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El orgullo no se come…

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Aunque el orgullo no es una virtud, es padre de muchas virtudes.
John Churton Collins

Dicen los viejos que el orgullo no se come. Puede que sea cierto.

Desde chiquitica siempre tuve mucha vergüenza. Las veces que un maestro o vecino me regañó por alguna mal comportamiento – o por algún comportamiento normal de niños que los mayores sienten la necesidad mortal de reprochar -, siempre reaccioné con rubor y lágrimas. La vergüenza y la impotencia me hacen llorar con mayor facilidad que la alegría o infelicidad extremas.

Gracias a la vergüenza desarrollé un orgullo muy grande también. Una buena manera de no sentir vergüenza era actuando con orgullo. Desde pequeña, entonces aprendí a no pedir nada, a no rogar por nada, a ganármelo todo con esfuerzo y sacrificio en vez de con ruegos. Jamás he tolerado que se me tenga lástima.

Al ser extremadamente orgullosa, desarrollé a mi vez un amor por el éxito y la victoria. No hay nada comparable a saborear los frutos de tu propio esfuerzo. Cuando logro algo y sé que es todo gracias a mí, a mi talento, a mi entereza, a mi poder de pelear por lo que quiero, me siento invencible.

Por eso no tolero que me quiten los logros, que me apaguen los sueños, que me cieguen la vista larga. No puedo mendigar por mis victorias, no puedo arrastrarme por mis logros.

Es cierto, el orgullo no se come, pero lo que se come sin orgullo… sabe a mierda.

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Ese animal llamado hombre – VII

Erotica

Creer en la fidelidad es pecar de ingenuidad.
Edgar López Vargas

Ese animal infiel.

Todo el mundo teme a las infidelidades, todos sin excepción. La razón es lógica pues es sabido que la primera e imprescindible regla que hay que cumplir para que le peguen un tarro a uno es tener pareja. Cuando uno es soltero ni piensa en eso pues no es una posibilidad pero cuando uno se enreda en una relación sentimental que importe un poquito, enseguida comienza uno a cavilar y a darse cuerda acerca del posible e incluso inminente tarro.

Y habrá quien piense que existen personas 100 % fieles, incapaces de pegar un tarro por nada de la vida porque el amor verdadero existe. Yo digo: BULLSHIT!! Yo no concuerdo con la primera parte de la anterior afirmación. El amor verdadero SI existe pero no asegura la fidelidad eterna. Todo ser humano sexuado tiene la capacidad física y mental de ser infiel, solamente tienen que darse las circunstancias ideales para que eso suceda en un momento dado, como todo en esta vida.

Y OJO, no estoy diciendo que todos seamos, hayamos o vayamos a ser infieles en algún momento de nuestras vidas. Lo que digo es que todo el mundo es propenso a serlo aunque escoja lo contrario, aunque nunca suceda. Todos podemos serlo en algún momento.

Y me gusta analizar las razones y no hablaré del infiel habitual, del deportista, del punto fijo. Quiero analizar la psiquis del infiel que de veras ama a su pareja y quiere, aun al momento en que la infidelidad sucede y aunque a nivel subconsciente, pasar el resto de su vida con su pareja “legal” y entiéndase la de por el día, no el amante. Ese infiel de paso, de prueba, de una vez en la vida… ese es el que nos interesa ahora.

A veces uno piensa que el amor es suficiente para que una relación dure toda la vida. AL principio de cualquier relación las dos partes están dopadas con dopamina y no hace falta mucho para alimentar sueños de eternidad y amor. Cuando la pasión inicial pasa y la vida real nos golpea, la convivencia se muestra en blanco y negro de veras y ahí tenemos que comenzar a devanarnos los sesos para arrastrar esa relación y mantenerla a flote día a día.

El sexo, aunque mejor disminuye pues al principio pensamos que MÁS es MEJOR pero con el tiempo nos damos cuenta de que la CALIDAD siempre aventaja a la CANTIDAD. Cuando vamos conociendo mejor a nuestra pareja vamos compenetrando más pero también la pasión se va enfriando. Ya un roce no te enciende, ya todo no es color de rosa y las mariposas en el estómago por cualquier bobería se mueren. Muchas parejas experimentan un declive sexual marcado al pasar los dos primeros años o incluso menos – aunque pocas parejas lo admitan.

El roce es el que mantiene el cariño intacto y el sexo mantiene las cosas en su lugar, pegadas donde van. Sea que la disminución del sexo venga antes, después o a la vez que los otros problemas, siempre es un punto más a favor de la infidelidad que se agazapa esperando en una esquina para hacer su aparición. Y así, muchos problemas de pareja cotidianos, que por separado no tienen mucho peso pero que a la larga y todos juntos pueden mellar en la autoestima de las partes, hacen que un día, uno de los dos resbale y caiga. Y por supuesto, no digo que en todas las parejas con problemas ocurran infidelidades pero si en casi todas si los problemas no se arreglan o si la unión no se disuelve a tiempo si fuera insalvable.

Uno desde fuera siempre lo ve desde el punto de vista moral y muestra simpatía o rechazo en dependencia de la propia situación emocional que enfrente en el momento. Uno puede pensar que es un descaro, que es inadmisible o puede pensar que la víctima de la infidelidad es culpable y se lo buscó. Realmente nada de eso es importante. Lo importante para evitarlo y para no sufrirlo es comprender las razones que propician una infidelidad y las señales inequívocas de que se está al borde del abismo.

La falta de comunicación, el rencor, los conflictos recurrentes, la no resolución de los problemas a tiempo, la insatisfacción, las falsas expectativas, los ideales, son todos peligrosos pasos que damos, inadvertidamente, antes de caer por el hueco de la infidelidad.

Algo raro que nadie comprende luego de que sucedió y que choca bastante es que uno no lo veía venir. No se ve porque se está ciego y porque parte del amor y de la costumbre es la esperanza sin fin de que todo mejorará cuando, al contrario, empeora con cada segundo que pasa. Uno escucha las historias de compañeros de trabajo, vecinos, lo ve en la televisión y no se da cuenta de que la infidelidad le está mordiendo el trasero.

Sobrevivir una infidelidad es una prueba terrible que pone la vida. Cuando ya pasó y no se mantuvo en secreto el mundo se derrumba para ambas partes. La víctima se siente rechazada, la autoestima baja, aparecen la inseguridad y los celos incluso si nunca antes existieron, la confianza se pierde por completo y aparece la paranoia. Por su parte el victimario se siente avergonzado y estúpido, comienza a tenerse en muy baja estima a sí mismo cuestionando sus valores morales y humanos. Ambos temen perder la relación que en algún momento pudo haber sido muy sólida y sobre todo el tiempo que en ese punto puede convertirse en tiempo perdido.

A mi no me gusta culpar a nadie pues el ser humano es por sobre todas las cosas muy idealista y además, muy inconforme. Al principio la dopamina nos hace creer que encontramos al ser ideal, perfecto para nosotros y como nos creamos una idea en nuestras mentes, de la cual nos enamoramos, no somos capaces de admitir que ese ente posee fallas pues sería como admitir que amamos a un ser imperfecto y eso nos hace imperfectos a nosotros.

Cuando se está enamorado y se pierde el control de la relación uno no quiere perder al ser amado pero tampoco sabe como conservarlo. Entonces se crea un ambiente de amor/odio que es el que te mantiene atado a esa persona y el, a la vez, te empuja a buscar afuera algo que consuele tu perenne dolor y llene el vacío que sientes. Hay quienes encuentran eso que andaban buscando pero en el mayor de los casos, cuando más fuerte es el amor por la pareja, no encuentras nada y regresas más vacío y aún y sobre todo, derrotado.

Hay que ser muy maduro y tener un control emocional muy grande para sobrevivir una infidelidad con valor y sobre todo, para que la relación coja su rumbo de nuevo y prospere de nuevo hasta su cúspide de gloria. La mayoría de las personas no poseen esa capacidad de arreglar lo que estaba roto por el entorno cultural y social en el que se formaron como personas pero algunos ganadores sobrevivientes lo logran. Imagino que el que rebasa una infidelidad puede enfrentar el fin del mundo de la mano de esa persona amada.

No es fácil entender el por qué de las acciones de la otra mitad pero hay que ponerse en su lugar y tratar de verlo todo desde su perspectiva para darse cuenta de que tampoco es fácil para ella. Hay que ver las razones del posible o real infiel y hay que considerar las razones de la víctima que perdona o no. Todo en la vida tiene matices y comprender el por qué de las cosas siempre será un reto para el ser humano.

Y gracias al cerebro por esto.


Interrogantes…

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En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres y en las cuales se orientan mejor con menos luces.

Gabriel García Márquez (el Maestro)

Quién dijo que el ser mujer me minimiza? Qué eso de que soy el sexo débil? Por qué el resto del mundo me ha juzgado de antemano sin dejarme intentarlo, alegando que soy menos? Por qué razón el tener el pelo y las uñas largas es algo obligado para verme bien? Qué razones los llevan a pensar que vengo con un gen que me hace idónea para la limpieza, el lavado, la cocina, el fregado y todo tipo de actividades domésticas? Quién ha dicho que está escrito en piedra que mi objetivo en la vida es casarme y tener hijos? Por qué el tener una vagina me vuelve víctima de abusos de todo tipo? Qué les da el derecho de decirme a qué hora debo enamorarme, casarme, qué debo estudiar y en qué debo trabajar? Quién y por qué razón se atreve a prohibirme pensar?

Ser mujer es lo mismo que ser hombre. Es ser humano. Ser mujer es fortaleza, sabiduría; es bendición.

Soy mujer y soy igual a ti que eres hombre y a la vez soy diferente como también soy diferente de otra mujer. Todos somos únicos y valiosos.

Respétame!

 


Rompecabezas…

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“Soy el que pese a tan ilustres modos 
de errar, no ha descifrado el laberinto 
singular y plural, arduo y distinto, 

del tiempo, que es uno y es de todos. 
Soy el que es nadie, el que no fue una espada 
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”

Soy – Jorge Luis Borges

Quién soy?

Soy la mezcla de cromosomas que me dieron mis ancestros. Soy un pedacito de mi padre ausente, una tajada de mi madre triste, la obra maestra de mi vieja abuela, las diez letras de mis apellidos españoles.

Soy el agua de los cocos de mi patio, soy el sol y el polvo de mi humilde pueblo. Vengo de la tierra negra y de las matas de mango de la niñez de mis tíos.

Tengo un poquito de blanca, de negra, de rubia y de mulata. Tengo de España y de África, tengo de La Habana y Las Tunas. Tengo de Cuba y de América las palabras atoradas en la garganta.

Soy el producto de un tiempo difícil, de una época dura, de una niñez traumática pero de una vida feliz. Tengo un agradecimiento muy grande que no me cabe entre las manos por mi patria y mi educación. Tengo muy lindos recuerdos de todo lo bueno que he vivido.

Tengo todo y tengo nada. Soy un granito de arena y soy todo el universo.

Y aún así me descubro nueva en cada pensamiento, en cada sonrisa, en cada respiración.

Ven y descúbreme tú.


El demonio en el espejo…

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 Los únicos demonios en este mundo son los que corren por nuestros propios corazones. Es allí donde se tiene que librar la batalla.

Mahatma Ghandi

Hasta hoy no había hablado nunca de cómo era yo hace 4 o 5 años atrás. He hablado mucho de mi pasado pero hasta ahora no había mencionado lo que les contaré a continuación pues no me había dado cuenta de quién era yo hasta que me vi reflejada en otros.

Si me han leído antes, sobre todo en el Diario de una niñita, sabrán que mi niñez fue un poco cabrona y que, amén de dejarme muchas cosas buenas y ayudar a desarrollar mi personalidad, también me deformó un poco, convirtiéndome en un ser bastante antisocial y con relaciones interpersonales muy básicas, casi nulas. Pasaron unos cuantos años en los que no tuve amigos y mi vida se limitaba al estudio, la lectura, la música y mi única compañía era mi abuela y algunas de sus amigas ancianitas. Luego llegué al tecnológico y en esos 4 años fue que conocí a Maday y gracias a ella a mis otros amigos del alma.

En ese entonces, llegando a las confesiones que les traigo hoy, me abrí a ellos y los acogí como a otros miembros de mi especie pero, lastimada y dañada como estaba, mi personalidad no se sanó del todo y me volví un pequeño monstruo al que asimilaban solo esos otros monstricos que me rodeaban. Admito que yo era la peor de todos. Esa fue la época de la autosuficiencia, la intransigencia, el absolutismo y muchos defectos más que solo de nombrar me causan nauseas.

Me busqué un novio culto, me rodeé de mis amigos cultos y comenzamos a codearnos solo con personas cultas – entiéndase por culto el haber leído, escuchado música y visto cine un poco más que la media de nuestros escasos 19 años. En ese entonces si me preguntaban cuál era la mejor cualidad que puede poseer un hombre yo decía que era la inteligencia y mi objetivo en la vida era aprender todo lo que pudiera. Por esos objetivos y pensamientos no aceptaba en mi medio a nadie que no estuviera al menos cerca de mi nivel educacional e intelectual. No! Simplemente no resistía estar cerca de gente que no fuera tan brillante, tan genial… tan estúpida como yo.

Pero como no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista y la yerba que está pa’ uno no hay chivo que se la coma, decidí y tuve la posibilidad de emigrar a los Estados Unidos y, 4 años y un poco después, heme aquí, autoanalizando a la niña de 19 años que fui.

Y todo esto viene a colación ahora pues hace par de días mi amor y yo nos topamos con uno de esos personajes de hace años que, sin ser uno de mis amigos es amigo de ellos así que me toca por la libreta el tropezármelo de pascuas a San Juan. Este tipo – y tengo que admitirlo sin modestia alguna – se llevó el premio pues de todos nosotros siempre fue el más cretino e insoportable, desde mucho antes del tecnológico. Pues, mientras yo me iba civilizando y aprendía a convivir en sociedad este muchacho no hizo más que desarrollar sus cualidades de inadaptado social y todo lo que tenía de inmetible se duplicó.

No sé explicarme si es que yo conocí el verdadero tesoro del que un hombre debe sentirse orgulloso y es simplemente el ser bueno o tal vez el relacionarme con otras personas más humildes, menos “brillantes” me volvió más humana pero estar en presencia de esta sombra de mi pasado me hizo sentir miserable. Y lo más jodido es que no fue solo él. Recuerden que les dije que cuando somos así, andamos en manadas pues necesitamos rodearnos de otros fenómenos que nos acepten y nos sigan y nos aplaudan todas las gracias y pendejadas que hacemos y decimos. Pues mi Némesis venía acompañado por otro que ya debía haber rebasado todas esas etapas pues por tiempo está vencido ya.

Este nuevo personaje me odió desde que me vio y comenzó a probarme. Me sentí, literalmente, como la fiera nueva que se encuentra con la manada y debe soportar provocaciones de toda índole. Dentelladas, retos, duelos, gritos, sangre. Me sentí acorralada, como si tuviera que que pasar ciertas pruebas para ser aceptada en el nuevo nido de animalejos.

Supongo que mi naturaleza guerrerista se sintió tentada al principio y alguna resistencia hice, respondí, repliqué, discustí… hasta que me di cuenta de lo vano y futil de todo aquello, además de mi superioridad espiritual y comprendí que todo aquel drama solo me daba dolor de cabeza y me retiré. Al salir de su presencia miré a mi amor a los ojos y le pedí perdón por haber sido de aquella manera cuando nos conocimos y le agradecía por haberme dado la oportunidad de evolucionar. Lo amé por ayudarme a crecer y por convertirme en una mejor persona.

Esa noche me acosté agotada, luego de una batalla sangrienta y a muerte en la que, finalmente salí victoriosa y maté a mis fantasmas. Derroté a un demonio que hacía mucho no veía reflejado en el espejo. Ya no está ahí cuando me miro.

 


De Besos y Saliva…

Mi primer beso húmedo – la primera vez que me excité y realmente sentí algo con un beso – fue a los 14 años. Ya antes había besado a dos niños, cuando estaba en 4to y 5to grado, pero solo sentí asco. Era una niña y aún no descubría mi sexualidad. Pero a los 14 llegó aquel rubio de ojos como el mar y me besó detrás de un laboratorio de química como si no existieran más labios en el mundo que los nuestros. No sé, pero siempre he pensado en él como el besador perfecto y supongo que es más una cuestión de añoranza que de ciencia. Probablemente si me lo encuentro mañana y lo vuelvo a besar descubriré que realmente sus labios no están hechos para los míos pero cuando tenía 14 y jamás había sentido lo que sentí, él se llevó el premio a los mejores besos.

Recuerdo entonces que me gustó tanto la sensación de un beso que durante todo ese años – y algunos otros que vinieron después – me dediqué al arte de besar. Besé a muchos muchachos, jugando a aquello de las “descargas”, término usado para llamar al rato en que dos personas comparten besos y caricias superficiales, sea en una fiesta, discoteca o algo así; generalmente personas que no se conocen previamente ni tendrán una relación. Las descargas son momentos efímeros.

Comencé a ir a fiestecitas, a discotecas del barrio y bonches callejeros y entre baile y música me dediqué a desentrañar el misterio de los besos. Recuerdo a aquel muchachito que era realmente intrascendente, que era un idiota realmente, pero lo besé una vez y me gustó mucho el beso. Sus labios no eran la gran cosa, pero se sintió bien. Otra vez besé a uno que tenía un arete en la lengua y era más el morbo de verlo sacarla y provocarme con ella que la sensación de los besos con un pedazo de metal chocando mis dientes.

Pero hubo uno con el que jugué a robarnos besos, ni recuerdo cómo comenzó la cosa pero fue muy divertido y realmente besaba muy bien. Yo tenía 14 aún, él unos 18 o 19. Yo era una nena de mi casa, él era un indisciplinado social. Yo era decente, tranquila, educada… él era problemático, ignorante y busca pleitos. Pero no importaba porque me trataba como a una princesita y me propuso el primer juego de mi vida, supongo que por eso me gusta tanto “jugar”. Hablábamos mucho por las noches y como vivía justo en frente de mi casa, era solo cruzar la calle para comenzar la batalla.

Recuerdo que él fumaba mucho y el olor a cigarro era insoportable. Aún así, su aliento a tabaco y el sabor de su saliva me agradaban, aunque siempre le exigía que no fumara, por malcriadez mía. Nos besamos mucho y aprendí a gustar de su vicio, cosa que hasta el día de hoy me ha quedado por dentro. No todo el mundo sabe igual o huele igual y no todo el que fuma puede llegar a ser atractivo a mi persona, pero después de él, algún que otro hombre me ha seducido con su aliento vicioso.

Luego pasé varios años de mi vida besando a un mismo hombre, mi primer novio y hoy, luego de muchos años me doy cuenta de que, siendo amante de los besos pasionales, de las borracheras salivísticas y del high que me producen los besos geniales, me he dado cuenta de que mis 3 relaciones serias han sido con hombres con los que besar no es del todo aventurero. Eso me indica que aunque una parte de mi es temeraria, pasional, la predominante prefiere lo seguro.

Hubo otro y es curioso pues cada narcótico en su sistema me hacía gustar más de él. Entonces me di cuenta de que es cuestión de química y física, literalmente hablando. Primero que todo, influyen las feromonas y aunque olfativamente ellas se mezclan en el olor personal, perfume u otra fragancia que emita nuestro cuerpo, están ahí, solapadas al olfato pero presentes para el cerebro que las capta y las recoge, analizándolas y decidiendo si esa persona nos atrae o no. A ese fenómeno le llamamos “química” y quiere decir que dos personas son compatibles, que hay una llamita entre ambas, aunque no podamos explicar el por qué.

Luego, ya durante el beso, influyen el aroma del aliento que es lo primero que uno siente si se dedica a disfrutar del otro antes de lanzarse a comerle los labios. El aliento nos agrada, nos desagrada, nos hechiza o nos hace repeler al otro. Hay gente que tiene un aliento que nos embruja, sin tener un aroma peculiar o diferente, simplemente tiene lo que nuestro cerebro busca y desea y ciertamente, nos emborracha.

Luego vienen los labios. ¿Nunca les ha pasado que besan a alguien con labios muy blandos? ¿O muy recios? ¿O que los abre como si fuera a tragarte? ¿O que tienes que sacarle la lengua con tenazas de la boca? Además de la textura, consistencia y forma de los labios, influye la técnica del besador y la compatibilidad entre esos aspectos de él(a) y los propios. Hay quien simplemente tiene los labios perfectos para los nuestros y los usa a cabalidad.

Y el último aspecto, la saliva, que para mí es el más importante de todos – por puro fetichismo. Y si hablamos de saliva influyen factores específicos – parezco científica hablando de besos O.O – como por ejemplo, la textura. Todas las salivas no son iguales o mejor dicho, nosotros no reaccionamos igual a todas las salivas. Hay quien tiene una saliva babosa, densa, para mi gusto desagradable. Hay quien besa muy seco, precisamente por producir poca saliva. Están también los que te besan y parece que te están dando de beber de tan salivosos que son.

Existe la mezcla perfecta que para mi consiste en una saliva suave, acuosa, que seque como agua y no te deje los labios pegajosos. La saliva de sabor tenue, aunque se influencie con comestibles, bebidas o hasta cigarro, pero que sea una saliva de sabor tenue y delicado, nada empalagoso. También es importante la cantidad que debe ser no muy abundante ni muy escasa tampoco. Y además, debe ser una saliva que me tiente a jugar con ella, a embarrarme por placer, a tocarla y degustarla y que me parezca sabrosa, rica, que me deje pidiendo más.

Por supuesto, cada persona es un mundo y lo que para mi puede ser adictivo para otra persona puede que sea repulsivo y viceversa. Pero el besar es un arte y más allá de las predisposiciones psico-fisiológicas que podemos desarrollar hacia ciertos y determinados individuos, el besar se practica, se aprende, se mejora y se perfecciona. A lo mejor un día me encuentro a aquel muchacho de mi primer beso húmedo y me doy cuenta de que besa aún mejor, quién sabe.


Siempre sale el sol…

Me he quedado sin trabajo, me mudo mañana, me chocaron el carro y no puedo dormir, pero cuando pienso que todo podría ser aun peor me doy cuenta de que siempre quedan razones para sonreír…

Felices sueños mis queridos…

Les cuento más en Víctimas de la fatalidad… desde Asuntos Triviales.


Me han mata’o a Santa Claus!

Es una imagen dura pero sucede en algún lugar del mundo mientras nosotros nos tomamos nuestro delicioso café mañanero. Y tenemos aún el descaro de llamarnos justos, conscientes, buenas personas. 

Comienzo diciendo que soy algo crédula. No es que crea cualquier cosa que cualquiera me diga pues de hecho, soy bastante escéptica pero con la gente en la que confío soy muy inocente. Entonces ayer, teniendo una conversación sobre los trabajos y los negocios de la gente, quedó claro que siempre necesitan de algún infeliz del que beneficiarse para poder tener éxito.

Hablábamos de la cantidad de alimentos que se desechan a diario en muchísimos negocios de comida y que no haya una sola compañía que se encargue de recogerlos para donarlos a los desamparados, por ejemplo. Lo más jodido es que es comida fresca que al final de cada noche se bota pues ya no se puede servir a los clientes a la mañana siguiente. Es increíble, habiendo tanta gente en el mundo que no puede dormir con la barriga llena o con algo calentico en el estómago – de hecho, dudo que puedan dormir con hambre.

No sé cómo llegamos a hablar de que los dueños siempre se benefician de los otros en sus negocios y mi marido junto a un amigo, comentaban muy cínicamente, aunque en forma de broma, las verdades de la vida, esas en las que yo no había pensado nunca. Entonces me vino una pregunta a la mente y la formulé. “¿Entonces los dueños de funerarias están en su casa pidiéndole a dios que se muera bastante gente para así poder enriquecerse?” Y me respondieron al unísono: Si!

Fue como un balde de agua fría en mi cuerpo caliente. Me sentí tan mal! Ellos siguieron haciendo humor negro sobre el caso y yo me quedé sumida en mis pensamientos. ¿Cómo alguien puede comerse un trozo de carne sin pensar que lo tiene en la mesa gracias a fulano de tal que fue arrollado ayer? Sentí horror y se me erizó hasta el alma.

No pude más y dije que había gente buena en el mundo, que debía haber gente buena, que me rehusaba a creer que todos fueran tan mezquinos y egoístas. Dije que mucha gente hacía de voluntario para alimentar o desparasitar niños moribundos en África y nuestro amigo me dijo: “si, eso es para pagar menos taxes”. Otra cachetada para mi cuento de hadas, para mi mundo rosa.

Entonces hablamos también del plan de Obama referente a la salud y lo bueno que sería lograrlo. Me dijeron que a los que tienen todo no les conviene y que jamás se aprobaría. Peleé, discutí y por primera vez en la vida estuve agradecida de que los pobres, los miserables, los que nada tenemos, fuéramos la mayoría. Tal vez por ser mayoría logremos algo así.

Es doloroso, es doloroso darse de golpe en la cara con estas cosas, que siempre han estado ahí pero que la vorágine de la vida no nos deja ver. Nuestra superflua vida a veces nos hace infelices porque no podemos irnos de vacaciones a Hawai, cuando no tenemos el carro del año… nos quejamos de no tener zapatos sin pensar que hay otros que ni siquiera tienen pies.

La vida es triste…