Archivo de la etiqueta: Queja

De primera mano…

20140424-103807.jpg

Este es el carro del cabrón. Si lo ven por ahí, evítenlo o mátenlo

Términos como “leyes”, “política” o “justicia” fueron solo creados para un mantenernos engañados en un mundo fantástico e idealista donde todo es bueno y no hay problemas. La justicia es otra utopía que los hombres nos creamos para creer en algo más allá de nosotros mismos, como la religión pero es simple e igualmente un fraude.

Aquellos que viven en una gran urbe y que para trasladarse de un lugar a otro tienen la dicha o desgracia de manejar sabrán de lo que hablaré a continuación. Los que tienen la más grande dicha de disponer de otros medios de transportación como el metro, etc, al menos se informarán un poco con esta pequeña historia.

más en Asuntos Triviales


Tragedia…

images (2)

Quien vive sin disciplina, muere sin honor.

Provervio irlandés

(juro que lo habría matado con gusto)

Qué hace usted cuando, una vez por semana llega a su casa y hay un carro – de sabe quién coño! – y usted tiene que ponerse a esa hora a buscar al susodicho HIJODEPUTA que se encarna en SU parqueo de tantos disponibles y NO DISPONIBLES. Entonces, como no queda de otra, uno comienza a tocar la corneta del auto a ver si el MALNACIDO sale a moverse.

Para colmo de males, el vecino sale vociferando porque si le despierto a niño. Y yo me río y me muerdo la lengua para no decirle que su niño lleva el día durmiendo mientras mi marido y yo llevamos desde las 5am despiertos y trabajando, que me importa un carajo si su niño duerme y mucho menos que no lo eduque para dormir en una ciudad donde no puede haber silencio absoluto. Y lo mejor de todo, ese mismo vecino ha sido en otras ocasiones el HIJODESUMADRE que se parquea en mi parqueo, aunque hoy no haya sido él así que mejor se vaya para el soberano cuerno y mientras yo lo ignoro.

Luego de mucha indignación y mucho tiempo aparece un bendito, zarrapastroso y desaliñado, fumando un cigarro y con cara de sueño que si el carro es suyo y es la primera vez que pasa. Y yo que si, que siempre es el mismo carro negro y él que no, que no conoce a nadie aquí y yo que si no conoce a nadie qué mierda hace en mi condominio y en mi parqueo. El tipo que si estoy haciendo que se moleste y yo que pierdo la paciencia y el glamour y le grito que de los nervios estoy yo y que mueva el carro y no me joda. El tipo que se calla y que se mete en el carro.

Y como toda tragedia tiene un poco de comedia, el muy RECOMEPINGA no tiene batería y tengo que darle un cablazo para que se vaya pa’l carajo.

Y me da las gracias y me desea una buena noche y yo me muerdo la lengua musitando: que te parta un rayo, cabrón!


Interrogantes…

Mujer Abastracta.

En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres y en las cuales se orientan mejor con menos luces.

Gabriel García Márquez (el Maestro)

Quién dijo que el ser mujer me minimiza? Qué eso de que soy el sexo débil? Por qué el resto del mundo me ha juzgado de antemano sin dejarme intentarlo, alegando que soy menos? Por qué razón el tener el pelo y las uñas largas es algo obligado para verme bien? Qué razones los llevan a pensar que vengo con un gen que me hace idónea para la limpieza, el lavado, la cocina, el fregado y todo tipo de actividades domésticas? Quién ha dicho que está escrito en piedra que mi objetivo en la vida es casarme y tener hijos? Por qué el tener una vagina me vuelve víctima de abusos de todo tipo? Qué les da el derecho de decirme a qué hora debo enamorarme, casarme, qué debo estudiar y en qué debo trabajar? Quién y por qué razón se atreve a prohibirme pensar?

Ser mujer es lo mismo que ser hombre. Es ser humano. Ser mujer es fortaleza, sabiduría; es bendición.

Soy mujer y soy igual a ti que eres hombre y a la vez soy diferente como también soy diferente de otra mujer. Todos somos únicos y valiosos.

Respétame!

 


Gata de nadie…

FEZ

Se le reprocha al gato su gusto por estar a sus anchas y por los muebles más mullidos: igual que los hombres. De acechar a los enemigos más débiles para comérselos: igual que los hombres. De ser reacio a todas las obligaciones: igual que los hombres una vez más. 

Jean Baptiste Say

-Si quieres algo conmigo ha de ser en mis términos.

Soy una gata de calle, de noche y de nadie. No intentes domesticarme porque solo acepto caricias de ocasión. No intentes poseerme pues no me doy completa. Soy de la noche y de otros gatos callejeros, como yo. Soy del viento y las alturas y de tan lista ni siquiera los sueños pueden atraparme.

– Si quieres seducirme deberás esforzarte.

Estoy hecha de frutas, nací de una semilla de mango pero si me muerdes te sabré a tamarindo. Te rechinarán los dientes y te llenarás de saliva, odiándome por ácida y deseándome por adictiva. Pero como las frutas, no saciaré nunca todo tu apetito, te dejaré pidiendo más.

– Si quieres deVorarme tiene que ser con V y en MAYÚSCULAS.

No me prometas nada, no hables, no te anuncies. Solo llega y muérdeme los labios y hazme un nudo de marinero entre sábanas. No me digas que me enseñarás cosas nuevas, estoy muy vieja para esos cuentos de camino. Solo mátame y déjame en pedazos agonizantes de placer.

– Si quieres que vuelva, procura no aburrirme.

Regálame un circo, invéntame un mundo solo para mí, lléname el patio de sombrillas de colores, regálame alas que vuelen con verbos y adjetivos, dime que soy un grano de arena, dibújame un camino de tiza que llegue al cielo, cómprame un helado de vainilla y bésame en la palma de la mano para que pueda agarrar el beso.

Pero si quieres que me quede contigo, debiste haber nacido otro hombre porque nunca te podré pertenecer.


La pregunta del millón…

Todos los vicios, con tal de que estén de moda, pasan por virtudes.

Molière

La pregunta

Ella no fuma,

aún así la idea de encender un cigarrillo la seduce.

La visión de él, agazapado entre sábanas

la vuelven viciosa y descarada.

Se imagina el veneno gris pululando

y la figura larga y gatuna de él en las sombras,

retratada a través de la fina cortina de humo.

Aguarda y lo acecha,

desnuda luego de templar como dos fieras salvajes.

Y sigue pensando en el humo que la baña

y apesta sus cabellos sueltos y sudados

mientras aún palpita su entrepierna,

también húmeda aunque no de sudor.

La noche es larga y el sueño parece eterno.

Camina por el cuarto.

No hay cigarrillos en su casa, no hay alcohol.

¿Cómo coño mitigar entonces la necesidad de un vicio?

Enloquece, se encabrona y patea el colchón.

– ¡Levántate condenado! – le grita

y él abre los ojos con sueño, preguntándose:

“¿Qué mierda le pasa a esta ahora?”

Lo echa a patadas.

– ¡Vete! – y él recoge sus ropas aún sin saber qué diablos pasa.

Se pregunta cómo no puede dormir

luego de darle cinco orgasmos a una lunática.

Ella lo maldice entre dientes, aún insatisfecha.

Él se marcha con un grito de: ¡Loca! dando un portazo

y se pregunta: ¿Cómo coño se complace a una mujer?


Me han mata’o a Santa Claus!

Es una imagen dura pero sucede en algún lugar del mundo mientras nosotros nos tomamos nuestro delicioso café mañanero. Y tenemos aún el descaro de llamarnos justos, conscientes, buenas personas. 

Comienzo diciendo que soy algo crédula. No es que crea cualquier cosa que cualquiera me diga pues de hecho, soy bastante escéptica pero con la gente en la que confío soy muy inocente. Entonces ayer, teniendo una conversación sobre los trabajos y los negocios de la gente, quedó claro que siempre necesitan de algún infeliz del que beneficiarse para poder tener éxito.

Hablábamos de la cantidad de alimentos que se desechan a diario en muchísimos negocios de comida y que no haya una sola compañía que se encargue de recogerlos para donarlos a los desamparados, por ejemplo. Lo más jodido es que es comida fresca que al final de cada noche se bota pues ya no se puede servir a los clientes a la mañana siguiente. Es increíble, habiendo tanta gente en el mundo que no puede dormir con la barriga llena o con algo calentico en el estómago – de hecho, dudo que puedan dormir con hambre.

No sé cómo llegamos a hablar de que los dueños siempre se benefician de los otros en sus negocios y mi marido junto a un amigo, comentaban muy cínicamente, aunque en forma de broma, las verdades de la vida, esas en las que yo no había pensado nunca. Entonces me vino una pregunta a la mente y la formulé. “¿Entonces los dueños de funerarias están en su casa pidiéndole a dios que se muera bastante gente para así poder enriquecerse?” Y me respondieron al unísono: Si!

Fue como un balde de agua fría en mi cuerpo caliente. Me sentí tan mal! Ellos siguieron haciendo humor negro sobre el caso y yo me quedé sumida en mis pensamientos. ¿Cómo alguien puede comerse un trozo de carne sin pensar que lo tiene en la mesa gracias a fulano de tal que fue arrollado ayer? Sentí horror y se me erizó hasta el alma.

No pude más y dije que había gente buena en el mundo, que debía haber gente buena, que me rehusaba a creer que todos fueran tan mezquinos y egoístas. Dije que mucha gente hacía de voluntario para alimentar o desparasitar niños moribundos en África y nuestro amigo me dijo: “si, eso es para pagar menos taxes”. Otra cachetada para mi cuento de hadas, para mi mundo rosa.

Entonces hablamos también del plan de Obama referente a la salud y lo bueno que sería lograrlo. Me dijeron que a los que tienen todo no les conviene y que jamás se aprobaría. Peleé, discutí y por primera vez en la vida estuve agradecida de que los pobres, los miserables, los que nada tenemos, fuéramos la mayoría. Tal vez por ser mayoría logremos algo así.

Es doloroso, es doloroso darse de golpe en la cara con estas cosas, que siempre han estado ahí pero que la vorágine de la vida no nos deja ver. Nuestra superflua vida a veces nos hace infelices porque no podemos irnos de vacaciones a Hawai, cuando no tenemos el carro del año… nos quejamos de no tener zapatos sin pensar que hay otros que ni siquiera tienen pies.

La vida es triste…


Impotencia y vejación…

La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua.

 Miguel de Cervantes

Hoy voy a hablar de un tema muy delicado y que, por desgracia, me toca muy de cerca.

Supongo que desde que el hombre es hombre existe el acoso sexual – aunque sin ser penado o siquiera reconocido al principio – pues también desde que el hombre es hombre existen los vicios. Es cierto que el acoso sexual existe sin distinción de géneros y el victimario puede ser tanto un hombre como una mujer pero no podemos negar que es más común que las víctimas seamos las féminas. No sé si por nuestro carácter más dulce, por nuestra apariencia indefensa o por nuestra belleza, a veces tergiversada en objeto sexual.

El caso es que hace muchos años que no había estado en presencia de un caso, desde una vez que yo misma fui acosada, siendo solo una niña. Una persona que estimo mucho fue acosada hoy y fui testigo de una escenas, aparentemente casual y verdaderamente premeditada y asquerosa. Ella caminaba rumbo a su oficina cuando un compañero de trabajo de algún rango se cruzó con ella, para beneplácito de todos, justo en frente de una cámara de seguridad. El tipo – pues no puedo llamarlo de ninguna otra forma humana y no quiero ser grosera, aunque justa – no guardó la distancia que debió y le pasó casi rozando, mientras con su mano, en ademán de tocarle el talle, se deslizó de manera natural y rápidamente por su trasero.

Yo vi la imagen, la vi dos veces para estar segura y a primera vista parecía un simple error, una casualidad, algo sencillo, sin malicia. La segunda vez que la vi sentí odio y me di cuenta se la saña, de la lascivia, de la vejación en toda su magnitud, aunque disfrazada de gesto amable. No hablaré del desenlace, no hablaré de lo que sucedió después, ni siquiera hablaré de mi papel en este turbio asunto. Quiero reflexionar sobre el hecho aislado, sobre el acoso en general, sobre la humillación, sobra la violación en si.

Me pregunto, ¿qué le da el derecho a otra persona a invadir tu privacidad cuando tú, evidentemente, no le has dado señal alguna de que puede acercarse a tu persona? Eso me jode a mi, me jode mucho y sobre todo porque no soy adepta del contacto físico. Soy muy fría, lo confieso, incluso con mis seres queridos… ni qué decir la distancia que mantengo con la gente extraña, con quienes no tengo confianza ni roce alguno. Mi espacio personal es algo sagrado y solamente yo puedo darle permiso a otra persona para acercarse, gradual y únicamente hasta el punto que yo le permita.

Cuando alguien se aprovecha de su superioridad – dígase de género, de fortaleza, de rango, de inteligencia o de lo que sea – para violar el derecho de otra(s) persona(s) de gobernar sobre su anatomía, simplemente creo el mundo es un lugar muy sucio, sobre todo cuando sucede impunemente. Las mujeres hemos sido víctimas desde que el mundo es mundo por ser, desgraciadamente, inferiores físicamente hablando y tener desventaja a la hora de defendernos de los hombres.

El mundo está lleno de caballeros que al saber de estas cosas se indignan y hasta toman la justicia en sus manos para vengar la afrenta pero también está llena de cabrones que se valen de su fuerza para transgredir la puerta que la mayoría de las mujeres mantenemos cerradas para el mundo, hasta que nos sentimos confiadas o impulsadas a abrirla de a poco para aquellos que realmente merecen entrar.

Hoy es un día triste pues hoy se ha violado una regla que habría de ser inviolable y que – es una pena pero es real – nunca verá justicia en todos los casos.


¿Y qué hacer con el silencio?

El que no entiende tu silencio, probablemente no comprenda tus palabras.

Elbert Hubbard

Lo sabía, lo supe siempre, lo he sabido. Hace dos días le decía a alguien creyente que yo no creo en dios por muchas razones, pero entre ellas, porque se supone que Dios lo hizo todo de a dos, en pareja, femenino y masculino, hombre y mujer y yo siento que el macho de mi “especie” no existe, jajajaja! Es un juego de palabras algo cínico y derrotista pero viene porque hay un don – o maldición, no sé – que poseo y a veces resulta doloroso para mi aunque provechoso para los que me rodean.

Yo comprendo a la gente. No sé explicarlo, no sé definir qué es lo que sucede en mi cerebro pero entiendo, comprendo a la gente. Soy una mujer exclusivista en materias de aceptar a la gente y dejar entrar a alguien en mi “burbuja”. No me muestro comunicativa generalmente, no soy sociable, no voy por el mundo regalando calor, al contrario, me muestro bien fría y distante en la mayoría de mis interacciones sociales. Esa manera de comportarme hace que la gente a mi alrededor reaccione de dos maneras muy diferentes en pos mío: me odian a muerte o me aman con devoción.

Si, cuando entro en una habitación, sin siquiera decir una palabra me doy cuenta de que caigo mal o simplemente, me aceptan como una más de su manada. Conmigo no hay medias tintas y lo odio pues preferiría pasar desapercibida, precisamente por eso soy reservada, silenciosa y distante. Esta “condición” ha evolucionado en un fenómeno algo gratificante aunque molesto a la vez: la gente confía en mi. Si, me ha sucedido que una persona con la que no he cruzado más de un “buenos días” viene a mi a compartirme un cualquier secreto de carácter muy privado y lo único que puedo hacer es escuchar y callar o dar un pequeño e impersonal consejo si es requerido.

Eso me hace sentir bien como persona pues alimenta mi humanidad y realmente, es gratificante ver la cara de alivio cuando alguien suelta eso que le quema la garganta. Lo que me molesta no es guardar el secreto. Mi afición por el silencio me hace fácil el trabajo y realmente esos secretos pasan a un archivo olvidado en el fondo de mi memoria que casi siempre olvido parcialmente o deshecho por completo al poco tiempo. Lo que me duele – si, esa es la palabra, dolor – es no encontrar esa persona que me inspire a mi el confesarme y abrirme, soltar todos mis demonios en sus manos y dejar a mi alma otra vez en blanco.

Si, me declaro egoísta. A veces me duele no tener a quien hablarle y saber que me comprenden, de veras, sin necesidad de pasar por mi misma situación. A veces necesito decir algo y que mis palabras no me devuelvan un gesto de interrogación, una expresión de asombro, una mirada de desconcierto. A veces solo necesito un oráculo, un ente etéreo que no me juzgue, que solo recepcione lo que dejo brotar y que después me regale la respuesta que busco. Pero eso no sucede y sigo coleccionando secretos ajenos, historias asombrosas y lejanas que no me pertenecen y me regalan casi a diario. Y me ahogo, me asfixio entre tantos pensamientos y la necesidad de abrir un hoyo en la tierra y gritar como el rey Midas, que tengo orejas de burro…

¿Quién dijo que la vida es fácil?

Escucha, serás sabio; el comienzo de la sabiduría es el silencio.

Pitágoras