Domingo aburrido.

Something has happened all at once
It should have scared me in advance
But I was falling in those eyes of yours
.”

Lara Fabian – You’re not from here

Ana no se entusiasmó mucho pues últimamente no conocía hombres que valieran para una relación pero tampoco fue negativa al respecto. Podía pasar una buena velada pues el muchacho era muy agradable y al menos tendrían tema de conversación para rato: los perros. Raúl por su parte se quedó admirado pues Ana era una chica muy bella y el perro era adorable y se ganó a Moonshine en un segundo. Se sorprendió en la noche pensando en lo simpática que lucía enredada en los cordeles y la fragilidad y belleza que descubrió en toda ella.

Se encontraron la tarde siguiente y sorpresivamente para ambos pasaron una tarde increíblemente entretenida. No está claro en qué momento de la noche decidieron ir al cine juntos al día siguiente y así, a lo largo de la semana, se siguieron viendo. Paseaban a los perros juntos, tomaban café, daban paseos por el parque conversando. Cada uno era un manantial del cual el otro se alimentaba y cada día se tornaba más interesante la relación.

Al cabo de dos semanas tuvieron su primera cita romántica, un sábado. Él la llevó a un restaurante peculiar que ella adoró. La comida era japonesa, el ambiente cálido y amigable y el estilo y decorado completamente industrial y sui generis. La pasaron muy bien y al final de la noche él la acompañó a su apartamento. Él se acercó y la besó en la mejilla murmurando un buenas noches con los dedos de ella aún entrelazados a los propios.

— ¿Quieres subir? — lo invitó.

— Me encantaría.

El roce más íntimo entre ellos había sido hasta ahora el beso húmedo de él en la mejilla femenina cada vez que se despedían pero esa noche surgió un fuego que sería imposible de apagar en el futuro. Una conexión indescriptible los unió y se bebieron mutuamente entre besos y caricias apasionadas. La noche fue fructífera en fluidos, erecciones y orgasmos y el cansancio los rindió luego de mucho sexo. Ana se quedó dormida, desnuda entre sus sábanas y Raúl partió en medio de la noche. Ya casi era domingo.

La mañana siguiente ella despertó con una sonrisa en los labios, palpando el colchón a su lado; él no estaba. Lo llamó y solo apareció Kuzko, meneando la cola y besándole los dedos a lengüetazos. Se levantó y desayunó antes de llamarlo por teléfono; nadie contestó. Fue raro pues él siempre contestaba y se sintió un poco preocupada. Raúl no podía ser como los demás.

Pasó un domingo aburrido y salió dos veces a caminar a Kuzko por el parque, con la esperanza de ver a su amante y a la hermosa pitbull estirando las piernas. No aparecieron y el día se tornó largo, larguísimo para ella y el can que extrañaba a su ama siempre alegre.

… continuará.


Kuzko y Moonshine.

“I don’t know what is going on
You turn around and touch my heart
A silent moment speaks the truth.

Lara Fabian – You’re not from here.

El misterio de Raúl y los domingos.

Ana era una chica diferente y se sentía exótica y matizada. Su vida era sencilla aunque sus sueños eran complejos. Vivía en un bloque de apartamentos a las afueras del downtown y tenía como única compañía en su vida a su labrador amarillo Kuzko. Era fanática de los dibujos animados y de ese personaje en general, por eso y porque el perro ser hiperactivo lo bautizó con el nombre del Emperador Inca.

Una tarde en que sacaba a Kuzko a caminar por el parque se sorprendió enredada entre la correa de su propio can y la de una increíblemente bella pitbull azul. Casi cae al suelo y solo pudo deshacerse de tal enredo de cueros gracias a la amabilidad del amo de la perra que tranquilizó a ambos animales juguetones y poco a poco la desató a ella.

— Muchas gracias — dijo ella acalorada y con los cachetes abochornados y rojos.

— No por favor, es que Moonshine se altera cuando ve otros perros. No sabes las vergüenzas que me ha hecho pasar — dijo el hombre apenado y mirando al suelo. — ¿Estás bien?

— Si — respondió ella intentando acompasar su respiración aún alterada.

— Qué pena siento chica. Déjame invitarte a un café o algo, me siento mal por esto — dijo él con algo de desesperación y vergüenza.

— Tranquilo, de veras estoy bien — sonrió ella, acariciando la cabeza peluda de su animal.

Hubo silencio mientras ella recuperaba la calma, los animales se olfateaban tranquilamente y él la miraba de manera profunda, apenado y preocupado a la vez.

— Bueno, me siento muy mal pero después de que la niña casi te hace caer al piso, no puedo secuestrarte para que tomes el mejor café de la zona conmigo… ¿o si? — dijo él suavemente y con una atractiva sonrisa, como último intento. Ella miró a Kuzko y lo vio entusiasmado jugueteando con Moonshine, pensó en el karma, en el destino, en la posibilidad de pasar un buen rato y en lo amable que era aquel hombre y lo hermosa que era la perra.

— Está bien, acepto pero mejor mañana y sin los niños que ya causaron muchos problemas hoy — dijo ella con dulzura.

— Bien, tenemos un trato entonces. De veras pensé que tendría que secuestrarte — dijo él y ambos rieron. Quedaron en verse la tarde siguiente a la misma hora en ese mismo lugar y de allí caminarían al café que quedaba muy cerca. Él se llamaba Raúl y tenía los ojos marrones más bellos que ella había visto en su vida.

… continuará.


El poder silencioso de unos labios…

y si beso la osadía 
y el misterio de tus labios 
no habrá dudas ni resabios 
te querré más 
todavía.

Mario Benedetti – Todavía

Labios que duelen.

Una controversial y alocada idea invade mi cerebro cuando leo que en las uñas de una mujer hay más potencial que en los labios. El texto y la idea me sugieren dolor. Si, vinculo la idea de las uñas al dolor que pueden causar comparadas a la mórbida suavidad (con todo y redundancia) de unos humectados y brillantes labios de mujer.

Enseguida asocio los labios a una mordida que puede ser ampliamente más dolorosa que un arañazo y al papel que ellos pueden desempeñar en el juego.

“Los labios suavizan la mordida. Los labios envuelven la mordida”, pienso y sonrío.

Más ideas vienen a mi mente…

Los labios untan de saliva la mordida y deslizan el dolor – o el placer – a lo largo de la superficie torturada – o bendecida -. Los labios seducen de una manera única y se ayudan de sus cómplices: dientes, lengua, dedos… Unos labios inteligentes y taimados pueden llegar a mover montañas, a levantar pináculos de sangre y carne, a crear vida o a desperdiciarla a chorros. Unos labios negados en forma de beso pueden dolor en el alma, el ego y la ingle.

No sé, tal vez logre convencer a alguien de que unos labios, no cualquiera, unos con potencial, unos embrujados, unos temerarios, unos arrolladores, unos que encajen con estrellitas en el prototipo de belleza femenina y que pertenezcan a una hembra que asuste… esos labios no deberían ser infravalorados.

Qué creen??


Una niñita en La Víbora – VII

Siempre he tenido la sensación de que todos estamos más o
menos solos en la vida, sobre todo en la adolescencia.
Robert Cormier

Todos odian a Yesi.

Al terminar la primaria nos ubicaron basándose en nuestras direcciones. Yo vivía en la esquina de Carmen y Saco y en esta última, bajando tres cuadras, estaba la Primaria-Secundaria-Teatro Mariana Grajales. La Enrique José Varona, a donde fue Daniel pues vivía a una escasa cuadra de distancia, quedaba bajando por Carmen a tres cuadras también. Allá me fui con Yulima y Marian, una muchacha que conocí en 4to grado junto a Thais en esa misma escuela y ellas fueron mis “amiguitas” por ese tiempo.

No sé si ya les conté que la Mariana era la secundaria de la high-life y que cada chiquill@ engreíd@ – posteriormente adolescente y joven cretin@ – de La Víbora iba a parar allí. De esta etapa no recuerdo bien los nombres ni el grupo, solo recuerdo detalles desagradables y malos momentos; el cerebro olvida lo que le hace daño, supongo.

Yo siempre he sido diferente y ya hablé de los episodios de “todos odian a Yesi” que me han perseguido desde pequeña. El primero que recuerdo fue en san francisco – 3ro o 4to grado – cuando todas las niñas del aula se pusieron en mi contra y formaron “el grupito de la Chiqui” pues había una niñita muy bajita que era la líder o algo así. Todo fue porque me hice noviecita de un muchachito muy cotizado – noviecitos de nombre nada más – y él quería también con otra muchachita que andaba en ese grupito. El caso es que yo terminé con el chiquito pero me quedaron de enmigas las niñas, qué suerte la mía! Después de eso sucedió lo mismo cuando Daniel aunque la hostilidad allí se practicaba más diplomáticamente.

El tercer suceso y el peor fue en 7mo grado. Recuerdo que en esa aula habían algunos muchachos muy insoportables, detestables, abominables: Alejandro, Dennis y David. Alejandro era chiquitico y feo como el co*o de su madre y rubio pelado a la calabacita pero ya tenía esa expresión en la cara de delincuente juvenil aún proviniendo de una familia apoderada; era todo un déspota. Dennis era muy blanco y de pelo negro, gordito y apingustiante! Un día mis padres fueron a hablarle porque el acoso era constante y descubrimos que lo que tenía era un flechazo conmigo. Di tú! La edad de la peseta puede ser mortal a veces. David era alto, de nariz aguileña, bien parecido, un poco menos inmaduro que los otros pero cuando se unían era una catástrofe.

Recuerdo que les daba por prender alcohol bajo las mesas y lanzar por las ventanas a los carros que pasaban por Santa Catalina, condones llenos de agua u orine y tablas de las mesas que despedazaban. Eran despreciables pero no solo ellos, las muchachas también. Supongo que me chocó el cambio de primara a secundaria, de niña a jovencita. Las niñas del aula de Maritza eran muy coquetas pero eran niñas aún. Estas muchachas de 7mo grado se creían mujeres hechas y derechas y pretendían actuar como tal.

En este grado me odiaron de gratis pues seguía enamorada y soñando con Daniel – cosa que solo Yulima sabía – y no tuve ningún amorío así que no podían odiarme por un muchacho… creo. El caso es que el ambiente era opresivo y ese año no disfruté muchas cosas. Recuerdo que me refugié en los libros, la televisión, la música y los estudios. Siempre estaba leyendo y eso era algo que esa horda de adolescentes maleducados no podían perdonarme. El ser inteligente y hermosa – aún con mi físico de niña ya que vine a usar sostén a los 14 años – era un pecado capital en esa dinastía casi salida de un parvulario.

Este año me hizo más callada y me recluí en mi interior. Comencé a madurar. Pasaba mucho tiempo en la sala de la casa de mi abuelita, rodeada de libros y libretas. Allí comía, allí jugaba, allí estudiaba, solo me iba a la cama a la hora de dormir. Escribía poesías sin parar y escuchaba mucho a Cristian Castro y Mónica Naranjo mientras aún lloraba a Daniel. Dibujaba e inventaba revistas, hacía cuquitas y soñaba que aquella no era mi vida.

También fue una etapa difícil porque estaba sola con mi abuelita. Mi mamá no vivía conmigo y la veía muy poco, su nueva ocupación era su esposo y la dependencia que tenía de él. Mi papá venía a verme entre semana y me llevaba a comer y a las tiendas, me compraba muchas cosas pero estaba muy ocupado cayéndole detrás a mi mamá y no me daba la verdadera “atención” que yo necesitaba. Mi abuelita hizo lo mejor que pudo y me mantuvo a flote, no me dejó caer.

Terminando el 7mo grado fue mi hermano a Cuba por primera y única vez. Mi papá hizo en dos semanas lo que no hizo en mis – hasta ese momento – 13 años. Puso ventanas y puertas de hierro y zinc galvanizado, pintó la casa y les dijo que no se preocuparan que él los iba a mantener los 15 días que estuvieran en Cuba – iban mi hermano con su madre y la otra hija de ella -. Yo estaba en pruebas finales y me recuerdo sentada en la puerta cerrada de mi casa, con mi uniforme y mi mochila al hombro, acabada de llegar sola de La Víbora, leyendo un libro para la prueba del día siguiente mientras esperaba por la familia feliz que no llegaba. Así y todo salí muy bien en las pruebas aunque no hubo química con mi hermano.

Él tenía 18 años y aunque su hermana era apenas unos meses menor que yo y se llevaban de los mejor, entre nosotros no se creó ni el más mínimo vínculo de afecto. Yo era una niña y no entendía por qué mi papá andaba detrás de ellos – se quedaron en casa de unos amigos suyos a dos casas de la de mi papá y mi hermano estaba medio enamorado de la hija de esos vecinos y no quería estar en mi casa – y quería que yo hiciera lo mismo. Yo todos los días iba y alquilaba de 5 a 8 películas y las devoraba frente al televisor. Me volví una adepta del cine y vi todo lo que estaba a mi alcance. El paso de mi hermano por mi vida fue intrascendente y así el 7mo grado se acabó, llevándose todas sus penurias consigo.

Pero vino el 8vo y fue aún peor.


Crónicas sobre mi abuelita – II

Mi abuela es un alma buena.

Primeros pasos.

Mi abuelita, aunque hoy tiene 71 años, también fue chiquitica y del mamey alguna vez…

Ella me cuenta que adoraba a su papá y que él era muy bueno. Nunca me ha dicho por qué se separó de su mamá pero bueno, las razones pueden ser diversas y todas conocidas; el matrimonio es así, eterno y aún efímero.

Me dice que cuando era pequeñita, su mamá le hacía una trencita y que un día al llegar su papá a casa ella estaba pelada bajito, como pelan a los varones. Lo tomó del meñique y lo llevó hasta su camita y debajo de la almohada, estaban la trenza y unas tijeras. Ella solita se había cortado el pelo y esperaba que su papá la protegiera de la madre, jejeje! Ni sé por qué se cortó el pelo, me imagino que son cosas de niños. También dice que se pasaba la noche llorando pues no le gustaba dormir en su camita y no paraba hasta que el padre la dejaba meterse en la cama matrimonial y dormir allí. Mi abuela adoraba a su “papito bueno”, como lo llamaba.

También me cuenta que una vez murió un familiar y ella no tenía zapatos pues eran pobres pero en ese tiempo, la gente se ponía sus mejores ropas para eventos importantes. Sus padres mandaron a su hermano Israel a la tienda a comprarle un par de tenisitos para que ella pudiera ir al velorio juntos a sus hermanos. Lo curioso del asunto es que mi tío, que nunca fue muy brillante, compró dos zapatos del mismo pie y no se podían devolver o cambiar. Supongo que se compraron en algún tipo de rebaja que no admitía devolución y como el dinero escaseaba también, mi abuelita lloró más de lo normal en aquel velorio y no por el familiar muerto si no, por sus piecitos adoloridos :(

También sé por ella que enseñó a caminar a su hermana mayor María. Ella se llevan como 11 meses y ya mi abuela antes del año caminaba como un rehilete ya que siempre fue activa y emprendedora. Su hermana por otro lado estaba gordita y vaga, no había aprendido ni a dar pasitos. Mi abuela, siempre un alma buena, la tomaba de las manitos y así la enseñó. Desde chiquita siempre tuvo mucha metodología.

Sus hermanos eran malditos y les hacían muchas maldades a ella y sus hermanitas. Me cuenta que a mi tía Masi la metieron en un tanque de agua vacío y le dijeron que para comerse un platanito tenía que acabar primero con la cáscara y allí la dejaron sola, en su tarea. También me cuenta que los hermanos se encaramaban en las matas de guayabas y ellas desde abajo les pedían “mira, esa! esa está madurita!” y ellos cogían la guayaba escogida diciendo “segura que esta?”, “si, si!” y se sentaban con la hermosa fruta y la comían delante de los ojos de las torturadas hermanitas. Así era con las chirimoyas y una vez le lanzaron una muy madura a mi abuela que le cayó en la cara y comenzaron a decirle que “ay dios! el ojo se te está poniendo chiquitico! te vas a quedar ciega Aguedita!” y ella daba gritos asustada, jajajaja!

Una vez se le escapó a jugar a la abuelita que la estuvo criando un tiempo y se demoró mucho en regresar. Al volver, la abuela la esperaba en la rejita de la casa y la miraba sonriente. Ella se excusó cuando entraba y con la misma le ordenó al perro pastor que tenía “cógela” y tuvo que correr todo el campo con el perro persiguiéndola, hasta que la abuela se cansó de verla correr y le ordenó a perro detenerse. El perro era buenísimo pero cuando le daban una orden obedecía y estoy segura de que no la iba a morder pero la hizo correr como loca :)

Ella me ha contado todas esas historias con los ojos brillantes y llenos de alegrías y añoranzas. Mi abuela quiere mucho a su familia y extraña mucho a sus padres y hermanos. Como ya dije, mi abuela es una de esas mujeres extraordinarias y es también un alma buena.


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