejes de pedirlo, a que te resignes a que “no es no”, a que aprendas quién manda y a quien debes respetar por encima de todo. Entonces, solo entonces…

… te lo da.

Anuncios

Demonios internos…


“Ella había traído consigo los vientos favorables de un
mundo enorme, y resultaba extrañamente cautivador.”

Yo antes de ti – Jojo Moyes

Leer entradas anteriores

VI

Luego de depositarla en la cama, Alex, descalzo pero aún vestido con su pantalón, retrocedió y volvió a su copa de vino. Se dedicó a observar a los hermanos mientras se ahogaba en la bebida. Vio como Richard se acercaba y le susurraba cosas al oído a Dolores mientras tocaba sus labios rojos y señalaba aquí y allá, como explicándole de qué estaban hechos los besos. Dolores temblaba de placer.

Alex tenía cuarenta años ya y, por supuesto, esta no era la primera vez que compartía una mujer aunque sí era la primera vez que sus hermanos estaban inmiscuidos, pero esta no era la parte que lo tenía incómodo. Sus hermanos eran par de niños y no había nada que pudieran enseñarle a estas alturas. ¿O sí?

Frunció el ceño cuando vio a Richard besando a Dolores y usando sus dedos como parte del beso. Evidentemente la estaba volviendo loca. ¿Cómo no había pensado en eso en sus cuarenta años? Tal vez no era tan creativo como pensaba. Se bebió la mitad de la copa de vino de un  solo trago y se sirvió lo que quedaba en la botella. Abrió otra y la dejó respirar, mientras bebía.

Dolores se veía indefensa, reducida y hasta un poco inocente. Cuando la vio desde el otro lado de la habitación, sintió como un llamado ancestral. No podía explicárselo pero era como si necesitara interactuar con aquella alma. Él no era un científico como sus hermanos, la ciencia dura no era su campo, pero sí la psicología. En sus años de militar, había conducido muchas investigaciones y entrevistas a soldados, antes, durante y luego de participar en una batalla, y se había convencido de que la mente humana es algo maravilloso. Comprendía lo que le pasaba con aquella mujer, aunque no sabía el por qué.

Sus padres habían muerto cuando sus hermanos eran muy jóvenes y él, siendo aún un adolescente, tuvo que hacerse cargo de su crianza y educación. Con lo poco que le dejaron sus padres pudo enviar a sus hermanos a estudiar y él se enlistó en el ejército y poco a poco, entre los tres, se hicieron de una fortuna considerable. Se sentía orgulloso de lo que había logrado. Sus hermanos eran ambos hombres de bien, educados y cultos. Él, no se había casado ni tenía hijos porque había dedicado su vida a ellos. Por eso no dijo que no cuando le pidieron visitar la casa de Madame Lafevbvre con él.

Él era el único padre que habían conocido y le tocó a él formarlos como hombres y educarlos para que fueran hombres de bien y siempre trataran a una mujer, cualquier mujer, como a una dama. Nunca se sintió superior por ser hombre. Se podría decir que tenía una mente muy adelantada para su época, aunque era casi imposible saberlo. Alex era un hombre muy reservado, de esos que cuando hablan es para decir las palabras correctas, exactas. Incluso sus hermanos no podían hacerlo hablar a pierna suelta, de ningún tema. Siempre fue muy preciso a la hora de pronunciar palabra y sus hermanos lo atribuían, a falta de más explicaciones, a los traumas vividos en el ejército. Él nunca les admitió ni negó nada. Uno de los beneficios de ser la figura paterna era el respeto que le profesaban ambos hermanos.

Mientras más bebía, más deseos sentía de estar a solas con Dolores, de meterse en su mente y comprender. Solamente sabía de ella que era muy joven y que era viuda e independiente. Sus ojos estaban llenos de dudas, sin embargo, su manera de proyectarse, de conducirse por el mundo, eran los de una dama centenaria en cuanto al dominio de sí misma y la experiencia y control que irradiaba. Le parecía enigmático el haberla conocido en aquel lugar. La admiraba por tomar el control de su vida y buscar lo que deseaba de la vida, sobre todo en una época en la que las mujeres eran meros objetos decorativos, relegadas a tener hijos y hacerse cargo del hogar.

Alex vio como Richard besaba a Dolores en los labios por mucho tiempo. También vio como George se sumó y comenzó a besarla por todo el cuerpo. Dolores gemía y se retorcía, indefensa y plena. Alex sintió envidia. Estaba a unos escasos metros de Dolores y podía simplemente tomarla cuando quisiera, sin embargo, volvió a vaciar la copa de vino en su garganta y siguió observando como la boca de la mujer se perdía en un amasijo de piel.

… continuará.


Ese animal llamado hombre – VII

Erotica

Creer en la fidelidad es pecar de ingenuidad.
Edgar López Vargas

Ese animal infiel.

Todo el mundo teme a las infidelidades, todos sin excepción. La razón es lógica pues es sabido que la primera e imprescindible regla que hay que cumplir para que le peguen un tarro a uno es tener pareja. Cuando uno es soltero ni piensa en eso pues no es una posibilidad pero cuando uno se enreda en una relación sentimental que importe un poquito, enseguida comienza uno a cavilar y a darse cuerda acerca del posible e incluso inminente tarro.

Y habrá quien piense que existen personas 100 % fieles, incapaces de pegar un tarro por nada de la vida porque el amor verdadero existe. Yo digo: BULLSHIT!! Yo no concuerdo con la primera parte de la anterior afirmación. El amor verdadero SI existe pero no asegura la fidelidad eterna. Todo ser humano sexuado tiene la capacidad física y mental de ser infiel, solamente tienen que darse las circunstancias ideales para que eso suceda en un momento dado, como todo en esta vida.

Y OJO, no estoy diciendo que todos seamos, hayamos o vayamos a ser infieles en algún momento de nuestras vidas. Lo que digo es que todo el mundo es propenso a serlo aunque escoja lo contrario, aunque nunca suceda. Todos podemos serlo en algún momento.

Y me gusta analizar las razones y no hablaré del infiel habitual, del deportista, del punto fijo. Quiero analizar la psiquis del infiel que de veras ama a su pareja y quiere, aun al momento en que la infidelidad sucede y aunque a nivel subconsciente, pasar el resto de su vida con su pareja “legal” y entiéndase la de por el día, no el amante. Ese infiel de paso, de prueba, de una vez en la vida… ese es el que nos interesa ahora.

A veces uno piensa que el amor es suficiente para que una relación dure toda la vida. AL principio de cualquier relación las dos partes están dopadas con dopamina y no hace falta mucho para alimentar sueños de eternidad y amor. Cuando la pasión inicial pasa y la vida real nos golpea, la convivencia se muestra en blanco y negro de veras y ahí tenemos que comenzar a devanarnos los sesos para arrastrar esa relación y mantenerla a flote día a día.

El sexo, aunque mejor disminuye pues al principio pensamos que MÁS es MEJOR pero con el tiempo nos damos cuenta de que la CALIDAD siempre aventaja a la CANTIDAD. Cuando vamos conociendo mejor a nuestra pareja vamos compenetrando más pero también la pasión se va enfriando. Ya un roce no te enciende, ya todo no es color de rosa y las mariposas en el estómago por cualquier bobería se mueren. Muchas parejas experimentan un declive sexual marcado al pasar los dos primeros años o incluso menos – aunque pocas parejas lo admitan.

El roce es el que mantiene el cariño intacto y el sexo mantiene las cosas en su lugar, pegadas donde van. Sea que la disminución del sexo venga antes, después o a la vez que los otros problemas, siempre es un punto más a favor de la infidelidad que se agazapa esperando en una esquina para hacer su aparición. Y así, muchos problemas de pareja cotidianos, que por separado no tienen mucho peso pero que a la larga y todos juntos pueden mellar en la autoestima de las partes, hacen que un día, uno de los dos resbale y caiga. Y por supuesto, no digo que en todas las parejas con problemas ocurran infidelidades pero si en casi todas si los problemas no se arreglan o si la unión no se disuelve a tiempo si fuera insalvable.

Uno desde fuera siempre lo ve desde el punto de vista moral y muestra simpatía o rechazo en dependencia de la propia situación emocional que enfrente en el momento. Uno puede pensar que es un descaro, que es inadmisible o puede pensar que la víctima de la infidelidad es culpable y se lo buscó. Realmente nada de eso es importante. Lo importante para evitarlo y para no sufrirlo es comprender las razones que propician una infidelidad y las señales inequívocas de que se está al borde del abismo.

La falta de comunicación, el rencor, los conflictos recurrentes, la no resolución de los problemas a tiempo, la insatisfacción, las falsas expectativas, los ideales, son todos peligrosos pasos que damos, inadvertidamente, antes de caer por el hueco de la infidelidad.

Algo raro que nadie comprende luego de que sucedió y que choca bastante es que uno no lo veía venir. No se ve porque se está ciego y porque parte del amor y de la costumbre es la esperanza sin fin de que todo mejorará cuando, al contrario, empeora con cada segundo que pasa. Uno escucha las historias de compañeros de trabajo, vecinos, lo ve en la televisión y no se da cuenta de que la infidelidad le está mordiendo el trasero.

Sobrevivir una infidelidad es una prueba terrible que pone la vida. Cuando ya pasó y no se mantuvo en secreto el mundo se derrumba para ambas partes. La víctima se siente rechazada, la autoestima baja, aparecen la inseguridad y los celos incluso si nunca antes existieron, la confianza se pierde por completo y aparece la paranoia. Por su parte el victimario se siente avergonzado y estúpido, comienza a tenerse en muy baja estima a sí mismo cuestionando sus valores morales y humanos. Ambos temen perder la relación que en algún momento pudo haber sido muy sólida y sobre todo el tiempo que en ese punto puede convertirse en tiempo perdido.

A mi no me gusta culpar a nadie pues el ser humano es por sobre todas las cosas muy idealista y además, muy inconforme. Al principio la dopamina nos hace creer que encontramos al ser ideal, perfecto para nosotros y como nos creamos una idea en nuestras mentes, de la cual nos enamoramos, no somos capaces de admitir que ese ente posee fallas pues sería como admitir que amamos a un ser imperfecto y eso nos hace imperfectos a nosotros.

Cuando se está enamorado y se pierde el control de la relación uno no quiere perder al ser amado pero tampoco sabe como conservarlo. Entonces se crea un ambiente de amor/odio que es el que te mantiene atado a esa persona y el, a la vez, te empuja a buscar afuera algo que consuele tu perenne dolor y llene el vacío que sientes. Hay quienes encuentran eso que andaban buscando pero en el mayor de los casos, cuando más fuerte es el amor por la pareja, no encuentras nada y regresas más vacío y aún y sobre todo, derrotado.

Hay que ser muy maduro y tener un control emocional muy grande para sobrevivir una infidelidad con valor y sobre todo, para que la relación coja su rumbo de nuevo y prospere de nuevo hasta su cúspide de gloria. La mayoría de las personas no poseen esa capacidad de arreglar lo que estaba roto por el entorno cultural y social en el que se formaron como personas pero algunos ganadores sobrevivientes lo logran. Imagino que el que rebasa una infidelidad puede enfrentar el fin del mundo de la mano de esa persona amada.

No es fácil entender el por qué de las acciones de la otra mitad pero hay que ponerse en su lugar y tratar de verlo todo desde su perspectiva para darse cuenta de que tampoco es fácil para ella. Hay que ver las razones del posible o real infiel y hay que considerar las razones de la víctima que perdona o no. Todo en la vida tiene matices y comprender el por qué de las cosas siempre será un reto para el ser humano.

Y gracias al cerebro por esto.


Ese animal llamado Hombre – VI

Para manipular eficazmente a la gente, es necesario hacer creer a todos que nadie les manipula.

John Kenneth  Galbraith

Manipulación y mentiras “blancas”

Ok, hoy hablaré un poco más sobre las mujeres que sobre los hombres porque creo que nosotras usamos más estas “técnicas” que ellos.

Ayer conversaba con mi marido sobre nuestras discusiones y que a veces me vuelo con él por la tensión en el trabajo, las iras contenidas y esas cosas y le pedí perdón por tomarla con él a modo de desquite cuando él pasa por los mismos malos ratos – y hasta más que yo por la índole de su trabajo –  y nunca me ha tratado mal. Comencé diciéndole que no me justificaba pero que si, que esa era la razón principal de que a veces estuviera irritable y que reaccionara mal, perdiendo la dulzura para con él en ocasiones.

Entonces, saltando temas caímos en que me dice “si pero cuando discutimos tú comienzas a hablar boberías y dices cosas que no son reales porque estás molesta” y automáticamente le respondí: “ah, porque yo hablo boberías?”. Tal vez les resulte un poco confuso pero muchos y muchas verán algo familiar en esa pequeña frase… ah, porque yo hablo boberías.

Desde hace tiempo sé que generalmente las mujeres hacemos esto, aunque supongo que algunos hombres también. Manipulamos la conversación, tomando una simple palabrita o una pequeña frase de todo el discurso para con ella, virar la tortilla y quedar nosotras como las víctimas, las pobres, las dolidas.

En ese preciso instante corté su discurso y le dije esto mismo que les acabé de decir a ustedes y comencé a reírme. Y él hablándome de mi y las discusiones y yo que quería hacer un post de aquello, que me repitiera la frase exacta para guardarla en mi cerebro hasta hoy. Bueno, no hablamos más del tema pero me quedé pensando en esto. Ah! no, no discutimos ni nada, comencé diciéndoles que solo analizábamos nuestras discusiones. Si, me gusta volver sobre los problemas, ya en calma, para atar cualquier cabo suelto que haya quedado, ya sin rencores y cuando los humos han bajado.

Entonces, volviendo al tema… es increíble como nosotras las mujeres siempre intentamos volver la discusión a nuestro favor, desechando todo lo que en realidad es importante y centrándonos en las pequeñas críticas o defectos que usa la otra parte para señalarnos un error. Creo que somos muy manipuladoras y lo peor del caso es que lo hacemos a consciencia amén de que es una conducta inherente a nuestra personalidad.

¿Cuántas veces han llorado chicas para evitar algo o para ganar algo? Los hombres también saben que nosotras usamos estos ardides, lo saben pero pocos pueden resistirse a nuestras lágrimas o a nuestras manipulaciones. ¿Cuántas veces han inventado una mentirilla para no tener sexo? Los hombres también saben esto pero no pueden obligarnos ni inducirnos a hacerlo.

Creo que, además de ser métodos de defensa que usamos, cosas como las mentiras y el sexo son falta de motivación y comunicación. Si, preferimos mentir antes de decirle a nuestra pareja “mira, realmente hoy no tengo ganas” pues tememos herirlo. Lo que aquí sucede es que nuestra pareja no es bob@ y se da cuenta de que estamos mintiendo y de que, además de no tener ganas, no tenemos el valor de admitirlo siquiera.

Gente, nadie es una máquina de sexo y existen muchísimas razones para no querer tener sexo en un momento determinado. Depresión, tensión, preocupaciones, baja libido, algún malestar físico real, falta de interés, monotonía, aburrimiento, rencor… sin disímiles. Aquí es muy importante el nivel de inteligencia intrapersonal de cada cual ya que deberíamos primero localizar la razón exacta nosotros mismos antes de poder compartirla con nuestra pareja.

Pero no, no usamos el cerebro que la naturaleza nos dio y simplemente intentamos manipular a los demás, por miedos y por tonterías auto-impuestas. Yo abogo por la comunicación, por la verdad, por darle al otro la posibilidad de conocernos realmente. Abogo por abrirnos primero a nosotros mismos, por auto-analizarnos y comprendernos, para luego así poder transmitir nuestros sentimientos, nuestros estados de ánimo a los que no rodean, para no tener que mentir.


Ese animal llamado Hombre – V

Tienes que saber como aceptar el rechazo y como rechazar la aceptación.

Ray Bradbury

De cortejos y citas

Como muchos saben yo vine a los Estados Unidos cuando estaba al cumplir 21 y llevo viviendo aquí un poco más de 3 años ya. Este cambio permanente de domicilio me hizo enfrentarme a nuevas culturas y a una nueva sociedad. El choque fue más fuerte dado que soy abierta en materias de sexualidad y, afortunadamente, tengo bien definido lo que quiero y lo que me gusta.

En Cuba, términos como “cita” no son muy populares ya que la situación económica, la idiosincrasia que caracteriza al cubano y muchos otros factores, nos han condicionado para no ser animales de reglas preconcebidas en materia de cortejos. Si, el cubano sale con su pareja potencial pero no es una ley el conocer chic@/invitarl@ a salir/ seguir saliendo/conocerse un poco/tener sexo. El cubano – y me refiero tanto a hombres como a mujeres – es más rápido y me atrevo a decir incluso, más hábil a la hora de “cuadrar” jeb@s.

Para mi, que soy una mujer muy práctica y sencilla, el tema de este lado del charco se vuelve un poco agobiante y hasta frustrante. Primeramente porque, en casi todo el hemisferio – esta regla si que no cambia – la mayoría de los hombres piensan que una mujer es “fácil” si se acuesta con ellos demasiado “pronto”. Todos saben lo que significa ese fácil y el pronto, pues depende del juicio de cada cuál. ¡Qué problema, eh!

Otro atenuante es que la gente no sabe lo que quiere. Le pregunto a cualquiera, “¿cómo sería la mujer/el hombre ideal para ti?” y la mitad te da una disertación que realmente no dice nada, reproduciendo el discursito generalizado de “que sea buen@, inteligente, blablablabla” y la otra mitad pues, simplemente, no están seguros. Precisamente por ese desconocimiento propio, íntimo y personal, muchas relaciones fracasan. ¿Cómo pretendes llegar a conocer a tu pareja si ni siquiera te conoces a ti mismo? Un poco fuerte, creo.

De este lado la gente se conoce en cualquier lugar, escuelas, centros laborales, lugares públicos y de esparcimiento; realmente no hay límites de espacio para conocer a alguien que te atraiga. Entonces yo me digo, “bueno, es fácil, simplemente le das tu número teléfonico y ya” pero no!! qué va! Eso me digo yo pero la gente piensa muy distinto y ahí es donde se enrolla la pita. Primero viene el dilema de “¿cómo me acerco?”, cosa que para mi es ridícula al extremo. ¿Cómo que “cómo”? ¡Pues, acercándose! Si todo en la vida fuera tan fácil como abordar a alguien que nos atrae y decirles: “Hola, mi nombre es X y tú me pareces una persona muy atractiva. ¿Te gustaría conocerme?”

Claro, yo soy mujer y para una mujer, objeto codiciado y perseguido ancestralmente, es muy fácil acercarse a un hombre, sabiendo que hay ínfimas posibilidades de ser rechazadas gracias a ese dicharacho que le oigo mucho a mi padre, “en tiempo de guerra cualquier hueco es trinchera”, jajajaja! Pero esa es una simple tontería machista que no debería regir en el siglo XXI. Y ya aquí nos vamos a las guerras de géneros y a métodos de defensa y/o venganza que han adoptado las mujeres contra los hombres tras tantos años de opresión y discriminación.

Si, lo admito, las mujeres son malvadas. Luego de tanto luchar por una igualdad – que sé utópica en muchos sentidos –  añorada y perseguida por siglos, las mujeres se vengan de los hombres, rebajándolos y despreciándolos, haciéndolos sufrir y esperar por sus favores sexuales. Pero bueno, ese no es el tema y supongo que eso es cuestión de cada individuo ya.

De todas maneras creo que uno debe ir con dos jabitas, la de ganar y la de perder, pero sobre todo, debe IR. La vida es muy corta para desperdiciarla deshojando margaritas y rezando en voz baja “me quiere, no me quiere”. Creo que el ser humano debe llenarse de orgullo, de valor y enfrentar la vida sin miedos. Si, muchos te rechazarán, imagínense, el ser humano es mezquino por naturaleza, pero la virtud está en seguir buscando y en encontrar al fin a alguien que se de la oportunidad de conocerte, de disfrutarte.

Pero bueno, donde estábamos. Aquí el rito consta de un número determinado de citas, que debe ser mayor de 3 por puro prejuicio, para poder llegar a tener sexo. ¿Quién no conoce referencias a “primera, segunda y tercera base” en las pelis americanas? Bueno, yo no sé bien cuál es la posición anatómica de casa base pero se traduce en el progreso con una chica: besos, caricias superficiales, caricias más íntimas, sexo. Y por un lado los muchachos luchando por perder su virginidad más por una cuestión de orgullo que de necesidad fisiológica y las chicas intentando conservarla más por falso moralismo y complejos psico-sociales que por voluntad propia, ya que arden en fuego, como todo ser humano sexuado.

Pero hablando de citas, según la wiki:

Durante las citas, las personas exploran la personalidad del otro, para descubrir si son compatibles y si podrían sostener una relación. Frecuentemente, si los individuos descubren que su compatibilidad es pobre o baja, la relación se termina. La información sobre la otra persona que se busca más a menudo incluyeactitudescarácter e integridad; etapa de crecimiento personal; expectativas; orígenes familiares, culturales y sociales; edad; hábitos; intereses; madurezfilosofía personal; preferencias y prioridades; opiniones políticas y religiosas; opiniones sobre el sexo, el matrimonio y los hijos; maneras de comunicarse; y situación financiera.

Y de ahí el pensamiento que se estila mucho acá y que es un derivado modificado y/o evolutivo de las prohibiciones bíblicas/religiosas de “no vivir juntos hasta luego del matrimonio”, JA! Por supuesto que esto lo considero una hipocresía y de aquí surgen problemáticas. ¿Qué se considera sexo? ¿Cuáles son los límites permitidos entre dos novios a la hora de demostrarse su “amor”? ¿Y dónde dejamos la convivencia? Pero claro, hay pecados más graves, como leerse la Teoría de la evolución de las Especies de Charles Darwin por ejemplo – considerado el mayor detractor de la biblia – O.O pero no hablemos de sexo y religión, para no complicarme la existencia 😀

En una discusión con un compañero de trabajo nacido aquí aunque de padres latinos, él explicaba que no hay posibilidad para él de vivir con su novia antes de casarse – y no se hablaba de sexo, en su “concepto personal de religión” simplemente el sexo antes del matrimonio es un problema menor – pues, según él, ya lo había intentado y no funcionó. Esta experiencia lo condicionó para creer que la mejor manera de conocerse y lograr que una relación funciones, evolucionando a un matrimonio funcional y feliz, es evitando convivir antes de llegar a este punto.

O.O Wtf…???? me dije yo, completamente cubanizada y de mente abierta, probada en la verdad irrefutable de que la única manera de acercarse a conocer a otra persona – hablando de la pareja – es conviviendo con ella. Y digo “acercarse” porque nadie llega a conocer completamente a otra persona, es imposible. Yo he tenido 3 relaciones serias en las que he vivido con mis parejas y créanme, sé de lo que hablo. No hay otra forma de crear lazos, de construir juntos, de delimitar los límites, de acoplarse y ajustarse al otro que conviviendo pero… quién le implanta esa idea en el cerebro a un gringo frustrado y en sus 13.

Con este ejemplo quiero llegar a que la sociedad condiciona mucho el comportamiento de los seres humanos. La religión distorsiona muchos conceptos que deberían ser íntimos, personales, propios de cada individuo. La cultura, la educación en las escuelas, los modelos a seguir que imponen los padres, “la moral y la ética” implantadas por la mayoría, la historia y muchos otros factores nos convierten en “bichos” aislados, llenos de complejos y de ideas preconcebidas, de tabúes y de trabas que no nos dejan vivir y obrar sin miedo al fracaso. Somos autómatas de un sistema que nos domina, nos manipula y nos mata.

A mi entender, algo tan simple, tan básico y tan antiguo como el cortejo no debería ser canonizado, beatificado ni prediseñado. Debería disfrutarse a plenitud como hacen la mayoría de los animales, con sus ventajas y desventajas, con sus heridas y sus alegrías. Deberíamos ser libres de tantas cuerdas mentales que nos atan, así las cosas serían más fáciles, más simples. ¿No creen?


Ese animal llamado Hombre – IV

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.

Sir Francis Bacon

Percepción e inteligencia intrapersonal.

– ¡Me vas a volver loco! ¿No quedamos en que íbamos a la casa y cuando regresáramos entraríamos a la farmacia? – me dijo él casi gritando, se sentía mal por el resfriado.

– Está bien, no me di cuenta… – respondí yo con cara de pucheros.

La discusión venía desde que nos montamos en el auto pero se vio interrumpida al entretenerme disociarme con la vista de un recuerdo de mi Cuba querida.

– ¡Mira, mira tuti! ¡Un hombre en una bicicleta con motorcito! ¡Mira como echa humo! – dije emocionada al recordar los riquimbilis de mi patria.

– ¿Dónde?

Ya el hombre doblaba la esquina y lo perdí de vista. Pusieron la luz verde en ese preciso instante y doblamos, divisando al hombre de nuevo, un poco más adelante.

– ¡Ahí, ahí! – señalé yo con el dedo sin dejar de mirarlo. Era un señor maduro – lo que se dice ocambo en Cuba -, vestido de blanco con un chort, un pulover y una gorrita estilo volchevique.

– Ah si – me dijo él al verlo. Todo ocurrió en segundos.

– Míralo como se cambió de senda sin mirar para atrás.

– ¡Pero será comemierda! – un van con claras intenciones de llevarse la roja frenó con todo. El hombre se había cambiado de senda en el preciso instante en que pusieron la roja, supongo que con el objetivo de entrar a la izquierda, como si las bicicletas no se rigieran por las leyes del tránsito.

– !Ay, le va a dar¡ ¡Le va a dar! ¡Le va a dar! – grité yo apuntando a la escena con mis dedos.

– ¡Le dio!

Todo ocurrió en fracciones de segundos, mientras llegábamos al semáforo en rojo. El van frenó en seco y zigzagueó antes de impactar al hombre que cayó al suelo enredado con la bicicleta. Nos detuvimos al lado del incidente pues todo ocurrió en la senda al lado nuestra.

Las dos chicas que iban en el van se bajaron asustadas, el hombre se levantaba sin ayuda, estaba bien. La rueda de atrás de la bicicleta se jorobó pero él no perdió ni la gorrita. Solo tenía un rasponazo en el codo derecho y les hacía señas de que estaba bien, de que no le había pasado nada. Pusieron la verde y al ver que no fue nada grave, proseguimos.

– Tuti tienes unos ojos, por poco matas al hombre – me dijo él.

Yo comencé a llorar.

Y con esta anécdota, fresquecita pues ocurrió ayer 14/3/12, comienzo mi reflexión y/o muela 🙂 sobre la psiquis humana, esta vez sin saber realmente de qué quiero hablar ya que me metí en la wiki a leer sobre algunos fenómenos y salté de tema en tema y ya ni sé por donde iba la cosa, pero bueno, hagamos el intento.

Es sabido que yo soy atea y que no creo en poderes divinos y ese tipo de cosas por lo tanto, queda claro que la clarividencia, las visiones, la telepatía y todas esos cuentos de midiums están descartados; no son “el tema”. Vaya, qué misticismo! jajajaja! Ya en serio…

En mi cabeza no cabe la posibilidad que de ninguna manera mis acciones hayan causado, directa o indirectamente, el accidente del señor pero el suceso me trajo algunas dudas y deseos de analizar la mente humana, como me ocurre de vez en mes. Siempre me ha gustado el psicoanálisis y leyendo hoy, saltando de tema en tema como las pulgas, llegué a una terminología que no conocía de nada pero que aplica a mi personalidad. Nunca había leído o escuchado sobre ella pero tiene que ver conmigo y con mi personalidad: Inteligencia intrapersonal – I.I a partir de ahora para abreviarla (después les hablo más del tema).

Disculpen si me vuelvo incoherente y si no encuentro un punto fijo de atención en este post pero me quedé fundía leyendo, jajajaja! y aún no sé qué quiero expresar. Siempre me he preguntado qué es un deja vú y por qué sucede, así mismo me interesa esa sensación de que “algo va a suceder” que al menos a mi me sobreviene a veces; según la wiki se puede asociarse a la intuición o puede verse como premonición, siendo parte de la percepción extrasensorial.

También me he dado cuenta de que habemos personas más perceptivas e intuitivas que otras – algunas como yo nos damos cuenta y otros, amén de ser de esa manera, apenas conocen este fenómeno – y aunque no sé explicar el por qué, me imagino que ahí es donde entran en el juego la inteligencia interpersonal y la I.I.

La inteligencia (del latín intellegentĭa) es la capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas. El diccionario de la Real Academia Española de la lengua define la inteligencia, entre otras acepciones como la “capacidad para entender o comprender” y como la “capacidad para resolver problemas”. La inteligencia parece estar ligada a otras funciones mentales como la percepción, o capacidad de recibir información, y la memoria, o capacidad de almacenarla.

La I.I es la capacidad de comprenderse a uno mismo en profundidad pudiendo así dominar los propios sentimientos, dándoles nombre y usándolos para relacionarse con los otros. Así, la capacidad de diferenciar entre un sentimiento y otro, educándose uno mismo y llegando al conocimiento profundo de la propia personalidad. Ufff! ‘Ta complicado y aunque parece sencillo, no es tan así. En aquel post Simplemente yo, algunos de ustedes me comentaron que les era difícil hacer un análisis tan detallado de sí mismos. Leyendo hoy llegué a la respuesta: I.I.

Según Howard Gardner existe la inteligencias múltiple y se separa en 8 tipos pero eso lo leen ustedes si quieren pues no quiero extenderme con la baba. El caso es que todo individuo posee una grado de inteligencia dado y cada una de estas inteligencias por separado nos pertenecen también solo que la magnitud alcanzada va en dependencia de muchos factores como la vocación y los intereses personales.

Volviendo a la I.I, a la percepción, la intuición y los fenómenos que no entienden nuestras mentes y por supuesto, al accidente del señor… a veces me pregunto si esas casualidades en las que uno ve algo o dice que algo sucederá y realmente sucede, tendrán algo de premonitorio. No me refiero a las visiones ni a escuchar voces del más allá que te dicen algo, me refiero meramente a esa sensación de ansiedad, de estar adelantado en el tiempo aunque sea solo un poco, a presentir “algo” que al menos yo no sé qué es.

Lo que sucede como dejà vu podría verse como una sobreactividad del cerebro en ese instante, un desenganche entre este y los sentidos donde él percibe a una velocidad inimaginable, inexplicable en términos de espacio-tiempo pero aún así manda la señal a los sentidos y estos entonces entienden el suceso como algo retardado o simplemente, doble. Oh dios, ya estoy desvariando! jajajaja!

Me vuelvo a explicar para que no piensen que se me frió el cerebro ni nada de eso, jejeje! Lo que sucedió con el señor solo me sirvió para preguntarme ciertas cosas, hasta hoy no me he sentido “vidente” ni nada por el estilo pero se me activó la curiosidad y quise comentarlo con ustedes.

En definitiva, me da la impresión de que el post no tiene ni pie ni cabeza pues a mí misma me ha dejado más lagunas y dudas que antes y probablemente no les resulte interesante a ustedes. Me perdonan pero a mi me apasionan estos temas y me sucede que cuando hablo o escribo sobre algo que no entiendo, cuando lo verbalizo en voz alta o en mi mente, me es más fácil a mí misma el comprenderlo.

Bienvenidas sus opiniones sobre este tema tan “metatrancoso” 🙂

***

Piensa como piensan los sabios, mas habla como habla la gente sencilla.

Aristóteles


Simplemente Yo.

Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos.
Antoine de Saint-Exupery

Un poquito de mi.

Lo que me hace Yesi no es teñirme el pelo de rojo o tener dos labios carnosos. Lo que me hace quien soy no es mi manera de andar en tacones de 5 pulgadas o como mi voz se vuelve aguda y antimusical cuando me excito. Lo que me hace ser quien soy es un conjunto de rarezas y peculiaridades que envuelven mucho como para comentar en un post. Una de esas peculiaridades que guardo muy en lo profundo de mi ser son algunos de mis gustos y preferencias.

No puedo decir que tengo gustos raros pues todo el mundo tiene curiosidades escondidas, pero si son únicos y míos y lo más importante: disfruto de ellos como disfruto de todo – hedonista al fin -. Me caracterizo por tener gustos simples y por ser muy sensible.También soy un poco coleccionista pero de personas y psiquis, no de objetos.

Me gusta la gente, me gustan los hombres – como especie, no hablo de género en esta ocasión -, me gusta el ser humano y me deleito en estudiarlo. Soy de sentarme por horas en cualquier lugar, callada y – aparentemente – ausente a observar a la gente “ser”. Me gusta descubrir secretos en una mirada, gesto o palabra de alguien que me es completamente desconocido. Adoro adelantarme a lo que otros piensan y jugar a descubrir lo que dirán antes de que lo hagan. Vaya, me gusta jugar ajedrez con personas, tal vez tengo un gran complejo de Dios, jajajajaja!

Me gusta jugar a la Bruja, como me llama mi querido Insomne, intentando descubrir rasgos y características escondidas de mis interlocutores. Me gusta aventar suposiciones y razonamientos y por supuesto, acertar, desconcertando al otro. Me gusta caracterizar a las personas basándome solamente en lo que puedo deducir de ellas, luego de conversar y pasar algún tiempo juntos, estudiándolos. Sé que suena un poco “creepy” pero es solo un hobbie, no soy peligrosa 🙂

Decía que soy sensible pues detalles simples de la vida me emocionan más que cualquier acción profunda, heroica o evidentemente ‘touching’ para cualquier persona y no es que esas cosas no me emocionen, claro que si, pero las simples y aparentemente insignificantes me llegan más. Soy muy observadora y no lo demuestro mucho; me gusta sorprender.

Soy capaz de retener en mi memoria – y dispuesta para ser usada en el momento preciso – información dicha como al descuido por alguien en cualquier conversación trivial. Lo interesante de esto es que ni siquiera la persona que lo dijo recuerda que lo dijo por la trivialidad del asunto o del contexto, pero yo me quedo con ese pedacito del otro y lo saco a colación en el momento indicado. Para mi es desconcertante darme cuenta de que otra persona es capaz de darle importancia a algo que dije hace mucho y sin mucho énfasis. Me gusta saber que otros se interesan genuinamente en mi, por eso intento ser así con los que me rodean.

Me gusta mucho hablar pero no puedo negar que también amo escuchar. Cuando hablo con alguien que me resulta interesante puedo escucharlo por horas sin aburrirme y me nutro de su conversación como si fuera una planta marchita recibiendo el agua bendita que le devuelve la vida. El conversar es mi placer más hedonista y cambio casi cualquier otra cosa por una buena conversación, por supuesto, con la persona indicada. Pienso que el mayor tesoro que tiene el hombre es su intelecto y su mayor arma, la palabra.

Amo hacer y recibir regalos y cuando digo ‘regalos’ no me refiero a una bolsita de papel cómica con un objeto comprado en una boutique. A veces soy ingrata pues cuando me regalan un perfume caro o una prenda o algo así, sueño secretamente con que hubiera sido un libro viejo o una hoja seca con algunas palabras o símbolos grabados a mano… sip, tal vez soy un poco ingrata pero no lo puedo evitar.

Me gusta hacer regalos, dedicar canciones, escribirle cuentos o poemas a la gente que me inspira y transcribirlo a mano en hojas de papel perfumadas con mi esencia y enviarlas por correo, como se hacía antes. Me gusta buscar el regalo perfecto para cada persona, adentrándome dentro de su psiquis para descubrir ese ‘perfect match’ para su personalidad. Me gusta ver la cara de alguien cuando lee palabras que solo nosotros dos entendemos en el cuerpo de uno de mis textos.

Me gusta escribir y lo que más me inspiran son las personas interesantes y la música. Las ideas me vienen como disparos y confieso que me dejan aturdida a veces. Soy de escribir de un tirón y no dejar que las ideas se cocinen mucho tiempo. También debo decir que lo que hoy puede parecerme sobremanera excitante, mañana puede ser completamente aburrido; mi humor varía con el viento y debo aprovechar los momentos que para mi se tornan irrepetibles e irreemplazables.

Me gusta acostarme mirando al techo y pensar… simplemente dejar a mi mente vagar por sus propios laberintos y descubrirme a mí misma poco a poco. Me gusta suponer y recrear en mi mente lo que “pudo haber sido” aunque no fue. Me gusta imaginarme cosas inciertas y reaccionar a las sensaciones que tales imágenes me provocan. Amo “sentir” con cada fibra de mi ser…

Y como les dije, cuando uno habla de si mismo no tiene para cuando acabar – narcisistas que somos todos 🙂 – pero no hay tiempo para más. Aunque este post luzca vanidoso, me temo que no pediré disculpas, a fin de cuentas me leen para conocerme y yo escribo para dejarme conocer.

Les regalo este pedacito de mi.


Ese animal llamado Hombre – III

Es verdad guardo rencor en mi corazón muy profundamente, pero el amor ha aprendido a cohabitar con él.

Luis Gabriel Carrillo Navas

¿De dónde nace el rencor?

He estado buscando por toda la web textos referentes al “rencor” y en ninguna parte dice nada concreto solo las ideas y palabrerías de mucha gente que no tiene bases científicas para nada de lo que dice. Según la RAE:

rencor.

(De rancor).

1. m. Resentimiento arraigado y tenaz.

Como no tengo referencias de entendidos en el tema para apoyarme, me limitaré a reflexionar sobre mis propias impresiones y con ellas exhortar al debate y así con mis impresiones y las de ustedes, tal vez lleguemos a algo más concreto.

A mi modo de verlo el rencor está siempre asociado a gente que queremos o solíamos querer – pero a mi no me crean todo lo que digo -. Muchas personas le guardan rencor a sus familiares más cercanos, ejemplo, los padres. Conste que no generalizo y que me baso en mis propias y personales experiencias.

Desde pequeños nuestros padres tienen el deber de ayudarnos a formar nuestra personalidad. Tienen que amarnos, cuidarnos, alimentarnos, vestirnos, educarnos y otros tantos deberes como ya dije, morales. Nadie está preparado para ser padre cuando le toca así que no todos hacen un papel estelar. También está el egoísmo que nos caracteriza a los hombres y entonces, incluso cuando tenemos los mejores padres del mundo, podemos no reconocerlo y esperar algo diferente de ellos. Como hija que soy, estoy consciente de que podemos guardarle rencor merecido e inmerecido a nuestros padres, por ser los mejores, los peores, regulares, normales o por cualquier motivo desconocido gracias al misterio de la psiquis humana.

No puedo decir lo mismo de los padres con respecto a los hijos pues aún no soy madre y mi manera de ser me condiciona mentalmente a creer que ningún padre podría llegar a sentir rencor por lo único que es un poquito suyo: un hijo. No me cabe en la cabeza que el único fruto de tu interior pueda merecer o tan siquiera inspirar algo tan doloroso y corrosivo como el rencor. De nuevo, no soy madre y esta es mi manera de pensar pero puede suceder que me equivoque. El ser humano es un animal la mar de raro.

Sentimos rencor hacia nuestros hermanos mayores por haber venido primero y por tener nosotros que seguir su ejemplo, superarlos, aguantar que nos sopapeen o nos guíen, creyéndose segundos padres y siendo siempre los número uno. Le guardamos rencor a nuestros hermanos menores porque son los pequeñitos, los que no saben, los que deben ser cuidados y educados por nosotros, a los que hay que servirle de ejemplo en la vida, los que dejan a nuestro cuidado cuando nosotros mismos aún somos niños. Ese chiquitín llega a robarse el amor – hasta hacía muy poco exclusivamente nuestro – de nuestros padres y hasta los caramelos.

Así podemos sentir rencor por cualquier miembro de la familia y por razones disímiles, sobre todo cuando el vínculo emocional que nos une es mucho más fuerte que el de sangre mismo. Así nos resentimos con primos, tíos, abuelos, hermanos, padres e hijos – si estoy equivocada -.

Otro que también desata el rencor es nuestro amigo, ese que nos ama y a quienes amamos muchísimo y tenemos la bendición de hacerlo porque así lo escogimos y no por estar programados genéticamente para hacerlo. Ese buen amigo también nos provoca rencor de vez en cuando aunque generalmente de todo el gremio familiar – los amigos son tan o más familia que la propia familia – es el que menos ponzoña nos hace soltar, precisamente porque lo escogimos y si lo escogimos, por algo fue. Los amigos son esos hermanos que escogimos porque son perfectos para ser el amor de nuestras vidas pero entre ellos y nosotros no hay suficiente morbo como para tener una relación carnal. Aleluya! me quedé vacía con esta reflexión! 🙂

Y así llegamos a ese/esos ser/seres que más morbo… ejem! rencor era el tema, no? anjá! el ser que más rencor puede desatar en cualquier ser humano y denominémoslo AMANTE para no caer en que si novio, amigo complaciente, pareja, esposo, marido, prometido, chulo y entonces hay que darle la vuelta para complacer a los hombres y vamos con chula, prometida, mujer, esposa, pareja (este me gusta porque it fits everybody o.o), amiga complaciente, novia y mil formas más de llamar a esos bichos tan adorables una vez y tan ·!”$%%·”·$!!·”$%&&(^P=)/&%” en su momento dado. Ufffffffff! 🙂

Decía que un amante es el ser más adorable pues al enamorarnos (y vamos a hablar del amante al que amamos no al amante al que solo nos pasamos por la piedra – léase templamos, fornicamos, cepillamos o como mejor lo entiendan – esa persona se vuelve el centro de nuestro mundo. He aquí los síntomas del enamoramiento, según Wikipedia:

  • Intenso deseo de intimidad y unión física con el individuo (tocarlo, abrazarlo, relaciones sexuales…)
  • Intenso deseo de reciprocidad (que el individuo también se enamore del sujeto).
  • Intenso temor al rechazo
  • Pensamientos frecuentes e incontrolados del individuo que interfiriendo en la actividad normal del sujeto puro.
  • Pérdida de concentración.
  • Fuerte activación fisiológica (nerviosismo, aceleración cardíaca, etc.) ante la presencia (real o imaginaria) del individuo.
  • Hipersensibilidad ante los deseos y necesidades del otro.
  • Atención centrada en el individuo.
  • Idealización del individuo, percibiéndo sólo características positivas, a juicio del sujeto.

Entonces, con esa sensación de constante high que denominan los científicos como euforia – a mi me gusta más llamarlo high pues es casi el mismo efecto de estar drogado y perdido pero de amor – solo vemos lo bueno e increíble que es nuestro amante y todo es perfecto y los colores de nuestra vida se vuelven primaveras y los pajaritos cantan y las mariposas anidan en nuestro estómago y somos felices. “Just a touch of yours and I fly” como dijera Lara Fabían en You’re not from here. ¡Qué cursi! jajajajaja!

Claro que este idilio nos dura mientras que esa otra persona nos quiera de vuelta y no haga de las suyas. Hasta ese momento todo es perfecto pero al más mínimo acto del individuo que nos hiera – no que nos moleste o cabree, eso se pasa rápido, no, no… que nos hiera, que duela en el corazoncito – entonces ese ser adorable y propietario de remolinos de mariposas de colores y de cantos de pajaritos y de olores y sabores mágicos a caramelos se torna el (//$!%·=%$!”·&%&/(“·$%&/ MÁS GRANDE SOBRE LA FAZ DE LA TIERRA Y QUEREMOS MATAAAAAAAAAAAAARLO POR )=!$”·!”·$”·(%/&%/(=?=(

Bueno, a ver, es por etapas claro. La primera vez que nos hieren es la que más aguda se siente en el corazón pues es el primer pinchazo y ahí nuestro ideal de individuo se nos muestra finalmente como humano y no divino. ¡OH! ¡Qué insulto a nuestro juicio! Y comenzamos a odiarnos a nosotros mismos por creer que ese cretino (ya basta de /%&$%”)=”% que cansa) era un ser especial, digno de nuestros suspiros y pensamientos más dulces. Entonces sufrimos nuestra primera decepción y he aquí otra gran reflexión que se me acaba de ocurrir y me ha dejado más vacía que la anterior:

Cuando sufrimos la primera decepción, ahí comienza a derrumbarse la relación.

Por supuesto que ese no es el tema ahora, pero solo acotaré que cada relación es distinta y el tiempo de derrumbe puede durar minutos, días, meses, años y hasta toda la vida. Te puedes morir y quedarse la relación aún pendiente de un hilo cuando ya tu eres comida de gusanos. Como sea, sigamos con el rencor.

Esa primera decepción es altamente perdonable pues los seres humanos somos fanáticos al perdón y devotos del masoquismo sentimental. Entonces viene él y te dice que te ama, que lo perdones, que todo lo que han vivido no puede irse por la borda y te regala flores, te compra una cómoda, te pinta el cuarto, te hace el mejor amor de tu vida – te tiempla como nadie te ha templado antes pues eso del “mejor amor de tu vida” suena a todo menos a motherfucking GOOD sex – y te lleva a comer, te deja exprimir una tarjeta de crédito, te da una sorpresa o simplemente te textea un “mi reina”, “mi amor”, “mi tuti” o cualquier guanajería de esas que tanta revoltura de estómago nos da con la cabeza fría pero que nos derrite cuando viene del amante/cretino que adoramos/tenemos-ganas-de-roper-en-pedazos. Entonces le damos un beso de esos demorados, amorosos que dicen “quédate siempre conmigo” y olvidamos el incidente.

Y ahora perdonen mi cinismo pero, la vida no es color de rosas y mis segunda reflexión fue aún más certera que la primera y como ya quedó claro, la relación comienza a resquebrajarse. Y él comienza a cagarla más a menudo y a usar todo su repertorio en materia de reconciliaciones y tú de tonto sigues sufriendo y perdonando, él te hiere y tu lloras/perdonas… de nuevo te hiere y tu lloras/gritas/pataleas/borras-su-número-o-no-le-hablas-en-dos-días si es tu marido/perdonas… y el ciclo es eterno y las posibilidades infinitas y se vuelve un círculo vicioso en el que dicen que cada reconciliación es mejor que la anterior y que el sexo de reconciliación es AWESOMEEEEEE! – a mí no me crean, yo no sé, nunca he tenido sexo de reconciliación, si reconciliaciones y sexo, pero nunca mezclados, so… – pero mientras el palo va y viene, la relación se ha ido por el caño y llega el día en que ya no hay remedio.

Ese amante que un día fue ideal es el mayor cabrón de la historia y no puedes tenerlo delante porque LE RAJAS LA CABEEEEEEEEZA AL CONDENA’O! y fin de la historia feliz. No me voy a detener en reflexionar sobre esos que llegan a construir un hogar/matrimonio/familia e incluso tienen hijos porque entonces escribo una novela y no un post. Para ellos ha de ser incluso más difícil y el rencor les hierve en el estómago cada vez que el desgraciado viene a buscar al niño los viernes y lo trae el domingo. ¡Qué horror!

Bueno, luego de tan entretenida verborrea a cerca del rencor y de dónde nace, me queda claro que no sabemos de dónde nace pero las causas pueden ser las decepciones y las mayores víctimas los amantes.

Interesante, cierto?

PS: no me fajé con el Tuti y si usé alegorías fue para hacerlo más simpático, la idea era esa, reírnos… lo logré? lo mío es el erotismo no el humor pero se hace lo que se puede 😀